Versículo destacado
Isaías 12:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En ese tiempo dirás: Te doy gracias, Señor, porque, aunque estuviste enojado conmigo, tu ira ya pasó y me has devuelto la paz. "
Isaías 12:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En ese tiempo dirás: Te doy gracias, Señor, porque, aunque estuviste enojado conmigo, tu ira ya pasó y me has devuelto la paz.
2 Dios es quien me salva; tengo confianza y no temo. El Señor es mi refugio y mi fuerza; él es mi salvador.
3 También ustedes podrán ir a beber con alegría en esa fuente de salvación,
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Esta es la primera parte de un himno de alabanza preparado para la iglesia. Estaba destinado a la iglesia judía cuando Dios le concediera una gran liberación, y a la iglesia cristiana cuando el reino del Mesías se estableciera en el mundo, a pesar de todo el poder de las tinieblas. «En aquel día dirás: “Oh SEÑOR, te alabaré”». Cuando la iglesia dispersa sea reunida como un solo cuerpo, alabará a Dios con una misma mente y una misma voz, porque él es uno y uno es su nombre.
«En aquel día», cuando el Señor haga estas grandes cosas por ti, «dirás: “Oh SEÑOR, te alabaré”». Esto significa, en primer lugar, que tendrás buenas razones para decirlo. La promesa es segura y las bendiciones que contiene son abundantes. Cuando Dios las conceda, le dará a la iglesia muchas razones para alegrarse y, por lo tanto, muchas razones para darle gracias. Las promesas del Antiguo Testamento acerca de los tiempos del evangelio suelen describirse mediante el gozo y la alabanza que producirán, porque los dones invaluables que recibimos por medio de Jesucristo merecen la más alta gratitud.
También significa que tendrás un corazón dispuesto a decirlo. Los demás dones de Dios para su pueblo tienen como propósito llevarnos a esto: darle toda la gloria y hablar de su bondad con gratitud cada vez que podamos. «Dirás» también significa «debes decir». Cuando muchas personas llegan a Jesucristo y acuden a él como palomas a sus ventanas, no debemos envidiarles la bienvenida que reciben, como los judíos alguna vez resintieron la gracia mostrada a los gentiles. Más bien, debemos decir: «Oh SEÑOR, te alabaré». Debemos alegrarnos por la gracia de Dios hacia los demás, así como por la gracia que él nos muestra a nosotros.
Aquí se enseña a los creyentes a darle gracias a Dios por apartar su disgusto y restaurar su favor. «Oh SEÑOR, te alabaré, aunque estabas enojado conmigo». Ni siquiera el ceño fruncido de Dios debe impedirnos alabarlo. Aunque esté enojado con nosotros y aunque nos quite la vida, aun así debemos confiar en él y darle gracias. Dios muchas veces tiene buenas razones para enojarse con nosotros, pero nosotros nunca tenemos razones para enojarnos con él ni para hablar mal de él. Aun cuando nos corrige, debemos alabarlo.
«Estabas enojado con nosotros, pero tu ira se apartó». A veces Dios se enoja con su propio pueblo, y las consecuencias de ese enojo son evidentes. Debemos reconocerlo y humillarnos bajo su poderosa mano. Sin embargo, aunque Dios se enoje con su pueblo por un tiempo, su enojo no durará para siempre. Solo dura un momento, y él no seguirá contendiendo eternamente. Por medio de Jesucristo, la raíz de Isaí, la ira de Dios contra la humanidad fue apartada, porque él es nuestra paz.
Aquellos con quienes Dios se ha reconciliado reciben consuelo de parte de él. Aun el hecho de que su ira se aparte es motivo de consuelo, pero hay más. Quienes están en paz con Dios pueden alegrarse en la esperanza de participar de la gloria de Dios (Romanos 5:1-2). A veces, incluso, Dios lleva a su pueblo al desierto para hablarle allí al corazón y consolarlo (Oseas 2:14). Por eso, el apartamiento de la ira de Dios y el regreso de su consuelo a nosotros deben convertirse en motivo de gozosa gratitud.
También se les enseña a alegrarse en Dios y en el privilegio de tenerlo a él. «Miren, Dios es mi salvación». Esto no significa solamente que él me salva, sino que él mismo es mi salvación, aquel en quien estoy seguro. Dependo de él como mi salvación porque he comprobado que lo es. A él le corresponderá toda la gloria por cada liberación que haya obrado en mi favor, y solo a él acudiré por la salvación que todavía necesito, no a las colinas ni a las montañas. Si Dios es mi salvación y me llevará a la vida eterna, entonces confiaré en que me preparará para ella y me guardará hasta llegar allí. También confiaré en él en todos los asuntos de mi vida terrenal, creyendo que hará que todo coopere para mi bien. Tendré confianza; es decir, mi corazón permanecerá tranquilo.
Quienes tienen a Dios como su salvación pueden vivir con una seguridad santa y con paz mental. La fe en Dios como nuestra salvación debe producir dos cosas. Primero, debe silenciar nuestros temores. Debemos confiar y no tener miedo; no debemos temer que el Dios en quien confiamos nos falle, porque eso no puede suceder. Tampoco debemos temer a ninguna criatura, por fuerte o amenazante que parezca. La fe en Dios es una poderosa cura contra los temores angustiosos y dolorosos.
Segundo, debe sostener nuestras esperanzas. Si el Señor Jehová es nuestra salvación, entonces será nuestra fuerza y nuestro canto. Tenemos trabajo que hacer y tentaciones que resistir, y podemos depender de él para ayudarnos en ambas cosas. Él nos fortalecerá con poder por medio de su Espíritu en nuestro ser interior, porque él es nuestra fuerza. Su gracia es suficiente para nosotros. También tenemos muchos sufrimientos que soportar en este mundo de lágrimas, y podemos depender de él para que nos consuele en toda dificultad, porque él es nuestro canto. Él da canciones durante la noche.
Si hacemos de Dios nuestra fuerza y confiamos en él, demostrará ser nuestra fuerza. Si hacemos de él nuestro canto y ponemos en él nuestro consuelo, demostrará ser nuestro canto. Muchos cristianos sinceros tienen a Dios como su fuerza, pero todavía no como su canto, y aún caminan en la oscuridad. Sin embargo, la luz está reservada para ellos. Quienes tienen a Dios como su fuerza también deben hacer de él su canto, dándole la gloria por ello (véase Salmo 68:35) y encontrando consuelo en esa verdad, porque él llegará a ser su salvación. El nombre que aquí se le da a Dios es Jah, Jehová. Jah es una forma abreviada de Jehová, y ambos nombres hablan de su naturaleza eterna y de su fidelidad inmutable, lo cual es un gran consuelo para quienes dependen de él como su fuerza y su canto. Algunos entienden que Jah señala al Hijo de Dios hecho hombre. Él es Jehová, y en él podemos gloriarnos como nuestra fuerza, nuestro canto y nuestra salvación.
También deben encontrar consuelo en el amor de Dios y en cada señal de ese amor. «Por eso, porque el Señor Jehová es tu fuerza y tu canto, y será tu salvación, sacarás agua con alegría». Las promesas que Dios nos ha dado, junto con el consuelo y la ayuda que ya hemos encontrado en su gracia, deben fortalecer grandemente nuestra fe y nuestras esperanzas. De los pozos de la salvación de Dios, la fuente de todo bien para su pueblo, sacarás agua con alegría. El favor de Dios fluirá hacia ti, y disfrutarás de su consuelo y aprovecharás sus benditos frutos.
Las promesas de Dios, tal como se nos revelan, se confirman y se nos entregan en sus ordenanzas, son pozos de salvación o pozos del Salvador, como algunos lo entienden. En ellas se nos da a conocer el Salvador y se nos ofrecen la salvación y sus beneficios. Es nuestro deber, por medio de la fe, sacar agua de estos pozos y recibir el consuelo y el beneficio que allí se han depositado, reconociendo que todas nuestras fuentes están en él y que todos nuestros ríos frescos provienen de él (Salmo 87:7). Y esta agua debe sacarse de los pozos de la salvación con gran alegría y satisfacción.
Es la voluntad de Dios que nos alegremos delante de él y en él (Deuteronomio 26:11). Él quiere que estemos felices en su casa de oración (Isaías 56:7) y que celebremos sus fiestas con alegría (Hechos 2:46).
De este capítulo
Isaías 12:2
"Dios es quien me salva; tengo confianza y no temo. El Señor es mi refugio y mi fuerza; él es mi salvador."
Isaías 12:3
"También ustedes podrán ir a beber con alegría en esa fuente de salvación,"
Isaías 12:4
"y entonces dirán: Den gracias e invoquen al Señor; cuenten a las naciones las cosas que ha hecho y recuérdenles que él está por encima de todo."
Isaías 12:5
"Canten al Señor, porque ha hecho algo grandioso que debe conocerse en toda la tierra."
Isaías 12:6
"Den gritos de alegría, habitantes de Sión, porque el Dios Santo de Israel está en medio de ustedes con toda su grandeza."
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