Versículo destacado
Génesis 49:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Zabulón vivirá a la orilla del mar, donde habrá puertos para barcos. Sus fronteras llegarán hasta Sidón. "
Génesis 49:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 El que amarra su burrito a las viñas, el que lava toda su ropa con vino, ¡con el jugo de las uvas!
12 Sus ojos son más oscuros que el vino; sus dientes, más blancos que la leche.
13 Zabulón vivirá a la orilla del mar, donde habrá puertos para barcos. Sus fronteras llegarán hasta Sidón.
14 Isacar es un animal de carga que descansa en sus establos.
15 Cuando vio que el país era bueno y agradable para descansar, dobló la espalda para llevar carga y, sin protestar, se hizo esclavo.
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Aquí Jacob profetiza acerca de seis de sus hijos.
Primero habla de Zabulón (Génesis 49:13) y dice que sus descendientes vivirían cerca de la costa y llegarían a ser comerciantes, marineros y mercaderes. Esto se cumplió dos o trescientos años después, cuando la tierra de Canaán fue repartida por sorteo y el territorio de Zabulón se extendió hacia el mar (Josué 19:11). Si esto se hubiera organizado mediante planes humanos, podríamos pensar que se hizo para ajustarse a las palabras de Jacob. Pero como se decidió por sorteo, demuestra tanto que Dios lo había dispuesto como que Jacob había hablado por el Espíritu de Dios. La providencia de Dios concuerda exactamente con su consejo, así como una copia fiel corresponde al original. Si la profecía dice: «Zabulón será puerto para barcos», la providencia lo colocará allí.
Esto nos enseña dos cosas. Dios establece los límites del lugar donde vivimos. Es sabio y correcto que aceptemos nuestra condición y aprovechemos al máximo las oportunidades que Dios nos da. Si Zabulón vive junto al mar, que sirva entonces como puerto para los barcos.
Después Jacob habla de Isacar (Génesis 49:14-15). Dice que los hombres de esa tribu serían fuertes, trabajadores y aptos para el esfuerzo, especialmente para las labores del campo. Serían como un asno que lleva pacientemente su carga y que, al acostumbrarse al trabajo, lo encuentra más fácil. Isacar llevaría dos cargas: la agricultura y el tributo. Sería una tribu trabajadora y, como prosperaría, también tendría que pagar rentas e impuestos.
Jacob también dice que la bondad de la tierra que les sería asignada los animaría en su trabajo. Veía que el descanso en el hogar era bueno. En comparación con la dura vida de los soldados y los marineros, cuyos afanes y peligros son mucho mayores, el trabajo del agricultor es verdaderamente una forma de descanso. También veía que la tierra era agradable: no solo ofrecía paisajes hermosos que deleitaban la vista, sino buenos frutos que recompensaban el esfuerzo del trabajador. La vida en el campo tiene muchas comodidades, suficientes para equilibrar sus dificultades si estamos dispuestos a reconocerlas. Isacar, mirando hacia la ganancia futura, inclinó los hombros para llevar su carga. De la misma manera, si por la fe miramos hacia el descanso celestial y hacia esa tierra prometida, y vemos que es verdaderamente buena y agradable, nuestro servicio presente nos parecerá más fácil.
Luego Jacob habla de Dan (Génesis 49:16-17). Lo que dice puede aplicarse a la tribu en general, o quizá señalar especialmente a Sansón, quien descendía de Dan. Como tribu, aunque descendía de una de las concubinas, Dan tendría sus propios gobernantes y jueces, igual que las demás tribus. Obtendría ventaja sobre sus enemigos mediante la habilidad, la estrategia y la sorpresa, como una serpiente que de repente muerde el talón de un viajero. En el Israel espiritual de Dios no hay diferencia entre esclavo y libre (Colosenses 3:11). Dan sería incluido en un pacto tan bueno como el de cualquier otra tribu. Algunos, como Dan, pueden ser fuertes en la astucia, mientras que otros, como Judá, lo son en la valentía; y ambos pueden servir bien a Dios contra los cananeos.
O quizá Jacob estaba hablando de Sansón, quien descendía de Dan y juzgó a Israel, es decir, rescató a Israel de los filisteos. Sansón no luchó como los demás jueces en una batalla abierta. En cambio, perturbó a los filisteos de maneras inesperadas. Cuando derribó la casa sobre los filisteos reunidos en el techo, hizo caer al jinete junto con su caballo.
Jacob todavía estaba hablando, pero ya se encontraba casi sin fuerzas y cerca de la muerte. Por eso se consuela con estas palabras: «¡He esperado tu salvación, Señor!» (Génesis 49:18). Es como si una persona que se desmaya recuperara las fuerzas con una cucharada de medicina o al oler un frasco de sales aromáticas. O quizá, si tuvo que detenerse allí porque le faltaba el aliento para terminar, esas palabras fueron su alma derramada en los brazos de Dios mientras exhalaba su último aliento. Las oraciones fervientes que nacen de una fe viva no deben ser criticadas solo porque no están organizadas de manera perfecta. El corazón puede hablar con Dios mientras la persona les habla a otros.
La salvación que esperaba era Cristo, la descendencia prometida de la que ya había hablado (Génesis 49:10). Ahora que estaba a punto de reunirse con su pueblo, anhelaba a aquel junto a quien un día se reuniría todo el pueblo de Dios. La salvación que esperaba también era el cielo, la patria mejor que había declarado estar buscando (Hebreos 11:13-14), y continuaba buscándola aun mientras vivía en Egipto. Ahora que estaba a punto de disfrutar de esa salvación, se consuela al recordar que había esperado en ella. Un creyente vivo es alguien que espera la salvación del Señor. Debemos esperar a Cristo como el camino al cielo, y esperar el cielo como nuestro descanso en Cristo. También es un consuelo para el creyente que está muriendo saber que ha esperado la salvación del Señor, porque entonces recibirá aquello que durante tanto tiempo esperó.
Después Jacob habla de Gad (Génesis 49:19). Hace referencia al nombre de Gad, que significa «tropa», y anuncia que la tribu sería guerrera. Eso es lo que encontramos más adelante, pues los gaditas eran hombres de guerra, preparados para la batalla (1 Crónicas 12:8). También prevé que, como su tierra estaría al otro lado del Jordán, quedaría expuesta a los ataques de sus vecinos, los moabitas y los amonitas. Para evitar que se volvieran orgullosos de su fuerza, les dice que las tropas enemigas los vencerían con frecuencia en pequeñas batallas. Sin embargo, también los anima al decirles que al final conquistarían. Esto se cumplió en los días de Saúl y David, cuando los moabitas y los amonitas fueron completamente sometidos (1 Crónicas 5:18 y otros pasajes). La causa de Dios y de su pueblo puede parecer derrotada por un tiempo, pero al final vencerá. Podemos ser derrotados en una batalla, pero no en la guerra. La gracia en el alma suele ser vencida en sus luchas, y los deseos corruptos que hay dentro de nosotros pueden derrotarla por un tiempo. Pero la causa pertenece a Dios y, al final, la gracia saldrá victoriosa, más que vencedora (Romanos 8:37).
Por último, Jacob habla de Aser (Génesis 49:20). Dice que esta tribu sería muy rica, abastecida no solo de pan para las necesidades diarias, sino también de alimentos abundantes y manjares selectos, incluso de delicias dignas de un rey, pues «hasta el rey se alimenta de los productos del campo» (Eclesiastés 5:9). Estos bienes serían llevados desde Aser a las demás tribus y quizá incluso a otras tierras. El Dios que hizo el mundo ha provisto no solo lo que necesitamos, sino también cosas agradables adicionales, para que podamos reconocerlo como un dador generoso. Sin embargo, aunque todos los lugares tienen lo necesario para vivir, solo algunos cuentan con esos deleites extras. El grano es más común que las especias. Si los lujos estuvieran tan disponibles como los alimentos, el mundo sería peor de lo que es; y no necesita serlo.
En cuanto a Neftalí (Génesis 49:21), su nombre transmite la idea de luchar, y la bendición relacionada con él apunta a la victoria. Se le llama «una cierva que se ha soltado», una cierva puesta en libertad. No vemos el cumplimiento de esta predicción con tanta claridad como el de algunas otras, pero es probable que se haya cumplido de varias maneras.
Primero, eran como una cierva afectuosa, tal como se describe en Proverbios 5:19: amables y bondadosos unos con otros y con las demás tribus. Su manera de vivir juntos estaba marcada por la calidez y el afecto. Segundo, eran como una cierva libre, deseosa de conservar su libertad. Tercero, eran como una cierva veloz (Salmo 18:33), rápida para realizar sus asuntos y cumplir con sus responsabilidades. Y quizá, en cuarto lugar, eran como una cierva temerosa, tímida en tiempos de peligro público.
No es común encontrar personas que sean muy agradables con sus amigos y, al mismo tiempo, feroces con sus enemigos. También pueden haber sido educados y amables, con un lenguaje refinado y modales agradables, capaces de pronunciar «palabras hermosas». En el Israel de Dios existe una gran variedad de temperamentos, y estos diferentes dones aún pueden encajar en un solo cuerpo. Judá es como un león, Isacar como un asno, Dan como una serpiente y Neftalí como una cierva. Por eso, quienes tienen temperamentos y dones diferentes no deben criticarse ni envidiarse más de lo que las personas de distinta estatura o tono de piel deberían hacerlo.
De este capítulo
Génesis 49:1
"Jacob llamó a sus hijos y les dijo: Acérquense, y les diré lo que les sucederá en el futuro:"
Génesis 49:2
"Acérquense para oír, hijos de Jacob; escuchen a su padre Israel."
Génesis 49:3
"Tú, Rubén, eres mi hijo mayor, mi fuerza y el primer fruto de mi vigor, el primero en honor y poder."
Génesis 49:4
"Pero ya no serás el primero, porque eres como un torrente incontenible, pues deshonraste mi cama al acostarte con mi concubina."
Génesis 49:5
"Simeón y Leví son hermanos; sus armas son instrumentos de violencia."
Génesis 49:6
"¡Jamás quiero estar presente en el lugar de sus reuniones! Pues, cuando estaban enojados, mataron gente y, por puro capricho, les rompieron las patas a los toros."
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