Versículo destacado
Génesis 43:26 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando José llegó a la casa, ellos le dieron los regalos que habían traído y se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente. "
Génesis 43:26
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
24 luego llevó a todos a la casa de José, les dio agua para que se lavaran los pies y también dio de comer a sus asnos.
25 Ellos prepararon los regalos y esperaron a que José llegara al mediodía, pues habían sabido que allí iban a comer.
26 Cuando José llegó a la casa, ellos le dieron los regalos que habían traído y se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente.
27 José les preguntó cómo estaban y también preguntó: «¿Cómo está su padre, el anciano del que me hablaron? ¿Vive todavía?».
28 Ellos hicieron una reverencia y dijeron: «Nuestro padre, su servidor, está bien. Todavía vive».
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Aquí vemos el gran respeto que los hermanos de José le mostraron. Cuando le llevaron el regalo, se inclinaron ante él (Génesis 43:26). Más adelante, cuando le hablaron de la salud de su padre, volvieron a inclinarse y llamaron a Jacob, su padre, «tu siervo» (Génesis 43:28). De esta manera, los sueños de José seguían cumpliéndose, incluso la parte en la que su padre, por medio de sus hijos, se inclinaba ante él, tal como había visto en el sueño (Génesis 37:10). Es probable que Jacob les hubiera dicho que, si tenían que hablar con el hombre que gobernaba la tierra, debían llamarlo «tu siervo».
Aquí también vemos la gran bondad que José les mostró, aunque ellos no sabían que era su hermano. Primero preguntó por Jacob con una pregunta llena de ternura: «¿Todavía vive?». Es una pregunta apropiada acerca de cualquier persona, especialmente de alguien mayor, porque todos vamos muriendo cada día. Es sorprendente que sigamos con vida. Años antes, Jacob había dicho: «Bajaré al sepulcro llorando por mi hijo», pero José todavía estaba vivo. No podemos escoger el día de nuestra muerte.
José también mostró una bondad especial hacia Benjamín, su propio hermano. Oró por él: «Que Dios tenga misericordia de ti, hijo mío» (Génesis 43:29). El favor de José, aun como gobernante de la tierra, le serviría de poco a Benjamín si Dios no le mostraba también su gracia. Muchas personas buscan el favor de un gobernante, pero José dirigió a Benjamín hacia el favor del Gobernante supremo. José también lloró por él (Génesis 43:30). El amor natural que sentía por su hermano, la alegría de verlo, el dolor de verlos a todos necesitados de alimento y el recuerdo de todo lo que había sufrido desde la última vez que vio a Benjamín lo conmovieron profundamente. Tal vez le resultó todavía más difícil porque trataba de contener sus sentimientos. Por eso se retiró a un lugar privado y allí dejó salir sus lágrimas.
Las lágrimas de amor y ternura no son motivo de vergüenza, ni siquiera en hombres grandes y sabios. Y quienes lloran de una manera piadosa no deberían hacerlo para llamar la atención. «Mi alma llorará en secreto», dice el profeta (Jeremías 13:17). Pedro salió y lloró amargamente (Mateo 26:75).
Después, José mostró bondad hacia todos al compartir una comida con ellos. Cuando recuperó el control de sí mismo, se sentó a comer con ellos, los trató con generosidad y aun así logró que no supieran quién era. Ordenó que prepararan tres mesas: una para sus hermanos, otra para los egipcios que comían con él, porque sus costumbres eran tan distintas que no les gustaba comer juntos, y otra para él, ya que no se atrevía a revelar que era hebreo, pero tampoco se sentaría con los egipcios. Esto demuestra hospitalidad y buena administración del hogar, cualidades dignas de elogio según los recursos de cada persona. También muestra disposición para dar cabida a las costumbres de los demás, incluso cuando parecen extrañas, como observa el obispo Patrick acerca de la negativa de los egipcios a comer con los hebreos. Aunque José gobernaba la tierra y todos debían obedecerle, no obligó a los egipcios a comer con los hebreos contra su voluntad. Las personas verdaderamente generosas no quieren obligar a los demás.
Esto también nos ofrece una primera imagen de la separación entre judíos y gentiles, pues una sola mesa no podía reunirlos. José sentó a sus hermanos según su edad, del mayor al menor (Génesis 43:33), como si pudiera leer sus pensamientos. Algunos piensan que ellos mismos se sentaron así por costumbre, pero, si fue así, resulta difícil entender por qué el texto destaca tanto este hecho, especialmente porque ellos quedaron asombrados.
José les ofreció una comida muy abundante y les envió porciones de su propia mesa (Génesis 43:34). Esto fue especialmente generoso porque el alimento escaseaba durante aquella hambruna. En tiempos de hambre, tener pan ya es suficiente, pero ellos fueron agasajados con un banquete. Tal vez no habían comido una comida tan buena en muchos meses. El texto dice que bebieron y estuvieron alegres. Sus preocupaciones y temores habían desaparecido, y comieron con alegría, pensando que ahora estaban en buenos términos con el gobernante de la tierra. Si Dios acepta nuestro trabajo y nuestro regalo, tenemos razones para alegrarnos. Sin embargo, cuando nos sentamos a comer con un gobernante, debemos considerar con cuidado lo que tenemos delante y no ceder a la avaricia ni al deseo de comer alimentos exquisitos (Proverbios 23:1-3).
José también les hizo ver que Benjamín tenía un favor especial, pues su porción era cinco veces mayor que la de cualquiera de los demás. No pretendía que Benjamín comiera cinco veces más, porque eso le habría hecho daño y no habría sido una muestra de bondad. No es bondad presionar a alguien para que coma o beba demasiado. Más bien, José quería mostrarle una consideración especial a Benjamín y comprobar si sus hermanos sentirían envidia de que recibiera una porción mayor, tal como antes habían envidiado a José por su túnica especial. En asuntos como este, nuestra regla debe ser estar contentos con lo que tenemos y no resentirnos por lo que otros reciben.
De este capítulo
Génesis 43:1
"El hambre aumentaba en el país,"
Génesis 43:2
"así que, cuando Jacob y sus hijos se comieron lo que les quedaba del trigo que habían llevado de Egipto, Jacob les dijo: «Vayan otra vez y compren un poco de trigo para nosotros»."
Génesis 43:3
"Pero Judá le contestó: «Aquel hombre nos dijo con toda claridad: “Si no traen aquí a su hermano menor, no vengan a verme”»."
Génesis 43:4
"Así pues, si lo dejas ir con nosotros, iremos a comprarte trigo;"
Génesis 43:5
"pero, si no lo dejas ir, no iremos. Aquel hombre nos dijo: “Si no traen aquí a su hermano menor, no vengan a verme.”"
Génesis 43:6
"Entonces Israel dijo: «¿Por qué me han hecho tanto mal? ¿Por qué le dijeron a ese hombre que tenían otro hermano?»."
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