Versículo destacado
Ezequiel 5:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
El Señor me dijo: Ahora, hombre, toma un cuchillo afilado como una navaja de afeitar y rápate la cabeza y la barba. Luego toma una balanza y divide tu pelo en tres partes.
Ezequiel 5:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El Señor me dijo: Ahora, hombre, toma un cuchillo afilado como una navaja de afeitar y rápate la cabeza y la barba. Luego toma una balanza y divide tu pelo en tres partes.
3 Toma unos cuantos de aquellos pelos y átalos en el borde de tu vestido.
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Esta es la señal que muestra la destrucción completa de Jerusalén. Como antes, el profeta mismo se convierte en la señal, para que el pueblo vea cuánto le duele Jerusalén y cuánto pesa en su corazón, aun mientras anuncia su ruina. Le importa tanto que considera lo que le sucede a Jerusalén como si le estuviera sucediendo a él. Está muy lejos de desear que llegue ese día triste.
Debe afeitarse el cabello de la cabeza y la barba (Ezequiel 5:1). Esto mostraba que Dios rechazaba y abandonaba por completo a ese pueblo, como si fuera una nación inútil y sin valor, que ya no podía ser preservada. De hecho, para Dios sería justo librarse de ellos. Sus juicios, y todos los instrumentos que usa para eliminarlos, son como un cuchillo afilado y una navaja que cumplen bien su propósito. Jerusalén había sido la cabeza, pero se había convertido en cabello. Cuando el cabello crece demasiado, se vuelve una carga que uno desea quitarse; así ocurría con los pecadores de Sion. Dios declaraba que se libraría de sus enemigos (Isaías 1:24). Ezequiel no debía recortar únicamente el cabello sobrante, sino afeitarlo todo, mostrando el fin completo que Dios traería sobre Jerusalén. El cabello que las advertencias de los profetas no lograran mantener limpio y ordenado sería quitado mediante una destrucción total. Quienes no aceptan la corrección terminan en ruina.
Debe pesar el cabello y dividirlo en tres partes. Esto muestra con cuánta precisión Dios dirige sus juicios conforme a la justicia. Él pesa a las personas y sus acciones en la balanza segura de la verdad y la rectitud. También muestra que la justicia divina emplea distintas formas de castigo para distintas personas. De una manera u otra, todos recibirán su debido trato. Algunos entienden que afeitarse el cabello era una señal de que el pueblo perdería su libertad y su honor. Era una marca de vergüenza, como cuando Hanún humilló a los embajadores de David. También mostraba la pérdida de la alegría, pues la gente se afeitaba la cabeza en momentos de profundo luto. Además, puede relacionarse con la pérdida de su condición de nazareos, ya que afeitarse la cabeza ponía fin a ese voto (Números 6:18), y Jerusalén ya no sería tratada como una ciudad santa.
Después debe disponer el cabello de modo que todo sea destruido o esparcido (Ezequiel 5:2). Una tercera parte debía quemarse en medio de la ciudad, representando a los muchos que morirían de hambre y de peste, y probablemente también a quienes perecerían cuando la ciudad misma ardiera al terminar el sitio. O bien, la quema de aquella ciudad gloriosa hasta convertirla en cenizas podía contarse como una tercera parte de la destrucción anunciada. Otra tercera parte debía cortarse con la espada, representando a los muchos que morirían durante el sitio: ya fuera al salir contra los atacantes o, especialmente, cuando la ciudad fuera tomada por asalto y los babilonios, los caldeos, atacaran con furia mientras los judíos estuvieran indefensos. La última tercera parte debía esparcirse al viento, mostrando que algunos serían llevados a la tierra del conquistador y otros huirían a países cercanos en busca de seguridad. Serían expulsados en todas direcciones, como cabellos sueltos llevados por el viento. Pero para que no pensaran que esparcirse significaba escapar, Dios añade que enviaría una espada tras ellos, de modo que el mal los seguiría adondequiera que fueran. Dios tiene muchas maneras de llevar a cabo la ruina de un pueblo pecador y de ponerle fin cuando comienza a juzgarlo.
También debe conservar una pequeña cantidad del tercer grupo esparcido al viento y atarla en el borde de su manto, como quien sostiene con cuidado algo precioso (Ezequiel 5:3). Esto pudo representar al pequeño grupo que quedó bajo el gobierno de Gedalías, el gobernador puesto sobre la tierra, con la esperanza de que permaneciera en ella después de que el resto del pueblo fuera llevado al cautiverio. De ese modo, Dios habría tratado con bondad a esas personas si ellas hubieran actuado con sabiduría. Pero incluso esos pocos sobrevivientes debían ser tomados y arrojados al fuego (Ezequiel 5:4). Cuando Gedalías y sus amigos fueron asesinados, el pueblo que se había puesto bajo su protección se dispersó. Algunos huyeron a Egipto y otros fueron llevados por los babilonios, hasta que finalmente la tierra quedó vacía. Entonces la señal se cumplió, porque de aquellos problemas se extendió un fuego por toda la casa de Israel; como combustible en un incendio, sus habitantes continuaron encendiéndose y destruyéndose unos a otros. Es una mala señal para un pueblo cuando quienes parecían haber sido apartados como muestra de misericordia son eliminados en medio de la ira, porque entonces no queda remanente ni escapatoria: nadie queda protegido y nadie permanece.
De este capítulo
Ezequiel 5:2
"Cuando termine el ataque a la ciudad, quema una de las tres partes del pelo en medio de la ciudad; después toma un cuchillo y corta otra de esas tres partes de pelo alrededor de la ciudad, y lanza al viento la parte restante. Yo iré detrás de la gente de la ciudad con una espada en la mano."
Ezequiel 5:3
"Toma unos cuantos de aquellos pelos y átalos en el borde de tu vestido."
Ezequiel 5:4
"Luego toma unos pocos de ellos y échalos al fuego para que se quemen. De allí saldrá fuego contra todo el pueblo de Israel."
Ezequiel 5:5
"Yo, el Señor, lo digo: Ahí está Jerusalén. Yo fui quien la puso en medio de los pueblos y las naciones."
Ezequiel 5:6
"Pero ella se rebeló contra mis leyes y mandatos, y ha resultado peor que los pueblos y las naciones que están a su alrededor, pues no obedece mis leyes ni sigue mis mandatos."
Ezequiel 5:7
"Por eso yo, el Señor, lo digo: Ustedes han sido más rebeldes que los pueblos que los rodean y no han seguido mis mandatos; ni siquiera han cumplido las leyes de los pueblos que los rodean."
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