Versículo destacado
Lucas 12:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Después Jesús dijo a sus discípulos: Esto les digo: No se preocupen por lo que han de comer para vivir ni por la ropa que necesitan para el cuerpo. "
Lucas 12:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 Pero Dios le dijo: “Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será?”
21 Así le sucede al hombre que acumula riquezas para sí mismo, pero es pobre delante de Dios.
22 Después Jesús dijo a sus discípulos: Esto les digo: No se preocupen por lo que han de comer para vivir ni por la ropa que necesitan para el cuerpo.
23 La vida vale más que la comida, y el cuerpo, más que la ropa.
24 Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosechan, ni tienen granero ni troje; sin embargo, Dios les da de comer. ¡Cuánto más valen ustedes que las aves!
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí Jesús les está enseñando a sus discípulos algunas lecciones necesarias, lecciones que ya les había enseñado y que más adelante volvería a recalcarles. Necesitaban recibir una instrucción repetida, línea tras línea, porque muchas personas se arruinan por la avaricia y por un amor egoísta a las riquezas de este mundo. Por eso les dice a sus discípulos que estén atentos. Como Pablo diría después: «Huye de estas cosas», tanto al hombre de Dios como al hombre del mundo (1 Timoteo 6:11).
Primero, les dice que no se desgasten con una preocupación inquieta y ansiosa por las necesidades de la vida: «No se preocupen por su vida» (Lucas 12:22). En la parábola anterior, advirtió contra una forma de avaricia, la que suele tentar más a los ricos: un profundo placer en la abundancia y la comodidad. Pero los discípulos podrían pensar que estaban a salvo de ella porque tenían pocas riquezas materiales. Por eso les advierte sobre otra forma de avaricia, una que suele enfrentar más la gente que tiene poco en este mundo: la preocupación ansiosa por la comida y la ropa, por lo que comerán y vestirán.
Esta es la misma advertencia que dio con más amplitud en Mateo 6:25 y los versículos siguientes, y las razones son prácticamente las mismas. Debemos poner nuestras preocupaciones en manos de Dios, porque así podemos quedar libres de ellas. Dios ya hizo por nosotros lo más grande: nos dio la vida y el cuerpo sin ninguna ayuda de nuestra parte. Por eso podemos confiar en que proveerá las cosas menores: alimento para sostener esa vida y ropa para proteger ese cuerpo. El que da la vida ciertamente puede dar lo que la vida necesita.
También debemos confiar en Dios porque él cuida de las criaturas menores. Alimenta a los cuervos, que no siembran ni cosechan ni almacenan comida de antemano, y aun así reciben alimento (Lucas 12:24). Nosotros valemos mucho más que las aves. Dios viste a los lirios, que no trabajan ni hilan, y aun así están hermosamente vestidos (Lucas 12:27-28). Si Dios viste así a las flores, que duran poco y se marchitan, ¿cuánto más no los vestirá a ustedes conforme a su naturaleza y necesidad? Cuando Dios alimentó a Israel con maná en el desierto, también cuidó de su ropa. Sus vestidos no se desgastaron (Deuteronomio 8:4). Así también cuidará de su Israel espiritual, pero sus integrantes no deben ser personas de poca fe.
Nuestras preocupaciones ansiosas suelen surgir de una fe débil. Si creyéramos realmente, de una manera firme y práctica, que Dios tiene plena capacidad para proveer, que es nuestro Padre y que sus promesas son seguras para esta vida y la venidera, esas preocupaciones perderían gran parte de su poder. La fe en Dios derriba la fortaleza de los pensamientos inquietos y perturbadores.
En tercer lugar, nuestras preocupaciones son inútiles, vacías y necias, así que no debemos darles espacio. No pueden darnos lo que deseamos, por lo que no deberían robarnos la paz. Jesús pregunta: «¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora a su vida?» (Lucas 12:25). Si no podemos hacer ni siquiera algo tan pequeño, si no podemos cambiar nuestra propia estatura ni prolongar nuestra vida, ¿por qué habríamos de inquietarnos por otros asuntos que están igualmente fuera de nuestro control? En nuestra condición presente, al igual que en nuestra estatura, la sabiduría consiste en aceptar lo que Dios ha permitido y hacer lo mejor posible con ello. La angustia y las quejas no lo mejorarán.
En cuarto lugar, esta búsqueda ansiosa de las cosas de este mundo, incluso de las necesarias, no corresponde a los discípulos de Cristo (Lucas 12:29-30). No importa lo que hagan los demás; sus seguidores no deben estar consumidos por lo que comerán o beberán. No deben desgastarse en esfuerzos inquietos ni correr de un lado a otro llenos de preocupación, como los enemigos de David que andaban buscando comida (Salmo 59:15), o como el águila que busca desde lejos su presa (Job 39:29). En vez de eso, los discípulos de Cristo deben pedir a Dios el pan de cada día. No deben ser personas con la mente alterada y arrastrada en distintas direcciones. No deben vivir en un estado constante de incertidumbre, balanceándose entre la esperanza y el temor.
Este tipo de preocupación hace que los hijos de Dios actúen como los hijos de este mundo. Las naciones del mundo buscan esas cosas porque solo les importa el cuerpo y esta vida, y no tienen un Dios plenamente suficiente en quien confiar (Lucas 12:30). Pero no corresponde que quienes han sido llamados a salir del mundo vivan como el mundo. Cuando esas preocupaciones comiencen a dominarnos, debemos examinarnos y reconocer si estamos viviendo como cristianos o como paganos, como personas bautizadas o no bautizadas. Si somos cristianos, no debemos ocupar nuestro lugar entre los gentiles ni unirnos a sus intereses.
Además, no es necesario que los hijos de Dios se atormenten por las necesidades de la vida, porque tienen un Padre celestial que sabe lo que necesitan y proveerá para ellos. Él ve sus necesidades y las suplirá conforme a sus riquezas en gloria. Él es su Padre, el que los trajo a esas necesidades, y su compasión corresponde a su condición. Los sostiene, los forma y les prepara una herencia; por eso no permitirá que les falte nada que sea verdaderamente bueno.
También tienen algo mejor que perseguir: «Busquen el reino de Dios» (Lucas 12:31). Esto se aplica especialmente a los discípulos de Cristo, quienes debían proclamar ese reino. Sus corazones debían estar puestos en su labor y en cómo llevarla a cabo bien. Eso también los mantendría alejados de una preocupación ansiosa por las cosas de este mundo. Y todos los que tienen un alma que salvar deben buscar el reino de Dios, porque solo allí pueden estar seguros.
Busquen entrar en el reino de la gracia y crecer en él. Busquen el reino de la gloria, donde serán príncipes; entonces también recibirán todas esas cosas. Presten cuidadosa atención a los asuntos de su alma y confíen a Dios todas sus demás preocupaciones.
Cristo también da una razón mejor para dejar de lado el temor ansioso: «No teman, pequeño rebaño» (Lucas 12:32). Para detener la preocupación, es necesario hacer retroceder el temor mismo. Cuando nos alarmamos por problemas imaginarios, nos llevamos al pánico tratando de descubrir cómo escapar de ellos, aunque quizá nunca lleguen a ocurrir. Por eso Cristo dice: «No teman, pequeño rebaño», y más bien esperen hasta el final, porque a su Padre le ha placido darles el reino.
Esta palabra de consuelo no aparece en Mateo. El rebaño de Cristo en este mundo es pequeño, tanto en número como en fuerza. La iglesia es como una viña o un jardín: una pequeña extensión de tierra en comparación con el desierto de este mundo. Israel también era así, semejante a dos pequeños rebaños de cabras cuando los sirios llenaban el país (1 Reyes 20:27).
Aunque es un rebaño pequeño, superado en número y en peligro por causa de sus enemigos, Cristo no quiere que tenga miedo. Les dice que se vean seguros bajo el cuidado y la dirección del gran Pastor bueno, y que descansen tranquilos. Dios tiene preparado un reino para todos los que pertenecen al pequeño rebaño de Cristo: una corona de gloria (1 Pedro 5:4), un trono de poder (Apocalipsis 3:21) y riquezas incalculables, mucho mayores que los tesoros escondidos de reyes y provincias. A las ovejas de la derecha se les llama a venir y heredar el reino. Es de ellas para siempre: un reino para cada una.
Este reino se da según la buena voluntad del Padre. Es la buena voluntad de su Padre. No se entrega como un salario ganado, sino por gracia: gracia gratuita, gracia soberana, el derecho de Dios de dar como le plazca. «Sí, Padre, porque así te agradó». El reino le pertenece a él, y puede hacer con lo suyo lo que quiera. La esperanza de este reino debe silenciar los temores del pequeño rebaño de Cristo en este mundo. No teman las dificultades, porque aun si llegan, no podrán interponerse entre ustedes y el reino. Ese reino es seguro y está cerca. No teman ninguna pérdida que realmente sea para su bien, porque si a su Padre le place darles el reino, también llevará sus necesidades hasta ese reino.
Después, Cristo les dijo que se ocuparan seriamente de sus almas haciendo tesoros en el cielo (Lucas 12:33-34). Quienes han hecho esto pueden permanecer tranquilos ante todos los cambios de esta vida. Deben mantener un apego ligero a este mundo y a todo lo que poseen en él. «Vendan lo que tienen y den limosna» significa que, en vez de carecer de recursos para ayudar a quienes realmente tienen necesidad, deben vender lo que les sobra, todo lo que puedan ahorrar después de sostenerse a sí mismos y a su familia, y dárselo a los pobres. Vendan lo que tienen si eso se interpone en su servicio a Cristo. No piensen que están arruinados si las multas, la prisión o el exilio por causa de Jesús los obligan a vender sus propiedades, aunque las hayan recibido de sus padres.
No vendan simplemente para guardar dinero ni porque puedan obtener más prestándolo. Vendan y den limosna, porque lo que se da con misericordia y de la manera correcta se pone en el mejor uso y queda bajo la mejor garantía. También deben poner su corazón en el mundo venidero y depositar allí sus esperanzas. Deben hacerse bolsas que no se desgasten ni se vacíen, hechas no de oro, sino de gracia en el corazón y de buenas obras en la vida. Esas son las bolsas que perduran.
La gracia nos acompañará al mundo venidero, porque está entretejida en el alma. Nuestras buenas obras también nos seguirán, pues Dios no es injusto para olvidarlas. Estos son tesoros en el cielo que nos enriquecerán para siempre. Nunca se agotarán; podremos sacar de ellos eternamente sin disminuirlos. Ningún ladrón puede alcanzarlos, porque lo que está guardado en el cielo queda fuera del alcance de los enemigos. Tampoco se echarán a perder por estar guardados, ni se desgastarán con el uso. La polilla no los destruye, como destruye nuestra ropa.
Sabemos que hemos acumulado tesoros en el cielo si nuestro corazón está allí mientras todavía estamos aquí (Lucas 12:34). Lo demostramos al pensar con frecuencia en el cielo, mantener la mirada puesta en él, animarnos con esa esperanza y disciplinarnos con el temor de perderlo. Pero si nuestro corazón está aferrado a la tierra y a sus cosas, es probable que nuestro tesoro y nuestra herencia también estén allí, y que quedemos sin nada cuando las dejemos.
Cristo también les encargó estar preparados y mantenerse preparados para su venida, cuando todos los que hayan acumulado tesoros en el cielo entren en el pleno disfrute de ellos (Lucas 12:35ss). Cristo es nuestro Maestro y nosotros somos sus siervos; no solo trabajadores, sino siervos que esperan, siervos que deben honrarlo aguardándolo y velando por sus movimientos. «Si alguien me sirve, debe seguirme». Seguimos al Cordero adondequiera que va. Pero eso no es todo: también debemos honrarlo esperándolo y aguardando su regreso. Debemos ser como personas que esperan a su señor, permaneciendo despiertas hasta tarde mientras él se demora y listas para recibirlo.
Cristo, nuestro Maestro, aunque ahora está lejos de nosotros, regresará. Volverá de la boda, después de celebrar el banquete de bodas lejos de casa, para completarlo en su hogar. Sus siervos se encuentran ahora en un tiempo de espera, aguardando su gloriosa manifestación y haciendo todo con ella en mente. Él vendrá a examinar a sus siervos, y ese será un día solemne. Ese día, cada uno permanecerá con él o será excluido, según cómo sea hallado. El momento de su regreso es incierto. Será de noche, muy tarde, después de que se haya demorado mucho y muchos hayan dejado de esperarlo: durante la segunda vigilia, poco antes de la medianoche, o durante la tercera vigilia, después de la medianoche (Lucas 12:38). También es incierto cuándo vendrá a nosotros por medio de la muerte, y para muchos será una gran sorpresa, porque el Hijo del Hombre viene a la hora que no esperan (Lucas 12:40), sin advertencia previa. Esto muestra no solo que el momento es incierto, sino también que la mayoría de las personas son descuidadas y no prestan atención a las advertencias que reciben. Por eso, cuando él venga, será a una hora que no esperan.
Lo que Jesús espera de sus siervos es que estén listos para abrir la puerta de inmediato cuando él llegue (Lucas 12:36). Eso significa que deben encontrarse en la condición adecuada para recibirlo o, mejor dicho, para ser recibidos por él. Deben ser hallados actuando como sus siervos, en la postura que les corresponde, con el cinturón ajustado y las lámparas encendidas. Esta imagen proviene de los siervos que están listos para ir adonde su amo los envíe y hacer lo que les ordene, con sus túnicas largas recogidas para que no les estorben. Sus lámparas encendidas también muestran que están preparados para recibir a su amo en la casa y conducirlo a su habitación.
Felices serán los siervos que sean hallados preparados y con el corazón dispuesto cuando venga su Señor (Lucas 12:37). Dichosos los siervos que siguen esperando con paciencia, aun después de una larga demora, y permanecen despiertos ante la primera señal de su llegada, ante el primer golpe en la puerta. Dichosos esos siervos, porque ese será el momento de su recompensa y honor (Lucas 12:38). Es una clase de honor poco común entre los seres humanos: él los hará sentarse a la mesa para comer y los atenderá. Es común que un novio atienda a su novia en la mesa, pero no es propio de las costumbres humanas que un amo sirva a sus siervos. Sin embargo, Jesucristo estuvo entre sus discípulos como quien sirve y, en una ocasión, para mostrarles su cuidado humilde, se ciñó una toalla y les lavó los pies (Juan 13:4-5). Esto señala el gozo con que los creyentes serán recibidos en el mundo venidero por el Señor Jesús, quien se ha adelantado para prepararles un lugar y dijo que su Padre los honraría (Juan 12:26).
Se nos impide conocer el momento exacto de su venida para que estemos siempre preparados. Nadie merece elogios por estar listo para un ataque si ya conoce la hora exacta en que ocurrirá. Si el dueño de una casa hubiera sabido a qué hora vendría el ladrón, habría estado vigilando, aunque fuera una persona descuidada, y habría impedido que el ladrón entrara (Lucas 12:39). Pero no sabemos cuándo llegará la alarma, así que debemos velar en todo momento y nunca bajar la guardia. Esto también deja al descubierto la triste condición de las personas descuidadas e incrédulas en este asunto tan importante. Si el dueño de una casa hubiera sabido que el ladrón vendría cierta noche, se habría mantenido despierto y habría salvado su casa; sin embargo, se nos ha advertido que el Señor vendrá como ladrón en la noche, trayendo vergüenza y ruina sobre todos los que viven en una falsa paz, y aun así no vigilamos. Si las personas tienen tanto cuidado para proteger sus casas, debemos ser mucho más sabios en cuanto a nuestra alma. Por tanto, también estén preparados, tan preparados como estaría el dueño de una casa si supiera a qué hora vendría el ladrón.
De este capítulo
Lucas 12:1
"Mientras tanto, se reunieron miles y miles de personas, tantas que se atropellaban unas a otras. Jesús comenzó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir, de su hipocresía."
Lucas 12:2
"Porque no hay ningún secreto que no llegue a descubrirse ni nada escondido que no llegue a saberse."
Lucas 12:3
"Por tanto, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad se oirá a la luz del día, y lo que han dicho en secreto y a puerta cerrada será gritado desde las azoteas de las casas."
Lucas 12:4
"A ustedes, amigos míos, les digo que no deben tener miedo de quienes matan el cuerpo, pero después no pueden hacer nada más."
Lucas 12:5
"Yo les diré a quién deben tenerle miedo: ténganle miedo al que, después de quitar la vida, tiene autoridad para echar en el infierno. Sí, ténganle miedo a él."
Lucas 12:6
"¿No se venden cinco pajarillos por dos moneditas? Sin embargo, Dios no se olvida de ninguno de ellos."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.