Versículo destacado
Levítico 20:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Pongan en práctica mis leyes y decretos, y cúmplanlos todos. Así no los arrojará de sí el país al cual los llevo para que vivan en él. "
Levítico 20:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 Si alguien se acuesta con la mujer de su tío, deshonra a su propio tío; los dos cargarán con su pecado y morirán sin tener descendencia.
21 Si alguien le quita la esposa a su hermano, deshonra a su propio hermano. Este es un acto odioso, y los dos se quedarán sin hijos.
22 Pongan en práctica mis leyes y decretos, y cúmplanlos todos. Así no los arrojará de sí el país al cual los llevo para que vivan en él.
23 No sigan las prácticas de la gente que voy a arrojar de delante de ustedes; ellos hicieron todas estas cosas, y por eso no pude soportarlos.
24 Yo les prometo que ustedes serán los dueños del país de ellos; yo mismo les daré posesión de ese país, donde la leche y la miel corren como el agua. Yo soy el Señor su Dios, que los ha distinguido de los demás pueblos.
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El último versículo añade una ley específica después de la conclusión general, casi como si hubiera quedado fuera de su lugar correspondiente. Se trata del mandato de dar muerte a cualquiera que consultara a los espíritus, es decir, a personas que afirmaban hablar con los muertos o utilizar poderes espirituales ocultos (Levítico 20:27). Permitir que esas personas vivieran abiertamente entre el pueblo sería un insulto contra Dios y contra sus palabras vivas, una deshonra para la nación y una tentación para los ignorantes y los malvados. Quienes se ponen del lado del diablo, en efecto, hacen un pacto con la muerte y un acuerdo con el infierno; ese será su juicio.
El resto de estos versículos repite y recalca lo que ya se había dicho. Para un pueblo olvidadizo y lento para aprender, era necesario presentar mandato tras mandato y repetir una y otra vez las verdades generales junto con sus razones, a fin de que las leyes se obedecieran con mayor fidelidad. Aquí se les recuerdan especialmente tres cosas.
Primero, su dignidad. El Señor era su Dios (Levítico 20:24). Ellos eran su pueblo, estaban bajo su cuidado, habían sido escogidos por él y eran su tesoro, sus joyas y su reino de sacerdotes (Levítico 20:26), es decir, un pueblo apartado para servirle. ¡Qué dichoso y verdaderamente grande es el pueblo que ocupa un lugar así! Su Dios era santo (Levítico 20:26), muy superior a todos los demás en pureza y bondad. La santidad de Dios es su gloria, y pertenecerle era un honor para ellos, mientras sus vecinos adoraban espíritus viles e impuros. Además, el gran Dios los había separado de los demás pueblos (Levítico 20:24, 26). Las otras naciones eran como un terreno común, pero Israel era un campo cercado, adornado y enriquecido con privilegios especiales, destinado a un honor especial. Por eso debían valorar su dignidad, conservar su honor y no desperdiciarlo siguiendo los caminos de las naciones que los rodeaban.
Segundo, de su dignidad se desprendía su deber. Dios había hecho más por ellos que por los demás, así que esperaba más de ellos que de los demás. A causa de todo lo que había hecho y planeado para ellos, el Señor su Dios les exigía que guardaran todos sus estatutos (Levítico 20:22). Había toda razón para hacerlo, porque sus mandamientos eran su honor, y obedecerlos sería su consuelo permanente. No debían seguir las costumbres de las naciones que los rodeaban (Levítico 20:23). Puesto que habían sido separados de esos pueblos, no debían imitar sus caminos. Las costumbres de las naciones ya eran malas en ellas mismas, pero serían mucho peores en el pueblo de Dios. También debían distinguir entre lo limpio y lo impuro (Levítico 20:25). Eso es la santidad: aprender a reconocer la diferencia entre cosas que no son iguales, en lugar de vivir sin restricciones, como si todo estuviera permitido. No debían hacerse impuros ni detestables (Levítico 20:25). Debían cuidar constantemente la pureza y la dignidad de su alma, y nunca hacer algo que los volviera ofensivos ante Dios o ante su propia conciencia.
Tercero, estaba su peligro. Entraban en un lugar contaminado (Levítico 20:24). Heredarían una tierra que fluía leche y miel, y disfrutarían de sus beneficios si conservaban su integridad. Pero también era una tierra llena de ídolos, adoración a los ídolos y prácticas supersticiosas, y tendrían la tentación de encariñarse con esas cosas. Incluso habían traído de Egipto una extraña facilidad para adquirir esa contaminación. Si la aceptaban, el resultado sería desastroso. A los cananeos se los expulsaba precisamente por esos pecados: habían hecho todas esas cosas y, por eso, Dios los aborrecía (Levítico 20:23). Así se ve cuán malo es el pecado. Hace que Dios aborrezca a las mismas criaturas que creó, aunque, de no ser por el pecado, se deleita en la obra de sus manos. Si Israel seguía el mismo camino de maldad, debía esperar que la tierra lo vomitara (Levítico 20:22), tal como Dios ya les había advertido (Levítico 18:28).
Si Dios no perdonó a las ramas naturales, sino que las cortó, tampoco perdonaría a las que habían sido injertadas si se apartaban. Por eso, el rechazo de los judíos sirve como advertencia para todas las iglesias cristianas: deben velar cuidadosamente para que el reino de Dios no les sea quitado. Quienes pecan como los demás deben esperar sufrir como los demás, y afirmar que pertenecen a Dios no los protegerá.
De este capítulo
Levítico 20:1
"El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:"
Levítico 20:2
"«Di a los israelitas lo siguiente: »Cualquier israelita o extranjero que viva en Israel y entregue alguno de sus hijos al dios Moloc deberá ser muerto a pedradas por la gente del país."
Levítico 20:3
"Yo me pondré en contra de ese hombre y lo eliminaré de entre su pueblo, porque hizo impuro mi santuario y profanó mi santo nombre al entregar un hijo suyo a Moloc."
Levítico 20:4
"Si la gente del país se desentiende del asunto y no condena a muerte a ese hombre,"
Levítico 20:5
"yo me pondré en contra de él y de su familia, y lo eliminaré de entre su pueblo junto con todos los que se corrompieron con él y recurrieron a Moloc."
Levítico 20:6
"Y si alguien recurre a espíritus y adivinos, y se corrompe siguiéndolos, yo me pondré en contra de esa persona y la eliminaré de entre su pueblo."
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