Versículo destacado
Josué 3:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Al día siguiente, muy temprano, Josué y todos los israelitas salieron de Sitim y llegaron al río Jordán; pero, antes de cruzarlo, acamparon allí. "
Josué 3:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Al día siguiente, muy temprano, Josué y todos los israelitas salieron de Sitim y llegaron al río Jordán; pero, antes de cruzarlo, acamparon allí.
2 Después de tres días, los jefes recorrieron el campamento
3 y dieron esta orden a los israelitas: En cuanto ustedes vean pasar el arca del Señor, llevada por los sacerdotes levitas, salgan de donde estén y síganla.
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Rahab, cuando les contó a los espías cómo se había secado el mar Rojo (Josué 2:10), mostró que esa noticia había atemorizado a los cananeos más que cualquier otra cosa. También da a entender que quienes estaban al otro lado del Jordán esperaban que ese río se abriera de la misma manera. No sabemos si Israel esperaba que sucediera así, pero Dios a menudo hacía por ellos cosas que no habían previsto (Isaías 64:3).
Aquí se nos dice que llegaron al Jordán y acamparon allí (Josué 3:1). Todavía no les habían dicho cómo lo cruzarían, y no tenían ningún medio común para pasar al otro lado. Aun así, avanzaron por fe, porque ya se les había dicho que cruzarían el río (Josué 1:11). Nosotros también debemos seguir avanzando por el camino del deber, aun cuando veamos dificultades por delante, confiando en que Dios nos ayudará cuando lleguemos a ellas. Debemos avanzar hasta donde podamos y depender del poder de Dios para lo que no podemos hacer por nosotros mismos.
Josué los dirigió en esta marcha, y se destaca que se levantó temprano, como también ocurrió en otras ocasiones (Josué 6:12; Josué 7:16; Josué 8:10). Esto muestra que no amaba la comodidad, sino que se preocupaba profundamente por su responsabilidad y estaba dispuesto a esforzarse. Quienes desean hacer grandes cosas deben levantarse temprano. «No ames el sueño, para que no llegues a la pobreza». Josué dio un buen ejemplo a los oficiales que estaban bajo su autoridad. Les enseñó a levantarse temprano y a prestar atención constante a las responsabilidades de su cargo.
También se les dijo al pueblo que siguiera el arca. Los oficiales recorrieron el campamento para comunicar estas instrucciones (versículo 2), de modo que cada israelita supiera qué debía hacer y en quién debía confiar. Debían confiar en que el arca los guiaría; eso significaba confiar en Dios mismo, ya que el arca era la señal de su presencia. Parece que la columna de nube y de fuego había sido retirada, a menos que ahora estuviera sobre el arca y les diera una guía doble. En cualquier caso, se honró el arca y se protegió el respeto que merecía.
Aquí se la llama el arca del pacto del Señor su Dios. No podían recibir un ánimo mayor que saber que el Señor era su Dios y que estaba unido a ellos por medio del pacto. Allí estaba el arca del pacto; y, si Dios es nuestro Dios, no tenemos que temer ningún mal. Él estaba cerca de ellos, presente con ellos, y marchaba delante de ellos. Nada podía salir mal para un pueblo guiado y protegido de esa manera. Antes, el arca era llevada en medio del campamento, pero ahora iba delante de ellos para buscarles un lugar de descanso (Números 10:33) y, en cierto sentido, para darles posesión formal de la tierra prometida.
Dentro del arca estaban las tablas de la ley, y encima de ella estaba el propiciatorio. Esto muestra que la ley y la gracia de Dios gobernando el corazón son las señales más seguras de su presencia y favor. Quienes desean ser guiados hacia la Canaán celestial deben tomar la ley de Dios como su guía: «Si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos». También deben mantener presente el gran sacrificio por el pecado: la muerte de Cristo, que satisface la justicia divina, mientras esperan la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.
También podían depender de los sacerdotes y los levitas, la tribu apartada para el servicio sagrado, quienes habían sido designados para llevar el arca delante de ellos. La tarea de los ministros es presentar la palabra de vida y cuidar las ordenanzas que manifiestan la presencia de Dios y transmiten su poder y gracia. En esto, deben ir delante del pueblo de Dios en el camino hacia el cielo.
El pueblo mismo debía seguir el arca: «Salgan de su lugar y vayan detrás de ella». Debían hacerlo con la determinación de no apartarse nunca de ella. Dondequiera que estén las ordenanzas de Dios, allí debemos estar nosotros. Si ellas avanzan, debemos avanzar tras ellas. También debían seguir con plena confianza en que el arca los guiaría por el mejor camino hacia el mejor destino. De la misma manera, nosotros debemos decir: «Señor, te seguiré adondequiera que vayas». Toda su atención debía concentrarse en observar los movimientos del arca y seguirla con una confianza sencilla. Del mismo modo, nosotros debemos andar conforme a la norma de la Palabra y a la dirección del Espíritu en todo, y entonces la paz estará sobre nosotros, como estuvo sobre el pueblo de Dios en aquel tiempo. Debían seguir a los sacerdotes solo mientras estos llevaran el arca. Así también nosotros debemos seguir a nuestros ministros únicamente cuando ellos siguen a Cristo.
Al seguir el arca, también debían mantener cierta distancia (versículo 4). Ninguno debía acercarse a menos de aproximadamente mil yardas de ella. Esto mostraba su profunda reverencia por la señal de la presencia de Dios, para que la cercanía no llevara a la falta de respeto. Este mandato de mantenerse atrás correspondía a aquella época de oscuridad, esclavitud y temor. Pero ahora, por medio de Cristo, nos acercamos con confianza.
Esto también dejaba claro que el arca podía protegerse a sí misma. No necesitaba hombres armados que la custodiaran; más bien, protegía al pueblo que la seguía. Era un desafío audaz para el enemigo: todos sus acompañantes quedaban a media milla de distancia, excepto los sacerdotes desarmados que la llevaban. Sin embargo, el arca podía mantenerse completamente segura y también mantener a salvo a quienes la seguían.
La distancia también hacía que el arca fuera más fácil de ver para quienes debían ser guiados por ella, de modo que pudieran saber qué camino seguir, como si estuviera señalado delante de ellos. Si se les hubiera permitido amontonarse alrededor de ella, la habrían rodeado, y solo quienes estuvieran más cerca podrían verla. Pero al estar el arca delante de ellos, todos podían verla y recibir ánimo al contemplarla. Había una buena razón para esto, pues «ustedes no han pasado antes por este camino». Eso había sido cierto durante todo su recorrido por el desierto, pero lo era especialmente allí, frente al Jordán.
Mientras estamos en este mundo, debemos esperar acontecimientos fuera de lo común y prepararnos para recorrer caminos que nunca antes hemos transitado. Esto es aún más cierto cuando dejamos esta vida. El camino por el valle de sombra de muerte es uno que no hemos recorrido antes, y eso lo hace más aterrador. Sin embargo, si tenemos la presencia de Dios con nosotros, no tenemos que temer. Su presencia nos dará fuerzas para realizar tareas que nunca antes hemos hecho.
También se les dijo que se consagraran y se prepararan para esperar en el arca, y había una buena razón para ello: «Mañana el Señor hará maravillas entre ustedes» (versículo 5). Josué habla de las obras de Dios con grandeza. Él hace maravillas, y por eso debe ser adorado, admirado y digno de nuestra confianza. Josué también parece estar muy consciente de los planes de Dios, pues pudo anunciar con anticipación qué haría Dios y cuándo lo haría.
Esto muestra qué preparación necesitamos hacer si queremos recibir la gloria de Dios y sus dones de gracia. Debemos santificarnos; es decir, apartarnos para Dios y limpiarnos del pecado. Debemos hacerlo cuando vamos a acercarnos al arca y cuando Dios está por hacer maravillas entre nosotros. Tenemos que dejar de lado otras preocupaciones, dedicarnos a honrar a Dios y limpiarnos de toda impureza del cuerpo y del espíritu. Israel estaba entrando en la tierra santa, y por eso debía santificarse.
Dios estaba a punto de darles señales extraordinarias de su favor. Por eso necesitaban preparar el corazón mediante la meditación y la oración, observando atentamente lo que él estaba haciendo. De ese modo podrían darle la gloria a Dios y también hallar consuelo en su obra.
A los sacerdotes se les ordenó tomar el arca y llevarla delante del pueblo (Josué 3:6). Normalmente, esta era la tarea de los levitas, la tribu apartada para un servicio religioso especial (Números 4:15). Pero en esta gran ocasión se les ordenó a los sacerdotes mismos que lo hicieran. Ellos obedecieron de inmediato y no consideraron que esa tarea los rebajara. Fueron delante del pueblo y no pensaron que estuvieran exponiéndose innecesariamente al peligro. El arca que llevaban era tanto su honor como su protección.
Podemos recordar la oración de Moisés cuando el arca se ponía en marcha: «Levántate, Señor, y sean dispersados tus enemigos» (Números 10:35). Esto también enseña a los gobernantes a animar a los ministros en su trabajo y a usar su autoridad para apoyar la verdadera religión. Por su parte, los ministros deben aprender a abrir el camino en la senda de Dios y no retroceder cuando el peligro se acerca. Deben esperar enfrentar los ataques más fuertes, pero saben en quién han confiado.
De este capítulo
Josué 3:2
"Después de tres días, los jefes recorrieron el campamento"
Josué 3:3
"y dieron esta orden a los israelitas: En cuanto ustedes vean pasar el arca del Señor, llevada por los sacerdotes levitas, salgan de donde estén y síganla."
Josué 3:4
"Así sabrán por dónde deben ir, porque ninguno de ustedes ha pasado antes por ese camino. Pero no se acerquen al arca; manténganse siempre detrás de ella, como a un kilómetro de distancia."
Josué 3:5
"Y Josué les dijo: «Purifíquense, porque mañana verán al Señor hacer milagros»."
Josué 3:6
"A los sacerdotes les dijo: «Tomen el arca de la alianza y crucen el río delante de la gente». Los sacerdotes tomaron el arca de la alianza y pasaron delante de la gente."
Josué 3:7
"Entonces el Señor le dijo a Josué: Desde hoy te haré cada vez más importante a los ojos de los israelitas. Así ellos verán que estoy contigo, como estuve con Moisés."
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