Versículo destacado
Levítico 11:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" A todo insecto que vuele y camine deben considerarlo despreciable, "
Levítico 11:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 el cisne, el pelícano, el buitre,
19 la cigüeña, toda clase de garzas, la abubilla y el murciélago.
20 A todo insecto que vuele y camine deben considerarlo despreciable,
21 pero pueden comer de los que, aunque vuelen y caminen, tengan también piernas unidas a sus patas para saltar sobre el suelo.
22 De ellos pueden comer los siguientes: toda clase de langostas, langostones, grillos y saltamontes.
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Aquí se presenta la ley acerca de las criaturas impuras. Los insectos voladores, como las moscas, las avispas y las abejas, no debían comerse (Levítico 11:20). De hecho, no eran aptos como alimento. Sin embargo, había varias clases de langostas que eran buenas para comer en aquellos países y que se consumían habitualmente. Juan el Bautista se alimentaba de ellas en el desierto, y aquí se permitían (Levítico 11:21-22).
La ley también hablaba de los animales que se arrastraban sobre la tierra. Todos ellos estaban prohibidos (Levítico 11:29-30, 41-42). Esto correspondía a la maldición sobre la serpiente: se le dijo que andaría sobre su vientre y que habría enemistad entre ella y el ser humano (Génesis 3:15). Esta ley mantenía presente esa separación. Puesto que el polvo es presentado como el alimento de las criaturas que se arrastran, no eran aptas para el consumo humano.
La ley también abarcaba los cadáveres de estos animales impuros. Cualquiera que los tocara quedaba impuro hasta la tarde (Levítico 11:24-28). Esta regla se repite con frecuencia para enseñarles un profundo temor de aquello que Dios había prohibido, aun cuando no se diera otra razón aparte de la voluntad del Legislador. Esto no significaba que los animales hicieran moralmente culpable a una persona simplemente por tocarlos, a menos que tratara la ley con desprecio. En muchos casos, alguien tenía que tocarlos para retirarlos. Aun así, se trataba de una impureza ceremonial que, por un tiempo, impedía acercarse al tabernáculo, comer alimentos santos e incluso mantener una relación cercana con los vecinos.
Esa impureza duraba solo hasta la tarde. Esto anticipaba el fin de toda contaminación ceremonial por medio de la muerte de Cristo, al final de la era. También nos enseña a renovar cada noche nuestro arrepentimiento por los pecados del día, para no acostarnos en impureza. Podían tocar estos animales mientras estaban vivos sin quedar ceremonialmente impuros, como ocurría con los caballos y los perros, porque se permitían para el servicio. Pero no podían tocarlos cuando estaban muertos, porque no se permitía comer su carne. Lo que no debía comerse tampoco debía tocarse (Génesis 3:3).
Incluso los recipientes u otros objetos sobre los que cayeran quedaban impuros hasta la tarde (Levítico 11:32). Si eran vasijas de barro, tenían que romperse (Levítico 11:33). Esto enseñaba al pueblo a evitar todo lo contaminante, incluso en la vida cotidiana. No solo los utensilios del santuario, sino también cada olla en Jerusalén y Judá debía ser santa para el Señor (Zacarías 14:20-21). Estas leyes eran muy precisas, y cumplirlas cuidadosamente debió de ser difícil, sobre todo cuando algo tan pequeño como un ratón o una rata muertos podía hacer impuro un objeto. Si se trataba de un horno o una estufa, había que derribarlos (Levítico 11:35). Incluso las excepciones estaban definidas con gran precisión (Levítico 11:36 y siguientes). Todo esto enseñaba al pueblo a mantenerse constantemente alerta y a obedecer con cuidado. Ahora que Cristo nos ha liberado de estas pesadas reglas, debemos ser igual de cuidadosos en los asuntos más importantes de la ley de Dios. Debemos proteger nuestra alma de la contaminación del pecado con el mismo cuidado y limpiarla con la misma prontitud cuando caigamos, así como ellos debían proteger y limpiar su cuerpo y los objetos de su casa de la impureza ceremonial.
De este capítulo
Levítico 11:1
"El Señor se dirigió a Moisés y Aarón y les dijo:"
Levítico 11:2
"Digan a los israelitas que, de todos los animales que viven en la tierra, pueden comer"
Levítico 11:3
"los que sean rumiantes y tengan pezuñas partidas;"
Levítico 11:4
"pero no deben comer los siguientes animales, aunque sean rumiantes o tengan pezuñas partidas: El camello, porque es rumiante, pero no tiene pezuñas partidas. Deben considerarlo un animal impuro."
Levítico 11:5
"El tejón, porque es rumiante, pero no tiene pezuñas partidas. Deben considerarlo un animal impuro."
Levítico 11:6
"La liebre, porque es rumiante, pero no tiene pezuñas partidas. Deben considerarla un animal impuro."
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