Versículo destacado
Isaías 15:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Profecía contra Moab: En la noche en que Ar fue destruida, ocurrió la ruina de Moab; en la noche en que Quir fue destruida, ocurrió la ruina de Moab. "
Isaías 15:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Profecía contra Moab: En la noche en que Ar fue destruida, ocurrió la ruina de Moab; en la noche en que Quir fue destruida, ocurrió la ruina de Moab.
2 La gente de Dibón sube a llorar al templo situado en la colina. Moab se lamenta por la destrucción de Nebo y de Medebá. Todos tienen la cabeza rapada y la barba cortada.
3 Por las calles va la gente con ropas ásperas; en las terrazas gritan de dolor. En las plazas, todo el mundo se lamenta y se deshace en lágrimas.
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Moab era un país pequeño, pero rico y fértil. Se encontraba al otro lado del Jordán, frente al territorio de la tribu de Rubén, y junto al mar Muerto. Noemí, la suegra de Rut, vivió allí por un tiempo durante una hambruna en Canaán. Aquí Isaías anuncia que aquella tierra sería fuertemente sacudida y devastada, aunque en esta etapa no sería destruida por completo.
Más adelante, otra profecía habla de la ruina total de Moab (Jeremías 48), que llevó a cabo Nabucodonosor, rey de Babilonia. Pero esta profecía debía cumplirse en un plazo de tres años (Isaías 16:14), así que probablemente se cumplió por medio del ejército asirio. Ese ejército devastó aquellas regiones durante años y se enriqueció con el botín. Es posible que haya sido el ejército de Salmanasar, alrededor del tiempo en que cayó Samaria, en el cuarto año del reinado de Ezequías, o el ejército de Senaquerib, que invadió Judá diez años después.
No debemos pensar que Isaías fue personalmente a Moab para proclamar este mensaje. Lo comunicó a su propio pueblo por varias razones. Primero, mostraba que, aunque el juicio de Dios comienza por su propia casa, no termina allí. Dios gobierna sobre todo el mundo, y quienes adoran a dioses falsos también tienen que responder ante él.
Segundo, demostraba que Dios se preocupaba por Israel y lo protegía. También mostraba que Dios estaba en contra de sus enemigos, y los moabitas con frecuencia habían sido enemigos de Israel. Tercero, cuando esta profecía se cumpliera pronto, en el plazo de tres años, confirmaría que Isaías realmente hablaba de parte de Dios y que sus demás profecías eran dignas de confianza. También fortalecería a los fieles para que confiaran en esas palabras.
Lo primero que se anuncia es que las principales ciudades de Moab serían tomadas por sorpresa durante la noche. Probablemente esto sucedería porque sus habitantes vivían cómodamente y con lujo, como los habitantes de Lais, y se sentían seguros. Por eso habría un gran lamento: durante la noche, Ar de Moab sería devastada, y Quir de Moab, las dos ciudades principales del reino, quedaría arruinada. Una vez capturadas esas ciudades, todo el país quedaría expuesto y todas sus riquezas se convertirían en un botín fácil para el enemigo.
Cambios grandes y terribles pueden ocurrir con mucha rapidez. Dos ciudades serían perdidas en una sola noche, aunque la noche normalmente es un tiempo de tranquilidad. Por eso debemos acostarnos cada noche conscientes de que no sabemos qué puede traer la noche. Además, el campo sostiene a las ciudades, y las ciudades protegen al campo; ninguno puede decirle al otro: «No te necesito».
Después, los moabitas, abrumados por el miedo, acudirían a sus ídolos en busca de ayuda y derramarían sus lágrimas delante de ellos. Moab, especialmente su rey, subiría a Bajit, es decir, a la casa o templo de Quemos, y la gente de Dibón subiría a los lugares altos donde adoraban a sus ídolos para presentar allí sus quejas. En medio de la angustia, un pueblo debe acudir a Dios. Con mayor razón, nosotros debemos clamar al Señor nuestro Dios cuando estamos en problemas, en vez de derramar lágrimas inútiles delante de dioses falsos.
Luego Isaías describe un lamento extendido por toda la tierra. Moab se convertiría, por así decirlo, en un valle de lágrimas. El pueblo lloraría la pérdida de Nebo y Medeba, dos ciudades importantes que probablemente serían saqueadas e incendiadas. Se cortarían el cabello y la barba como señales de duelo, tal como acostumbraba hacerse en aquellos días. Al salir, no les importaría verse bien. En vez de eso, vestirían de tela áspera por las calles, quizá porque el enemigo los habría despojado de sus bienes y les habría quitado la ropa.
Cuando llegaran a sus casas, no se ocuparían de sus asuntos. Subirían a las azoteas planas y llorarían a gritos, incluso aullarían, mientras clamaban a sus dioses. Quienes no claman de corazón al Dios verdadero solo aúllan sobre sus camas (Oseas 7:14; Amós 8:3). La nota marginal dice: «Bajarán llorando», lo que significa que bajarían de sus azoteas y lugares altos con tanto dolor como el que habían mostrado al subir.
La oración al Dios verdadero trae alivio al alma, como lo experimentó Ana (1 Samuel 1:18), pero las oraciones dirigidas a dioses falsos no producen ese resultado. Aquí se mencionan varios lugares llenos de lamento. Es cierto consuelo tener a otras personas sufriendo con nosotros, pero para un corazón sensible, el dolor compartido también puede hacer que la angustia se sienta más intensa.
Su fuerza militar también fracasaría. Aunque los moabitas eran soldados entrenados y estaban bien armados, gritarían de miedo, y cada hombre sentiría que su vida se había convertido en una carga. La vida militar normalmente implica enfrentar peligros, pero Dios puede atemorizar rápidamente a los hombres más valientes y quitarle a una nación la ayuda en la que más confiaba. Puede hacer que quienes más aman la vida lleguen a cansarse de ella.
Este desastre también extendería la tristeza más allá de las fronteras de Moab. El propio profeta lo sentiría profundamente: «Mi corazón clamará por Moab». Aunque eran enemigos de Israel, seguían siendo seres humanos, de la misma naturaleza que nosotros. Eso debe movernos a sentir tristeza cuando los vemos sufrir una calamidad tan grande, especialmente porque no sabemos cuán pronto podríamos beber de la misma copa de sufrimiento. Los ministros de Dios deben tener corazones sensibles. No deben desear el día de la ruina, sino imitar a su Maestro, quien lloró por Jerusalén aun mientras la entregaba al juicio, y a Dios, que no se complace en la muerte de los pecadores.
Las ciudades vecinas también repetirían los gritos de Moab. Los fugitivos, que tratarían de salvarse, llevarían la alarma hasta Zoar, la ciudad a la que Lot huyó en busca de refugio del fuego de Sodoma y que fue perdonada por causa de él. Sus gritos serían tan fuertes como el mugido de una novilla de tres años que llama a su becerro (1 Samuel 6:12). Subirían por la cuesta de Luhit, avanzando con dificultad, paso a paso y entre lágrimas, y clamarían por el camino hacia Horonaim, la ruta que conduce a los dos Bet-horón, el alto y el bajo (Josué 16:3, 16:5).
El clamor se escucharía allí, incluso a aquella gran distancia. Sería un grito de destrucción, como el de personas que gritan: «¡Fuego, fuego! ¡Todos estamos perdidos!». El dolor se extiende de una persona a otra, y el miedo también. Eso es natural y comprensible, porque el sufrimiento sigue propagándose y, una vez que comienza, nadie puede saber dónde terminará.
De este capítulo
Isaías 15:2
"La gente de Dibón sube a llorar al templo situado en la colina. Moab se lamenta por la destrucción de Nebo y de Medebá. Todos tienen la cabeza rapada y la barba cortada."
Isaías 15:3
"Por las calles va la gente con ropas ásperas; en las terrazas gritan de dolor. En las plazas, todo el mundo se lamenta y se deshace en lágrimas."
Isaías 15:4
"Hesbón y Elalé piden socorro; hasta en Jahas se oyen sus gritos. Por eso, los guerreros de Moab se acobardan y se llenan de terror."
Isaías 15:5
"Mi corazón pide socorro por Moab; su gente huye hasta Sóar, hasta Eglat-selisiya. Por la cuesta de Luhit suben llorando; por el camino de Horonaim lanzan gritos de dolor ante el desastre."
Isaías 15:6
"Los pozos de Nimrim han quedado secos; la hierba está marchita, la vegetación está muerta y no queda ni una hoja verde."
Isaías 15:7
"Por eso, la gente recoge sus riquezas y las lleva más allá del arroyo de los Álamos."
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