Versículo destacado
Marcos 12:41 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Jesús estaba sentado frente a los cofres de las ofrendas, observando cómo la gente echaba dinero en ellos. Muchos ricos echaban mucho dinero. "
Marcos 12:41
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
39 Buscan los asientos de honor en las sinagogas y los mejores lugares en las comidas;
40 despojan de sus bienes a las viudas y, para disimularlo, hacen largas oraciones. Ellos recibirán un castigo mayor.
41 Jesús estaba sentado frente a los cofres de las ofrendas, observando cómo la gente echaba dinero en ellos. Muchos ricos echaban mucho dinero.
42 Entonces llegó una viuda pobre y echó en uno de los cofres dos pequeñas monedas de cobre de muy poco valor.
43 Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo: —Les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los demás que echan dinero en los cofres;
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Esta historia no aparece en Mateo, pero sí aquí y en Lucas. Muestra a Cristo elogiando a una viuda pobre que echó dos moneditas en el tesoro y cómo, aun mientras estaba ocupado enseñando, se tomó el tiempo para fijarse en ella. De este relato podemos observar varias cosas.
Primero, había un fondo público para la caridad, al que la gente llevaba sus donativos y del cual se distribuía ayuda. En el templo había un lugar destinado a las ofrendas para los pobres. Las obras de caridad y los actos de adoración armonizan muy bien. Cuando honramos a Dios en nuestra adoración, es correcto honrarlo también cuidando de sus pobres. Con frecuencia vemos que las oraciones y los donativos para los necesitados aparecen unidos, como en (Hechos 10:2) y (Hechos 10:4). Es bueno establecer lugares públicos para la caridad, de modo que las personas sean animadas y orientadas a dar. También es bueno que quienes tienen recursos aparten dinero conforme Dios los prospere (1 Corintios 16:2), para tener algo disponible cuando surja una necesidad.
Segundo, Jesucristo observaba lo que hacía la gente. Se sentó frente al tesoro y vio a la multitud echar dinero en él. No estaba molesto porque no tuviera dinero para dar ni porque no controlara lo que otros daban. Sencillamente prestaba atención a lo que se ofrecía. Nuestro Señor se fija en lo que damos para propósitos piadosos y caritativos, ya sea mucho o poco, con alegría o de mala gana. También mira el corazón. Ve las razones que hay detrás de nuestros donativos y si damos por el Señor o únicamente para que nos vean los demás.
Tercero, vio a muchos ricos echar grandes cantidades. Era una buena escena, porque es bueno ver que los ricos son generosos, y mejor aún ver que muchos de ellos lo son. Los que tienen riquezas deben dar generosamente. Si Dios nos da mucho, espera que demos mucho a los pobres. No basta con que las personas adineradas digan que dan tanto como los demás, cuando esos otros quizá tienen mucho menos. Deben dar en proporción a lo que poseen. Si los necesitados no acuden a ellos, deben buscarlos y planear donativos generosos.
Cuarto, había una viuda pobre que echó dos moneditas, una cantidad muy pequeña, aproximadamente un cuadrante (Marcos 12:42). El Señor Jesús la elogió mucho. Llamó a sus discípulos y les dijo que prestaran atención a lo que ella había hecho (Marcos 12:43). Dijo que a ella casi no le sobraba lo que dio, porque era prácticamente todo lo que tenía: todo lo que tenía para vivir ese día y quizá gran parte de lo que había ganado el día anterior. Como sabía que ella daba con un corazón verdaderamente caritativo, consideró su donativo mayor que el de todos los ricos juntos, porque ellos daban de lo que les sobraba, mientras que ella daba desde su pobreza (Marcos 12:44).
Muchos habrían criticado a aquella viuda pobre y pensado que había hecho mal. ¿Por qué dar a otros cuando tenía tan poco para ella? ¿Acaso la caridad no debe comenzar en casa? O, si quería dar, ¿por qué no entregárselo directamente a algún pobre que conociera, en vez de llevarlo al tesoro, donde los principales sacerdotes decidirían cómo usarlo y quizá no lo administrarían justamente? Es tan poco común encontrar a alguien que no culpe a esta viuda que difícilmente podemos esperar que muchos la imiten. Sin embargo, nuestro Salvador la elogió, así que sabemos que actuó bien y sabiamente. Si Cristo dice: «Bien hecho», no importa quién esté en desacuerdo.
De esto aprendemos varias cosas. Dar limosnas, es decir, dar a los pobres, es algo muy bueno y sumamente agradable al Señor Jesús. Si lo hacemos con humildad y sinceridad, él lo aceptará con agrado, aunque no todos los detalles se administren de manera perfecta. Quienes tienen muy poco deben dar de lo poco que tienen. Las personas que viven de su trabajo, día a día, todavía deben dar a los necesitados (Efesios 4:28). También es bueno que nos privemos de algunas comodidades para poder dar más a los pobres. A veces debemos renunciar incluso a cosas agradables, no solo a lujos, para que otros puedan tener lo que necesitan. En muchos casos, debemos ajustarnos el cinturón para suplir la necesidad de otra persona. Eso forma parte de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
También debemos apoyar las organizaciones públicas de caridad, porque traen bendiciones públicas sobre una nación. Aunque haya cierta mala administración, esa no es razón para dejar de dar nuestra parte justa. Y aunque solo podamos dar un poco, si damos conforme a nuestra capacidad y con un corazón sincero, Cristo lo aceptará. Él pide lo que una persona tiene, no lo que no tiene. Dos moneditas serán tomadas en cuenta con tanto cuidado como dos libras, si se dan de la manera correcta.
Dar no solo de lo que nos sobra, sino incluso más allá de lo que parece cómodo, es también una gran expresión de caridad, como lo hicieron las iglesias de Macedonia. Aunque eran profundamente pobres, dieron con gran generosidad (2 Corintios 8:2) (2 Corintios 8:3). Cuando podemos proveer con alegría para otros a partir de lo que realmente necesitamos nosotros mismos, como lo hizo la viuda de Sarepta con Elías y como lo hizo Cristo con los cinco mil, y confiamos en que Dios nos proveerá de otra manera, eso es digno de elogio.
De este capítulo
Marcos 12:1
"Jesús comenzó a hablarles por medio de parábolas. Les dijo: Un hombre plantó un viñedo y lo rodeó con un cerco; preparó un lugar para hacer el vino y levantó una torre para vigilarlo todo. Luego alquiló el terreno a unos labradores y se fue de viaje."
Marcos 12:2
"A su debido tiempo, envió a un criado para pedirles a los labradores la parte de la cosecha que le correspondía."
Marcos 12:3
"Pero ellos lo agarraron, lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías."
Marcos 12:4
"Entonces el dueño envió a otro criado, pero a este lo hirieron en la cabeza y lo insultaron."
Marcos 12:5
"Envió a otro, y a este lo mataron. Después envió a muchos otros; a unos los golpearon y a otros los mataron."
Marcos 12:6
"Todavía le quedaba uno: su propio hijo, a quien amaba mucho. Por último, lo envió a él, pensando: “Sin duda respetarán a mi hijo”."
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