Versículo destacado

Isaías 24:16 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Desde el extremo de la tierra los hemos oído cantar: «¡Honor al justo!» Pero yo dije: ¡Ay, qué miseria, qué miseria! ¡Los traidores cometen una vil traición! "

Isaías 24:16

menu_book El versículo en contexto

14 Los sobrevivientes gritarán llenos de alegría; levantarán la voz desde occidente al ver la majestad del Señor.

15 También en el oriente y en los países del mar darán gloria al Señor, el Dios de Israel.

16 Desde el extremo de la tierra los hemos oído cantar: «¡Honor al justo!» Pero yo dije: ¡Ay, qué miseria, qué miseria! ¡Los traidores cometen una vil traición!

17 Los habitantes de la tierra serán como animales perseguidos por los cazadores o en peligro de caer en un hoyo o una trampa.

18 El que escape de los cazadores caerá en el hoyo, y el que salga del hoyo caerá en la trampa. Un diluvio caerá del cielo y temblarán los cimientos de la tierra.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Estos versículos, al igual que los anteriores, hablan claramente del consuelo que Dios ofrece a los creyentes. Es posible que las dificultades en su propia tierra los obliguen a irse hasta los lugares más lejanos, o incluso que sean desterrados por causa de su fe; pero allí cantan en vez de lamentarse. Desde lejos se oyen sus canciones, y es un consuelo saber que el pueblo de Dios lleva su fe consigo aun a tierras distantes. También es alentador saber que Dios se encuentra con ellos allí y les da motivos para esperar que volverá a reunirlos (Deuteronomio 30:4).

Esta es su canción: «Gloria al justo». La palabra hebrea está en singular y puede referirse al Dios justo, quien es recto en todo lo que ha hecho con nosotros. Eso es glorificar al Señor aun en medio del fuego. O quizá el sentido sea que esas canciones dan gloria y hermosura a las personas justas que las entonan. Nos honramos más a nosotros mismos cuando nos dedicamos a honrar y glorificar a Dios.

Esto también puede señalar de antemano el anuncio del evangelio hasta los lugares más lejanos de la tierra, incluso hasta nuestra propia isla en los días del Mesías. A esa buena noticia le responderían con canciones las iglesias establecidas allí, dando gloria al Dios justo. Esto concuerda con el canto de los ángeles: «Gloria a Dios en las alturas», y también da gloria a todos los justos, porque la obra de redención fue planeada desde antes de la creación del mundo para nuestra gloria.

Luego el profeta pasa del consuelo al dolor y advierte sobre la miseria que vendrá sobre la tierra. Dice: «¡Mi flaqueza! ¡Mi flaqueza! ¡Ay de mí!». Tan solo pensar en ello lo hace lamentarse y sentirse agotado (Isaías 24:16). Primero ve la propagación del pecado. La maldad aumenta, y «los traidores han actuado traicioneramente» (Isaías 24:16). Eso en sí mismo es un juicio, y además trae otros juicios de parte de Dios.

Las personas se engañan unas a otras. Ya no queda confianza en las relaciones humanas. La verdad, ese vínculo sagrado que sostiene a la sociedad, ha desaparecido, y solo permanece la traición. Véase Jeremías 9:1-2. También son desleales con Dios. En cuanto a él y al pacto que hicieron con él, los seres humanos han actuado con gran traición. Este es el pecado fundamental del mundo, y hace que todos los demás pecados sean aún peores. Si las personas no son fieles a Dios, ¿cómo pueden ser fieles a alguien más?

El profeta también ve que, después de ese pecado, vendrán la ira y el juicio. Los habitantes de la tierra serán perseguidos de un lugar a otro por una calamidad tras otra (Isaías 24:17-18). El temor, el hoyo y la trampa estarán por todas partes, porque nadie sabe qué mal puede atraparlo de repente (Eclesiastés 9:12). Estas palabras quizá fueron escogidas tanto por su sonido como por su significado, pero el sentido es claro: el mal sigue a los pecadores (Proverbios 13:21), y la maldición alcanzará a quienes desobedecen (Deuteronomio 28:15).

Quienes creen estar a salvo porque escaparon de un problema no saben cuán pronto puede alcanzarlos otro. Lo que el profeta anuncia aquí para toda la tierra también aparece en el juicio contra Moab (Jeremías 48:43-44). Esto forma parte de la experiencia común del sufrimiento humano. Cuando intentamos evitar un peligro, muchas veces caemos en uno peor, y el fin de una dificultad suele ser el comienzo de otra. Estamos menos seguros cuando nos sentimos más seguros.

La tierra misma también será sacudida hasta desintegrarse. Esto ocurrirá literalmente al final, cuando todas las obras que hay en ella sean quemadas, y con frecuencia se presenta de esta manera aun antes de ese momento. Las ventanas de lo alto se abrirán para derramar la ira, como ocurrió en el diluvio. Dios hará llover trampas sobre los malvados (Salmo 11:6), y cuando se abran las fuentes del gran abismo, los fundamentos de la tierra temblarán. Entonces todo el orden de la naturaleza se alterará y habrá confusión por todas partes.

El profeta lo describe de manera vívida: la tierra se quiebra, se desintegra y se estremece hasta quedar fuera de su lugar (Isaías 24:19-20). Dios sacude los cielos y la tierra (Hageo 2:6). Pensemos en la miseria de quienes acumulan sus tesoros en las cosas terrenales y ponen en ellas el corazón. Confían en algo que pronto quedará completamente quebrado y disuelto. La tierra se tambalea como un borracho; así de inestables e inciertas son todas las cosas de este mundo.

Las personas mundanas viven en ella como si fuera un palacio, un castillo o una torre fuerte, pero será removida como una choza. Caerá fácil y repentinamente, con tan poca pérdida para el gran Dueño que lo posee todo. Quitar la tierra será como derribar una choza de la que el campo se alegra de librarse, porque solo sirve de refugio para los mendigos. A nadie le importará reconstruirla. Caerá y no volverá a levantarse, aunque habrá cielos nuevos y una tierra nueva donde solo habitará la justicia.

¿Qué sacude la tierra y la hace hundirse? Su propio pecado, porque su transgresión pesa sobre ella. El pecado es una carga para toda la creación. Es un peso enorme: ahora la creación gime bajo él y, al final, se hundirá bajo su peso. El pecado arruina estados, reinos y familias. Todos caen bajo el peso de esa masa de plomo (Zacarías 5:7-8).

Dios también tratará de manera especial con los reyes y los grandes de la tierra (Isaías 24:21). Castigará al ejército de los poderes celestiales. Una multitud de príncipes no es nada delante de Dios, igual que una multitud de personas comunes. ¿Qué pueden hacer con todo su poder unido cuando el Altísimo, el Señor de los ejércitos, se levante contra ellos para humillarlos, dispersar sus fuerzas y quebrar sus alianzas? Los poderosos, elevados por su orgullo y grandeza, que creen estar fuera de todo peligro, serán llamados a rendir cuentas por su arrogancia y crueldad. Usaron su poder para oprimir y hacer daño a otros, y ahora ese mismo mal recaerá sobre ellos.

Los reyes de la tierra serán llamados a rendir cuentas aquí mismo en la tierra, para que quede claro que existe un Dios que juzga al mundo y que les da a los reyes más orgullosos lo que merecen según sus obras. Que esto sea un consuelo para quienes han sido oprimidos por gobernantes terrenales: aunque no puedan, no se atrevan ni deban resistirlos, Dios los llamará a cuentas. Triunfará sobre ellos precisamente en el lugar que gobiernan, porque la tierra que dominan no es más que polvo a los ojos de Dios.

Esta es solo la advertencia general. La profecía añade que serán reunidos como prisioneros; como presos declarados culpables y condenados, serán llevados a un hoyo o calabozo y encerrados bajo estricta vigilancia (Isaías 24:22).

Los reyes y grandes gobernantes, que se dieron toda clase de libertades y se enorgullecieron de encerrar a otros, serán encerrados ellos mismos. Que la persona libre no se jacte de su libertad más de lo que la persona fuerte se jacta de su fuerza, porque nadie sabe qué restricciones pueden esperarlo todavía.

Después de muchos días serán visitados. Esto puede significar que serán visitados con ira, ya que más adelante se usa la misma palabra, en otra forma, cuando el Señor dice que los castigará (Isaías 24:21). Serán guardados para el día de la ejecución, como prisioneros ya sentenciados y como los ángeles caídos que están retenidos en cadenas de oscuridad hasta el gran día del juicio (Judas 1:6). Esto ayuda a explicar por qué el castigo de Dios muchas veces se retrasa. La sentencia no se ejecuta de inmediato porque el día de la ejecución aún no ha llegado, y quizá no llegue sino después de muchos días. Aun así, los malvados están reservados para el día de la destrucción y guardados para ese momento; luego serán sacados para el día de la ira (Job 21:30). Por eso no debemos juzgar nada antes del tiempo establecido.

O quizá esto signifique que serán visitados con misericordia y liberados de la prisión, recuperando tal vez su libertad, aunque no necesariamente su posición. Nabucodonosor, el rey de Babilonia, hizo prisioneros a muchos reyes y príncipes y los mantuvo en un calabozo en Babilonia. Entre ellos estaba Joaquín, rey de Judá. Después de muchos días, cuando Nabucodonosor murió, su hijo los visitó y parece haberles concedido cierto alivio en su cautiverio. A Joaquín se le mostró una bondad especial, porque el hijo de Nabucodonosor puso su trono por encima de los tronos de los otros reyes que estaban con él (Jeremías 52:32).

Si aplicamos esto a la condición general de la vida humana, vemos un cambio de circunstancias. Los que estaban en lo alto son humillados, y los que habían sido abatidos reciben alivio después de muchos días. De este modo, nadie en este mundo puede sentirse seguro solo porque la vida marcha bien, y nadie tiene que perder toda esperanza solo porque la vida es amarga.

Entonces Dios será glorificado en todo esto (Isaías 24:23). Cuando sucedan estas cosas, cuando los enemigos orgullosos de la iglesia de Dios sean humillados y derribados, quedará claro, sin lugar a discusión, que el Señor reina. Eso siempre es verdad, pero no siempre resulta igualmente evidente. Cuando los reyes de la tierra sean castigados por su crueldad y opresión, todo el mundo verá y oirá que Dios es el Rey de reyes, superior a todos los gobernantes, quienes tendrán que rendirle cuentas. Él reina como Señor de los ejércitos, sobre todos los ejércitos, incluidos los de ellos. Reina en el monte Sion y en Jerusalén, es decir, en su iglesia, para su honra y su bien, tal como lo prometió. Reina por medio de su palabra y sus ordenanzas. Reina delante de sus ancianos, delante de todos sus santos y especialmente delante de sus ministros, los ancianos de su iglesia, que observan con atención cómo actúan su poder y su providencia. En estos acontecimientos, ellos ven su mano con mayor claridad que los demás.

Entonces también quedará claro, sin comparación posible, que él reina en gloria. Su resplandor será tan grande que la luna parecerá avergonzada, y también el sol, así como las luces menores se desvanecen ante una luz mayor. Los grandes de la tierra, que imaginaban que su gloria y su poder igualaban al sol y a la luna, quedarán avergonzados cuando Dios se eleve por encima de ellos, y aún más cuando se levante contra ellos. Entonces sus rostros se llenarán de vergüenza, y esa vergüenza quizá los lleve a buscar el nombre de Dios.

Las naciones orientales adoraban al sol y a la luna. Pero cuando Dios se manifieste con tanta gloria a favor de su pueblo y en contra de sus enemigos, esos falsos dioses quedarán avergonzados de haber recibido alguna vez la adoración de personas engañadas. La gloria del Creador está más allá de toda comparación con las cosas más brillantes que él creó. En el gran día, cuando el Juez del cielo y de la tierra resplandezca en su gloria, su brillo hará que el sol se oscurezca y que la luna se vuelva roja como la sangre.

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