Versículo destacado
Ezequiel 6:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor me dijo: Laméntate golpeando con las manos y los pies; lanza gritos de dolor por las maldades detestables del pueblo de Israel, pues va a morir a causa de la guerra, el hambre y las enfermedades. "
Ezequiel 6:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Los sobrevivientes se acordarán de mí en esas naciones; recordarán cómo los hice sufrir por haberme sido infieles y por haberse apartado de mí para adorar ídolos. Sentirán asco de sí mismos por todas las maldades que han cometido y por todas sus acciones detestables.
10 Entonces reconocerán que yo soy el Señor y que, cuando prometí enviarles estos males, mis amenazas no fueron vanas.”
11 El Señor me dijo: Laméntate golpeando con las manos y los pies; lanza gritos de dolor por las maldades detestables del pueblo de Israel, pues va a morir a causa de la guerra, el hambre y las enfermedades.
12 Los que estén lejos morirán por las enfermedades; los que estén cerca morirán en la guerra, y los que permanezcan con vida morirán de hambre. Así terminaré de descargar mi ira contra ellos.
13 Cuando vean los cadáveres de esa gente entre sus ídolos y alrededor de los altares, en todas las colinas elevadas, en las cumbres de los montes, debajo de todo árbol verde, debajo de toda encina frondosa y en los lugares donde ofrecieron a sus ídolos perfumes agradables, entonces reconocerán que yo soy el Señor.
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Aquí se repiten las mismas advertencias que se habían dado en el capítulo anterior y en la primera parte de este capítulo. También se le ordena al profeta lamentarse por ellos, para que quienes lo escucharan sintieran el peso de lo que estaba por suceder.
El profeta debía mostrar con sus acciones, además de sus palabras, cuán profundamente sentía tanto los pecados de Israel como las desgracias que le sobrevendrían (Ezequiel 6:11). Se le ordena golpear con la mano y pisotear con el pie. Esto demostraría que hablaba en serio, que realmente creía lo que decía y que había tomado el mensaje a pecho. También expresaría su indignación por los pecados del pueblo y su temor ante los juicios que se acercaban.
Algunos podrían burlarse de este tipo de conducta y considerarla extraña o insensata. Pero Dios la ordenó porque podía grabar el mensaje en el corazón de algunos y darle mayor fuerza. Quienes se preocupan por las almas están dispuestos a que las personas ingeniosas se burlen de ellos si así pueden ayudar a los débiles a crecer en entendimiento.
El profeta debía lamentarse por dos cosas. Primero, por los pecados de la nación: «¡Ay de todas las perversas abominaciones de la casa de Israel!». Los pecados de quienes hacen el mal son motivo de tristeza para los siervos fieles de Dios, especialmente las perversas abominaciones de Israel, porque sus pecados son más detestables y perjudiciales que los de otros. Era como lamentar lo que finalmente resultaría de todo aquello. Segundo, debía lamentarse por los juicios que caerían sobre la nación. A causa de esas abominaciones, caerían por la espada, por el hambre y por la peste. Es nuestro deber preocuparnos no solo por nuestros propios pecados y sufrimientos, sino también por los pecados y sufrimientos de los demás. Debemos mirar con compasión la miseria que las personas malvadas acarrean sobre sí mismas, así como Cristo miró a Jerusalén y lloró por ella.
También debía repetir lo que ya se había anunciado acerca de la destrucción que les sobrevendría. Serían perseguidos y arruinados por distintos juicios, y ninguno de sus escondites podría protegerlos (Ezequiel 6:12). El que estuviera lejos y pensara estar seguro porque se encontraba fuera del alcance de los caldeos descubriría que no estaba fuera del alcance de Dios. Las flechas de Dios vuelan de día y de noche (Salmo 91:5), y esa persona moriría de peste. El que estuviera cerca de una fortaleza y esperara encontrar allí seguridad caería por la espada antes de poder escapar. El que permaneciera dentro de la ciudad pensando que actuaba con prudencia moriría allí de hambre, la muerte más triste de todas. De esta manera Dios consumaría su ira; es decir, llevaría a cabo todo lo que había planeado hacer contra ellos.
También verían su pecado reflejado en su castigo. Sus hombres muertos yacerían entre sus ídolos y alrededor de sus altares, como ya se había dicho (Ezequiel 6:5-7). En los mismos lugares donde se inclinaban para honrar a sus ídolos, Dios los dejaría muertos, para vergüenza de ellos y de los ídolos en los que habían confiado. Habían vivido entre sus ídolos y morirían entre ellos. Les ofrecían incienso de aroma agradable, pero sus cuerpos muertos despedirían un olor repugnante, como respuesta a aquella falsa adoración.
Toda la tierra también quedaría arruinada, tal como antes se había anunciado que serían destruidas las ciudades (Ezequiel 6:6): «Haré desolada la tierra». Ese país fértil, agradable y densamente poblado, que antes era como el jardín del Señor y la gloria de todas las tierras, se volvería más desolado que el desierto hacia Diblath (Ezequiel 6:14). También se lo llama Diblataim (Números 33:46; Jeremías 48:22), un desierto grande y terrible descrito en Deuteronomio 8:15, donde había serpientes ardientes y escorpiones. Incluso la tierra de Canaán es ahora uno de los lugares más áridos y desolados del mundo. La ciudad y el campo quedarían vacíos, para que los altares fueran derribados y quedaran desolados (Ezequiel 6:6). En vez de permitir que permanecieran en pie sus altares idólatras, Dios convertiría en ruinas tanto la ciudad como el campo. El pecado trae desolación; por eso, reverencien a Dios y no pequen.
De este capítulo
Ezequiel 6:1
"El Señor se dirigió a mí y me dijo:"
Ezequiel 6:2
"Mira hacia los montes de Israel y háblales en mi nombre"
Ezequiel 6:3
"de esta manera: “Escuchen, montes de Israel, lo que dice el Señor a los montes, las colinas, los ríos y los valles: Voy a traer la guerra sobre ustedes y a destruir sus lugares altos de culto pagano."
Ezequiel 6:4
"Haré pedazos los altares donde ustedes ofrecen sacrificios y queman incienso, y haré que sus hombres caigan muertos delante de los ídolos."
Ezequiel 6:5
"Arrojaré los cadáveres de los israelitas delante de sus ídolos y esparciré sus huesos alrededor de sus altares."
Ezequiel 6:6
"En todos los lugares donde ustedes vivan, las ciudades serán destruidas y sus altares de culto pagano quedarán en ruinas. Sus altares serán completamente destruidos; sus ídolos serán hechos pedazos; sus altares para quemar incienso serán derrumbados, y todo lo que ustedes han hecho desaparecerá."
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