Versículo destacado
Jeremías 46:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor habló al profeta Jeremías acerca de las naciones. "
Jeremías 46:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El Señor habló al profeta Jeremías acerca de las naciones.
2 Este fue su mensaje acerca de Egipto, y en particular acerca del ejército del faraón Necao, rey de Egipto, que estaba en Carquemis, junto al río Éufrates, y a quien Nabucodonosor, rey de Babilonia, derrotó en el cuarto año del gobierno de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá:
3 ¡Preparen los escudos! ¡Láncense al ataque!
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El primer versículo da el título de esta sección del libro, que trata sobre las naciones vecinas. Es la palabra del SEÑOR que vino a Jeremías contra las naciones, porque Dios es Rey y Juez sobre todas ellas. Él conoce a quienes no lo conocen y los llamará a rendir cuentas. Isaías y Ezequiel también hablaron contra estas mismas naciones, y ahora Jeremías presenta un mensaje aparte acerca de ellas, relacionado con los mismos acontecimientos.
En el Antiguo Testamento encontramos la palabra del SEÑOR contra las naciones; en el Nuevo Testamento encontramos la palabra del SEÑOR para las naciones, para que quienes estaban lejos sean acercados. Jeremías comienza con Egipto porque durante mucho tiempo Egipto había oprimido a Israel y, recientemente, lo había engañado cuando Israel puso su confianza en él. En estos versículos, Jeremías anuncia de antemano la derrota del ejército del faraón Necao a manos de Nabucodonosor, en el cuarto año de Joacim. La victoria fue tan completa que Nabucodonosor tomó todo lo que pertenecía al rey de Egipto, desde el río de Egipto hasta el río Éufrates, y Egipto nunca volvió a salir con fuerza (2 Reyes 24:7). De este modo, Dios hizo que el faraón Necao pagara muy caro su marcha anterior contra el rey de Asiria, cuatro años antes, cuando mató a Josías (2 Reyes 23:29).
Jeremías habla de este acontecimiento con grandiosas palabras de triunfo sobre el Egipto humillado, y probablemente lo hizo con una emoción especial. La muerte de Josías había sido para él una gran tristeza, y ahora esa muerte era vengada en el faraón Necao. Primero, el profeta se burla de los egipcios por los grandes preparativos militares que hicieron para esta campaña. Los desafía a hacer todo lo posible, porque eso es precisamente lo que harán: «Preparen el escudo y las armas de guerra» (Jeremías 46:3). Egipto era famoso por sus caballos; pues que los ensillen y que los jinetes monten. «¡Suban a los caballos y ocupen sus puestos!», dice (Jeremías 46:4). Pensemos en el enorme cuidado, esfuerzo y gasto que las personas dedican a matarse unas a otras, como si no estuvieran muriendo con suficiente rapidez.
Jeremías compara su marcha con la crecida del Nilo (Jeremías 46:7, 46:8). Egipto se levanta como una inundación, se niega a permanecer dentro de sus límites y amenaza con desbordarse sobre las tierras que lo rodean. El ejército que lleva al campo de batalla es muy poderoso. El profeta los llama a avanzar: «¡Avancen, caballos; lancen sus carros con furia!» (Jeremías 46:9). Los desafía a reunir a todos sus aliados: a los etíopes, que compartían el mismo linaje que los egipcios (Génesis 10:6) y eran sus vecinos y socios, y a los libios y los lidios, ambos pueblos de África occidental, de quienes Egipto recibía ayuda. Que se fortalezcan con toda la habilidad y todas las alianzas que tengan. Todo será inútil, porque Dios luchará contra ellos, y ninguna sabiduría ni ningún plan puede prevalecer contra él (Proverbios 21:30, 21:31).
Esto debería recordarles a quienes van a la guerra que necesitan algo más que armaduras y caballos. También deben arrepentirse de sus pecados y orar para que Dios esté con ellos, a fin de que los guarde de todo mal. Jeremías también se burla de las esperanzas que los egipcios tenían para esta campaña, tan distintas de lo que Dios había determinado. Ellos conocían sus propios planes, y Dios también los conocía; desde el cielo se reía de ellos. Pero ellos no conocían los planes del SEÑOR, porque él los estaba reuniendo como gavillas en la era (Miqueas 4:11, 4:12).
Egipto dice: «Subiré; cubriré la tierra, y nada podrá detenerme. Destruiré la ciudad, cualquiera que sea la ciudad que se interponga en mi camino. Como el faraón de tiempos antiguos, perseguiré y alcanzaré» (Jeremías 46:8). Los egipcios creen que ese será su día, pero Dios dice que será su día: «el día del Señor DIOS de los ejércitos» (Jeremías 46:10). Será el día en que él demostrará su poder mediante la derrota de Egipto. Ellos se proponían una cosa, pero Dios se proponía otra. Ellos querían honor y un dominio más amplio, pero Dios había determinado humillar su reino y debilitarlo. Será un día de juicio por la muerte de Josías y un sacrificio a la justicia divina, en el que muchos pecadores de Egipto caerán como víctimas.
Cuando las personas intentan exaltarse mediante planes injustos, deben esperar que Dios glorifique su nombre al destruir esos planes y derribarlos. Jeremías también se burla de la huida cobarde de los egipcios cuando llega la batalla (Jeremías 46:5, 46:6). Después de todos sus grandes preparativos y sus palabras arrogantes, el profeta los ve enfrentarse al ejército caldeo, aterrorizados, retrocediendo y completamente desanimados. Su retirada es vergonzosa. Incluso sus guerreros, que deberían haberse mantenido firmes, huyen juntos presa del pánico. Corren confundidos y apresurados, sin tiempo ni valor para mirar atrás. El miedo parece rodearlos por todas partes.
Sin embargo, ni siquiera así escapan. Tienen la vergüenza de huir, pero no el consuelo de salvarse al hacerlo. Bien podrían haberse quedado donde estaban y haber muerto allí, porque ni siquiera los más veloces lograrán escapar. Su rapidez les fallará cuando llegue la prueba, tal como les falla el valor. Los poderosos no escaparán: serán derrotados y hechos pedazos. Tropezarán mientras huyen y caerán hacia el norte, hacia la tierra del enemigo, porque estarán tan confundidos que correrán hacia adelante en vez de regresar a su propia tierra. La lección es clara: no siempre ganan los veloces, ni siempre triunfan los fuertes. Los hombres valientes no siempre salen victoriosos.
Por último, se les dice que no podrán recuperarse de este golpe y que la herida será fatal para su nación (Jeremías 46:11, 46:12). La hija de Egipto, representada como una joven que vive en esplendor, queda gravemente herida por esta derrota. Que busque sanidad en Galaad y use todos los remedios que sus sabios puedan recomendar para reparar la pérdida. De nada servirá. La herida no puede curarse, y nunca volverán a ser capaces de llevar un ejército tan poderoso al campo de batalla. Las naciones que habían oído hablar de la gloria y la fuerza de Egipto ahora oirán hablar de su vergüenza, de lo terriblemente derrotado que fue y de cuánto quedó debilitado. Los conquistadores no tendrán que divulgarlo, porque los gritos de los derrotados lo harán saber. Su clamor llenará las tierras cercanas. Mientras huyen en distintas direcciones, un hombre fuerte tropezará con otro y chocará contra él; ambos se convertirán en presa fácil para quienes los persiguen.
Podría haber mil desastres terribles como estos, suficientes para llenar la tierra con los gritos de los derrotados. Por eso, que el hombre fuerte no se jacte de su fuerza, porque puede llegar un momento en que esta no le sirva de nada.
De este capítulo
Jeremías 46:2
"Este fue su mensaje acerca de Egipto, y en particular acerca del ejército del faraón Necao, rey de Egipto, que estaba en Carquemis, junto al río Éufrates, y a quien Nabucodonosor, rey de Babilonia, derrotó en el cuarto año del gobierno de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá:"
Jeremías 46:3
"¡Preparen los escudos! ¡Láncense al ataque!"
Jeremías 46:4
"¡Ensillen los caballos! ¡Monten, jinetes! ¡Pónganse los cascos y formen líneas! ¡Afilen las lanzas! ¡Pónganse las corazas!"
Jeremías 46:5
"Pero ¿qué es lo que veo? Retroceden llenos de terror. Sus guerreros se dispersan derrotados; salen corriendo sin mirar atrás. ¡Hay terror por todas partes! Yo, el Señor, lo afirmo."
Jeremías 46:6
"¡Los más veloces no pueden huir ni los más valientes pueden escapar! En el norte, junto al río Éufrates, tropiezan y caen."
Jeremías 46:7
"¿Quién es ese que crece como el Nilo, como un río de aguas violentas?"
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