Versículo destacado
Isaías 36:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Eliaquim, Sebná y Joah respondieron al oficial asirio: —Por favor, háblenos usted en arameo, porque nosotros lo entendemos. No nos hable usted en hebreo, porque toda la gente que está en la muralla escucha. "
Isaías 36:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Tú no eres capaz de hacer huir ni al más insignificante de los oficiales asirios, ¿y esperas conseguir jinetes y caballos en Egipto?
10 Además, ¿crees que he venido a atacar y destruir este país sin contar con el Señor? ¡Él fue quien me ordenó atacarlo y destruirlo!
11 Eliaquim, Sebná y Joah respondieron al oficial asirio: —Por favor, háblenos usted en arameo, porque nosotros lo entendemos. No nos hable usted en hebreo, porque toda la gente que está en la muralla escucha.
12 Pero el oficial asirio dijo: —No fue a tu amo ni a ustedes a quienes el rey de Asiria me mandó que dijera esto. Fue precisamente a la gente que está sobre la muralla, pues ellos, al igual que ustedes, tendrán que comerse su propio estiércol y beberse sus propios orines.
13 Entonces el oficial, de pie, gritó con mucha fuerza en hebreo: —Oigan lo que les dice el gran rey, el rey de Asiria:
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1. Mientras los príncipes y consejeros trataban asuntos públicos, no era correcto pasar por alto a los representantes del rey y dirigirse directamente al pueblo. Los enviados de Ezequías hicieron una petición razonable al pedir que aquel intercambio se llevara a cabo en un idioma que el pueblo no entendiera (Isaías 36:11). Los asuntos de Estado son asuntos confidenciales y deben mantenerse así, pues la gente común no está en condiciones de juzgarlos debidamente. También está mal incitar a los súbditos contra sus gobernantes mediante insinuaciones engañosas, porque eso no es tratar a los demás como quisiéramos que nos trataran.
2. Las personas orgullosas e insultantes suelen responder con mayor dureza cuando se les trata con amabilidad. Difícilmente podría haberse hablado a Rabsaces con más bondad y respeto que como lo hicieron los mensajeros de Ezequías. Se presentaron como siervos y le pidieron cortésmente: «Te rogamos que hables» (Isaías 36:11). Sin embargo, eso solo hizo que Rabsaces se volviera más arrogante y cruel. Responder con dureza a quienes hablan con suavidad es devolver mal por bien, y algunas personas se vuelven más perversas cuando reciben un buen trato.
3. Cuando Satanás intenta alejar a las personas de la confianza en Dios, a menudo les sugiere que mejorarán su vida si ceden ante él. Pero eso es una mentira, y además una mentira absurda. El mundo y la carne suelen decir: «Ponte de acuerdo con nosotros, sométete a nosotros y tendrás una vida más fácil», pero en realidad están conduciendo a las personas a la peor clase de esclavitud. Sus promesas son tan poco confiables como las promesas de Rabsaces de tratar a la gente con justicia. Por eso, cuando hablen amablemente, no les creas. Ninguna tierra se compara con la tierra prometida, la tierra santa.
4. Nada es más insensato ni más insultante para el Dios verdadero y viviente que compararlo con dioses paganos. Es absurdo actuar como si él solo pudiera proteger a sus adoradores tan bien como esos dioses falsos protegían a los suyos. Los dioses de Hamat y Arfad eran falsos y carecían de poder. No eran nada, mientras que él es el gran «YO SOY». Aquellos ídolos fueron hechos por manos e imaginación humanas, pero Dios es el creador de todas las cosas.
5. Los pecadores orgullosos suelen pensar que, como han derrotado a otras personas, también pueden derrotar a su Creador. Han conquistado a una nación y luego a otra, y por eso suponen que el Señor mismo no podrá salvar a Jerusalén de sus manos. Pero las personas pueden discutir entre sí, como pedazos de barro quebrado que discuten con otros pedazos de barro quebrado. No deberían intentar desafiar al alfarero.
6. En ocasiones es sabio no responderle al necio conforme a su necedad. Ezequías les ordenó que no respondieran, porque eso solo haría que Rabsaces maldijera y blasfemara aún más. Puesto que ellos no podían hacerlo, debían dejar que Dios le cerrara la boca. Tenían la verdad de su lado, pero habría sido difícil expresarla sin enojo. Si hubieran comenzado a intercambiar insultos, Rabsaces los habría vencido en ese terreno.
7. El pueblo de Dios todavía debe sentir profundamente la vergüenza que la blasfemia de los malvados causa a Dios, aun cuando considere que no es prudente responder. Aunque no le contestaron ni una palabra, rasgaron sus vestidos movidos por un santo celo por el honor de Dios y una santa indignación ante el desprecio que se le había mostrado. Rasgaron sus vestiduras al escuchar semejante blasfemia, porque no encontraban placer en el honor exterior mientras el nombre de Dios era deshonrado.
De este capítulo
Isaías 36:1
"En el año catorce del reinado de Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, atacó todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó."
Isaías 36:2
"Desde Laquis envió a un alto oficial, acompañado de un poderoso ejército, para ver al rey Ezequías en Jerusalén, y se colocaron junto al canal del estanque superior, en el camino que conduce al campo del Lavador de Paños."
Isaías 36:3
"Allá salieron a su encuentro Eliaquim, hijo de Hilquías, que era mayordomo de palacio; el cronista Sebná; y Joah, hijo de Asaf, secretario del rey."
Isaías 36:4
"El oficial asirio les dijo: —Comuniquen a Ezequías este mensaje del gran rey, el rey de Asiria: ¿De qué te sientes tan seguro?"
Isaías 36:5
"¿Acaso piensas que las palabras bonitas valen tanto como la táctica y la fuerza necesarias para hacer la guerra? ¿En quién confías para rebelarte contra mí?"
Isaías 36:6
"Veo que confías en el apoyo de Egipto. Pues bien, Egipto es una caña astillada que, si alguien se apoya en ella, se le clava y le atraviesa la mano. Así es el faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él."
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