Versículo destacado
Génesis 39:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" así que, después de algún tiempo, la esposa de su amo se fijó en él y un día le dijo: —Acuéstate conmigo. "
Génesis 39:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Desde el día en que Potifar dejó a José a cargo de su casa y de todo lo suyo, el Señor bendijo a Potifar, tanto en su casa como en el campo.
6 Con José al cuidado de todo lo que tenía, Potifar ya no se preocupaba más que de comer. José era muy bien parecido y causaba buena impresión,
7 así que, después de algún tiempo, la esposa de su amo se fijó en él y un día le dijo: —Acuéstate conmigo.
8 Pero José no quiso y le contestó: —Mire usted, mi amo ha dejado a mi cargo todo lo que tiene y, estando yo aquí, no tiene de qué preocuparse.
9 En esta casa nadie es más que yo; mi amo no me ha negado nada, sino solo a usted, pues es su esposa. Así que, ¿cómo podría yo hacer algo tan malo y pecar contra Dios?
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Aquí vemos un ejemplo vergonzoso de la lujuria atrevida y desvergonzada de la esposa del amo de José. Ella había perdido por completo toda virtud y honor, y su conducta no puede leerse ni contemplarse sin provocar una profunda indignación. Fue una misericordia que fuera egipcia, porque si semejante insensatez se hubiera encontrado en Israel, habría traído vergüenza sobre el pueblo de Dios.
Su pecado comenzó con los ojos. Ella miró a José, que era atractivo y de buena presencia (Génesis 39:6-7). La belleza, tanto en el hombre como en la mujer, puede convertirse en una trampa peligrosa, para la propia persona y para los demás. Por eso, la belleza nunca debe llevarnos al orgullo, y siempre debemos estar atentos a las tentaciones que pueden acompañarla. Necesitamos hacer un pacto con nuestros ojos (Job 31:1), para que la mirada no envenene el corazón. La esposa de José tenía un esposo que debería haber sido suficiente para impedirle mirar a otro hombre (Génesis 20:16).
Además, no sentía vergüenza por su pecado. Con un rostro atrevido y la frente de una prostituta, le dijo: «Acuéstate conmigo». Por sus miradas desvergonzadas y sus deseos inmundos, ya había cometido adulterio con él en su corazón. Cuando un espíritu maligno toma el control de una persona, esta se despoja del pudor y rompe los lazos de la vergüenza. Cuando la lujuria domina, no se detiene ante nada ni se avergüenza de nada. La decencia, la reputación y la conciencia son ofrecidas a ese falso dios, Baal-peor.
También fue obstinada e insistente en su tentación. Aun después de que José la rechazó con las razones más firmes, ella siguió repitiendo su perversa petición. Le hablaba día tras día (Génesis 39:10). Esto mostraba hasta qué punto su corazón estaba entregado al mal. También fue una gran prueba para José. Sin duda, Satanás estaba actuando en todo esto. Cuando no pudo derrotar a José mediante las dificultades y el trato cruel del mundo, porque José seguía aferrado a su integridad, lo atacó con placeres suaves y agradables. Estos han arruinado a muchas más personas que las dificultades abiertas.
José, por la gracia de Dios, nos da un ejemplo resplandeciente de dominio propio y pureza de vida. Resistió y venció esta tentación y, según puedo entenderlo, su escape fue una demostración del poder de Dios tan grande como el rescate de los tres jóvenes del horno de fuego.
La tentación fue muy intensa. Nunca hubo un ataque más feroz contra la defensa de la castidad que el que se describe aquí. El pecado era la inmoralidad sexual. Considerando la juventud de José, su buena apariencia, su estado de soltero y la comida abundante que recibía en la casa del funcionario, este era el tipo de pecado que fácilmente podría haberlo atrapado. La tentadora era la esposa de su amo, una mujer de alta posición, a quien se esperaba que obedeciera y cuyo favor podría haberlo llevado muy lejos. Por medio de ella, quizá habría ascendido a los honores más altos de la corte. Pero si la rechazaba y la convertía en su enemiga, corría un gran peligro. También había oportunidad. Ella estaba en la casa con él; José estaba allí atendiendo sus responsabilidades, y no había nadie más de la casa presente (Génesis 39:11). Parecía poco probable que alguien llegara a enterarse y, si se descubría, quizá ella misma podría protegerlo. A todo esto se sumó una presión constante, hasta que finalmente ella llegó a sujetarlo.
La resistencia de José fue valiente, y su victoria fue verdaderamente honorable. La gracia todopoderosa de Dios le permitió vencer el ataque del enemigo. Primero resistió mediante un razonamiento sensato, y cuando se escucha la razón correcta, la fe seguramente prevalecerá. José argumentó a partir del deber que tenía tanto hacia Dios como hacia su amo (Génesis 39:8-9). No quiso hacerle mal a su amo ni causar un daño tan profundo a su honor. Recordó lo bondadoso que había sido su amo, la confianza que había depositado en él y las muchas veces que lo había ayudado. Por eso, detestaba la idea de responder a tanta bondad con semejante ingratitud.
Estamos obligados por el honor, la justicia y la gratitud a no hacerles daño a quienes confían en nosotros, aun cuando pudiéramos hacerlo en secreto. José también dijo: «No hay nadie mayor que yo en esta casa» (Génesis 39:9). Quienes ocupan una posición importante no deben enorgullecerse de ella. Más bien, deben ver su posición como una razón para no pecar. «¿He recibido tantos privilegios? Entonces no haré algo tan malvado. Está por debajo de mí servir a un deseo vergonzoso».
Sobre todo, José no quiso ofender a Dios. Esta fue su razón más poderosa. No se preguntó solamente: «¿Cómo podría hacer esto?» o «¿Cómo me atrevería a hacerlo?». Se preguntó: «¿Cómo podría hacer esto?». Solo podemos hacer lo que nos corresponde hacer conforme a la voluntad de Dios. Es sabio cerrarles la puerta a los pecados con la barrera más firme, incluso considerándolos imposibles para nosotros. Quien ha nacido de Dios no puede seguir viviendo en el pecado (1 Juan 3:9).
El razonamiento de José incluye tres pensamientos. Primero, considera quién es él: «Yo». Otros quizá se permitan semejantes libertades, pero él no puede hacerlo. Es israelita, está en pacto con Dios, profesa la fe y le pertenece a Dios; por eso, tal conducta es prácticamente imposible para él. Segundo, piensa en qué consiste el pecado: «Esta gran maldad». Otros podrían llamarlo un asunto pequeño o un error de juventud, pero José lo ve con claridad. Siempre debemos reconocer el pecado por lo que es, llamarlo por su verdadero nombre y nunca tratar de hacerlo parecer menos grave. En particular, el pecado sexual debe verse siempre como una gran maldad, un pecado especialmente serio que lucha contra el alma. Tercero, considera contra quién se comete el pecado: contra Dios. No solo sería una ofensa contra su amo, contra la esposa de su amo, contra él mismo y contra su propio cuerpo y alma, sino contra Dios. El pueblo de Dios siente esto con mayor intensidad, porque el pecado se opone a la naturaleza y al gobierno de Dios, a su amor y a su buen propósito. Quienes aman a Dios aborrecen el pecado precisamente por esa razón.
José también venció mediante una determinación firme. La gracia de Dios lo ayudó a triunfar al mantenerlo alejado de la tentadora. Ni siquiera quiso escucharla para estar con ella (Génesis 39:10). Quienes desean mantenerse a salvo deben mantenerse fuera del peligro. Deben apartarse del mal y ni siquiera acercarse a él. Y cuando ella lo agarró, José dejó su ropa en las manos de ella (Génesis 39:12). No quiso quedarse ni siquiera para discutir con la tentación, sino que huyó de ella con el mayor horror. Dejó atrás su manto como quien huye para salvar la vida. Es mejor perder un buen manto que una buena conciencia.
De este capítulo
Génesis 39:1
"Cuando José fue llevado a Egipto, un egipcio llamado Potifar lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allá. Potifar era funcionario del faraón y capitán de su guardia."
Génesis 39:2
"Pero el Señor estaba con José, y le iba muy bien mientras vivía en la casa de su amo egipcio."
Génesis 39:3
"Su amo se dio cuenta de que el Señor estaba con José y de que, por eso, a José le iba bien en todo."
Génesis 39:4
"Esto hizo que José se ganara la simpatía de su amo, quien lo nombró su ayudante personal y mayordomo de su casa, y dejó a su cargo todo lo que tenía."
Génesis 39:5
"Desde el día en que Potifar dejó a José a cargo de su casa y de todo lo suyo, el Señor bendijo a Potifar, tanto en su casa como en el campo."
Génesis 39:6
"Con José al cuidado de todo lo que tenía, Potifar ya no se preocupaba más que de comer. José era muy bien parecido y causaba buena impresión,"
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