Versículo destacado
Judas 1:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, saluda a los que Dios el Padre ama y ha llamado, quienes son protegidos por Jesucristo. "
Judas 1:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, saluda a los que Dios el Padre ama y ha llamado, quienes son protegidos por Jesucristo.
2 Reciban ustedes misericordia, paz y amor en abundancia.
3 Queridos hermanos, he sentido un gran deseo de escribirles acerca de la salvación que tanto ustedes como yo tenemos; pero ahora me veo en la necesidad de hacerlo para rogarles que luchen por la fe que una vez fue entregada al pueblo santo.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí tenemos el inicio de la carta. Primero se nos habla de su escritor: Judas, o Judá. Recibió ese nombre por uno de sus antepasados, el patriarca Judá, uno de los hijos de Jacob. Judá no era el primogénito de Jacob, pero sí fue uno de los más importantes, porque el Mesías, el Cristo prometido, vino de su linaje.
Ese nombre era honorable, pero uno de los hombres que lo llevaron le trajo vergüenza. Hubo otro Judas, uno de los doce apóstoles, llamado Iscariote por su lugar de origen. Fue un traidor despreciable, el que entregó tanto a su Señor como al nuestro. El mismo nombre puede pertenecer a las mejores y a las peores personas; por eso, tener el mismo nombre no demuestra nada por sí solo. Aun así, puede recordarnos el carácter que nuestros padres o antepasados esperaban que tuviéramos.
Este Judas era un hombre muy diferente. Era apóstol, como Judas Iscariote, pero también un discípulo sincero y seguidor de Cristo. Era un siervo fiel de Jesucristo, mientras que el otro fue su traidor y asesino. Por eso, el escritor se distingue cuidadosamente de aquel hombre malvado. Dios cuida el buen nombre de sus siervos verdaderos y útiles, y nosotros debemos tener cuidado de no desechar nuestro propio buen nombre ni dañar el de otra persona.
Judas se llama a sí mismo siervo de Jesucristo, y considera que eso es un gran honor. Es más honorable ser un siervo fiel de Cristo que ser un rey terrenal, sin importar cuán poderoso o exitoso sea ese rey. Judas podría haber señalado su vínculo familiar con Cristo según la carne, pero deja eso de lado y, en cambio, se gloría en ser siervo de Cristo.
Esto nos enseña que es un honor mayor ser un siervo fiel de Jesucristo que estar relacionado con él por lazos familiares. Muchos de los parientes de Cristo según la carne, e incluso algunos de sus antepasados, no creyeron y se perdieron. No fue porque a Cristo le faltara amor como hombre, sino porque ellos permanecieron incrédulos y obstinados. Por eso, quienes provienen de familias muy piadosas deben examinarse con cuidado y no dar por hecho que están a salvo solo por su trasfondo. Un hijo de Noé pudo salvarse en el arca del diluvio que destruyó la tierra y, aun así, perderse en el juicio final de Dios.
Cristo mismo dijo que quien escucha su palabra y la obedece es su hermano, su hermana y su madre (Mateo 12:48-50). En otras palabras, la fe obediente hace que una persona esté más verdaderamente relacionada con él que los simples lazos familiares. Así que, cuando Judas se llama siervo, aunque es apóstol, muestra el gran honor que corresponde a todo ministro sincero y, de la misma manera, a todo cristiano verdadero. Los apóstoles fueron siervos antes de ser apóstoles y siguieron siendo siervos después de serlo. Esto no deja lugar para que los ministros de Cristo busquen ejercer un poder señorial unos sobre otros o sobre las iglesias que tienen a su cuidado. Debemos tener presentes las palabras de nuestro Señor: «No será así entre ustedes» (Mateo 20:25-26).
Judas también se llama hermano de Jacobo, es decir, del Jacobo a quien la iglesia primitiva consideraba el primer obispo de Jerusalén. Josefo también menciona a Jacobo y su martirio, y relaciona la terrible ruina de Jerusalén y de la nación con ese acto malvado como una de sus principales causas. Judas era hermano de este Jacobo, ya fuera en el sentido más cercano o en el sentido más amplio en que solía usarse la palabra hermano. Aun así, considera un honor estar relacionado con un hombre como él. Debemos honrar a quienes nos superan en edad, dones, gracia o cargo. No debemos envidiarlos ni halagarlos, ni seguirlos ciegamente cuando están equivocados. Pablo no dudó en reprender a Pedro cara a cara cuando su conducta era reprochable (Gálatas 2:11 y los versículos siguientes).
Luego se nos dice a quién va dirigida la carta: a todos los santificados por Dios el Padre, preservados en Jesucristo y llamados. Comencemos con la última palabra: llamados. Esto significa llamados cristianos, al menos según un juicio caritativo. No podemos ni debemos ir más allá al juzgarnos unos a otros. Lo que no se ve claramente no debe tratarse como si se conociera. La iglesia no debe pretender juzgar las cosas ocultas, porque un celo precipitado puede hacer más daño que bien. La cizaña y el trigo deben crecer juntos hasta la cosecha (Mateo 13:28-30), y entonces Cristo mismo usará los medios apropiados para separarlos.
Por eso, debemos pensar lo mejor que podamos de cada persona hasta que haya pruebas claras en contrario. No debemos apresurarnos a aceptar, difundir o inventar historias dañinas sobre nuestros hermanos en la fe. Esto es, por lo menos, lo que podemos aprender de la gran enseñanza de Pablo sobre el amor (1 Corintios 13:1-13), y debemos asumir el deber de vivir conforme a ella. Mientras no lo hagamos, las iglesias cristianas seguirán llenas de envidia, división, confusión y toda clase de malas acciones (Santiago 3:16).
O quizá Judas quiere decir que fueron llamados a ser cristianos mediante la predicación de la palabra, que recibieron con alegría y creyeron sinceramente. De ese modo fueron incorporados a la comunión de la iglesia, con Cristo como cabeza y los creyentes como miembros. Algunos son creyentes en realidad, mientras que otros solo lo son en apariencia y profesión externa. Los cristianos son los llamados: llamados a salir del mundo, de su espíritu malvado y de su manera de pensar; elevados por encima del mundo hacia cosas superiores, hacia el cielo y hacia las realidades invisibles y eternas. Son llamados del pecado a Cristo, de la vanidad a la seriedad y de la impureza a la santidad. Esto sucede conforme al propósito y la gracia de Dios, porque «a los que predestinó, también los llamó» (Romanos 8:30).
Los que son llamados de esa manera también son santificados por Dios el Padre. La santificación significa ser hechos santos, apartados para Dios y transformados interiormente para su servicio. La Escritura suele hablar de esto como la obra del Espíritu Santo, pero aquí se atribuye a Dios el Padre porque el Espíritu obra como el Espíritu del Padre y del Hijo. Todos los que son verdaderamente llamados son santificados y hechos participantes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4), porque sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). También debemos notar que nuestra santificación no es obra nuestra. Si alguien es hecho santo, es por Dios el Padre, sin excluir al Hijo ni al Espíritu, puesto que los tres son un solo Dios.
Nuestro pecado y corrupción provienen de nosotros mismos, pero nuestra santidad y renovación vienen de Dios y de su gracia. Así que, si estamos perdidos en nuestro pecado, la culpa es únicamente nuestra. Pero si somos hechos santos y llevados a la gloria, todo el honor debe darse a Dios, y solo a él. Reconozco que esto es difícil de explicar con claridad. Aun así, no debemos negar ni ignorar una verdad solo porque no podamos armonizar perfectamente cada una de sus partes. Si hiciéramos eso, hasta podríamos negar que alguno de nosotros puede moverse, aunque todos los días vemos que sí nos movemos.
Los llamados y santificados son guardados a salvo en Jesucristo. Así como Dios comienza la obra de la gracia en el alma de una persona, también la sostiene y la lleva a su cumplimiento. Donde él comienza esa obra, la terminará. Nosotros podemos ser inconstantes, pero él es firme. No abandonará la obra de sus propias manos (Salmo 138:8). Por eso, no debemos confiar en nosotros mismos, ni siquiera en la gracia que ya hemos recibido, sino confiar solamente en él. Al mismo tiempo, debemos seguir usando los medios correctos que Dios ha establecido, procurando siempre mantenernos firmes, si esperamos que él nos guarde.
Los creyentes son guardados de las puertas del infierno y llevados a la gloria del cielo. Y todos los que son guardados, lo son en Jesucristo: en él encuentran su fortaleza y refugio seguro. Permanecen a salvo solo mientras permanecen en él, y únicamente porque están unidos a él.
También encontramos el saludo apostólico: misericordia, paz y amor para ustedes. De la misericordia, la paz y el amor de Dios proviene todo nuestro consuelo, todo nuestro gozo verdadero en esta vida y toda nuestra esperanza para la vida venidera. La misericordia de Dios es la fuente y el origen de todo el bien que tenemos o esperamos tener. Esta misericordia es para quienes sufren y también para quienes son culpables.
Después viene la paz, que nace de saber que hemos recibido misericordia. No podemos tener una paz verdadera y duradera, excepto la que proviene de haber sido reconciliados con Dios por medio de Jesucristo. Y de la paz nace el amor: su amor por nosotros, nuestro amor por él y nuestro amor fraternal unos por otros, tan olvidado y tristemente descuidado. El apóstol ora para que estas cosas aumenten, de modo que los cristianos no se conformen con tener solo una pequeña medida de ellas, sino que tanto las personas como las iglesias enteras estén llenas de misericordia, paz y amor.
Dios está dispuesto a darnos toda gracia y a darnos plenitud en cada aspecto de la gracia. Si nos sentimos limitados, el límite no está en él, sino en nosotros.
De este capítulo
Judas 1:2
"Reciban ustedes misericordia, paz y amor en abundancia."
Judas 1:3
"Queridos hermanos, he sentido un gran deseo de escribirles acerca de la salvación que tanto ustedes como yo tenemos; pero ahora me veo en la necesidad de hacerlo para rogarles que luchen por la fe que una vez fue entregada al pueblo santo."
Judas 1:4
"Porque por medio de engaños se han infiltrado ciertas personas a quienes las Escrituras ya habían señalado desde hace mucho tiempo para la condenación. Son hombres malvados que toman la bondad de nuestro Dios como pretexto para llevar una vida desenfrenada y niegan a nuestro único Dueño y Señor, Jesucristo."
Judas 1:5
"Aunque ustedes ya lo saben, quiero recordarles que el Señor, después de sacar de Egipto al pueblo de Israel, destruyó a los que no creyeron."
Judas 1:6
"Y a los ángeles que no conservaron el puesto que les correspondía, sino que abandonaron su propio hogar, Dios los mantiene en prisiones oscuras y eternas para el gran día del juicio."
Judas 1:7
"Al igual que esos ángeles, también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas se entregaron a la prostitución y se dejaron llevar por vicios contra la naturaleza. Por eso sufrieron el castigo del fuego eterno y quedaron como advertencia para todos."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.