Versículo destacado
Isaías 28:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Escuchen, pues, la palabra del Señor, hombres insolentes que gobiernan este pueblo de Jerusalén. "
Isaías 28:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Él ya les había dicho antes: «Aquí está la calma, aquí está el descanso; que descanse el fatigado». Pero no quisieron hacerle caso.
13 Por eso, el Señor les hablará como si fueran niños pequeños que estuvieran aprendiendo a leer. Y así, al caminar, caerán de espaldas, se herirán, caerán en la trampa y quedarán atrapados.
14 Escuchen, pues, la palabra del Señor, hombres insolentes que gobiernan este pueblo de Jerusalén.
15 Ustedes dicen: «Hemos hecho un pacto con la muerte, un contrato con el reino de los muertos, para que, cuando venga la terrible calamidad, no nos alcance; hemos buscado refugio en las mentiras y protección en el engaño».
16 Por eso, el Señor dice: Voy a poner en Sión una piedra, una piedra escogida y muy valiosa, que será la piedra principal y servirá de fundamento. El que tenga confianza podrá estar tranquilo.
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El profeta ya había reprendido a quienes se burlaban de la palabra de Dios. Ahora se dirige a los que despreciaban los juicios de Dios y actuaban como si no importaran. El Señor es un Dios celoso y no permitirá que se trate con desprecio ni sus mandamientos ni sus obras en la historia. Isaías se dirige a los hombres insolentes que gobernaban en Jerusalén, los magistrados de la ciudad (Isaías 28:14). Es grave que los tribunales de justicia se conviertan en lugares de burla y que los gobernantes sean insolentes. Más triste aún era que los líderes de Jerusalén fueran así y tomaran a la ligera las advertencias de Dios.
No podía haber dolientes en Sion si los mismos gobernantes eran insolentes. Estos hombres se habían adormecido en una falsa sensación de seguridad e incluso parecían desafiar al Dios todopoderoso a hacer lo peor (Isaías 28:15). Decían: «Hemos hecho un pacto con la muerte y un acuerdo con el sepulcro». En realidad, pensaban que sus vidas estaban seguras, aunque un juicio destructivo ya se extendía por la tierra. Era como si creyeran que habían hecho un trato con la muerte para que no viniera por ellos sino hasta que ellos quisieran o hasta que murieran de viejos.
Si estamos en paz con Dios y hemos hecho un pacto con él, entonces la muerte misma no puede dañarnos verdaderamente. Quienes pertenecen a Cristo tienen aun la muerte como algo que les pertenece, y ellos pertenecen a Cristo (Colosenses 3:22-23). Pero es sumamente insensato considerar la muerte como una amiga mientras el pecado convierte a Dios en nuestro enemigo. Estos insolentes también decían que, cuando el azote desbordante pasara por la tierra, no los tocaría, aunque otros cayeran bajo él. Es una gran necedad que los pecadores impenitentes piensen que les irá mejor que a sus vecinos, ya sea en este mundo o en el venidero.
¿Cuál era la base de su confianza? «Hemos hecho de la mentira nuestro refugio». Esto puede significar, en primer lugar, que confiaban en cosas que los profetas habían llamado mentiras y vanidad, cosas que los engañarían. Se apoyaban en los ídolos, los falsos profetas, sus propios planes, sus riquezas y su influencia sobre el pueblo, en vez de confiar en Dios. O puede significar, en segundo lugar, que pensaban usar la mentira contra su enemigo, que era el azote de Dios, mediante estrategias de guerra o falsas promesas en las negociaciones de paz. Las otras ciudades de Judá habían sido tomadas porque se resistieron obstinadamente, pero los gobernantes de Jerusalén esperaban obtener mejores resultados mediante la astucia. Pensaban que eran políticos más hábiles que los líderes de las ciudades del interior. Halagarían al rey de Asiria con promesas de rendición o de tributo, mientras planeaban sacudirse su dominio en cuanto pasara el peligro, aunque eso implicara mentirle (Deuteronomio 33:29). Las personas se engañan a sí mismas cuando creen que pueden alcanzar sus objetivos engañando a otros. Los métodos astutos, bajos y deshonestos a veces pueden parecer exitosos, pero no pueden traer verdadera paz ni consuelo. La honestidad sigue siendo el mejor camino.
Estos son los refugios a los que corren las personas cuando se apartan de Dios y salen de debajo de su protección. Pero Dios, por medio del profeta, los despierta de ese sueño y les muestra lo vacía que es su seguridad. Primero les señala el único fundamento seguro sobre el cual pueden descansar (Isaías 28:16): «Miren, yo pongo en Sion una piedra por fundamento». Este fundamento es, en primer lugar, las promesas de Dios en general, su palabra, en la que se ha enseñado a su pueblo a esperar. Incluye el pacto que hizo con Abraham: que sería Dios para él y para su familia. Este es un fundamento firme, como una piedra sobre la cual la fe puede edificar. Es una piedra probada, porque todos los santos han confiado en ella y nunca les ha fallado.
En un sentido especial, esto señala a Cristo, porque el Nuevo Testamento lo aplica a él (1 Pedro 2:6-8). Él es la piedra que llegó a ser la principal piedra del ángulo. La promesa del Mesías y de su reino, que comenzaría en Jerusalén, bastaba para dar paz al pueblo de Dios aun en los peores tiempos. Ellos sabían que la línea de los gobernantes permanecería hasta que él viniera. Así que Sion permanecería hasta que allí se colocara este fundamento. En efecto, el Señor dice, para consuelo de quienes no hacen de la mentira su refugio: «Mírenme como aquel que se ha comprometido a poner esta piedra en Sion». Jesucristo es un fundamento colocado por Dios mismo. Esto lo ha hecho el Señor.
Él está puesto en Sion, en la iglesia, sobre el monte santo. Es una piedra probada, y algunos entienden esto como una piedra de prueba, una piedra de toque que muestra la diferencia entre lo verdadero y lo falso. Es una piedra preciosa, como los cimientos de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:19). Es una piedra angular que une los lados del edificio, y también la piedra principal de la esquina. Quien cree estas promesas y descansa en ellas no se dejará sacudir hasta actuar desesperadamente. No correrá de un lado a otro en pánico, como alguien que ha perdido toda esperanza, intentando una salida tras otra. No será impulsado por el miedo, sino que esperará en silencio la respuesta de Dios y dirá: «Acepto la voluntad de Dios».
No hará exigencias apresuradas en sus expectativas, como si pudiera obligar a Dios a actuar según su propio tiempo. Aunque la promesa parezca tardar, esperará la hora señalada, sabiendo que el que ha de venir vendrá y no tardará. La fe no se adelanta al tiempo de Dios. Confía en que el tiempo de Dios es el mejor y espera pacientemente. Como explica el apóstol al citar la Septuaginta: «El que cree en él no será avergonzado» (1 Pedro 2:6). Su esperanza no le fallará; será cumplida mucho más de lo que esperaba.
Dios también les dice que los fundamentos sobre los que estaban edificando nunca podrían mantenerlos a salvo. Su confianza ciertamente se derrumbaría (Isaías 28:17). «Pondré el juicio como cordel de medir y la justicia como plomada». Esta imagen puede referirse, en primer lugar, a la edificación de la iglesia de Dios. Después de colocar el fundamento, él levanta la estructura con cordel y plomada, como hacen los constructores (Zacarías 4:10). La justicia es el cordel y el juicio es la plomada. Puesto que la iglesia está fundada sobre Cristo, será formada y corregida por las Escrituras, la norma fija del juicio y de la justicia. El juicio volverá a ajustarse a la justicia (Salmo 94:15).
O puede referirse, en segundo lugar, al castigo de los enemigos de la iglesia. Contra ellos, Dios procederá con estricta justicia, conforme a las advertencias de la ley.
Dios les dará lo que merecen y traerá sobre ellos los juicios que se atrevieron a desafiar. Sin embargo, lo hará con sabiduría y precisión, para que la mala hierba no sea arrancada junto con el trigo. Cuando Dios venga a juzgar de esta manera, estos insolentes quedarán avergonzados por las esperanzas vacías en las que confiaron.
Primero, querían que la mentira fuera su refugio, pero resultará ser un refugio que es mentira y que será arrasado por el granizo, la tormenta de granizo mencionada en Isaías 28:2. Quien hace de la mentira su refugio edifica sobre la arena, y la casa se derrumbará cuando llegue la tormenta. Quien se esconde en cualquier cosa que no sea Cristo descubrirá que la inundación la cubre, así como todo refugio fuera del arca quedó bajo las aguas del diluvio. Esta es la esperanza del hipócrita. Esto es lo que resulta de toda su falsa confianza.
Segundo, se jactaban de haber hecho un pacto con la muerte y un acuerdo con el sepulcro, pero ese pacto sería anulado, porque se había hecho sin la aprobación de aquel que tiene las llaves y autoridad sobre el infierno y la muerte. Las personas se engañan si creen que pueden usar trucos ingeniosos para evitar el juicio de Dios. Tercero, pensaban que, cuando la calamidad desbordante recorriera la tierra, no se acercaría a ellos. Pero el profeta les dice que, cuando otros caigan en la catástrofe común, ellos no solo la compartirán, sino que serán aplastados por ella. «Serán pisoteados por ella. Triunfará sobre ustedes tanto como sobre cualquier otro, y ustedes se convertirán en una presa fácil».
También se les dice, en Isaías 28:19, que el juicio comenzará con ellos. Serán los primeros en caer, muy lejos de escapar. «Desde el momento en que salga, se apoderará de ustedes», como si hubiera sido enviado para atraparlos. Además, los perseguirá de cerca. Cada mañana oirán noticias de una nueva ruina, porque la justicia divina seguirá impulsando el golpe. Nunca estarán seguros ni en paz, de día ni de noche. Habrá una peste que camina en la oscuridad y una destrucción que arrasa al mediodía.
No habrá manera de evitarla. Aunque las noticias de su llegada les lleguen a tiempo, no tendrán ninguna salida disponible. Eso solo aumentará su sufrimiento, porque la verán acercarse y aun así estarán indefensos. O quizá la sola noticia de que se encuentra a distancia los llenará de miedo. Si la noticia es aterradora, cuánto más lo será la calamidad misma. Las malas noticias son motivo de terror y angustia para los insolentes, pero la persona cuyo corazón permanece firme, confiando en Dios, no tiene miedo. Cuando llegue la calamidad desbordante, todos los consuelos y las falsas esperanzas de los insolentes les fallarán, como dice Isaías 28:20.
Lo que ellos pensaban que sería un lugar de descanso no les dará suficiente espacio. La cama es demasiado corta para que una persona pueda estirarse, así que tendrá que encogerse y amontonarse. Lo que creían que los cubriría y protegería será demasiado estrecho; la manta no podrá envolverlos como esperaban. Todo aquel que no edifica sobre Cristo como fundamento, sino que confía en su propia justicia, descubrirá que se ha engañado a sí mismo. Nunca podrá estar verdaderamente tranquilo, seguro ni protegido. La cama es demasiado corta y la manta demasiado estrecha. Como las hojas de higuera de Adán y Eva, su vergüenza seguirá quedando al descubierto.
Dios también será glorificado al llevar a cabo sus propósitos, como dice Isaías 28:21. Cuando Dios se levante para tratar con esos burladores, hará su propia obra y llevará a término su propio plan. Actuará para su honra y gloria, conforme a su propósito, y todos verán que esto es obra de Dios, el Juez justo de toda la tierra. Lo hará ahora contra su propio pueblo, así como en otro tiempo lo hizo contra sus enemigos, y su justicia se verá como algo recto y justo.
Se levantará contra Jerusalén como en otro tiempo se levantó contra los filisteos en el monte Perazim (2 Samuel 5:20), y como lo hizo contra los cananeos en el valle de Gabaón, en los días de Josué. Si quienes dicen pertenecer a la iglesia de Dios se hacen como los filisteos y los cananeos por causa de su orgullo y desprecio, deben esperar ser tratados como ellos. Esta será su obra extraña, su acto inusual. Dios tarda en realizarla, porque se complace en la misericordia y no aflige de buena gana. También será extraña porque no es lo que suele hacer con su propio pueblo, al que protege y favorece. Sería verdaderamente una obra extraña que se volviera contra ellos y luchara contra ellos, como dice Isaías 63:10. Esto asombrará a todas las naciones vecinas (Deuteronomio 29:24); por eso las ruinas de Jerusalén se describen como algo espantoso (Jeremías 25:18).
Por último, en Isaías 28:22 encontramos la lección que debemos aplicar a todo esto: «No sean burladores». No se rían de las advertencias de la palabra de Dios ni de la cercanía de sus juicios. Burlarse de los mensajeros de Dios fue uno de los peores pecados de Jerusalén, y uno de los que colmó la medida de su culpa. Considerar los juicios que Dios traerá sobre quienes asisten hipócritamente a su iglesia debería hacer callar a los burladores y llevarlos a tomar las cosas en serio. No se burlen, porque sus ataduras se harán más fuertes: tanto las ataduras que los mantienen bajo el poder del pecado —pues hay poca esperanza de que un burlador se convierta— como las ataduras que los entregan a los juicios de Dios.
Dios tiene preparadas fuertes ataduras de justicia para quienes rompen todas las ataduras de su ley y rechazan sus advertencias. Por eso, los burladores no deben tomar a la ligera las amenazas divinas. El profeta, a quien se le ha revelado el secreto del Señor, ha oído al Señor Dios de los ejércitos decretar destrucción para toda la tierra. ¿De verdad pueden esperar escapar? ¿Puede su incredulidad anular lo que Dios ha declarado?
De este capítulo
Isaías 28:1
"¡Ay de Samaria, orgullo y corona de Efraín, ese pueblo borracho; adorno glorioso de flores marchitas que se alza por encima del fértil valle, ciudad de gente dominada por el vino!"
Isaías 28:2
"El Señor tiene reservado a un hombre fuerte, poderoso como una tormenta de granizo, como una tempestad destructora, como una lluvia torrencial, como una terrible inundación. Con la mano la echará por tierra,"
Isaías 28:3
"y con los pies aplastará a la que es orgullo y corona de ese pueblo borracho de Efraín."
Isaías 28:4
"Y ese adorno glorioso de flores marchitas que se alza por encima del fértil valle será como los primeros higos de la temporada: en cuanto alguien los ve y los tiene a la mano, se los come."
Isaías 28:5
"En ese día, el Señor todopoderoso será una corona gloriosa, un adorno magnífico para los que queden de su pueblo,"
Isaías 28:6
"e inspirará justicia a los jueces en el tribunal y valor a los soldados que defiendan la ciudad."
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