Versículo destacado
Génesis 31:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Jacob se preparó. Hizo montar en los camellos a sus hijos y a sus mujeres. "
Génesis 31:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Al contrario, nos trata como si fuéramos extrañas. ¡Hasta nos vendió y se aprovechó de lo que le pagaste por casarte con nosotras!
16 En realidad, toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos. Así que haz todo lo que Dios te ha dicho.
17 Jacob se preparó. Hizo montar en los camellos a sus hijos y a sus mujeres.
18 Tomó todo lo que tenía y se puso en camino con todos los animales que había recibido por su trabajo en Padán-aram, para regresar a Canaán, donde vivía su padre Isaac.
19 Mientras Labán había ido a otra parte para trasquilar sus ovejas, Raquel le robó sus ídolos familiares.
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Aquí vemos a Jacob huyendo de Labán. Podemos suponer que había pensado en esto durante mucho tiempo y que lo había meditado profundamente. Pero cuando Dios finalmente le dio una orden clara de partir, Jacob no dudó ni se resistió al mandato celestial. Aprovechó la primera buena oportunidad para irse, cuando Labán estaba esquilando sus ovejas; es decir, cuando se encontraba lejos, con parte del rebaño al cuidado de sus hijos, a tres días de camino (Génesis 31:19).
En primer lugar, la partida repentina de Jacob fue legítima. No necesitaba avisarle a Labán con mucha anticipación. Dios le había dicho que se fuera, y esa era razón suficiente. También estaba amparada por el principio básico de la preservación de la vida, que nos enseña a protegernos cuando estamos en peligro, siempre que no hagamos nada malo.
En segundo lugar, Jacob actuó sabiamente al irse en secreto. Si Labán se hubiera enterado a tiempo, podría haberlo detenido o haberle quitado sus bienes por la fuerza. En tercer lugar, Jacob actuó con honestidad al llevarse únicamente lo que le pertenecía: el ganado que había ganado con su trabajo (Génesis 31:18). Tomó lo que la providencia de Dios le había dado y se conformó con ello. No quiso vengarse por su propia cuenta para compensar el daño que había sufrido.
Sin embargo, Raquel no fue tan honesta como su esposo. Robó los ídolos de su padre y se los llevó consigo (Génesis 31:19). La palabra hebrea es *terafines*. Algunos piensan que eran solamente pequeñas figuras de antepasados de la familia, semejantes a estatuas o imágenes, y que Raquel los quería porque se estaba mudando a otro país. Pero parece más probable que fueran objetos de uso religioso, dioses domésticos que se adoraban o se consultaban como oráculos.
Podemos esperar, como sugiere el obispo Patrick, que Raquel no los haya tomado por el valor del metal con que estaban hechos, ni siquiera para usarlos personalmente. Tampoco es probable que los haya llevado porque temiera que Labán los utilizara para descubrir adónde habían ido. Seguramente Jacob vivía con sus esposas como un hombre sabio, y ellas habían recibido una enseñanza mejor que esa. Es más probable que Raquel los haya tomado para mostrarle a su padre lo absurdo que era confiar como dioses en objetos que ni siquiera podían protegerse a sí mismos (Isaías 46:1, 2).
Después vemos a Labán persiguiendo a Jacob. Al tercer día, Labán se enteró de que Jacob había huido. Enseguida reunió a sus parientes, es decir, a los miembros de la familia que estaban de su lado, y salió tras Jacob, así como más adelante Faraón y los egipcios perseguirían a la familia de Jacob. Quería obligar a Jacob a volver a la esclavitud o, por lo menos, despojarlo de sus bienes.
Lo siguió durante siete días (Génesis 31:23). No se habría esforzado ni la mitad para visitar a sus mejores amigos. Pero las personas malvadas muchas veces trabajan más arduamente para satisfacer sus deseos pecaminosos que las personas buenas para mostrar el amor que deben mostrar. Pueden ser más intensas en su ira que en su afecto.
Finalmente, Labán alcanzó a Jacob. Pero la noche anterior a su encuentro, Dios intervino, reprendió a Labán y protegió a Jacob, diciéndole que no le hablara ni bien ni mal (Génesis 31:24). Esto significa que Labán no debía detener a Jacob ni discutir con él acerca de su partida, porque el Señor le había ordenado que se fuera. Encontramos una expresión semejante en Génesis 24:50.
Durante los siete días de persecución, Labán había estado lleno de ira contra Jacob. Esperaba conseguir lo que quería por la fuerza. Pero Dios se acercó a él y, con una sola palabra, lo refrenó, aunque no cambió su corazón. En los sueños y durante el sueño, Dios tiene maneras de abrir los oídos de las personas y grabar sus instrucciones en la mente (Job 33:15, 16). Todavía advierte a las personas por medio de la conciencia, mediante impulsos interiores y silenciosos que los sabios escuchan y obedecen.
La seguridad del pueblo de Dios a menudo depende del poder de Dios sobre la conciencia de las personas malvadas y del acceso que Él tiene a ellas. A veces Dios se manifiesta de manera extraordinaria para rescatar a su pueblo cuando este se encuentra casi al borde de la destrucción. Los judíos fueron librados del plan de Amán justo cuando el decreto del rey estaba a punto de cumplirse (Ester 9:1).
De este capítulo
Génesis 31:1
"Pero Jacob se enteró de que los hijos de Labán andaban diciendo: «Jacob ha tomado todo lo que pertenecía a nuestro padre, y con eso se ha hecho rico»."
Génesis 31:2
"Jacob también notó que Labán ya no lo miraba con buenos ojos como antes."
Génesis 31:3
"Entonces el Señor le dijo a Jacob: «Regresa a la tierra de tus padres, donde están tus parientes, y yo te acompañaré»."
Génesis 31:4
"Jacob mandó llamar a Raquel y a Lía para que fueran al campo donde él estaba con sus ovejas,"
Génesis 31:5
"y les dijo: Me he dado cuenta de que el padre de ustedes ya no me trata como antes; pero el Dios de mi padre siempre me ha acompañado."
Génesis 31:6
"Ustedes saben muy bien que he trabajado para su padre lo mejor que he podido,"
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