Versículo destacado
Job 26:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" ¡Qué manera de ayudar al débil! "
Job 26:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¡Qué manera de ayudar al débil!
2 ¡De salvar al que ya no tiene fuerzas!
3 ¡Qué bien sabes aconsejar e instruir al ignorante!
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No era de esperarse que Job, en medio de tanto dolor y sufrimiento, le respondiera así a su amigo y hasta se burlara de la debilidad de sus palabras. Bildad pensaba que había dado un discurso fuerte e impresionante, tan profundo y bien elaborado que se había ganado la reputación de ser sabio y elocuente. Pero Job muestra, con bastante agudeza, que sus palabras no tenían el valor que Bildad imaginaba, y se burla de ellas.
En primer lugar, Job dice que no había nada extraordinario en lo que Bildad había dicho (Job 26:3). Su pregunta —«¿Cómo has ayudado al que no tiene fuerzas?»— está cargada de ironía. Bildad creía que se había expresado con mucha claridad y que había «explicado bien el asunto». Estaba muy satisfecho con sus propias ideas, como suele suceder, y suponía que solo su punto de vista era correcto y claro. Sin embargo, cuando hablamos de la gloria de Dios, no podemos explicarla plenamente tal como es. Ahora vemos solo una parte, como a través de un vidrio empañado, y no lo veremos tal como es hasta llegar al cielo. En esta vida no podemos ordenar por completo nuestras palabras acerca de él (Job 37:19).
Bildad también pensaba que había hablado extensamente, aunque usó pocas palabras, como si hubiera tratado el tema de manera completa. Pero, en realidad, sus palabras eran pobres y pequeñas en comparación con la grandeza y la riqueza del tema. El punto de Job es claro: mucho ruido no significa mucho contenido.
En segundo lugar, Job dice que lo que Bildad había dicho servía de muy poco. ¿Qué beneficio había producido todo ese discurso? ¿Cómo había ayudado al débil o instruido al que carecía de sabiduría? (Job 26:2-3). Job quería decir que Bildad no había hecho ningún servicio a Dios, ni a su propia causa, ni a Job. Tenemos el deber de hablar en favor de Dios, y hacerlo es un honor. Pero no debemos pensar que Dios necesita nuestra ayuda ni que nos debe algo por hablar de él. Dios no acepta palabras que nacen de un espíritu conflictivo en vez de un deseo sincero de darle gloria.
Bildad tampoco había favorecido realmente su propia causa. Tal vez pensaba que sus amigos le debían mucho por haberlos ayudado a argumentar contra Job cuando se habían quedado sin argumentos y se sentían débiles e insensatos. Pero incluso quienes debaten débilmente, cuando se apasionan, suelen pensar que la verdad depende de ellos más de lo que realmente depende. Job también dice que Bildad no le había hecho ningún bien. Bildad afirmaba que quería instruirlo, corregirlo y consolarlo, pero sus palabras no correspondían a la situación. No corregirían los errores de Job, no lo ayudarían a soportar su sufrimiento ni lo llevarían a obtener algo bueno de él.
«Entonces, ¿a quién le estabas hablando?», pregunta Job (Job 26:4). ¿De verdad me hablabas a mí? ¿Crees que soy un niño que necesita una lección así? ¿Piensas que esas palabras corresponden a un hombre en mi condición? No todo lo que es verdadero y bueno también es oportuno o apropiado. Una persona aplastada por el dolor y la tristeza, como Job, necesitaba escuchar más acerca de la gracia y la misericordia de Dios que acerca de su grandeza y majestad. Necesitaba consuelo más que amenazas de parte del Todopoderoso.
Cristo sabe decir una palabra oportuna al cansado (Isaías 50:4), y sus ministros deben aprender a manejar correctamente la palabra de Dios, dando a cada persona lo que corresponde a su situación. No deben hacer entristecer a quienes Dios no quiere afligir, como lo hizo Bildad. Por eso Job pregunta: «¿De quién recibiste ese espíritu?». En otras palabras, ¿qué alma atribulada podría ser renovada, ayudada y fortalecida de nuevo por palabras como esas? A menudo nos decepcionan los amigos que deberían consolarnos, pero el Espíritu Santo, el Consolador, nunca deja de cumplir su propósito ni se equivoca en su obra.
De este capítulo
Job 26:2
"¡De salvar al que ya no tiene fuerzas!"
Job 26:3
"¡Qué bien sabes aconsejar e instruir al ignorante!"
Job 26:4
"¿Con la ayuda de quién has dicho esas palabras? ¿Quién te ha inspirado para hablar así?"
Job 26:5
"Los muertos, que habitan en el mar profundo, tiemblan de miedo en el fondo del mar."
Job 26:6
"El sepulcro, el reino de la muerte, no encierra misterios para Dios."
Job 26:7
"Dios extendió el cielo sobre el vacío y colgó la tierra sobre la nada."
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