Versículo destacado
Génesis 48:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" De pronto, Israel se fijó en los hijos de José y preguntó: —Y estos, ¿quiénes son? "
Génesis 48:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Los hijos que tengas después de ellos te pertenecerán a ti y, por ser hermanos de Efraín y Manasés, tendrán parte en su herencia.
7 Cuando yo regresaba de Padán-aram, se me murió tu madre Raquel en Canaán, poco antes de llegar a Efrata; y la enterré allí, en el camino de Efrata, que ahora es Belén.
8 De pronto, Israel se fijó en los hijos de José y preguntó: —Y estos, ¿quiénes son?
9 —Son los hijos que Dios me ha dado aquí en Egipto —respondió José. Entonces su padre le dijo: —Por favor, acércalos más a mí para que les dé mi bendición.
10 Israel era ya muy viejo y le fallaba la vista. No podía ver bien, así que José acercó a los niños a su padre, y él los besó y los abrazó.
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Esta es, en primer lugar, la bendición con la que Jacob bendijo a los dos hijos de José. Es especialmente notable porque el apóstol la menciona de manera especial (Hebreos 11:21), mientras que no dice nada acerca de la bendición que Jacob dio al resto de sus hijos, aunque aquella también fue dada con fe.
Jacob estaba ciego debido a su avanzada edad (Génesis 48:10). Esa es una de las debilidades comunes de la vejez. «Se oscurecen las ventanas» como señal del declive de la vida (Eclesiastés 12:3). Es insensato vivir solamente según lo que ven nuestros ojos y dejar que nuestro corazón corra tras ello, porque pronto la muerte cerrará esos ojos y nadie sabe qué puede suceder antes de que llegue ese momento. Al igual que su padre antes que él, Jacob tenía una vista deficiente en la vejez.
Quienes tienen el honor de llegar a la vejez también deben aceptar sus cargas. Aun así, el ojo de la fe puede estar muy claro aunque los ojos del cuerpo se debiliten.
Jacob también sentía un gran cariño por los hijos de José. Los besó y los abrazó (Génesis 48:10). Las personas mayores suelen sentir un amor especial por sus nietos, quizá incluso mayor que el que alguna vez sintieron por sus propios hijos cuando eran pequeños. Salomón da una razón para esto cuando dice: «Corona de los ancianos son los nietos» (Proverbios 17:6).
Jacob habló con profunda gratitud cuando dijo: «No esperaba volver a ver tu rostro, y ahora Dios me ha permitido ver también a tus hijos» (Génesis 48:11). Observemos cómo estos dos hombres fieles reconocieron que su alegría provenía de Dios. José dijo: «Son mis hijos, los que Dios me ha dado», y añadió que esto había ocurrido en el lugar de su destierro, esclavitud y encarcelamiento (Génesis 48:9). Jacob dijo: «Dios me ha permitido ver a tus hijos». Nuestras alegrías son más dulces cuando reconocemos claramente que vienen de la mano de Dios.
También vemos con qué frecuencia Dios supera nuestras expectativas mediante su providencia bondadosa. No solo detiene nuestros temores, sino que supera nuestras esperanzas. Podemos aplicar esto a la promesa que se nos ha dado a nosotros y a nuestros hijos. Jamás habríamos pensado que nosotros mismos seríamos incluidos en el pacto, es decir, que seríamos recibidos en la promesa firme de la gracia de Dios, considerando cuán culpables y corrompidos somos. Sin embargo, Dios también nos ha mostrado que nuestros hijos están incluidos en ese pacto.
Antes de dar la bendición, Jacob habló de la bondad de Dios para con él. Ya había mencionado que Dios se le había aparecido (Génesis 48:3). Nunca debemos olvidar los momentos especiales de la gracia ni la comunión cercana con Dios. Pero ahora habla del cuidado constante de Dios durante toda su vida (Génesis 48:15, 16).
Dios lo había alimentado durante toda su vida hasta ese día. Mientras vivamos en este mundo, seguimos encontrando pruebas de la bondad de Dios en la provisión diaria de nuestras necesidades. Nuestro cuerpo necesita alimento cada día, y muchas cosas han contribuido a sostenernos; aun así, nunca nos ha faltado lo que verdaderamente necesitábamos. El Dios que nos ha alimentado durante toda nuestra vida no nos abandonará al final.
Jacob también dijo que el ángel de Dios lo había redimido de todo mal (Génesis 48:16). Había conocido muchas dificultades, pero Dios, en su bondad, lo había protegido de que sus problemas le causaran todo el daño posible. Al acercarse a la muerte, Jacob se veía como alguien librado de todo mal y a punto de dejar atrás para siempre el pecado y el dolor. Cristo, el Ángel del pacto, es quien nos redime de todo mal (2 Timoteo 4:18).
Es apropiado que los siervos de Dios, cuando son ancianos y están cerca de la muerte, den testimonio de que Dios ha sido bondadoso con ellos. Nuestra propia experiencia de la bondad de Dios debe servir para animar a otros a servirle y para fortalecernos cuando los bendecimos y oramos por ellos.
Cuando Jacob dio la bendición y transmitió a estos muchachos el nombre y la herencia espiritual de Abraham e Isaac, también les presentó el ejemplo de Abraham e Isaac (Génesis 48:15). Llamó a Dios «el Dios ante quien caminaron mis padres Abraham e Isaac», refiriéndose al Dios en quien ellos confiaron, al que obedecieron y adoraron mediante las prácticas establecidas de la vida del pacto. «Camina delante de mí» fue el llamado de Dios a Abraham (Génesis 17:1).
Quienes desean heredar la bendición de sus antepasados piadosos y disfrutar del beneficio del pacto de Dios con ellos deben seguir su fe y obediencia. También debería hacer atractiva para nosotros la vida de fe saber que Dios era el Dios de nuestros padres y que ellos encontraron gozo al caminar delante de él.
Jacob bendijo a los muchachos cruzando sus manos. José los había colocado de manera que la mano derecha de Jacob descansara sobre Manasés, el hijo mayor (Génesis 48:12, 13). Pero Jacob puso su mano derecha sobre Efraín, el hijo menor (Génesis 48:14). José se disgustó, porque quería proteger el honor de su primogénito, e intentó mover las manos de su padre (Génesis 48:17, 18). Pero Jacob dejó claro que sabía exactamente lo que estaba haciendo. No se había equivocado, no estaba actuando por impulso ni estaba favoreciendo a uno de los muchachos por razones personales. Actuaba bajo el espíritu de profecía y de acuerdo con el propósito de Dios.
Manasés sería grande, pero Efraín sería aún mayor. Más adelante, cuando se contaron las tribus en el desierto, Efraín era más numeroso que Manasés, y Efraín tenía el estandarte de ese grupo (Números 1:32, 33, 35; 2:18, 20). Efraín también aparece mencionado primero en el Salmo 80:2. Josué, quien guio a Israel a Canaán, era de Efraín, al igual que Jeroboam. Manasés quedó dividido en dos partes, una a cada lado del Jordán, lo que hizo que fuera menos fuerte y menos importante. Jacob vio esto de antemano y cruzó sus manos.
Dios suele darles más a algunos de sus hijos que a otros: más dones, más gracia, más consuelo y más bienes de este mundo. Muchas veces les da más a quienes parecen menos probables de recibirlo. Él escoge las cosas débiles del mundo y levanta al pobre del polvo. La gracia no sigue el orden natural, y Dios no siempre prefiere a las personas que nosotros consideramos más aptas para recibir preferencia, sino a quienes él escoge.
Es notable cuántas veces Dios, mediante los privilegios especiales de su pacto, puso al menor por encima del mayor: a Abel por encima de Caín, a Sem por encima de Jafet, a Abraham por encima de Nacor y Harán, a Isaac por encima de Ismael, a Jacob por encima de Esaú, a Judá y José por encima de Rubén, a Moisés por encima de Aarón, y a David y Salomón por encima de sus hermanos mayores. Véase 1 Samuel 16:7. Dios exigió que los israelitas respetaran los derechos del primogénito (Deuteronomio 21:17), pero nunca se obligó a seguir esa regla. Algunos ven en esto una imagen de cómo los gentiles serían preferidos a los judíos, ya que los creyentes gentiles llegaron a ser mucho más numerosos que los creyentes judíos (Gálatas 4:27). De esta manera, la gracia gratuita de Dios resplandece aún más.
En segundo lugar, Jacob dejó a José una preciosa promesa acerca del regreso de su familia de Egipto: «Estoy a punto de morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver» (Génesis 48:21). Más tarde, José transmitió la misma promesa a sus hermanos (Génesis 50:24). Esta seguridad fue dada y conservada cuidadosamente entre ellos para que no llegaran a amar demasiado a Egipto cuando los tratara bien ni a temerle demasiado cuando se volviera contra ellos.
Las palabras de Jacob nos dan consuelo cuando mueren nuestros seres queridos. Ellos mueren, pero Dios permanece con nosotros, y su presencia bondadosa es suficiente para compensar nuestra pérdida. Ellos nos dejan, pero él nunca nos dejará. También nos llevará a la tierra de nuestros padres, la Canaán celestial, adonde nuestros antepasados piadosos han ido antes que nosotros.
Si Dios está con nosotros mientras permanecemos en este mundo y pronto nos llevará a estar con quienes partieron antes que nosotros hacia un mundo mejor, no debemos entristecernos como quienes no tienen esperanza.
Jacob también le dio a José una porción mayor que la de sus hermanos (Génesis 48:22). Las tierras que le transmitió se describen como aquellas que tomó de los amorreos con su espada y su arco. Primero las había comprado (Josué 24:32), y parece que después los amorreos volvieron a apoderarse de ellas. Pero Jacob las recuperó por la fuerza, respondiendo a la fuerza con fuerza y reclamando lo que era suyo cuando no quedaba otra manera de hacerlo.
Jacob entregó esas tierras a José. Este regalo también se menciona en Juan 4:5. Debido a ello, ese terreno pertenecía legítimamente a la tribu de Efraín y nunca fue asignado por sorteo. Más adelante, los huesos de José fueron enterrados allí, y es posible que Jacob tuviera eso en mente tanto como cualquier otra cosa cuando hizo este regalo.
La lección es clara: a veces puede ser correcto y sabio darles a algunos hijos porciones mayores que a otros. Pero en este mundo, una tumba es la única posesión que podemos considerar verdaderamente nuestra.
De este capítulo
Génesis 48:1
"Poco después le dijeron a José que su padre estaba enfermo. Entonces José fue a verlo y llevó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín."
Génesis 48:2
"Cuando avisaron a Jacob que su hijo José había llegado a verlo, hizo un esfuerzo y se sentó en la cama."
Génesis 48:3
"Y le dijo a José: —El Dios todopoderoso se me apareció en la ciudad de Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo"
Génesis 48:4
"con estas palabras: “Mira, haré que tengas muchos hijos y que tus descendientes lleguen a formar un conjunto de naciones. Además, daré esta tierra a tu descendencia. Será de ellos para siempre”."
Génesis 48:5
"Ahora bien, tus hijos Efraín y Manasés, que te nacieron aquí en Egipto antes de que yo viniera a reunirme contigo en este país, me pertenecen a mí. Son tan míos como Rubén y Simeón."
Génesis 48:6
"Los hijos que tengas después de ellos te pertenecerán a ti y, por ser hermanos de Efraín y Manasés, tendrán parte en su herencia."
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