Versículo destacado
Mateo 1:1 - Significado y aplicación
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Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Esta es la lista de los antepasados de Jesucristo, quien fue descendiente de David y de Abraham: "
Mateo 1:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Esta es la lista de los antepasados de Jesucristo, quien fue descendiente de David y de Abraham:
2 Abraham fue padre de Isaac; este fue padre de Jacob, y este, de Judá y sus hermanos.
3 Judá fue padre de Fares y de Zérah, y la madre de ellos fue Tamar. Fares fue padre de Hesrón, y este, de Aram.
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En cuanto a la genealogía de nuestro Salvador, notemos primero el título. Se llama «el libro de la genealogía de Jesucristo», es decir, el registro de sus antepasados humanos o la historia de su nacimiento. En ese sentido, es como un nuevo Génesis, un nuevo comienzo.
El Antiguo Testamento comienza con el libro de la genealogía del mundo, y esa es una de sus glorias. Pero el Nuevo Testamento tiene una gloria mayor, porque comienza con el libro de la genealogía de Aquel que hizo el mundo. Como Dios, su venida se remonta a la antigüedad, desde la eternidad (Miqueas 5:2), y nadie puede rastrear ese origen. Como hombre, vino en el cumplimiento del tiempo, nacido de una mujer; y esa es la genealogía que Mateo presenta aquí.
El propósito principal de esta genealogía no es ofrecer una lista familiar larga o inútil. Tampoco es una exhibición orgullosa de ascendencia noble, como la que suelen valorar los grandes de este mundo. Sirve como una prueba legal en un tribunal, para establecer un derecho legítimo. Su objetivo es demostrar que el Señor Jesús es hijo de David e hijo de Abraham y, por lo tanto, pertenece a la nación y a la familia de las cuales se había prometido que vendría el Mesías.
En su tiempo, Abraham y David fueron los principales custodios de la promesa acerca del Mesías. La promesa de bendición fue dada a Abraham y a su descendencia, y la promesa de gobierno fue dada a David y a su descendencia. Por eso, quien quiera recibir a Cristo como el hijo de Abraham, en quien son benditas todas las familias de la tierra, también debe aceptarlo como el hijo de David, el Rey por medio de quien todas las familias de la tierra son gobernadas.
A Abraham se le prometió que Cristo vendría de él (Génesis 12:3; Génesis 22:18), y a David se le prometió que vendría de él (2 Samuel 7:12; Salmo 89:3, etc.; Salmo 132:11). Por lo tanto, si no se demuestra que Jesús es hijo de David e hijo de Abraham, no puede ser reconocido como el Mesías. Mateo lo demuestra a partir de los registros oficiales que conservaban los judíos, registros que se habían preservado cuidadosamente. La providencia de Dios estaba presente en ello, porque ayudó a dejar clara la línea familiar del Mesías.
Desde entonces, la nación se ha dispersado y desorganizado, por lo que es dudoso que ahora alguien pueda demostrar legalmente que es hijo de Abraham. De hecho, nadie puede demostrar que es hijo de Aarón ni hijo de David. Por eso, el sacerdocio y la realeza tendrían que haberse perdido para siempre, o bien haberse cumplido en el Señor Jesús.
A Cristo se le llama primero hijo de David porque ese era el título que los judíos usaban con mayor frecuencia para referirse a él. Quienes creían que era el Cristo lo llamaban hijo de David (Mateo 15:22; Mateo 20:31; Mateo 21:15). Mateo muestra que Jesús no es simplemente cualquier descendiente de David, sino aquel sobre cuyos hombros descansaría el gobierno. No es simplemente cualquier hijo de Abraham, sino aquel que llegaría a ser padre de muchas naciones.
Al llamar a Cristo hijo de David e hijo de Abraham, Mateo muestra que Dios cumple sus promesas y lleva a cabo cada palabra que pronuncia. Esto es verdad incluso cuando el cumplimiento se demora por mucho tiempo. Cuando Dios prometió a Abraham un hijo que sería la gran bendición del mundo, Abraham quizá esperaba que esa promesa se cumpliera en su hijo inmediato. Sin embargo, se cumplió cuarenta y dos generaciones después, unos dos mil años más tarde. Dios puede anunciar cosas con tanta anticipación y también cumplir sus promesas mucho tiempo después.
Las demoras en las misericordias prometidas ponen a prueba nuestra paciencia, pero no debilitan la promesa de Dios. Esto también es cierto cuando la promesa parece imposible de cumplir. El hijo de David y de Abraham, que habría de ser la gloria de la casa de su Padre, nació cuando los descendientes de Abraham eran un pueblo despreciado bajo el dominio romano y cuando la casa de David había caído en la oscuridad. Cristo habría de ser un retoño de tierra seca. Con frecuencia, Dios escoge precisamente el momento en que el cumplimiento parece menos probable.
Consideremos ahora la línea de descendencia en sí, trazada directamente desde Abraham hacia adelante, de acuerdo con las genealogías registradas en Crónicas, hasta donde llegan esos registros. Aquí vemos el valor de aquellos registros antiguos. Hay varios detalles que sobresalen en esta genealogía.
Entre los antepasados de Cristo que tuvieron hermanos, por lo general él descendió de un hermano menor. Así ocurrió con Abraham, Jacob, Judá, David, Natán y Resa. Esto muestra que la grandeza de Cristo no provino, como suelen presumir los gobernantes terrenales, del derecho del primogénito. Provino de la elección de Dios. Dios suele levantar a los humildes y dar mayor honra a la parte que carecía de ella.
Entre los hijos de Jacob, Mateo menciona a Judá y a sus hermanos. No menciona a Ismael, hijo de Abraham, ni a Esaú, hijo de Isaac, porque fueron excluidos del pueblo del pacto. Pero todos los hijos de Jacob fueron incluidos. No fueron padres de Cristo, pero sí fueron padres de la iglesia (Hechos 7:8). Por eso se los menciona aquí: para animar a las doce tribus dispersas y mostrarles que ellas también tienen parte en Cristo, así como Judá.
Fares y Zara, los hijos gemelos de Judá, aparecen mencionados los dos, aunque solo Fares pertenecía a la línea de Cristo. Esto puede deberse a la misma razón por la que se mencionan los hermanos de Judá. Algunos piensan que también apunta a una imagen relacionada con su nacimiento. Zara sacó primero la mano, reclamando el lugar del primogénito, pero luego la retiró, y Fares salió primero. De manera semejante, la iglesia judía extendió primero la mano hacia la primogenitura, pero por su incredulidad retrocedió. Entonces la iglesia gentil avanzó y recibió la primogenitura. Así, parte de Israel ha quedado endurecida hasta que entre la plenitud de los gentiles, y entonces todo Israel será salvo (Romanos 11:25-26).
En esta genealogía aparecen cuatro mujeres, y solo cuatro. Dos de ellas originalmente eran extranjeras al pueblo de Israel: Rahab, una cananea que además era prostituta, y Rut, la moabita. En Jesucristo no hay división entre griego y judío. Los que eran extraños y estaban excluidos son recibidos en Cristo como ciudadanos junto con los santos.
Las otras dos mujeres eran Tamar y Betsabé, ambas marcadas por el pecado sexual. Su presencia es otra señal de la humildad de nuestro Señor Jesús. No solo descendió de personas como ellas, sino que Mateo las incluye abiertamente en su línea familiar, sin ocultar la vergüenza. Él asumió la semejanza de la carne pecaminosa (Romanos 8:3) e incluso incorpora a los grandes pecadores, cuando se arrepienten, a la relación más cercana consigo mismo. No debemos avergonzar a las personas por los pecados de sus antepasados. Ellas no pueden evitar haber nacido en esa familia, y hasta nuestro propio Maestro descendió de una línea con manchas semejantes.
Se menciona que David tuvo a Salomón con la mujer que había sido esposa de Urías, como señala el doctor Whitby, para mostrar algo importante. El pecado de David, una vez que se arrepintió verdaderamente, no impidió el cumplimiento de la promesa que Dios le había hecho. De hecho, Dios usó precisamente a aquella mujer para llevar la promesa a su cumplimiento.
Aunque en esta línea familiar aparecen muchos reyes, solo David es llamado claramente «el rey» aquí (Mateo 1:6). Esto se debe a que el pacto acerca de la línea real fue hecho con él, y a él se le dio la promesa del reino del Mesías. Por eso se dice que Jesús heredaría el trono de su padre David (Lucas 1:32).
En la línea de los reyes de Judá se omiten tres nombres entre Joram y Ozías: Ocozías, Joás y Amasías (Mateo 1:8). Por eso, cuando se dice que Joram engendró a Ozías, significa que Ozías era un descendiente directo de Joram, tal como suele expresarse en el lenguaje familiar hebreo. No fue un error ni un descuido, sino que probablemente correspondía a los registros genealógicos que Mateo utilizó y que eran considerados confiables.
Algunos piensan que esos nombres se omitieron porque Mateo quería hacer más fácil de recordar la genealogía al organizar a los antepasados de Cristo en tres grupos de catorce. Si es así, probablemente fueron omitidos porque estaban relacionados con la maldita Atalía, quien introdujo la idolatría de Acab en la casa de David. Por ese pecado, Dios señaló aquella línea familiar y visitó su culpa sobre generaciones posteriores. Dos de los tres fueron rebeldes contra Dios, y personas así suelen recibir señales claras del desagrado de Dios en esta vida.
También hay una mezcla sorprendente de personas buenas y malas en esta línea de reyes. Por ejemplo, el malvado Roboam engendró al malvado Abías; el malvado Abías engendró al bueno Asa; el bueno Asa engendró al bueno Josafat; y el bueno Josafat engendró al malvado Joram (Mateo 1:7-8). La gracia no se transmite en las familias por la sangre, y el pecado tampoco. La gracia de Dios le pertenece solo a él, y él la concede o la retiene como le place.
El cautiverio en Babilonia aparece como un momento decisivo en esta línea familiar (Mateo 1:11-12). Desde una perspectiva humana, resulta sorprendente que los judíos no hayan sido absorbidos y desaparecido allí, como ocurrió con muchas otras naciones. Pero esto muestra por qué su linaje fue preservado durante aquel tiempo oscuro: porque Cristo habría de venir de ellos según la carne. Dios los estaba preservando por causa de esa bendición suprema, Jesús mismo (Isaías 65:8-9). Fueron restaurados teniendo esto en cuenta, y hasta las ruinas del santuario fueron consideradas con favor por causa del Señor (Daniel 9:17).
Se dice que Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos (Mateo 1:11), pero aquí Jeconías probablemente se refiere a Joacim, el primogénito de Josías. Luego, cuando se dice que Jeconías engendró a Salatiel (Mateo 1:12), se trata del Jeconías que era hijo de Joacim, fue llevado a Babilonia y allí llegó a ser padre de Salatiel, como explica el Dr. Whitby. Cuando se dice que Jeconías fue declarado sin hijos (Jeremías 22:30), el sentido es que ninguno de sus descendientes prosperaría. Aquí se dice que Salatiel fue padre de Zorobabel, aunque otro pasaje afirma que Salatiel engendró a Pedaías, y Pedaías engendró a Zorobabel (1 Crónicas 3:19). Como ya se ha señalado, a menudo se llama hijo al nieto; y es probable que Pedaías muriera mientras su padre aún vivía, por lo que Zorobabel fue llamado hijo de Salatiel.
La genealogía no continúa hasta María, la madre de nuestro Señor, sino hasta José, su esposo (Mateo 1:16), porque los judíos trazaban las genealogías por medio de los hombres. Sin embargo, María pertenecía a la misma tribu y familia que José, de modo que Jesús estaba relacionado con David tanto por su madre como por su padre legal. Aun así, su derecho a esa dignidad real le llega por medio de José, para mostrar que el reino del Mesías no se basa simplemente en la descendencia natural de David.
El centro donde convergen todas estas líneas es Jesús, quien en Mateo 1:16 es llamado Cristo, es decir, el Ungido. Él es aquel que fue esperado y anhelado durante tanto tiempo; aquel a quien los patriarcas tenían en mente cuando deseaban tener hijos, esperando recibir el honor de formar parte de la línea sagrada. Nosotros tenemos la bendición de no vivir en ese mismo estado de espera oscura, sino de ver con claridad aquello que los profetas y los reyes solo alcanzaron a ver parcialmente. Y si obedecemos a Dios, podemos tener un honor mayor que el de ser parientes de sangre de Jesús, porque quienes hacen la voluntad de Dios tienen con él una relación más honrosa que incluso la que tuvieron sus parientes terrenales (Mateo 12:50).
Se le llama Cristo porque esa es la forma griega de Mesías, que significa «Ungido». Él es el Mesías, el Príncipe (Daniel 9:25), y con frecuencia se le llama el Ungido de Dios (Salmo 2:2). La gente esperaba su venida bajo ese título. David, el rey, fue ungido (1 Samuel 16:13), al igual que Aarón, el sacerdote (Levítico 8:12), Eliseo, el profeta (1 Reyes 19:16), e Isaías, el profeta (Isaías 61:1). Cristo fue designado y capacitado para ejercer todos estos oficios; por eso se le llama correctamente el Ungido, ungido con aceite de alegría más que a sus compañeros. De este nombre, semejante a un perfume derramado, reciben su nombre todos sus seguidores: cristianos, porque ellos también han recibido la unción.
Finalmente, Mateo resume toda la genealogía en tres grupos de catorce generaciones, marcados por momentos decisivos (Mateo 1:17). En el primer grupo, la casa de David se eleva como la luz de la mañana. En el segundo, brilla con mayor esplendor. En el tercero, declina y se hace cada vez más pequeña, hasta parecer reducida a la familia de un carpintero pobre. Entonces Cristo surge de ella, como la gloria de su pueblo Israel.
De este capítulo
Mateo 1:2
"Abraham fue padre de Isaac; este fue padre de Jacob, y este, de Judá y sus hermanos."
Mateo 1:3
"Judá fue padre de Fares y de Zérah, y la madre de ellos fue Tamar. Fares fue padre de Hesrón, y este, de Aram."
Mateo 1:4
"Aram fue padre de Aminadab; este fue padre de Nahasón, y este, de Salmón."
Mateo 1:5
"Salmón fue padre de Booz, cuya madre fue Rahab. Booz fue padre de Obed, cuya madre fue Rut. Obed fue padre de Jesé,"
Mateo 1:6
"y Jesé fue padre del rey David. El rey David fue padre de Salomón, cuya madre había sido esposa de Urías."
Mateo 1:7
"Salomón fue padre de Roboam; este fue padre de Abías, y este, de Asá."
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