Versículo destacado
Isaías 38:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por aquel tiempo, Ezequías enfermó gravemente. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a verlo y le dijo: —El Señor dice: “Da tus últimas instrucciones a tu familia, porque vas a morir. No te recuperarás.” "
Isaías 38:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Por aquel tiempo, Ezequías enfermó gravemente. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a verlo y le dijo: —El Señor dice: “Da tus últimas instrucciones a tu familia, porque vas a morir. No te recuperarás.”
2 Ezequías volvió el rostro hacia la pared y oró así al Señor:
3 «Te suplico, Señor, que recuerdes cómo te he servido con fidelidad y sinceridad, haciendo lo que te agrada». Y lloró amargamente.
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De esto podemos aprender varias lecciones valiosas.
Una de ellas es que ni la grandeza ni la bondad de una persona pueden librarla de la enfermedad y la muerte. Ezequías, un rey poderoso en la tierra y alguien especialmente favorecido por el cielo, fue herido por una enfermedad que seguramente sería mortal si Dios no obraba un milagro. Esto ocurrió en plena etapa de su vida, cuando disfrutaba de consuelo y era útil para su pueblo. Probablemente sucedió justo cuando celebraba su triunfo sobre el ejército asirio derrotado, como un recordatorio de que siempre debemos regocijarnos con humildad y reverencia.
También debemos prepararnos cuando la muerte parece cercana. Se nos dice: «Pon tu casa en orden», y esto se refiere especialmente a nuestro corazón. Debemos poner nuestros sentimientos y nuestros asuntos en el mejor orden posible, para que cuando venga el Señor nos encuentre en paz con Dios, con nuestra propia conciencia y con los demás. Entonces no nos quedará nada más por hacer que morir. Estar preparados para la muerte no hace que llegue más pronto, pero sí la hace mucho más llevadera. Quienes están preparados para morir también están mejor preparados para vivir.
Si alguien está sufriendo por una enfermedad, debe orar, como dice Santiago 5:13. La oración es un remedio para toda herida, ya sea personal o pública. Cuando Ezequías estaba angustiado por sus enemigos, oró; ahora que estaba enfermo, volvió a orar. Cuando algo le duele a un hijo, debe acudir a su padre, y así también nosotros debemos acudir a nuestro Padre celestial. Dios permite las aflicciones para impulsarnos a acudir a la Biblia y a doblar las rodillas. Cuando Ezequías estaba sano, subía al templo del Señor para orar, porque era una casa de oración. Cuando estaba enfermo en cama, volvió el rostro hacia la pared, probablemente en dirección al templo, que señalaba de antemano a Cristo, aquel a quien debemos mirar por fe en cada oración.
El testimonio de una buena conciencia también es de gran ayuda cuando enfrentamos la muerte. Si por la gracia de Dios hemos vivido bien y hemos caminado cerca de él con humildad, eso nos sostendrá y consolará. Sin embargo, no debemos confiar en ello como nuestra justicia para ser reconciliados con Dios. Eso es la justificación, es decir, ser aceptados por Dios como justos, y solo ocurre por medio de Cristo. Pero podemos presentarlo humildemente como evidencia de que pertenecemos a la justicia del Mediador, aquel que nos lleva a Dios. Ezequías no pide una recompensa como si la hubiera merecido. Simplemente le pide a Dios que recuerde, no sus reformas, la eliminación de los lugares altos, la limpieza del templo ni la restauración de la adoración que se había descuidado, sino la manera en que había caminado delante de Dios con verdad y sinceridad, con un corazón íntegro. Esa integridad es nuestra perfección evangélica: una devoción sincera y de todo corazón, no una perfección sin ningún defecto ni pecado.
También vemos que Dios escucha con gracia las oraciones de su pueblo afligido. El mismo profeta que fue enviado a Ezequías con la advertencia de prepararse para morir fue enviado de nuevo con la promesa de que se recuperaría, recobraría plenamente la salud y viviría quince años más. Jerusalén estaba angustiada y Ezequías estaba enfermo; así Dios podía recibir gloria al librarlos a ambos, y la oración podía ser honrada como el medio que usó para conceder esa liberación. Cuando oramos durante una enfermedad y Dios no nos responde exactamente de esa manera, aun así no debemos decir que oramos en vano. Si por medio de su Espíritu nos consuela, nos asegura que nuestros pecados han sido perdonados, nos hace saber que su gracia será suficiente y nos convence de que, vivamos o muramos, le pertenecemos, entonces nos ha respondido. Dios nos responde cuando fortalece nuestra alma, aun cuando no fortalece nuestro cuerpo (Salmo 138:3).
Una persona piadosa no puede hallar mucho consuelo en su propia salud y prosperidad si no ve también el bienestar de la iglesia de Dios. Dios sabía lo que ocupaba el corazón de Ezequías, así que le prometió no solo que viviría, sino también que vería el bienestar de Jerusalén durante toda su vida (Salmo 128:5). De otro modo, no podría vivir tranquilo. Jerusalén, que ahora había sido librada, seguiría protegida de los asirios, quienes quizá estaban listos para reunirse y volver a atacar. De esta manera, Dios proveyó bondadosamente para la paz de Ezequías en todos los sentidos.
Dios también está dispuesto a mostrarles a quienes heredan su promesa que su propósito nunca cambia, para que tengan una fe firme y un consuelo abundante. Ya había dado a Ezequías repetidas pruebas de su favor. Sin embargo, como si eso todavía no fuera suficiente, le dio una señal extraordinaria para confirmar esta promesa extraordinaria. No conocemos a nadie más que haya recibido una promesa absoluta de vivir un número determinado de años, como la que recibió Ezequías; por eso Dios la confirmó con un milagro. La señal fue que la sombra del reloj de sol retrocediera. El sol es una medida fiel del tiempo y sigue su curso como un hombre fuerte que corre una carrera, pero quien puso ese reloj en movimiento puede hacerlo retroceder cuando quiera. El Padre de toda luz dirige cada uno de estos astros.
De este capítulo
Isaías 38:2
"Ezequías volvió el rostro hacia la pared y oró así al Señor:"
Isaías 38:3
"«Te suplico, Señor, que recuerdes cómo te he servido con fidelidad y sinceridad, haciendo lo que te agrada». Y lloró amargamente."
Isaías 38:4
"El Señor ordenó a Isaías"
Isaías 38:5
"que fuera y le dijera a Ezequías: El Señor, Dios de tu antepasado David, dice: “He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a añadir quince años a tu vida."
Isaías 38:6
"Los libraré a ti y a Jerusalén del rey de Asiria. Yo protegeré esta ciudad”."
Isaías 38:7
"Isaías respondió: —Esta es la señal que el Señor te dará como prueba de que te cumplirá su promesa:"
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