Versículo destacado
Jueces 4:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Allí Barac llamó a las tribus de Zabulón y Neftalí, y reunió bajo su mando un ejército de diez mil hombres. Débora iba con él. "
Jueces 4:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 —Solo iré si tú vienes conmigo —respondió Barac—. Pero si tú no vienes, yo no iré.
9 —Pues iré contigo —respondió Débora—. Pero la gloria de esta campaña que vas a emprender no será para ti, porque el Señor entregará a Sísara en manos de una mujer. Entonces Débora fue con Barac a Quedes.
10 Allí Barac llamó a las tribus de Zabulón y Neftalí, y reunió bajo su mando un ejército de diez mil hombres. Débora iba con él.
11 Cerca de Quedes, junto a la encina de Saanaim, estaba el campamento de Héber el quenita, quien se había separado de los demás quenitas que, como él, descendían de Hobab, el suegro de Moisés.
12 Cuando Sísara supo que Barac había subido al monte Tabor,
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Aquí, primero, Barac reúne rápidamente a los voluntarios y pronto tiene listo el número completo de hombres: diez mil (Jueces 4:10). Débora le había dicho que levantara un ejército de diez mil hombres (Jueces 4:6), y ahora exactamente esa cantidad está bajo su mando. Están a sus pies, es decir, listos para obedecerlo y seguirlo adondequiera que los conduzca. Algunos piensan que esto también significa que todos eran soldados de infantería, a diferencia del ejército de Sísara, que tenía caballos y carros, lo cual hacía aún mayor la diferencia de fuerzas. Sin embargo, la presencia de Dios, junto con su profetisa Débora, era más que suficiente para compensar esa desventaja.
El hecho de que Barac tuviera a sus hombres a sus pies también muestra cuánto deseaban seguirlo y con qué disposición estaban listos para hacerlo, adondequiera que fuera (Apocalipsis 14:4). Aunque principalmente se contaba con las tribus de Zabulón y Neftalí, el cántico de Débora muestra que también llegaron hombres de otras tribus, entre ellas Manasés e Isacar. Se esperaba que llegaran más, pero Rubén, Dan y Aser no acudieron (Jueces 5:14-17). Aquí se omiten esos detalles, y simplemente se nos dice que Débora subió con él para que sus diez mil hombres fueran realmente eficaces. La nota de Jueces 4:11 sobre Heber, una rama de los ceneos, que se trasladó del desierto de Judá, en el sur, donde se habían establecido (Jueces 1:16), a la región del norte, se incluye por lo que más adelante ocurrirá por medio de Jael, quien pertenecía a esa familia.
En segundo lugar, cuando Sísara se entera de los movimientos de Barac, saca un ejército numeroso y poderoso (Jueces 4:12-13). El texto dice que «le avisaron a Sísara», es decir, le comunicaron la noticia. Algunos piensan que la expresión se refiere a los ceneos mencionados en Jueces 4:11, quienes quizá le advirtieron a Sísara dónde se reuniría Barac, pues en ese momento había paz entre Jabín y esa familia (Jueces 4:17). Ya fuera que quisieran ayudar a Sísara o no, su acción contribuyó a que se cumpliera lo que Dios ya había dicho por medio de Débora: «Yo haré que Sísara vaya hacia ti» (Jueces 4:7).
La confianza de Sísara descansaba principalmente en sus carros, por eso el texto presta especial atención a ellos: novecientos carros de hierro. Estos carros, con hojas afiladas sujetas a sus ejes, podían causar una terrible destrucción cuando eran conducidos contra soldados de infantería. La humanidad ha demostrado gran habilidad para inventar maneras de destruirse unos a otros, todo para satisfacer los deseos pecaminosos de los que nacen las guerras y los conflictos.
En tercer lugar, Débora da la señal para atacar (Jueces 4:14). Josefo dice que, cuando Barac vio al ejército de Sísara desplegado e intentando rodear el monte donde él y sus hombres estaban acampados, casi perdió el valor y quiso trasladarse a un lugar más seguro. Pero Débora lo animó a bajar y enfrentarse a Sísara, diciéndole que ese era el día que Dios había escogido en su plan para derrotarlo. Ahora parecían más peligrosos que nunca, pero en realidad estaban a punto de ser destruidos. La victoria era tan segura que podía anunciarse como algo ya realizado: «El Señor ha entregado a Sísara en tus manos».
Observemos cómo el trabajo y el honor de este gran acontecimiento se comparten entre Débora y Barac. Ella da la orden como líder, y él la ejecuta como quien lleva a cabo la acción. De esta manera, Dios distribuye sus dones de distintas formas (1 Corintios 12:4 y siguientes). Aunque por lo general el hombre es cabeza de la mujer (1 Corintios 11:3), Dios, quien da el Espíritu como quiere, escogió aquí poner el liderazgo en manos de una mujer. A menudo hace esto al escoger lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte, de modo que nadie pueda jactarse delante de él. Barac recibió una gran ayuda al tener a Débora a su lado. Ella suplió lo que le faltaba en dirección al decirle: «Este es el día», y lo que le faltaba en valor al asegurarle la presencia de Dios: «¿Acaso el Señor no va delante de ti? ¿Te atreves a no seguir cuando Dios mismo te guía?».
La lección es clara. En todo lo que emprendamos, es bueno estar seguros de que Dios va delante de nosotros, para que caminemos en el cumplimiento de nuestro deber y bajo su dirección. Y si tenemos razones para confiar en que Dios nos está guiando, debemos avanzar con valor y alegría. No permitas que te sacudan las dificultades que enfrentas al resistir a Satanás, servir a Dios o sufrir por él, pues ¿acaso el Señor no va delante de ti? Entonces, síguelo por completo.
En cuarto lugar, Dios mismo confunde al ejército de Sísara (Jueces 4:15). Barac obedeció a Débora y bajó al valle, aunque eso significaba abandonar la fortaleza de la montaña y enfrentarse al enemigo en terreno abierto, donde los carros de hierro tendrían aún más ventaja. Confió en el poder de Dios en vez de confiar en su propia seguridad. La ayuda humana no puede salvarnos, ni siquiera las colinas y los montes; solo el Señor da salvación a su pueblo (Jeremías 3:23). Barac no quedó decepcionado por haber confiado así. El Señor derrotó al ejército de Sísara.
No fue principalmente el ataque repentino de Barac lo que quebró el ánimo del ejército y lo hizo huir, sino que Dios lo hirió con temor y confusión. Al parecer, las estrellas pelearon contra ellos (Jueces 5:20). Josefo dice que una violenta tormenta de granizo sopló en sus rostros, los dejó indefensos y los hizo retroceder. Así se convirtieron en una presa fácil para Israel, y las palabras de Débora se cumplieron: «El Señor los ha entregado en tus manos. Ahora puedes hacer con ellos lo que quieras».
En quinto lugar, Barac aprovecha por completo su ventaja. Después de la victoria, actúa con valentía y perseverancia, persiguiendo al enemigo disperso hasta la base de su comandante en Haroset (Jueces 4:16). No deja con vida a ninguno de los que Dios había entregado para destrucción: no quedó ni un solo hombre. Cuando Dios va delante de nosotros en nuestras batallas espirituales, debemos actuar con energía. Y cuando la gracia nos concede éxito contra los enemigos de nuestra alma, debemos aprovecharlo con vigilancia y determinación, continuando con fervor en esta guerra santa.
De este capítulo
Jueces 4:1
"Después de la muerte de Ehud, los israelitas volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor,"
Jueces 4:2
"así que el Señor los entregó al poder de Jabín, un rey cananeo que gobernaba en la ciudad de Hasor. El jefe de su ejército se llamaba Sísara y vivía en Haróset-goím."
Jueces 4:3
"Jabín tenía novecientos carros de hierro y había oprimido cruelmente a los israelitas durante veinte años, hasta que por fin ellos le suplicaron al Señor que los ayudara."
Jueces 4:4
"En aquel tiempo, una profetisa llamada Débora, esposa de Lapidot, juzgaba a Israel."
Jueces 4:5
"Débora acostumbraba sentarse bajo una palmera (conocida como «la palmera de Débora») que estaba en los montes de Efraín, entre Ramá y Betel, y los israelitas acudían a ella para resolver sus pleitos."
Jueces 4:6
"Un día, Débora mandó llamar a un hombre llamado Barac, hijo de Abinoán, que vivía en Quedes, un pueblo de la tribu de Neftalí, y le dijo: —El Señor, el Dios de Israel, te ordena lo siguiente: “Ve al monte Tabor y reúne allí a diez mil hombres de las tribus de Neftalí y Zabulón."
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