Versículo destacado
Gálatas 4:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Lo que quiero decir es esto: mientras el heredero es menor de edad, no se diferencia en nada de un esclavo de la familia, aunque en realidad sea el dueño de todo. "
Gálatas 4:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Lo que quiero decir es esto: mientras el heredero es menor de edad, no se diferencia en nada de un esclavo de la familia, aunque en realidad sea el dueño de todo.
2 Hay personas que lo cuidan y se encargan de sus asuntos hasta el tiempo señalado por su padre.
3 Lo mismo sucedía con nosotros: cuando éramos menores de edad, estábamos sometidos a los poderes que dominan este mundo.
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En este capítulo, el apóstol habla claramente a quienes escuchaban a los maestros judíos que elogiaban la ley de Moisés como si estuviera en contra del evangelio de Cristo. Ellos intentaban volver a poner a los creyentes bajo la carga de la ley. Para corregir ese error, Pablo continúa con la imagen que comenzó en el capítulo anterior: la de un niño que todavía no ha llegado a la mayoría de edad. A partir de esa imagen, muestra cuánto mayores son nuestras bendiciones bajo el evangelio que bajo la ley.
Primero describe la condición de la iglesia del Antiguo Testamento. Era como un niño que todavía no había crecido, y por eso era tratada como tal, mantenida en una condición de oscuridad y esclavitud en comparación con la luz más plena y la libertad que ahora tenemos. Verdaderamente era una dispensación de gracia, pero, en comparación, seguía siendo una dispensación de oscuridad. Así como un heredero, mientras es menor de edad, está bajo tutores y administradores hasta el tiempo establecido por su padre, la iglesia del Antiguo Testamento fue instruida bajo el sistema mosaico, aunque en ese momento no comprendía plenamente su significado. Como Pablo dice en otro lugar, no podían ver con claridad hacia dónde conducía ese sistema, porque estaba destinado a desaparecer (2 Corintios 3:13). Sin embargo, cuando la iglesia llega a la madurez en los tiempos del evangelio, aquellas cosas se vuelven muy útiles.
Aquel estado anterior también era un estado de esclavitud. El pueblo estaba sujeto a los rudimentos del mundo y atado a muchos ritos y ceremonias pesados. Estos servían como lecciones iniciales, semejantes a las primeras enseñanzas de la escuela, pues instruían y preparaban al pueblo. Pero también lo mantenían en una condición inferior y dependiente, como la de un niño bajo tutores y administradores. La iglesia de entonces tenía más el carácter de un siervo: debía hacer todo conforme al mandato de Dios sin conocer plenamente las razones. Bajo el evangelio, en cambio, el servicio se muestra más razonable y más libre. Cuando llegó el tiempo señalado por el Padre para que la iglesia alcanzara la madurez, aquella oscuridad y esclavitud fueron quitadas, y llegaron una luz y una libertad mayores.
Después Pablo se refiere a la condición mucho más dichosa de los cristianos bajo el evangelio (Gálatas 4:4-7). Cuando llegó el cumplimiento del tiempo, el momento que el Padre había establecido para poner fin al dominio de la ley y establecer algo mejor, envió a su Hijo. El escogido para iniciar este nuevo orden no era otro que el Hijo de Dios, el único Hijo del Padre. Él había sido prometido y anunciado desde mucho tiempo atrás, y llegó en el momento preciso para este propósito.
Al llevar a cabo este gran plan, nació de una mujer, lo que habla de su encarnación y de su venida en naturaleza humana. También nació bajo la ley, lo que habla de su sometimiento a ella. El que era verdaderamente Dios se hizo hombre por nosotros. El que era Señor de todo aceptó el lugar de un siervo. Uno de los grandes propósitos de esto fue redimir a los que estaban bajo la ley: liberarnos de aquel yugo pesado y establecer las ordenanzas del evangelio, que son más apropiadas y más fáciles de llevar.
Sin embargo, Cristo vino para algo aún mayor que librarnos de la ley ceremonial. Vino en nuestra naturaleza y estuvo dispuesto a sufrir y morir por nosotros, para redimirnos de la ira de Dios y de la maldición de la ley moral, que nos corresponde como pecadores. Aun así, liberarnos de la antigua esclavitud de la ley fue uno de los propósitos de su venida, y una misericordia que se manifestó cuando él fue revelado. Entonces debía terminar el estado más semejante al de un siervo que tenía la iglesia, para dar lugar a una condición mejor.
Él fue enviado para redimirnos a fin de que recibiéramos la adopción como hijos; es decir, para que ya no fuéramos tratados como siervos, sino como hijos adultos que disfrutan de mayor libertad y privilegios que los niños bajo tutores y administradores. Esto encaja con el argumento de Pablo aquí. Al mismo tiempo, también puede referirse a esa adopción llena de gracia de la que habla con frecuencia el evangelio: el privilegio de quienes creen en Cristo. Israel había sido hijo de Dios, su primogénito (Romanos 9:4). Pero ahora, bajo el evangelio, los creyentes reciben individualmente la adopción. Como prueba y anticipo de ella, también reciben el Espíritu de adopción, quien los guía a orar y los ayuda a acudir a Dios como Padre (Gálatas 4:6). Porque somos hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «Abba, Padre».
Pablo concluye el argumento con esta afirmación (Gálatas 4:7): ya no somos siervos, sino hijos; y, si somos hijos, también somos herederos por medio de Cristo. En otras palabras, bajo el evangelio ya no estamos en la servidumbre de la ley. Cuando creemos en Cristo, llegamos a ser hijos de Dios, aceptados y adoptados por él. Y si somos hijos, también somos herederos de Dios, con derecho a la herencia celestial, como Pablo también dice en Romanos 8:17. Por eso es una gran debilidad y una gran insensatez volver a la ley e intentar ser justificados ante Dios por las obras de la ley.
En este pasaje podemos ver las maravillas del amor y la misericordia divinos hacia nosotros. Vemos al Padre, que envió a su Hijo al mundo para redimirnos y salvarnos. Vemos al Hijo de Dios, que se humilló profundamente y sufrió mucho con ese propósito. También vemos al Espíritu Santo, que habita con gracia en el corazón de los creyentes para alcanzar estos fines benditos.
También vemos las grandes e inestimables ventajas que los cristianos disfrutan bajo el evangelio. Recibimos la adopción como hijos, lo que significa que los creyentes tienen el gran privilegio de convertirse en hijos adoptivos del Dios del cielo. Por naturaleza, somos hijos de ira y de desobediencia, pero por gracia llegamos a ser hijos de amor.
También recibimos el Espíritu de adopción. Todo el que tiene el privilegio de la adopción recibe asimismo este Espíritu, porque todos los que son contados entre los hijos de Dios comparten la vida y la naturaleza de sus hijos. Él quiere que todos sus hijos se parezcan a él. El Espíritu de adopción siempre es también el Espíritu de oración, y en la oración tenemos el deber de acudir a Dios como Padre. Cristo nos enseñó a orar con esa perspectiva, llamando a Dios nuestro Padre que está en los cielos.
Y si somos sus hijos, entonces somos sus herederos. Entre los seres humanos, por lo general, el hijo mayor es quien recibe la herencia. Pero con Dios, todos sus hijos son herederos. Quienes tienen la naturaleza de hijos recibirán la herencia de los hijos.
De este capítulo
Gálatas 4:2
"Hay personas que lo cuidan y se encargan de sus asuntos hasta el tiempo señalado por su padre."
Gálatas 4:3
"Lo mismo sucedía con nosotros: cuando éramos menores de edad, estábamos sometidos a los poderes que dominan este mundo."
Gálatas 4:4
"Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, quien nació de una mujer y estuvo sometido a la ley de Moisés,"
Gálatas 4:5
"para rescatarnos a quienes estábamos bajo esa ley y concedernos disfrutar de los derechos de hijos de Dios."
Gálatas 4:6
"Y porque ya somos sus hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones; y el Espíritu clama: «¡Abbá! ¡Padre!»"
Gálatas 4:7
"Así pues, tú ya no eres esclavo, sino hijo de Dios; y por ser hijo suyo, es voluntad de Dios que también seas su heredero."
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