Versículo destacado

Génesis 18:23 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Se acercó un poco más a él y le preguntó: —¿Vas a destruir a los inocentes junto con los culpables? "

Génesis 18:23

menu_book El versículo en contexto

21 así que ahora iré allá para ver si su maldad es realmente tan grande como se me ha dicho. Así lo sabré.

22 Dos de los visitantes se fueron de allí hacia Sodoma, pero Abraham todavía permaneció ante el Señor.

23 Se acercó un poco más a él y le preguntó: —¿Vas a destruir a los inocentes junto con los culpables?

24 Tal vez haya cincuenta personas inocentes en la ciudad. Aun así, ¿destruirás la ciudad y no la perdonarás por esos cincuenta?

25 ¡No es posible que hagas eso, que mates al inocente junto con el culpable, como si ambos hubieran cometido los mismos pecados! ¡No hagas eso! Tú, que eres el Juez supremo de todo el mundo, ¿no harás justicia?

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auto_stories Comentario de Bible Guided

La comunión con Dios se mantiene por medio de la Palabra y la oración. En la Palabra, Dios nos habla; en la oración, nosotros le hablamos a él. Dios le había revelado a Abraham sus planes para Sodoma, y Abraham aprovechó esa oportunidad para hablar con Dios acerca de la ciudad.

La Palabra de Dios nos hace bien cuando nos da motivos para orar y despierta en nosotros el deseo de hacerlo. Cuando Dios nos ha hablado, debemos pensar en lo que tenemos que responderle. Entonces Abraham se acercó (Génesis 18:23). Esa expresión sugiere una preocupación santa y una confianza santa. Decidió acercarse a Dios de corazón (Jeremías 30:21) y lo hizo con fe, como un príncipe que tiene acceso al rey (Job 31:37).

Cuando oramos, debemos recordar que nos estamos acercando a Dios. Eso debe llenarnos de reverencia hacia él (Levítico 10:3). Esta es la primera oración solemne registrada en la Biblia, y pide que Dios perdone a Sodoma. Abraham aborrecía profundamente la maldad de sus habitantes. No habría vivido entre ellos, como lo hizo Lot, aunque le hubieran ofrecido las mejores tierras de todo el país. Sin embargo, oró por ellos con fervor.

Debemos aborrecer el pecado, pero tener compasión de los pecadores y orar por ellos. Dios no se complace en su muerte, y nosotros tampoco debemos desearla; más bien, debemos lamentar el día de juicio que se acerca. Abraham pidió primero que los justos que vivían allí fueran perdonados y no perecieran en la misma destrucción. Pensaba especialmente en Lot. Lot lo había tratado mal en el pasado, pero Abraham ya lo había perdonado y olvidado hacía mucho tiempo. Ya había demostrado su amor por Lot al rescatarlo con su espada, y ahora lo demostró otra vez mediante sus oraciones.

Después amplió su petición y pidió que toda la ciudad fuera perdonada por causa de los justos que vivían allí. Dios mismo confirmó esta petición con lo que respondió al primer ruego de Abraham (Génesis 18:26). No debemos orar solo por nosotros, sino también por los demás, porque pertenecemos a la misma familia humana. Todos somos hermanos y hermanas.

Esta oración muestra varias virtudes hermosas. En primer lugar, muestra una gran fe, y la oración de fe es la que prevalece. La fe le presenta a Dios el caso con claridad y llena la boca de argumentos. Abraham confiaba especialmente en la justicia de Dios y estaba seguro de esto: Dios no destruirá al justo junto con el malvado (Génesis 18:23). «¡Lejos esté de ti!» (Génesis 18:25). Nunca debemos pensar algo que rebaje el honor de la justicia de Dios. Pablo usa un argumento parecido en Romanos 3:5-6.

En este mundo, los justos y los malvados suelen estar mezclados. Entre las personas más buenas suele haber algunas malas, y entre las peores a veces hay algunas buenas. Incluso en Sodoma había un hombre justo: Lot. Sin embargo, aunque los justos estén entre los malvados, el Dios justo ciertamente no destruirá al justo junto con el malvado. En esta vida pueden verse afectados por las mismas dificultades, pero en el gran día Dios hará una clara distinción.

Abraham también creía que los justos no sufrirían como los malvados, aunque sufrieran junto con ellos. Las mismas aflicciones tienen un significado muy distinto para los justos que para los malvados (Isaías 27:7). También confiaba en esta verdad: el Juez de toda la tierra hará lo correcto. Esto es verdad porque él es el Juez de toda la tierra. Gobierna sobre todos, lo ve todo y juzgará a todos. Dios nunca ha hecho ni hará algo injusto a ninguna criatura, ya sea negándole lo que es justo o exigiéndole más de lo que corresponde (Job 34:10-11).

En segundo lugar, esta oración muestra una gran humildad. Abraham sentía profundamente su propia indignidad: «Me he atrevido a hablarle al Señor, aunque solo soy polvo y ceniza» (Génesis 18:27). Habla como alguien asombrado de que Dios le permita tener tal atrevimiento. Recuerda la grandeza de Dios, porque él es el Señor, y reconoce su propia pequeñez, porque solo es polvo y ceniza.

Las personas más importantes, respetadas y talentosas siguen siendo polvo y ceniza delante de Dios. Somos débiles, insignificantes y mortales. Cada vez que nos acercamos a Dios, debemos recordar humildemente la gran distancia que existe entre él y nosotros. Él es el Señor de la gloria; nosotros somos criaturas de la tierra. El acceso que tenemos al trono de la gracia y la libertad de hablar allí deben llenarnos de un asombro humilde (2 Samuel 7:18).

Abraham también mostró un profundo temor de provocar el disgusto de Dios: «No se enoje el Señor» (Génesis 18:30, 32). Cuando los creyentes insisten mucho en sus peticiones, podrían temer provocar la ira si estuvieran tratando con otra persona. Pero aquel a quien acudimos es Dios, no un ser humano. Aunque a veces pueda parecernos enojado, en realidad no se enoja con las oraciones de los rectos (Salmo 80:4), porque esas oraciones le agradan (Proverbios 15:8). A Dios le complace cuando las personas luchan con él en oración.

Incluso cuando recibimos señales especiales del favor de Dios, debemos vigilarnos con cuidado para no hacernos culpables delante de él. Por eso, debemos acercarnos con fe al Mediador, aquel que nos lleva a Dios, para que su sacrificio cubra el pecado que se aferra incluso a nuestras cosas santas.

En tercer lugar, esta oración muestra una gran compasión. Abraham veía con compasión a los habitantes de Sodoma. Por mala que fuera la ciudad, pensaba que allí podía haber varias personas buenas. Debemos esperar lo mejor aun de los peores lugares. Si vamos a equivocarnos, es mejor hacerlo en esa dirección. Abraham también mostró un deseo compasivo por el bienestar de Sodoma. Usó toda su influencia ante el trono de la gracia para pedir misericordia por ellos. Nunca lo vemos suplicando por sí mismo y por su propia familia con tanta insistencia como lo hizo aquí por Sodoma.

En cuarto lugar, esta oración muestra gran valentía y confianza basada en la fe. Abraham se atrevió a mencionar un número específico de justos que pensaba que podían estar en Sodoma: cincuenta (Génesis 18:24). Siguió apoyándose una y otra vez en las concesiones de Dios. A medida que Dios le permitía pedir más, él pedía más, con la esperanza de obtener lo que solicitaba. Con humildad, fue reduciendo el número todo lo que pudo, hasta llegar a diez justos entre las cinco ciudades. Tal vez pensaba que, si había diez, las ciudades seguramente serían perdonadas.

La oración tuvo un gran éxito. Abraham luchó en oración y prevaleció de una manera extraordinaria. Como un príncipe, tuvo poder con Dios; era como si solo tuviera que pedir para recibir. En esto se manifiesta la buena voluntad general de Dios, pues aceptó perdonar a los malvados por causa de los justos. Observa cuán dispuesto está Dios a mostrar misericordia. Incluso busca una razón para hacerlo. Esto también muestra cuán grande es la bendición que las personas buenas representan para cualquier lugar, y cuánto se perjudican a sí mismos quienes las odian y las persiguen.

Aquí también se ve el favor especial de Dios hacia Abraham, porque no dejó de concederle sus peticiones hasta que Abraham dejó de pedir. Así de poderosa es la oración.

¿Por qué dejó Abraham de pedir después de llegar a suplicar que la ciudad fuera perdonada si allí se encontraban solo diez justos? Una respuesta es que Abraham aceptaba que la ciudad merecía ser destruida si ni siquiera podía encontrarse en ella ese número de personas buenas. Se parecía al jardinero de la parábola, que estaba dispuesto a que el árbol estéril fuera cortado si un año más no daba fruto (Lucas 13:9).

Otra respuesta es que Dios detuvo a Abraham para que no siguiera pidiendo. Cuando Dios ha decidido traer juicio sobre un lugar, no permite que las personas sigan orando por su preservación (Jeremías 7:16; Jeremías 11:14; Jeremías 14:11).

Entonces terminó la conversación (Génesis 18:33). El Señor siguió su camino. Las visiones que Dios concede no están destinadas a ser constantes en esta vida, en la que caminamos por fe y no por vista. Dios no se fue hasta que Abraham dijo todo lo que quería decir, porque nunca se cansa de escuchar la oración (Isaías 59:1).

Abraham regresó a su lugar. No se llenó de orgullo por el honor que Dios le había mostrado, ni aquellas reuniones especiales lo apartaron de sus deberes habituales. Volvió para esperar y ver lo que sucedería. El resultado mostró que su oración había sido escuchada; sin embargo, Sodoma no fue perdonada, porque no había diez justos en ella. No debemos esperar demasiado de las personas ni esperar muy poco de Dios.

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