Versículo destacado
Josué 21:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Las siguientes ciudades fueron dadas por los de la tribu de Judá y los de la tribu de Simeón, "
Josué 21:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Y a los clanes levitas que descendían de Merarí les correspondieron doce ciudades de las tribus de Rubén, Gad y Zabulón.
8 Los israelitas repartieron entre los levitas, por sorteo, ciudades y campos de pastoreo, tal como el Señor lo había ordenado por medio de Moisés.
9 Las siguientes ciudades fueron dadas por los de la tribu de Judá y los de la tribu de Simeón,
10 y les correspondieron a los levitas pertenecientes a los clanes de Quehat que descendían de Aarón, porque a ellos les tocó la suerte en primer lugar.
11 En la región montañosa de Judá les dieron Hebrón, la ciudad principal de los descendientes del gigante Anac, junto con sus campos de pastoreo.
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Aquí se presenta un registro específico de las ciudades que las distintas tribus dieron a la tribu de Leví. Estas ciudades no eran simplemente lugares donde los levitas vivían como inquilinos entre las demás tribus. Su derecho sobre ellas era firme y seguro, no incierto, como si fueran solo arrendatarios temporales. Las poseían como verdaderos dueños, con el mismo derecho que las demás tribus tenían sobre sus propias ciudades y tierras. Esto se confirma por la ley que impedía vender permanentemente las casas situadas en las ciudades de los levitas; podían venderse solo hasta el año del jubileo, cuando la propiedad debía ser restituida (Levítico 25:32-33). Sin embargo, es probable que, como los levitas solo tenían las ciudades y sus campos de pastoreo, mientras que las tierras circundantes seguían perteneciendo a las tribus donde estaban ubicadas esas ciudades, la gente de esas tribus con frecuencia alquilara casas a los levitas por conveniencia y viviera entre ellos de esa manera.
Hay varios aspectos que sobresalen en este relato, además de lo que ya se había establecido en la ley sobre este asunto (Números 35). El primero es que los levitas fueron distribuidos entre todas las tribus y no se les permitió permanecer juntos en una sola región del país. Esto los mantenía ocupados y les permitía ser útiles a los demás, porque los ministros no deben estar ociosos ni vivir únicamente para sí mismos o solo para ayudarse entre ellos. Al principio, Cristo dejó juntos a sus doce discípulos, pero después les ordenó que se dispersaran para predicar el evangelio a toda criatura. Como los levitas vivían entre las demás tribus, también estaban bajo la observación constante del pueblo, lo cual debía ayudarles a vivir con cuidado y de una manera digna de su santo servicio. Si todos hubieran vivido juntos, quizá habrían pasado por alto las faltas unos de otros y excusado la mala conducta. En cambio, todo Israel podía verlos, y ellos tenían que vivir de modo que nadie pudiera culpar su ministerio ni avergonzar su llamado.
Otro aspecto es que cada tribu de Israel fue honrada y beneficiada al recibir ciudades levíticas en proporción a su tamaño, incluso las tribus más alejadas. Todos pertenecían al pueblo de Dios, así que todos debían tener levitas entre ellos. Los levitas estaban allí para recibir al pueblo con bondad, como Dios les había ordenado (Deuteronomio 12:19; Deuteronomio 14:29). También estaban allí para ofrecer consejo e instrucción. Cuando las personas no podían subir al tabernáculo, podían acudir a una ciudad levítica y aprender más acerca del Señor. De ese modo, Dios puso una lámpara en cada parte de su casa, para dar luz a toda la familia. Los sacerdotes que servían en el altar permanecían allí vigilando para que ningún mandamiento de Dios fuera descuidado. Del mismo modo, los levitas esparcidos por el país debían cuidar que no se introdujeran prácticas idólatras o supersticiosas, y velar por las almas del pueblo de Dios. Dios estaba asegurando sabia y bondadosamente que la religión permaneciera viva entre ellos y que su palabra siguiera cerca de su pueblo. Nosotros somos aún más bendecidos bajo el evangelio, porque lo tenemos todavía más cerca: no solo hay levitas en cada condado, sino también ministros en cada congregación, cuyo trabajo sigue siendo enseñar al pueblo y guiarlo por los caminos de Dios.
Un tercer aspecto es que trece ciudades, algunas de las mejores, fueron apartadas para los sacerdotes, los hijos de Aarón (Josué 21:19). Aarón solo tenía dos hijos con vida, Eleazar e Itamar, pero su familia ya había crecido mucho y era evidente que seguiría creciendo hasta llenar esas ciudades. Aun así, muchos sacerdotes también debían permanecer donde estaban el arca y el altar. Ambos Testamentos hablan del gran número de sacerdotes, y parece probable que ninguna familia de Israel que salió de Egipto creciera tanto como la familia de Aarón. Esto concuerda con la promesa dada más adelante a la casa de Aarón: que Dios los aumentaría más y más, a ellos y a sus hijos (Salmo 115:12-14). Dios levanta un pueblo para que le sirva.
Un cuarto aspecto es que algunas de las ciudades de los levitas más tarde se hicieron famosas por otras razones. Hebrón fue la ciudad donde David comenzó a reinar, y en Mahanaim, otra ciudad levítica (Josué 21:38), permaneció y estableció su base cuando huyó de Absalón. Siquem, otra ciudad levítica (Josué 21:21), fue el lugar donde gobernó Abimelec, hijo de Gedeón y el primer israelita en llevar el título de rey.
Un quinto aspecto es que el número total de estas ciudades era mayor que el número asignado a la mayoría de las tribus, excepto Judá, aunque la tribu de Leví era una de las tribus más pequeñas. Esto muestra cuán generoso es Dios y cuán generoso debe ser su pueblo con sus ministros. La diferencia quizá no parezca tan grande si recordamos que los levitas solo recibieron ciudades y los campos que las rodeaban para vivir, mientras que las demás tribus recibieron no solo ciudades —y probablemente muchas más de las que se enumeran aquí—, sino también pueblos sin murallas, aldeas y casas en el campo.
En conjunto, se hicieron provisiones cuidadosas para que los levitas pudieran vivir con bienestar y ser útiles. Toda persona, sea ministro o no, a quien Dios le haya provisto abundantemente debe entenderlo como un llamado a hacer el bien y a servir a los demás en la medida de sus capacidades y oportunidades.
De este capítulo
Josué 21:1
"Los jefes de las familias levitas fueron a hablar con el sacerdote Eleazar, con Josué y con los jefes de familia de las tribus israelitas."
Josué 21:2
"Allí, en Siló, en la región de Canaán, les dijeron: «Por medio de Moisés, el Señor ordenó que se nos dieran ciudades donde vivir, junto con campos de pastoreo para nuestros ganados»."
Josué 21:3
"Entonces los israelitas dieron a los levitas algunas de sus propias ciudades y campos de pastoreo, conforme a lo dicho por el Señor."
Josué 21:4
"Primero se realizó el sorteo para los clanes levitas que descendían de Quehat. A los quehatitas descendientes del sacerdote Aarón les correspondieron trece ciudades de las tribus de Judá, Simeón y Benjamín."
Josué 21:5
"A los demás quehatitas les correspondieron diez ciudades de las tribus de Efraín y de Dan, y de la media tribu de Manasés."
Josué 21:6
"Después, a los clanes levitas que descendían de Guersón les correspondieron por sorteo trece ciudades de las tribus de Isacar, de Aser, de Neftalí y de la media tribu de Manasés que está en Basán."
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