Versículo destacado
Isaías 16:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Conocemos el enorme orgullo de Moab: su arrogancia, su altivez, su soberbia y su inútil charlatanería. "
Isaías 16:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Deja que los fugitivos de Moab se refugien en ti. Sírveles de asilo frente al destructor. Cuando termine la opresión, haya pasado la destrucción y el invasor se vaya del país,
5 un descendiente de David alcanzará el reinado, un reinado estable fundado en la bondad. Será un juez honrado que establecerá el derecho y hará llegar pronto la justicia.
6 Conocemos el enorme orgullo de Moab: su arrogancia, su altivez, su soberbia y su inútil charlatanería.
7 Por eso, todos los habitantes de Moab llorarán por su nación; profundamente afligidos, se lamentarán por los hombres de Quir-haréset.
8 Los viñedos de Hesbón y de Sibmá se han marchitado, destrozados por los señores de las naciones. Sus ramas llegaban hasta Jazer, se extendían por el desierto y alcanzaban más allá del mar.
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Aquí vemos los pecados de los que se acusa a Moab en Isaías 16:6. El profeta casi parece detenerse antes de intentar aconsejarlos, porque sabe que no escucharán. Ya les había declarado cuál era su deber, tanto si lo oían como si se negaban a hacerlo, pero veía muy poca esperanza de ayudarles. Él habría querido sanarlos, pero ellos no quisieron ser sanados. A quienes no aceptan guía no se les puede ayudar.
Su primer pecado es el orgullo, y es el que más se enfatiza. El orgullo arruina más almas que muchos otros pecados, porque impide que las personas acepten corrección. Moab era conocido por esto. Sus vecinos habían oído hablar de su orgullo, su arrogancia y su sentido de superioridad. Habían olvidado su humilde origen y no tomaban en cuenta la vergüenza que la ley de Dios asociaba con ellos, pues decía que ningún moabita podía entrar para siempre en la asamblea del Señor (Deuteronomio 23:3).
Su orgullo los llevó a rechazar los buenos consejos. Pensaban que eran demasiado sabios para recibir orientación, así que no quisieron seguir el ejemplo de Ezequías, quien hacía lo correcto y amaba la misericordia. Se negaban a imitarlo porque se creían capaces de enseñarle a él. Su orgullo también les impidió someterse a Dios y escuchar sus advertencias. El pecador orgulloso no busca a Dios (Salmo 10:4). Además, su orgullo hizo que se negaran a recibir y proteger al pueblo de Dios cuando estaba en aflicción.
Pero el orgullo no era su único pecado. El profeta también dice que había oído hablar de la ira de Moab, porque las personas orgullosas suelen perder la paciencia con facilidad. Su enojo estaba dirigido especialmente contra el pueblo de Dios, al que preferían perseguir en vez de proteger. Usaban mentiras para alimentar su orgullo y su ira, pero esas mentiras no tendrían éxito. Una manera de entender esta frase es que su arrogancia, su orgullo y su furia eran una carga mayor de la que podían soportar. No tenían suficiente poder para llevar a cabo sus planes malvados. Su orgullo los conducía a la ruina, porque el orgullo siempre precede a la destrucción.
Después viene el dolor que Moab enfrentaría en Isaías 16:7. «Moab se lamentará por Moab». Toda la nación lloraría su propia ruina. Se gritarían unos a otros en desesperación, y ninguno tendría ánimo suficiente para consolar a su amigo. La primera causa de su dolor sería la caída de sus ciudades. Llorarían por los cimientos de Kir-hareset, una ciudad fuerte que en otro tiempo había resistido el ataque de un ejército poderoso (2 Reyes 3:25). Ahora sería nivelada, quemada o derribada. Cuando sus hermosas ciudades se convirtieran en ruinas, lanzarían gritos de angustia.
La segunda causa sería la destrucción de su tierra. Moab era conocido por sus campos y viñedos, pero el ejército invasor los dejaría desolados (Isaías 16:8, Isaías 16:10). Había sido un país fértil y agradable, como el jardín del Señor (Génesis 13:10). Allí se habían plantado vides escogidas que llegaban hasta Jazer; sus ramas se extendían por el campo y hasta se acercaban al mar Muerto. Antes, la gente había gritado de alegría por sus frutos de verano y sus cosechas. Había gozo y alegría en sus campos, y cantaban mientras pisaban las uvas.
Sin embargo, no se dice nada de que dieran gracias a Dios por su abundancia. Si le hubieran dado la gloria, quizá habrían seguido disfrutando de sus regalos. En cambio, todo les sería arrebatado. Los campos se marchitarían porque la fruta sería llevada o pisoteada. Los soldados, llamados aquí los señores de las naciones, derribarían incluso las mejores vides. Sus cantos de cosecha se convertirían en gritos de pérdida. La alegría de recoger uvas llegaría a su fin. No les quedaría nada que celebrar ni tendrían ánimo para regocijarse, porque su país habría sido destruido.
Esto muestra que Dios puede cambiar rápidamente el canto de quienes aman el placer y la risa. Puede convertir su alegría en lamento y su risa en dolor. También muestra que el gozo en Dios es mucho mejor que la alegría de la cosecha, porque nadie puede robárnoslo (Salmo 4:6-7). Si las vides y las higueras son destruidas, el corazón que vive para lo material pierde aquello en lo que encontraba su deleite (Oseas 2:11-12). Pero el alma fiel todavía puede alegrarse en el Señor, el Dios de su salvación, aun cuando no haya flores en la higuera ni fruto en la vid (Habacuc 3:17-18). Por eso, regocijémonos siempre en Dios con santa confianza y en las demás cosas con santa prudencia, como quienes se alegran, pero no olvidan lo frágil que es la alegría terrenal.
El profeta mismo se une a su dolor. Dice que llorará por Jazer y por la vid de Sibma, y que observará con profunda compasión la ruina de un país tan hermoso. Regará Hesbón con sus lágrimas y compartirá su tristeza. De hecho, el dolor es tan profundo que dice que sus sentimientos más íntimos resonarán como un arpa por Moab. La imagen es la de un corazón que tiembla por dentro, como las cuerdas de un arpa cuando alguien las toca. Es apropiado que los profetas de Dios conozcan el dolor. El gran Profeta, Cristo, también lo conoció. Los problemas del mundo, así como los sufrimientos de la iglesia, también deberían conmovernos (Isaías 15:5).
Al final del capítulo también vemos la debilidad de los dioses falsos de Moab. Pronto Moab se cansaría de los lugares altos, es decir, de sus sitios de adoración pagana. Gastarían sus fuerzas orando a ídolos que no podían ayudarlos y finalmente reconocerían que esos dioses eran impotentes. Es inútil buscar ayuda en los lugares altos de la tierra. La ayuda debe venir de lo alto de los montes.
Las personas pueden ser tan insensatas que no quieren creer hasta ver la inutilidad de los ídolos y de todo aquello que han creado en lo que han puesto su confianza. Aun entonces, no los abandonan hasta quedar agotadas por ellos. Pero cuando la persona cansada de sus lugares altos se aparta de ellos, no va, como debería, al santuario de Dios. En cambio, va a su propio santuario, el templo de Quemos, el principal ídolo de Moab, según suele entenderse este pasaje. Allí orará, pero eso no le servirá más que sus oraciones en los lugares altos. No importa cuánto honor les den los idólatras a sus ídolos: eso no los hace más capaces de ayudar.
Ya sean los llamados dioses de las jerarquías superiores o de las inferiores, todos son igualmente producto de la imaginación y de las manos humanas. Algunos piensan que esto podría significar que, al no encontrar ayuda en sus propios lugares altos, algunos moabitas irían al templo de Dios en Jerusalén para orar allí. Pero eso también sería inútil. Dios justamente los enviaría de regreso a los dioses que habían servido (Jueces 10:14).
El siguiente punto es la suficiencia del Dios de Israel, el único Dios verdadero, para llevar a cabo lo que ya había declarado contra Moab. Primero, el asunto mismo estaba decidido desde hacía mucho tiempo, como dice Isaías 16:13: «Esta es la palabra, este es el asunto» que el Señor había pronunciado acerca de Moab, desde el tiempo en que Moab comenzó a ser orgulloso, insolente y abusivo con el pueblo de Dios. Moab ya estaba destinado a la ruina. Eso era suficiente para asegurar que sucedería, porque era la palabra que el Señor había pronunciado. Puesto que él nunca se retracta de lo que ha dicho, ni todo el poder del infierno ni el de la tierra puede cambiarlo o impedirlo.
Segundo, Dios ahora dio a conocer cuándo sucedería. El momento ya estaba fijado en el plan de Dios, pero ahora lo reveló: el Señor dijo que ocurriría dentro de tres años (Isaías 16:14). No debemos conocer, ni intentar conocer, los tiempos y las épocas más allá de lo que Dios decide revelar. Pero cuando él los revela, debemos prestar atención. Aquí vemos cómo Dios da a conocer su voluntad poco a poco. La luz de la revelación divina fue aumentando con el tiempo, y lo mismo sucede con la luz de la gracia divina en el corazón.
Observa la sentencia pronunciada contra Moab: la gloria de Moab sería despreciada, es decir, se convertiría en algo que la gente miraría con menosprecio cuando todas sus cosas orgullosas llegaran a la nada. Esa es la gloria de este mundo: se desvanece y es incierta. Por un tiempo es admirada y poco después es tratada con desprecio. Por eso, lo que pronto será despreciable a los ojos de los demás también debería ser despreciable para nosotros cuando lo comparamos con la gloria mucho mayor que permanece. La gloria de Moab estaba en su gran población y sus valientes ejércitos. Pero ¿dónde estaría esa gloria cuando la gran multitud fuera casi arrasada, unos por un juicio y otros por otro, y el pequeño remanente que quedara fuera muy débil, incapaz de soportar sus propios dolores y mucho menos de hacer frente a las burlas del enemigo? Por eso, que el fuerte no se jacte de su fuerza ni el numeroso de sus multitudes.
El tiempo establecido para ejecutar esta sentencia sería dentro de tres años, exactamente como se cuentan los años de un trabajador contratado, quien lleva la cuenta hasta el día en que termina el plazo fijado. Moab debía saber que su ruina estaba muy cerca y prepararse para ella. Se le dio una advertencia clara y, con ella, tiempo para arrepentirse. Si hubieran aprovechado bien ese tiempo, como lo hizo Nínive, tenemos buenas razones para pensar que el juicio anunciado se habría evitado.
De este capítulo
Isaías 16:1
"Desde Selá, en el desierto, los jefes del país envían corderos hasta el monte Sión."
Isaías 16:2
"Los habitantes de Moab, en el paso del Arnón, son como pájaros espantados que huyen de su nido."
Isaías 16:3
"Le dicen a Sión: Haz planes para protegernos; encárgate tú de nuestra defensa. Extiende tu sombra en pleno mediodía como si fuera de noche; da asilo a los desterrados y no traiciones a los fugitivos."
Isaías 16:4
"Deja que los fugitivos de Moab se refugien en ti. Sírveles de asilo frente al destructor. Cuando termine la opresión, haya pasado la destrucción y el invasor se vaya del país,"
Isaías 16:5
"un descendiente de David alcanzará el reinado, un reinado estable fundado en la bondad. Será un juez honrado que establecerá el derecho y hará llegar pronto la justicia."
Isaías 16:7
"Por eso, todos los habitantes de Moab llorarán por su nación; profundamente afligidos, se lamentarán por los hombres de Quir-haréset."
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