Versículo destacado

Juan 7:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Después de esto, Jesús recorría la región de Galilea. No quería estar en Judea, porque allí los judíos lo buscaban para matarlo. "

Juan 7:1

menu_book El versículo en contexto

1 Después de esto, Jesús recorría la región de Galilea. No quería estar en Judea, porque allí los judíos lo buscaban para matarlo.

2 Pero como se acercaba la fiesta de las Enramadas, una de las fiestas de los judíos,

3 sus hermanos le dijeron: —No te quedes aquí; vete a Judea, para que los seguidores que tienes allá también vean lo que haces.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos por qué Cristo pasaba más tiempo en Galilea que en Judea, según Juan 7:1. Los judíos, es decir, la gente de Judea y Jerusalén, intentaban matarlo porque había sanado al hombre discapacitado en sábado, como se relata en Juan 5:16. Querían darle muerte, ya fuera alborotando a la multitud o presentando cargos legales; por eso se mantuvo alejado de esa región y permaneció en otra parte del país.

El texto no dice que tuviera miedo y que no quisiera entrar en Judea. Más bien, no quiso ir allí en ese momento. Esto no fue cobardía, sino prudencia sabia, porque todavía no había llegado su hora. La luz del evangelio es justamente retirada de quienes intentan apagarla. Cristo se aparta de quienes lo rechazan y, con toda justicia, se oculta de quienes lo expulsan.

En tiempos de peligro evidente, no solo está permitido, sino que también es prudente retirarse para ponerse a salvo y servir en lugares más seguros, como vemos en Mateo 10:23. Estamos llamados a entregar nuestra vida únicamente cuando no podemos conservarla sin pecar. Si la providencia de Dios coloca a personas valiosas en lugares poco visibles, no deberíamos considerarlo extraño. Ese fue el camino de nuestro Maestro, quien tenía la capacidad de ocupar el puesto más importante entre los maestros de Israel, pero eligió caminar entre la gente común de Galilea.

Aun allí, no se quedó inmóvil ni se escondió. Iba de un lugar a otro haciendo el bien. Cuando no podemos hacer lo que quisiéramos, ni hacerlo donde quisiéramos, debemos hacer lo que podamos, donde podamos.

También se nos habla de la cercanía de la fiesta de los Tabernáculos, como se menciona en Juan 7:2. Era una de las tres grandes fiestas que exigían que todos los varones adultos se presentaran en Jerusalén. Su propósito era recordar la vida de Israel en tiendas durante el desierto y también señalar de antemano la vida presente del Israel espiritual de Dios en este mundo. La fiesta había sido establecida muchos siglos antes, pero todavía se seguía celebrando.

Esto demuestra que las ordenanzas establecidas por Dios no quedan anticuadas simplemente porque pase mucho tiempo. Las misericordias recibidas en el desierto nunca deben olvidarse. Aquí se le llama la fiesta de los judíos porque pronto dejaría de celebrarse como una observancia distintivamente judía y quedaría vinculada a quienes todavía servían bajo el sistema del tabernáculo.

Después viene la conversación de Cristo con sus hermanos, algunos de sus parientes, aunque no está claro si eran familiares por parte de su madre o de su padre legal. Ellos afirmaban tener un interés especial en él y, por eso, se metieron a aconsejarlo sobre su manera de actuar. Sus consejos mostraban su ambición y su deseo de alcanzar reconocimiento público.

Lo instaron a salir de allí e ir a Judea, como dice Juan 7:3, donde pensaban que tendría una mejor oportunidad de mostrarse que en Galilea. Dieron dos razones. Primero, creían que eso animaría a quienes, en Jerusalén y sus alrededores, lo respetaban. Como esperaban de él un reino terrenal y suponían que la sede real estaría en Jerusalén, querían que sus seguidores de allí lo vieran más. Pensaban que el tiempo que pasaba entre sus discípulos galileos era desperdiciado si la gente de Jerusalén no veía sus milagros.

Segundo, creían que eso mejoraría su reputación. Decían que nadie hace cosas en secreto si quiere darse a conocer públicamente. Suponían que Cristo buscaba fama, así que les parecía extraño que mantuviera sus milagros ocultos. Desde su perspectiva, si realmente podía hacer esas obras y ganarse la aprobación de la gente, debía presentarse públicamente y demostrar quién era.

A primera vista, sus consejos quizá no parezcan dañinos. Sin embargo, Juan señala que mostraban su incredulidad, pues sus hermanos no creían en él, como dice Juan 7:5. Si realmente hubieran creído en él, no le habrían hablado de esa manera. Pertenecer a la familia de Cristo era un honor, pero no un honor que salvara. El parentesco que Cristo valora se encuentra en quienes oyen su palabra y la obedecen.

Esto también demuestra que Cristo no buscaba una ventaja terrenal. Si la hubiera buscado, sus propios familiares se habrían unido a él desde el principio, y él se habría asegurado de que ocuparan los primeros lugares. Algunos de sus familiares según la carne sí creyeron, entre ellos tres de los doce discípulos, que eran sus hermanos. Sin embargo, otros que tenían un parentesco igualmente cercano no creyeron. Muchas personas comparten las mismas ventajas externas, pero no todas las aprovechan de la misma manera.

Aun así, había algo más equivocado en sus consejos. Pretendían dirigir a Cristo, como si supieran más que él. Eso demostraba que no confiaban en que pudiera guiarse a sí mismo, mucho menos guiarlos a ellos. También mostraban poca preocupación por su seguridad, porque querían que fuera a Judea, donde sabían que los judíos intentaban matarlo. Más adelante, quienes verdaderamente lo amaban le pidieron que no fuera a Judea, como vemos en Juan 11:8.

Algunos han pensado que esperaban que sus milagros fueran puestos a prueba en Jerusalén, donde los fariseos y los gobernantes podrían descubrir algún fraude, si lo hubiera, y así confirmar su incredulidad. Otros creen que simplemente estaban cansados de tenerlo en Galilea y querían que se fuera de su región. En efecto, le estaban diciendo: «Vete de nuestra tierra».

También insinuaban injustamente que estaba descuidando a sus discípulos, como si ellos necesitaran ver más de sus obras para conservar la fe. Parecían acusarlo de falta de valor, como si no se atreviera a enfrentarse públicamente con los hombres importantes. Daban a entender que, si tuviera grandeza de espíritu, se presentaría abiertamente en vez de esconderse en un rincón. De esta manera, la humildad y humillación de Cristo, junto con el poco éxito visible de su religión en el mundo, muchas veces han sido usadas para burlarse tanto de él como de su obra.

También parecen poner en duda la autenticidad de sus milagros, como si dijeran: «Si realmente haces estas cosas, permite que soporten el examen público». Trataban a Cristo como si fuera igual que ellos: guiado por estrategias terrenales y ansioso por impresionar a los demás. Pero él no buscaba el honor de los seres humanos. En el fondo de todo esto había interés propio. Tal vez esperaban que, si él llegaba a ser grande, ellos, como sus familiares, compartieran su honor y recibieran respeto por causa de él.

Muchas personas mundanas asisten al culto público, incluso a los servicios de las fiestas religiosas, solo para que los demás las vean. Su principal preocupación es parecer respetables y causar una buena impresión. De la misma manera, muchos que aparentan interesarse por el honor de Cristo en realidad buscan su propia ventaja y usan la religión para beneficiarse.

La prudencia y la humildad de Jesús se ven claramente en su respuesta al consejo de sus hermanos en Juan 7:6-8. Aunque sus palabras tenían un tono grosero e injusto, él les respondió con gentileza. Debemos aprender de nuestro Maestro a responder con mansedumbre, incluso cuando alguien se muestra insistente o habla fuera de lugar. Cuando alguien habla mal y su error es evidente, muchas veces es mejor pasar por alto el insulto que responder con enojo.

Es probable que sus hermanos esperaran que fuera con ellos a la fiesta, quizá incluso con la esperanza de que pagara sus gastos. Él mostró la diferencia entre ellos y él de dos maneras. Primero, el tiempo de él estaba establecido, mientras que el de ellos estaba siempre disponible.

Cuando Jesús dijo: «Mi tiempo aún no ha llegado, pero el tiempo de ustedes siempre está preparado», se refería al momento en que subiría a la fiesta. Para ellos, no importaba mucho cuándo viajaran, porque no tenían nada urgente que los retuviera ni que los apresurara. Pero cada momento del tiempo de Cristo era precioso, porque tenía una tarea asignada. Todavía tenía una obra importante que realizar en Galilea antes de salir de la región. Según la armonía de los Evangelios, entre esta sugerencia de sus familiares y su posterior viaje a la fiesta ocurrió el envío de los setenta discípulos, relatado en Lucas 10:1 y los versículos siguientes, una tarea muy importante. Por eso su tiempo todavía no había llegado: esa obra debía realizarse primero.

Quienes viven una vida inútil siempre tienen tiempo disponible. Pueden ir y venir cuando quieran. Pero quienes tienen su tiempo lleno de responsabilidades a menudo se sienten presionados y no pueden hacer en cualquier momento lo que otros sí pueden hacer. Toda persona es sierva de Dios, y especialmente quien se ha dedicado a servir a los demás no debería esperar tener control sobre cada hora de su vida. La carga del trabajo útil es mucho mejor que la libertad de la ociosidad.

Jesús quizá también se refería al momento adecuado para aparecer públicamente en Jerusalén. Él conocía a todas las personas y todas las cosas, así que sabía que el mejor momento sería alrededor de la mitad de la fiesta. Con frecuencia nos apresuramos a decirle qué debería suceder ahora, como si el momento presente fuera el adecuado para todo. Pero él es el mejor juez. Tal vez su tiempo aún no haya llegado porque su pueblo todavía no está listo para ser liberado o porque sus enemigos aún no están preparados para su ruina. Por eso debemos esperar con paciencia el tiempo de Dios, porque todo lo que él hace alcanza su mayor gloria cuando lo realiza en el momento apropiado.

En segundo lugar, la vida de ellos no estaba en peligro, pero la vida de Jesús era perseguida, como dice Juan 7:7. Cuando ellos se mostraban ante el mundo, no se exponían al peligro. «El mundo no puede odiarlos —dijo Jesús—, porque ustedes pertenecen al mundo». Quienes pertenecen al mundo son sus propios hijos y servidores, y el mundo ama lo que le pertenece. Pero cuando Cristo se mostró ante el mundo, se expuso a un gran peligro, porque el mundo lo odiaba.

No solo lo trataron como alguien sin importancia, pues el mundo no lo conocía. Lo odiaron como si fuera una amenaza para él. Ese fue el resultado de que amara al mundo. El pecado que gobierna el corazón siente un profundo odio por Cristo. Pero ¿por qué lo odiaba el mundo? ¿Qué mal había hecho? ¿Había pretendido, como Alejandro, conquistar el mundo solo para destruirlo? No. Jesús dijo: «Porque doy testimonio de que sus obras son malas».

Las obras de un mundo malvado son obras malas, así como el fruto corresponde al árbol. Este es un mundo en tinieblas, un mundo que se ha apartado de Dios, y sus obras son actos de oscuridad y rebelión. Nuestro Señor Jesucristo, tanto por medio de su propia enseñanza como por medio de sus siervos, sigue y seguirá exponiendo y condenando las obras malas de este mundo perverso. Eso perturba profundamente al mundo. A las personas malvadas no les gusta escuchar acerca de su pecado, porque su propia conciencia las hace sentir avergonzadas y temer el castigo que viene.

Más allá de cualquier otra explicación, la verdadera razón por la que el mundo odia el evangelio es que este habla en contra del pecado y de los pecadores. Los testigos de Cristo, por lo que enseñan y por la manera en que viven, incomodan a quienes viven en la tierra; por eso son tratados con tanta crueldad (Apocalipsis 11:10). Aun así, es mejor que el mundo nos odie por hablar en contra de su maldad que ganarnos su amistad al unirnos a ella.

Entonces Jesús envió a sus hermanos por delante y decidió permanecer un poco más en Galilea, como dice Juan 7:8. Les permitió ir a la fiesta, aunque actuaban de una manera carnal e hipócrita. Incluso a quienes se acercan al culto santo con malas intenciones no se les debe impedir ni desanimar que vayan, porque quién sabe si allí podrían cambiar. Sin embargo, Jesús no fue con ellos, porque su propósito era mundano y falso.

Quienes van al culto para aparentar o para obtener algún beneficio terrenal van sin Cristo, y les irá de acuerdo con ello. Qué triste es la condición de alguien que piensa que está relacionado con Cristo, mientras Cristo le dice: «Ve a ese culto. Ve a orar. Ve a escuchar la Palabra. Ve a recibir el sacramento, pero yo no iré contigo». Es como la advertencia de Éxodo 33:1-3: «Sigan adelante, pero yo no iré con ustedes». Si la presencia de Cristo no va con nosotros, ¿para qué ir?

Cuando nos dirigimos a actos solemnes de adoración o regresamos de ellos, debemos tener cuidado con nuestra compañía. Debemos evitar a las personas vanidosas y mundanas, para que las conversaciones malas no apaguen los buenos deseos. Jesús dijo: «Todavía no voy a subir a esta fiesta». No dijo: «Nunca iré», sino «todavía no». Puede haber razones para retrasar un deber sin abandonarlo por completo, como en Números 9:6-11. Su razón era: «Mi tiempo todavía no ha llegado por completo». Nuestro Señor es exacto y cuidadoso con su tiempo, y como ese era el momento establecido, también era el mejor momento.

Después de decir esto, permaneció en Galilea hasta que llegó el momento adecuado, como dice Juan 7:9. A causa de aquella conversación, se quedó allí. No se dejó llevar por personas que lo impulsaban a exhibirse públicamente, ni se unió a su tentación de buscar el honor de los seres humanos. Tampoco se apartó de una decisión que ya había tomado con plena previsión y cuidadosa reflexión. Puesto que había dicho que todavía no subiría a la fiesta, permaneció en Galilea.

Los seguidores de Cristo deben ser firmes y no actuar a la ligera. Jesús subió a la fiesta en el momento adecuado, y también importa la manera en que subió.

No subió con sus hermanos, porque no quería que provocaran a una multitud ruidosa a su alrededor, fingiendo que lo estaban mostrando ante el mundo. Eso correspondía tanto a la profecía como a su propio espíritu, pues él no discutiría ni gritaría, ni haría oír su voz en las calles (Isaías 42:2). Sin embargo, sí subió después de ellos. Es legítimo participar en el mismo culto público con personas cuya compañía cercana debemos evitar, porque la bendición de los actos religiosos depende de la gracia de Dios, no de la bondad de quienes nos rodean.

Sus hermanos, guiados por intereses mundanos, subieron primero, y después Jesús los siguió. En la religión externa, las personas falsas y orgullosas a veces pueden llegar antes que los creyentes sinceros. Muchos llegan primero al templo porque quieren llamar la atención y se van sin haber sido reconciliados con Dios, como el fariseo de Lucas 18:11. La verdadera pregunta no es quién llega primero, sino quién llega con el espíritu correcto. Si llevamos con nosotros el corazón dispuesto, no importa quién haya llegado antes.

Jesús subió, por así decirlo, en secreto: no abiertamente, sino en silencio, casi escondiéndose. Lo hizo más para evitar causar ofensa que para evitar el peligro. Fue porque la fiesta le daba la oportunidad de honrar a Dios y hacer el bien, pero fue discretamente porque no quería provocar a las autoridades. Muchas veces la obra de Dios se realiza mejor con el menor ruido posible. El reino de Dios no necesita venir acompañado de una exhibición exterior (Lucas 17:20). Podemos hacer la obra de Dios en privado sin hacerla de manera deshonesta.

Había mucha expectativa acerca de Jesús entre los judíos en Jerusalén, porque había asistido a fiestas anteriores y se había dado a conocer por los milagros que hacía. Por eso la gente no podía evitar hablar de él. Los judíos lo buscaban durante la fiesta y preguntaban: «¿Dónde está?». Algunos de la multitud querían verlo por curiosidad acerca de su persona y sus milagros. No habían ido a Galilea para buscarlo, aunque no habrían desperdiciado sus esfuerzos si lo hubieran hecho. Esperaban que la fiesta lo llevara a Jerusalén para poder verlo allí. Las personas quizá no hagan todo lo posible por encontrarse con Cristo, pero si él se acerca, se alegran de verlo.

Cuando las personas se reúnen para adorar a Dios, deben buscar a Cristo allí. Quienes quieren ver a Cristo en una fiesta deben buscarlo en ese lugar. Pero también es posible que sus enemigos estuvieran vigilándolo, esperando apoderarse de él y detener su obra. Preguntaban: «¿Dónde está?», con desprecio, como si dijeran: «¿Dónde está ese hombre?». Debieron haber recibido la fiesta como una oportunidad para servir a Dios, pero en lugar de eso la veían como una ocasión para atacar a Cristo. En otro tiempo, Saúl esperó a David durante la fiesta de luna nueva de una manera semejante (1 Samuel 20:27). Buscar una oportunidad para pecar en medio del culto santo es un terrible insulto contra Dios, como si alguien golpeara dentro del propio palacio del rey.

La gente estaba dividida en cuanto a lo que pensaba de Jesús. El odio de los gobernantes y su búsqueda de él hacían que la gente hablara aún más sobre él. La oposición al evangelio muchas veces ha contribuido a difundirlo, porque cuando se habla en su contra por todas partes, también se habla de él por todas partes, y más personas examinan sus afirmaciones. La gente no murmuraba exactamente contra Cristo, sino acerca de él. Algunos culpaban a los gobernantes por no apoyarlo, mientras que otros los culpaban por no detenerlo. Unos se quejaban de que tuviera tanto apoyo en Galilea, y otros de que tuviera tan poco apoyo en Jerusalén. Cristo y su religión siempre han provocado debate, tal como él dijo que sucedería (Lucas 12:51-52). Si todos recibieran a Cristo como deben, habría una paz perfecta. Pero cuando algunos reciben la luz y otros la rechazan, habrá conflicto.

Algunos decían: «Es un hombre bueno». Eso era verdad, pero no era toda la verdad. No era solo un hombre bueno; era más que un hombre: era el Hijo de Dios. Muchas personas hablan bien de Cristo, pero aun así tienen un concepto demasiado pequeño de él porque no dicen lo suficiente. Con todo, era un honor para él y una vergüenza para sus perseguidores que incluso quienes no querían creer que era el Mesías no pudieran negar que era un hombre bueno.

Otros decían: «No; engaña a la gente». Si eso hubiera sido verdad, habría sido un hombre muy malo. Pero su enseñanza era sólida, sus milagros eran reales y su manera de vivir era claramente santa y buena. Aun así, seguían suponiendo que debía haber algún engaño oculto, porque los principales sacerdotes se oponían a él y querían acabar con él. Hoy todavía se escucha el mismo tipo de afirmaciones. Algunos dicen que Cristo fue solamente un hombre bueno y nada más. Otros ni siquiera le conceden eso y dicen que engañó a la gente. Unos lo menosprecian y otros lo atacan, pero la verdad permanece firme.

Como sus líderes los intimidaban, nadie hablaba abiertamente de él por temor a los judíos. Algunos ni siquiera se atrevían a hablar bien de él en público. Aunque cualquiera podía criticarlo e insultarlo, nadie se atrevía a defenderlo. Otros no se atrevían a hablar de él en absoluto. Como nadie podía decir con razón nada en su contra, no permitían que se dijera nada a su favor. Mencionar su nombre casi se consideraba un delito. Muchos han intentado suprimir la verdad alegando que solo quieren poner fin a las discusiones sobre ella, y de ese modo esperan silenciar la religión misma.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Juan 7:1 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

De este capítulo

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.