Versículo destacado

Jueces 1:21 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Pero los de la tribu de Benjamín no pudieron expulsar de Jerusalén a los jebuseos que vivían allí. Por eso, hasta el día de hoy, los jebuseos y los de la tribu de Benjamín siguen viviendo juntos en Jerusalén. "

Jueces 1:21

menu_book El versículo en contexto

19 Aunque el Señor acompañaba a los de Judá y ellos pudieron conquistar las montañas, no pudieron expulsar de los llanos a quienes vivían allí, porque estos tenían carros de hierro.

20 A Caleb le correspondió Hebrón, tal como Moisés se lo había prometido, y Caleb desalojó a los tres hijos de Anac.

21 Pero los de la tribu de Benjamín no pudieron expulsar de Jerusalén a los jebuseos que vivían allí. Por eso, hasta el día de hoy, los jebuseos y los de la tribu de Benjamín siguen viviendo juntos en Jerusalén.

22 Los de las tribus de José decidieron atacar Betel. El Señor los ayudaba.

23 Y enviaron espías allá, ciudad que antes se llamaba Luz.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Benjamín no expulsó a los jebuseos de una parte de Jerusalén, la tierra que le había correspondido a su tribu, y eso fue una triste negligencia. Judá ya había mostrado el camino y había obtenido una verdadera ventaja al actuar (Jueces 1:9), pero Benjamín no mantuvo el ataque porque le faltó determinación. Cuando Dios abre un camino, se necesita valor para seguir adelante hasta el final.

La casa de José, es decir, Efraín y Manasés, hizo un poco más. Se esforzaron por conquistar Betel, una ciudad en la frontera de Benjamín, y el Señor estuvo con ellos. Si las demás tribus hubieran usado sus fuerzas, él también habría estado con ellas. La expresión «la Palabra del Señor fue su ayudador» puede entenderse como una referencia a Cristo mismo, el capitán del ejército del Señor, quien los ayudó como antes había ayudado a todo Israel.

Usaron medios sabios para conquistar la ciudad. Enviaron espías para encontrar el punto más débil y la mejor manera de entrar, y esos espías conocieron a un hombre que les mostró una entrada secreta. Si aquel hombre los ayudó porque vio que el Señor estaba con Israel y que la tierra pertenecía legítimamente al pueblo de Dios, no actuó mal, así como Rahab no actuó mal al proteger al pueblo de Dios cuando sabía que su propia nación se había levantado contra él. Los israelitas también hicieron bien en mostrar misericordia con él y su familia: les perdonaron la vida y les permitieron irse adonde quisieran.

Sin embargo, aquel hombre no se unió a Israel. Les tenía más miedo del que amaba a Dios, así que se fue con una colonia de hititas, un pueblo que parece haberse establecido en Arabia después de la conquista de Josué. Allí construyó una ciudad, probablemente pequeña, y conservó el antiguo nombre de Luz, que significa «almendro», en lugar del nuevo nombre, Betel, «casa de Dios». Prefirió el nombre antiguo antes que uno que le recordara la religión.

Los espías informaron lo que habían descubierto, y el ejército aprovechó esa ventaja para sorprender la ciudad y matar a sus habitantes (Jueces 1:25). Pero, aparte de este éxito, los hijos de José hicieron poco más que fuera digno de mención. Manasés no expulsó a los cananeos de varias ciudades importantes que estaban dentro de su herencia y, en realidad, ni siquiera hizo mucho esfuerzo por hacerlo. Los cananeos conservaron la tierra, y Manasés no tuvo la determinación suficiente para expulsarlos. Israel solo fue ganando más terreno a medida que se fortalecía; entonces hizo que los cananeos le pagaran tributo y trabajaran para ellos (Jueces 1:28, Jueces 1:35).

Efraín tampoco expulsó a los habitantes de Gezer, una ciudad fortificada, sino que permitió que los cananeos vivieran entre ellos (Jueces 1:29). Algunos piensan que esto significa que incluso les permitieron establecerse pacíficamente, con los derechos de un pueblo no conquistado, en vez de obligarlos a pagar tributo. Zabulón, quizá porque estaba cerca del mar y estaba destinado a ser un refugio para los barcos, no conquistó Kitron ni Nahalol. Solo hizo que sus habitantes pagaran tributo (Jueces 1:30).

Aser actuó peor que las demás tribus. Dejó más ciudades en manos de los cananeos que cualquier otra tribu y hasta parece haberse sometido a ellos en lugar de gobernarlos. El texto da a entender que los aseritas vivían entre los cananeos como si estos todavía fueran los verdaderos dueños de la tierra. Neftalí también permitió que los cananeos permanecieran entre ellos (Jueces 1:33), aunque después logró someterlos lo suficiente como para cobrarles tributo.

Dan fue la más débil de todas en este asunto. En vez de expulsar a los amorreos del territorio que le había correspondido, Dan no tuvo el valor de enfrentarlos y fue obligado a retirarse a la región montañosa. Allí vivieron en las ciudades de las montañas, pero no se atrevieron a bajar al valle, donde probablemente estaban apostados los carros de hierro (Jueces 1:34). Incluso algunas de las ciudades montañosas resistieron sus ataques (Jueces 1:35). Así que Dan quedó encerrada en su propia herencia y más tarde tuvo que buscar espacio mucho más lejos, en Laís (Jueces 18:1 y siguientes).

En la bendición de Jacob, Judá es comparado con un león y Dan con una serpiente. Aquí vemos cómo Judá, con un valor semejante al de un león, avanzó y tuvo éxito, mientras que Dan, a pesar de toda su astucia, conquistó muy poco. Los planes ingeniosos y la habilidad no siempre logran lo que prometen. Lo que Dan no pudo hacer, los efrainitas lo hicieron parcialmente por ellos al someter a los amorreos a tributo (Jueces 1:35).

En conjunto, Israel fue negligente tanto con su deber como con su propio bienestar. No hizo todo lo que podía haber hecho para expulsar a los cananeos y establecerse plenamente en la tierra. Esto se debió a varias razones. Eran perezosos y temerosos, y no estaban dispuestos a terminar lo que habían comenzado. También eran codiciosos, porque pensaban que el trabajo y el dinero de los cananeos les serían más útiles que expulsarlos. No habían aprendido a aborrecer la idolatría como debían, así que creían que no era tan grave permitir que los cananeos se quedaran. Y la misma incredulidad que había mantenido a sus padres fuera de Canaán durante cuarenta años les impidió disfrutar plenamente de la tierra en ese momento.

Su desconfianza en el poder y la promesa de Dios les hizo perder las ventajas que ya habían obtenido y los condujo a muchos problemas.

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