Versículo destacado
Levítico 9:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Al octavo día, Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel. "
Levítico 9:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Al octavo día, Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel.
2 Y le dijo a Aarón: Toma un becerro para el sacrificio por el pecado y un carnero sin defecto para ofrecerlo en holocausto, y preséntalos ante el Señor.
3 A los israelitas diles que tomen un chivo como sacrificio por el pecado, un becerro y un cordero de un año y sin ningún defecto, para ofrecerlos como holocaustos,
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Aquí se dan instrucciones para otro servicio solemne en el octavo día. Los sacerdotes recién consagrados comenzaron a servir tan pronto como terminaron sus días de consagración, para mostrarles que no habían sido ordenados para permanecer ociosos. Quienes desean ocupar el cargo de obispo, es decir, de líder de la iglesia, deben valorar más el trabajo que el honor o el beneficio. Los sacerdotes ni siquiera tuvieron un día libre para descansar, celebrar o recibir los elogios de sus amigos. Regresaron de inmediato al servicio, porque su consagración significaba que sus manos habían sido preparadas para la obra de Dios.
Los sacerdotes espirituales de Dios tienen un trabajo constante cada día. Las responsabilidades de cada jornada los requieren, y todo el que quiera rendir buena cuenta de su vida debe aprovechar bien el tiempo, es decir, usarlo sabiamente. Véase (Ezequiel 43:26-27). Moisés primero fortalece su esperanza al decirles que Dios se les aparecerá ese día (Levítico 9:4). Cuando todo el pueblo se reúne delante del Señor, declara que la gloria del Señor se les aparecerá (Levítico 9:6). Ya tenían buenas razones para creer que Dios había aceptado lo que habían hecho conforme a su mandato, porque él recompensa a quienes lo buscan con sinceridad. Sin embargo, Dios les dio una señal visible, posiblemente para afirmarlos más firmemente en su adoración y evitar que se volvieran a los ídolos.
Ahora no debemos esperar apariciones visibles como aquellas. Los cristianos viven más por fe y menos por vista. Aun así, podemos tener la seguridad de que Dios se acerca a quienes se acercan a él, y de que las ofrendas hechas con fe verdaderamente le agradan. Puesto que los sacrificios cristianos son espirituales, las señales de la aceptación de Dios también son espirituales, como corresponde. A quienes se consagran debidamente a él, sin duda les manifestará su presencia.
Dios también prepara tanto a los sacerdotes como al pueblo para recibir esta bendición. Aarón, sus hijos y los ancianos de Israel son convocados para estar presentes (Levítico 9:1). Dios manifiesta su presencia en las reuniones de su pueblo y de sus ministros, y quienes desean el consuelo de su presencia deben estar allí. A Aarón se le ordena preparar su ofrenda: un becerro para la ofrenda por el pecado (Levítico 9:2). Escritores judíos dicen que el becerro pudo haberle recordado su pecado al hacer el becerro de oro, pecado que lo hacía, en sí mismo, indigno para siempre del sacerdocio y que debía recordar siempre con tristeza.
Aarón también debe instruir al pueblo para que prepare sus ofrendas. Hasta ese momento, Moisés les había dicho qué hacer. Ahora Aarón, como sumo sacerdote sobre la casa de Dios, debe enseñarles las cosas que pertenecen a Dios: «Habla a los hijos de Israel» (Levítico 9:3). Puesto que debía hablar de parte del pueblo ante Dios por medio de los sacrificios, cuyo significado comprendía perfectamente aquel que los había establecido, también debía hablar de parte de Dios al pueblo mediante las leyes sobre los sacrificios. De este modo, Moisés fortalecería el respeto del pueblo por Aarón y su obediencia a él como alguien puesto sobre ellos por el Señor.
Aarón debe ofrecer primero su propio sacrificio y después el del pueblo (Levítico 9:7). Debe acercarse al altar, mientras Moisés le muestra el camino. Allí debe hacer primero expiación por sí mismo. El sumo sacerdote, rodeado de debilidad, tenía que ofrecer sacrificios tanto por sus propios pecados como por los del pueblo (Hebreos 5:2-3). Debía hacerlo primero, porque no podemos esperar que Dios acepte nuestras oraciones por los demás si nosotros mismos no hemos sido reconciliados con él. Ningún servicio es agradable a Dios mientras la culpa del pecado no sea quitada por nuestra participación en la gran propiciación, el sacrificio que aparta la ira de Dios. Aquí se enseña a quienes cuidan las almas de otros que deben cuidar primero de la suya. La caridad debe comenzar en casa, aunque no debe terminar allí. Esto se parece al encargo de Pablo a Timoteo: que se cuide primero a sí mismo y después a quienes lo escuchan (1 Timoteo 4:16).
El sumo sacerdote hacía expiación por sí mismo porque estaba unido a los pecadores. Pero nosotros tenemos un sumo sacerdote separado de los pecadores, que no necesitaba hacer expiación por sí mismo. Cuando el Mesías, el Príncipe, fue ofrecido como sacrificio, no fue por sí mismo, porque no conoció pecado. Después debía hacer expiación por el pueblo al ofrecer los sacrificios correspondientes. Ahora que ha sido constituido sumo sacerdote, debe ocuparse profundamente de la mayor necesidad del pueblo: su paz con Dios y la eliminación del pecado que lo había separado de él. Debe hacer expiación exactamente como el Señor lo ordenó.
Aquí vemos la bondad maravillosa de Dios. Él no solo permite que se haga expiación, sino que la ordena. No solo nos admite para que seamos reconciliados con él, sino que lo exige. Por eso no queda lugar para dudar de que la expiación que él ordena será aceptada.
De este capítulo
Levítico 9:2
"Y le dijo a Aarón: Toma un becerro para el sacrificio por el pecado y un carnero sin defecto para ofrecerlo en holocausto, y preséntalos ante el Señor."
Levítico 9:3
"A los israelitas diles que tomen un chivo como sacrificio por el pecado, un becerro y un cordero de un año y sin ningún defecto, para ofrecerlos como holocaustos,"
Levítico 9:4
"y un toro y un carnero para matarlos ante el Señor como sacrificios de reconciliación. Que traigan también una ofrenda de cereales amasada con aceite, porque el Señor se les manifestará hoy."
Levítico 9:5
"Los israelitas llevaron delante de la tienda del encuentro lo que Moisés había ordenado, y toda la comunidad se acercó y permaneció de pie ante el Señor."
Levítico 9:6
"Entonces Moisés dijo: «Esto es lo que el Señor ha ordenado. Háganlo, y el Señor se manifestará a ustedes con gran esplendor»."
Levítico 9:7
"Luego Moisés le dijo a Aarón: «Acércate al altar y presenta tu sacrificio por el pecado y el animal que vas a ofrecer en holocausto para el perdón de tus pecados y de los pecados de los israelitas. Presenta también la ofrenda de los israelitas para el perdón de sus pecados, tal como el Señor lo ha ordenado»."
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