Versículo destacado

Génesis 40:5 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Una noche, los dos presos, el copero y el panadero, tuvieron cada uno un sueño, y cada sueño tenía su propio significado. "

Génesis 40:5

menu_book El versículo en contexto

3 y los mandó presos a la casa del capitán de la guardia, donde estaba la cárcel. Era el mismo lugar donde José estaba preso.

4 El capitán de la guardia encargó a José que atendiera a estos funcionarios, y ellos pasaron mucho tiempo en la cárcel.

5 Una noche, los dos presos, el copero y el panadero, tuvieron cada uno un sueño, y cada sueño tenía su propio significado.

6 Por la mañana, cuando José vino a verlos, los encontró muy preocupados;

7 así que les preguntó: —¿Por qué tienen hoy tan mala cara?

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Observa, en primer lugar, la providencia especial de Dios. Él llenó la mente de estos dos prisioneros con sueños inusuales durante la misma noche. Los sueños les causaron una profunda impresión y mostraban señales claras de tener un origen divino. Dios tiene acceso directo al espíritu humano y puede usarlo para cumplir sus propósitos cuando quiera, mucho más allá de lo que las personas involucradas se proponen. Para él, todos los corazones están abiertos. En tiempos antiguos, Dios habló en sueños no solo a su propio pueblo, sino también a otras personas (Job 33:15). Estos sueños anunciaban cosas futuras, pero lo hacían de una manera muy poco clara.

En segundo lugar, observa el efecto que tuvieron los sueños en estos prisioneros (Génesis 40:6). Se pusieron tristes. No era la prisión misma la que los entristecía, pues probablemente ya se habían acostumbrado a ella e incluso quizá vivían allí con cierto ánimo. Lo que los perturbaba era el sueño. Dios tiene más de una manera de entristecer a las personas cuando necesitan ser humilladas. Algunos pecadores pueden mantenerse obstinados bajo las dificultades externas y negarse a ceder, pero Dios todavía puede alcanzarlos. Puede quitarles la alegría al afligir su espíritu y poner pesadas cargas sobre ellos.

En tercer lugar, observa la bondad y compasión de José hacia ellos. Les preguntó con preocupación: «¿Por qué tienen hoy el semblante tan triste?» (Génesis 40:7). José estaba a cargo de ellos y cumplía ese deber con amabilidad. Es correcto que notemos las tristezas de quienes están bajo nuestro cuidado. José también era compañero de sufrimiento de ellos, pues estaba preso junto con ellos y en otro tiempo también había tenido sueños. Compartir los sufrimientos ayuda a desarrollar compasión por quienes padecen.

De esto aprendemos a interesarnos por las tristezas y dificultades de los demás, y a preguntar por qué nuestros hermanos y hermanas se ven tan tristes. Debemos pensar con frecuencia en las lágrimas de los oprimidos (Eclesiastés 4:1). Para las personas afligidas, es cierto consuelo que otros se den cuenta de su dolor. También debemos aprender a preguntar cuál es la causa de nuestra propia tristeza: ¿Por qué me veo tan triste? ¿Hay una razón real? ¿Es una buena razón? ¿No hay suficiente motivo de consuelo como para que pese más que esta tristeza? «¿Por qué te abates, alma mía?».

En cuarto lugar, considera los sueños mismos y su significado. Lo que perturbaba a estos prisioneros era que, estando en la cárcel, no podían acudir a los intérpretes de sueños de Egipto, quienes afirmaban que podían explicar los sueños. «No hay aquí quien interprete» (Génesis 40:8). Hay intérpretes que quienes están presos y afligidos deberían desear tener consigo: personas capaces de enseñarles el significado y el propósito de la providencia de Dios. Eliú alude a alguien así cuando dice: «Si tuviese cerca de él algún intérprete, uno entre mil, que le declare al hombre lo que es bueno para él» (Job 33:23-24). Tales intérpretes deben guiar la conciencia, no alimentar la curiosidad.

Entonces José los dirigió en la dirección correcta: «¿No pertenecen a Dios las interpretaciones?». Se refería al Dios a quien él adoraba y trataba de guiarlos a conocer también. A Dios le corresponde especialmente revelar lo que sucederá en el futuro (Isaías 46:10). Por eso, Dios merece el reconocimiento por todo don de previsión que tengan las personas, ya sea común o extraordinario. José tuvo cuidado de no atribuirse el mérito y dio la gloria a Dios, tal como lo hizo Daniel (Daniel 2:30). También dejó claro que, si las interpretaciones pertenecen a Dios, entonces Dios es libre de conceder ese don a quien él quiera. Por eso José les dijo que contaran sus sueños.

El sueño del copero principal era una señal esperanzadora de que sería liberado y restituido a su puesto en un plazo de tres días, y José lo explicó de esa manera (Génesis 40:12-13). Probablemente el copero exprimía con frecuencia uvas frescas directamente en la copa del faraón, pues en aquella época todavía no se usaban los métodos modernos para clarificar el vino. José predijo la liberación del copero, pero no predijo la suya. Mucho tiempo antes, había soñado con su propia honra y con que sus hermanos se inclinarían ante él, y tuvo que aferrarse a ese recuerdo sin recibir nuevas pruebas. Las visiones dadas para consuelo del pueblo de Dios a menudo se extienden muy lejos hacia el futuro, mientras que la previsión concedida a otros, como en este caso, quizá solo abarque tres días.

El sueño del jefe de los panaderos anunciaba una muerte dolorosa y acompañada de vergüenza pública (Génesis 40:18-19). Cuando el sueño del copero fue explicado con tanta exactitud, el panadero se animó a contar el suyo. De la misma manera, los hipócritas, cuando escuchan las buenas promesas hechas a los verdaderos creyentes, también quieren participar de ellas, aunque no tengan parte en ese asunto. No fue culpa de José llevarle malas noticias al panadero. Los ministros solo son mensajeros e intérpretes. No pueden hacer que las cosas sean diferentes de lo que son. Por eso, si hablan fielmente y el mensaje resulta desagradable, la culpa no es de ellos. Los sueños malos no deben esperar una interpretación buena.

En quinto lugar, observa cómo José aprovechó esta oportunidad para pedir ayuda a alguien que estaba en la corte (Génesis 40:14-15). Con humildad le pidió al copero, cuya recuperación del favor del faraón había predicho: «Acuérdate de mí cuando te vaya bien». Aunque la prisión se había vuelto tan llevadera como podía serlo una prisión, gracias al respeto que mostraban hacia José, nadie puede culparlo por desear su libertad. Observa la modestia con que describió su situación. No se quejó de sus hermanos, que lo habían vendido. Simplemente dijo: «Fui robado de la tierra de los hebreos», dando a entender que había sido llevado injustamente, sin importar quién tuviera la culpa. Tampoco se detuvo en la injusticia que le habían hecho la mujer que lo acusó o el amo que lo juzgó. Solo dijo con calma que no había hecho nada para merecer que lo metieran en el calabozo.

Cuando necesitemos defendernos, debemos tener cuidado de no hablar mal de otros si podemos evitarlo. Basta con demostrar nuestra propia inocencia, sin apresurarnos a devolver las acusaciones. La petición de José también fue modesta. Solo dijo: «Acuérdate de mí. Por favor, hazme este favor si puedes». Su petición concreta fue: «Sácame de esta casa». No dijo: «Llévame a la casa del faraón y consígueme un puesto en la corte». Pidió libertad, no ascenso. A veces la providencia prepara los mayores honores para quienes menos los esperan o desean.

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