Versículo destacado
Génesis 38:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Pasó el tiempo y murió la esposa de Judá, la hija de Súa. Cuando Judá dejó de guardar luto, fue al pueblo de Timnat, donde estaban los que trasquilaban sus ovejas, y su amigo Hirá el adulamita lo acompañó. "
Génesis 38:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 El Señor se disgustó mucho por lo que Onán hacía y también a él le quitó la vida.
11 Entonces Judá le dijo a su nuera Tamar: —Quédate viuda en la casa de tu padre hasta que mi hijo Selá sea mayor de edad. En realidad, Judá pensaba que también Selá podría morir como sus hermanos. Así Tamar se fue a vivir a la casa de su padre.
12 Pasó el tiempo y murió la esposa de Judá, la hija de Súa. Cuando Judá dejó de guardar luto, fue al pueblo de Timnat, donde estaban los que trasquilaban sus ovejas, y su amigo Hirá el adulamita lo acompañó.
13 Cuando Tamar supo que su suegro había ido a Timnat a trasquilar sus ovejas,
14 se quitó el vestido de viuda, se cubrió con un velo para que nadie la reconociera y se sentó a la entrada del pueblo de Enaim, que está en el camino a Timnat. Hizo esto porque se dio cuenta de que Selá ya era mayor de edad y, sin embargo, no la habían casado con él.
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Es una historia muy vergonzosa acerca de Judá, y nadie habría esperado semejante necedad en Israel. Judá había enterrado a su esposa, y los viudos deben cuidarse mucho de los deseos carnales, es decir, de los deseos pecaminosos del cuerpo. Además, fue injusto con su nuera Tamar, ya fuera por negligencia o deliberadamente, porque no le dio a su hijo sobreviviente. Así la dejó expuesta a la tentación.
Tamar se entregó perversamente como prostituta a Judá, con la esperanza de que, si el hijo no quería darle descendencia al difunto, quizá el padre sí lo haría. Algunos intentan disculparla diciendo que, aunque era cananea, había aceptado la verdadera religión y creía en la promesa de Dios a Abraham y a sus descendientes, especialmente en la promesa del Mesías, que vendría de la familia de Judá. Si ese era su deseo, se cumplió, pues ella es una de las cuatro mujeres mencionadas en la genealogía de Cristo (Mateo 1:3). Dios perdonó su acto pecaminoso y aceptó su buena intención, lo cual muestra su gran gracia. Sin embargo, esto jamás puede usarse para disculpar ni para animar a nadie más a hacer lo mismo.
El obispo Patrick consideraba probable que Tamar esperara que Sela, quien legítimamente era su esposo, viniera con su padre y que ella pudiera atraerlo hacia sí. Su pecado implicó mucha planificación. Escogió la ocasión en que Judá estaba celebrando y haciendo fiesta con los esquiladores de sus ovejas. Los momentos de alegría con frecuencia se convierten en momentos de tentación, especialmente para el pecado sexual, porque cuando las personas están satisfechas y actúan sin cuidado, su dominio propio se debilita.
También se sentó en un lugar público, como una prostituta (Génesis 38:14). Las mujeres castas, que desean permanecer castas, deben permanecer en sus hogares (Tito 2:5). Parece que en aquellos días las prostitutas se cubrían el rostro para que, aunque no sintieran vergüenza, al menos pudieran aparentarla. El pecado sexual no se exhibía entonces con la misma desvergüenza abierta con que se exhibe ahora.
Judá cayó en la trampa. Aunque pecó sin saber que Tamar era su nuera, siguió siendo culpable voluntariamente de fornicación, es decir, de pecado sexual fuera del matrimonio. Fuera quien fuera aquella mujer, él sabía que no era su esposa, así que no tenía derecho a tocarla. Su pecado no puede suavizarse con ninguna excusa razonable, como algunos intentan hacer con Tamar al decir que quizá su acción tenía un buen propósito. El pecado de Judá comenzó con sus ojos, porque la vio (Génesis 38:15). Como dice Pedro, quienes tienen el corazón lleno de adulterio aprovechan cualquier anzuelo que aparece delante de ellos y están listos para arder ante cualquier chispa (2 Pedro 2:14). Necesitamos hacer un pacto con nuestros ojos y apartarlos de las cosas inútiles, para que el ojo no envenene el corazón.
La vergüenza fue aún mayor porque se exigió, se ofreció y se aceptó el precio de una prostituta: un cabrito del rebaño. ¡Qué precio tan insignificante para ponerle a la castidad y al honor! Aunque el pago hubiera sido de miles de carneros y diez mil ríos de aceite, aun así no habría valido la pena. El favor de Dios, un alma pura, una conciencia limpia y la esperanza del cielo son demasiado preciosos para venderlos a cualquier precio. Ninguna joya de Etiopía puede compararse con ellos. ¿De qué le sirve a una persona ganar el mundo y perder su alma?
Judá también se deshonró al dejar su sello y sus pulseras como garantía por un cabrito. Los deseos carnales no solo son brutales; también son necios y destructivos para los bienes y asuntos de una persona. La prostitución, al igual que el vino y el mosto, primero quita el entendimiento y después se lleva también el sello y las pulseras.
Perdió sus joyas en aquel trato. Envió el cabrito que había prometido para recuperar la garantía, pero no pudieron encontrar a la supuesta prostituta. Lo envió por medio de su amigo, el adulamita, quien en realidad lo estaba ayudando a hacer el mal; por eso era más cómplice que amigo. El informe que trajeron de vuelta, diciendo que no había ninguna prostituta en aquel lugar, habría sido en realidad un buen informe, si era verdad. Personas así son una vergüenza y una plaga para cualquier lugar. Judá estuvo dispuesto a perder su sello y sus pulseras, y le dijo a su amigo que dejara de buscarlos: «No sea que quedemos en ridículo» (Génesis 38:23).
Quizá quiso decir una de dos cosas. O temía que su pecado se hiciera público y que la gente hablara de él, ya que el pecado sexual siempre se ha considerado vergonzoso en quienes son declarados culpables de él. O temía que la gente se burlara de él por haber sido tan necio como para confiarle su sello y sus pulseras a una prostituta. No parecía preocupado por el pecado mismo, sino únicamente por la vergüenza. Muchas personas se preocupan más por conservar su reputación ante los demás que por conservar el favor de Dios y una buena conciencia. Para ellas, «no sea que quedemos en ridículo» importa más que «no sea que seamos condenados».
De este capítulo
Génesis 38:1
"En aquel tiempo, Judá se apartó de sus hermanos y se fue a vivir a la casa de un hombre llamado Hirá, que era del pueblo de Adulam."
Génesis 38:2
"Allí conoció a la hija de un cananeo llamado Súa y se casó con ella. Cuando se unieron,"
Génesis 38:3
"ella quedó embarazada y tuvo un hijo, al cual llamó Er."
Génesis 38:4
"Volvió a quedar embarazada y tuvo otro hijo, al cual llamó Onán."
Génesis 38:5
"Todavía volvió a tener otro hijo, al cual llamó Selá, que nació cuando Judá estaba en Quezib."
Génesis 38:6
"Judá casó a Er, su hijo mayor, con una mujer llamada Tamar."
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