Versículo destacado
Isaías 23:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Profecía contra Tiro: Las naves de Tarsis gimen porque el puerto ha sido destruido. El puerto al que se llegaba desde Chipre ha sido arrasado. "
Isaías 23:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Profecía contra Tiro: Las naves de Tarsis gimen porque el puerto ha sido destruido. El puerto al que se llegaba desde Chipre ha sido arrasado.
2 La gente de Tiro y los comerciantes de Sidón guardan silencio. Sus agentes atravesaban el mar
3 y sus inmensas aguas. Obtenían sus ganancias del grano de Sihor, de las cosechas del Nilo, y comerciaban con las naciones.
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Tiro era una ciudad portuaria, así que esta profecía sobre su ruina comienza y termina, de manera muy apropiada, con estas palabras: «Aúllen, naves de Tarsis». Todo el comercio, la riqueza y el prestigio de Tiro dependían de la navegación. Si se destruía su comercio marítimo, todo lo demás caería con él.
Primero se destaca el crecimiento de Tiro, porque eso hace que su caída parezca aún peor. Los comerciantes de Sidón, una ciudad más antigua de la misma costa, habían llenado inicialmente a Tiro de habitantes y comercio (Isaías 23:2). Tiro comenzó como una colonia de Sidón, pero la ciudad hija llegó a ser más grande que su madre. Es humillante para las grandes ciudades recordar lo pequeños que fueron sus comienzos.
Egipto también ayudó a que Tiro se enriqueciera (Isaías 23:3). «Sihor» significa el río de Egipto, el Nilo, por medio del cual Egipto comerciaba con Tiro. Las ganancias del mar y de la compraventa de mercancías eran la cosecha de Tiro, así como el grano es la cosecha del agricultor. A veces, el comercio de un río produce más ganancias que la tierra misma.
Tiro se había convertido en el mercado de las naciones, el gran centro comercial de esa región del mundo. Allí se encontraba gente de muchas naciones conocidas, especialmente cuando los comerciantes se reunían. Otro profeta explica esto con más detalle en Ezequiel 27:2-3 y los versículos siguientes. Esto muestra cómo el trabajo constante, bajo la bendición de Dios, puede hacer que las personas prosperen.
Tiro llegó a ser grande gracias a su laboriosidad, aunque sus únicos arados eran los barcos que trabajaban sobre las aguas. También era una ciudad alegre y amante de los placeres, conocida por su gozo y sus diversiones (Isaías 23:7). Ese estilo de vida hizo que sus habitantes fueran orgullosos y descuidados. Estaban demasiado ocupados disfrutando de la vida como para escuchar las advertencias de Dios.
Su historia antigua también le daba una falsa sensación de seguridad. Como Tiro había existido durante muchísimo tiempo, actuaba como si fuera a durar para siempre. Pensaba que, por haber permanecido durante tantos años, necesariamente seguiría existiendo sin fin. Este es un error común de las ciudades orgullosas y de las personas orgullosas.
Tiro también era una ciudad coronada, es decir, se daba honor a sí misma y honraba a quienes estaban relacionados con ella (Isaías 23:8). Sus comerciantes vivían con la comodidad y la dignidad de los príncipes. Sus mercaderes eran respetados adondequiera que iban. En tiempos antiguos, y entre las naciones sabias, los comerciantes y hombres de negocios solían contarse entre las personas honorables de la tierra.
Ahora la profecía se vuelve hacia la caída de Tiro. No parece que la ciudad hubiera provocado este problema atacando a otros. Más bien, su riqueza tentó a sus enemigos. Nabucodonosor atacó a Tiro, pero ni siquiera él obtuvo todo lo que quería. Después de un sitio de trece años, la ciudad ya no pudo resistir, y sus habitantes escaparon por mar con sus familias y sus bienes, dejándole solamente la ciudad vacía.
La destrucción se anuncia con claridad. El puerto ya no sería un lugar seguro para las naves de Tarsis, sino que quedaría devastado (Isaías 23:1). No habría casa, muelle, posada para los marineros ni entrada al puerto. Es posible que este hubiera quedado bloqueado por arena o por una acción del enemigo. O quizá signifique que, al quedar Tiro en ruinas, las naves que antes llegaban desde Tarsis y Quitim ya no irían allí, porque habían recibido la noticia de que Tiro había sido destruida. Así suele funcionar el mundo: las personas arruinadas por sus enemigos son rápidamente olvidadas por sus antiguos amigos.
Los habitantes de Tiro quedarían profundamente conmocionados. Tiro era una ciudad insular, llena de ruido, actividad y movimiento constante, pero ahora sus habitantes se sentarían en silencio y lamento (Isaías 23:2). Sus discursos orgullosos y sus amenazas audaces llegarían a su fin. Dios puede silenciar rápidamente a las personas ruidosas y ocupadas de este mundo. «Estén quietos», porque Dios hará su obra (Salmo 46:10; Zacarías 2:13), y nadie puede enfrentarse a él.
Las naciones vecinas también quedarían profundamente perturbadas. Sidón, que en otro tiempo había proporcionado habitantes a Tiro, quedaría avergonzada (Isaías 23:4). La noticia de la ruina de Tiro la alcanzaría al otro lado del mar, y el mar mismo aparece representado como si lamentara la pérdida de una ciudad que antes había recibido vida de él. Egipto también sufriría al enterarse de la caída de Tiro, porque perdería el comercio con esa ciudad y vería en ella una advertencia de su propio peligro (Isaías 23:5). Cuando la casa del vecino está en llamas, tu propia casa también corre peligro.
Los comerciantes harían lo que pudieran para salvarse. Llevarían sus mercancías a otros lugares y abandonarían Tiro, la ciudad donde habían construido su riqueza y creído estar seguros (Isaías 23:6). El mensaje sería: «Aúllen ustedes, los que durante tanto tiempo han vivido en esta isla. Es hora de irse y cruzar hasta Tarsis».
Lo mejor que podía hacer el pueblo de Tiro era dirigirse a Tarsis, es decir, hacerse a la mar. Algunos entienden que Tarsis se refiere a Cartago o a otra colonia lejana en España. Quienes creen que su fuerte montaña no puede ser movida descubrirán al final que no tienen una ciudad permanente. Las montañas cambiarán de lugar y las colinas serán removidas.
Quienes no pudieran escapar tendrían que esperar el cautiverio. En aquellos días, los conquistadores solían tomar como esclavos a los pueblos derrotados en su propia tierra, mientras enviaban a su propio pueblo a vivir libremente en la tierra conquistada (Isaías 23:7). Los propios pies de los habitantes de Tiro los llevarían muy lejos para vivir como extranjeros. Serían obligados a marchar a pie hacia el cautiverio, dando muchos pasos agotadores rumbo a su propia ruina. Las personas que han vivido con gran riqueza y esplendor no saben qué dificultades podrían enfrentar antes de morir.
A muchos de los que intentaran huir todavía los perseguirían y caerían en manos del enemigo. Tiro pasaría por su tierra como un río (Isaías 23:10), con grupo tras grupo fluyendo hacia el mar o hacia el profundo abismo de la miseria. O quizá la idea sea que, aunque huyeran apresuradamente como un río e intentaran escapar del peligro, pronto perderían las fuerzas y ya no podrían continuar. Entonces caerían y se convertirían en presa fácil del enemigo. Tiro ya no tendría fuerzas, y su hermana Sidón, una ciudad fenicia cercana, tampoco tendría alegría (Isaías 23:12). «Ya no volverás a alegrarte, hija virgen oprimida de Sidón, ahora que los babilonios victoriosos están listos para dominarte. Tu turno ha llegado. Levántate y cruza hacia Quitim, es decir, hacia las tierras al otro lado del mar, quizá Grecia o Italia. Ve a cualquier lugar donde puedas encontrar seguridad; aun allí no hallarás descanso. Tus enemigos te perturbarán, y tus propios temores te atormentarán en el lugar donde esperabas encontrar paz». Nos engañamos si nos prometemos descanso en algún lugar de este mundo. Si las personas están inquietas en un sitio, a menudo también estarán inquietas en otro. Cuando los juicios de Dios siguen a los pecadores, los alcanzarán.
Pero ¿de dónde vendría todo este sufrimiento? Dios mismo lo enviaría. Sería una destrucción enviada por el Todopoderoso. La gente preguntaría (Isaías 23:8): «¿Quién planeó esto contra Tiro? ¿Quién lo dispuso? ¿Quién lo decidió? ¿Quién podría siquiera atreverse a derribar una ciudad tan grandiosa y hermosa? ¿Y cómo podría ocurrir su ruina?». La respuesta es esta: Dios lo determinó, y él es infinitamente sabio y justo. Nunca hace nada malo a sus criaturas (Isaías 23:9). El Señor de los ejércitos, que tiene todas las cosas bajo su autoridad y no le debe explicaciones a nadie por ninguna de sus acciones, lo había dispuesto. Sucedería conforme al propósito de su voluntad. Su objetivo era manchar el orgullo de toda gloria, deshonrarla y derribarla para que fuera pisoteada. Quería humillar a todas las personas honorables de la tierra, para que ya no se admiraran a sí mismas ni fueran admiradas por los demás como antes.
Dios no trajo estos problemas sobre Tiro simplemente para demostrar su poder. Lo hizo para castigar a los tirios por su orgullo. Sin duda, también había entre ellos muchos otros pecados, como la idolatría, la lujuria y la opresión. Sin embargo, se menciona el orgullo como la razón especial por la que Dios trató con Tiro, porque él se opone a los orgullosos. Mientras el mundo entero observaba con asombro la ruina de Tiro, este pasaje explica su significado. Dios estaba mostrando al mundo lo que se proponía hacer con ella. Primero, quería enseñarles a las personas cuán vana e incierta es toda la gloria terrenal, y mostrarles que se desvanece y desaparece aun cuando parece estar más fuerte. Sería bueno que las personas aprendieran esta lección, aunque para ello una ciudad tan grande tuviera que sufrir una pérdida tan inmensa. ¿Son el conocimiento, la riqueza, la pompa, el poder, la influencia, las casas lujosas, los muebles costosos y el esplendor exterior lo que las personas llaman gloria? Mira las ruinas de Tiro y contempla esa gloria manchada, sucia y sepultada en el polvo. Las personas honradas del cielo permanecerán así para siempre. Pero observa a los grandes de Tiro: algunos fueron expulsados al exilio, otros fueron llevados cautivos, y todos quedaron arruinados. Así verás que las personas honradas de la tierra, incluso las más respetadas, pronto pueden ser humilladas.
En segundo lugar, Dios quiso que esto impidiera que la gente se enorgulleciera de semejante gloria o creyera que duraría para siempre. Que la ruina de Tiro advierta a todo lugar y a toda persona que se cuide del orgullo. Anuncia al mundo entero que quien se exalta será humillado. Dios también hizo esto por su gran poder y podía llevarlo a cabo por completo (Isaías 23:11). Extendió su mano sobre el mar, como ya lo había hecho cuando abrió el mar Rojo y allí ahogó al faraón. Muchas veces ha sacudido reinos que parecían seguros, y ahora ha dado la orden de destruir las fortalezas de esta ciudad comercial. Su belleza no la salvará, porque quedará manchada; su fuerza no la protegerá, porque será quebrantada. Si alguien considera extraño que una ciudad tan bien fortificada y con tantos aliados poderosos sea completamente destruida, recuerde que el Señor de los ejércitos ha ordenado la destrucción de sus fortalezas. ¿Quién puede oponerse a sus órdenes o impedir que se cumplan?
Los caldeos serán los instrumentos que Dios usará para ejecutar este juicio (Isaías 23:13). Mira la tierra de los caldeos y observa con qué facilidad los asirios los destruyeron a ellos y a su tierra. Aunque la habían construido con sus propias manos, habían levantado las torres de Babilonia y edificado sus palacios, los asirios la redujeron a ruinas. Tiro podía aprender de esto que, así como los antiguos caldeos fueron vencidos por los asirios, también los nuevos caldeos derrotarían fácilmente a Tiro. Babilonia fue edificada por los asirios para quienes vivían en el desierto. Esto también podría significar que la construyeron para las embarcaciones, porque Babilonia comerciaba por los grandes ríos Tigris y Éufrates, que se extendían hacia los mares Pérsico e Índico. También se la llama el desierto del mar (Isaías 21:1). De la misma manera, Tiro fue edificada junto al mar con un propósito semejante.
Sin embargo, como observa el doctor Lightfoot, los asirios habían reducido aquella ciudad a ruinas poco tiempo antes, en los días de Ezequías; por eso, más adelante, Tiro sería derribada por Nabucodonosor. Si observáramos con más frecuencia cómo otros caen y se marchitan, no estaríamos tan seguros, como a menudo lo estamos, de que nuestra propia buena situación durará para siempre.
De este capítulo
Isaías 23:2
"La gente de Tiro y los comerciantes de Sidón guardan silencio. Sus agentes atravesaban el mar"
Isaías 23:3
"y sus inmensas aguas. Obtenían sus ganancias del grano de Sihor, de las cosechas del Nilo, y comerciaban con las naciones."
Isaías 23:4
"Llénate de vergüenza, Sidón, fortaleza del mar, pues tendrás que decir: «Ya no tengo dolores de parto ni doy a luz. Ya no tengo hijos que criar ni hijas que educar»."
Isaías 23:5
"Cuando la noticia llegue a los egipcios, se llenarán de angustia por lo que le sucedió a Tiro."
Isaías 23:6
"Dirán: «Váyanse a Tarsis; pónganse a gemir, habitantes de la costa»."
Isaías 23:7
"¿Es esta la ciudad de origen tan antiguo y tan amiga de las diversiones? ¿Es esta la que viajaba para establecerse en regiones lejanas?"
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