Versículo destacado
Ezequiel 21:28 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Tú, hombre, habla en mi nombre y diles de mi parte a los amonitas que insultan a Israel que la espada ya está desenfundada: lista para matar y pulida para lanzar rayos y destruir. "
Ezequiel 21:28
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
26 Yo, el Señor, digo: Te quitarán el turbante, te arrebatarán la corona y todo será diferente. ¡Que llegue a la cumbre lo que está en el llano, y que caiga por tierra lo que está en la cumbre!
27 Todo lo convertiré en ruinas, ruinas y más ruinas. Pero esto solo sucederá cuando venga aquel a quien, por encargo mío, le corresponde hacer justicia.
28 Tú, hombre, habla en mi nombre y diles de mi parte a los amonitas que insultan a Israel que la espada ya está desenfundada: lista para matar y pulida para lanzar rayos y destruir.
29 Sus visiones son falsas y sus predicciones son mentira. La espada caerá sobre el cuello de esos malvados criminales. Ya se acerca el momento de su castigo final.
30 ¡Espada, vuelve a tu funda! Yo te juzgaré allí donde te forjé, en la tierra en que naciste,
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La advertencia aquí se refiere a la destrucción de los amonitas, que Nabucodonosor llevó a cabo unos cinco años después de la caída de Jerusalén. Parece que esto se menciona porque el rey de Babilonia primero se dirigió contra Rabá, la ciudad principal de Amón, pero después cambió el rumbo de su ataque hacia Jerusalén. Cuando ocurrió esto, los amonitas se llenaron de orgullo y se burlaron de Jerusalén. El profeta les dice que la demora no equivale a escapar. Su momento también llegará, y les servirá de poco consuelo ser destruidos al final.
Primero, se señala su pecado en la vergüenza que les sobrevino (Ezequiel 21:28). Se avergonzaron a sí mismos al escuchar a falsos profetas, que al parecer estaban entre ellos, tal como entre los judíos. Esos profetas afirmaban que los amonitas estarían seguros para siempre, aun mientras las naciones vecinas eran devastadas. «Ven visiones falsas para ustedes y les dicen mentiras» (Ezequiel 21:29). Los halagan con promesas de paz, y ellos son tan insensatos que les creen y los animan.
Quienes se engrandecen con un orgullo falso en los tiempos buenos suelen dejar una vergüenza más profunda para el día de la angustia. Los amonitas también avergonzaron al pueblo de Dios cuando se rieron del sufrimiento de Israel y aumentaron su dolor. Sus falsos maestros los habían vuelto arrogantes, haciéndoles creer que eran mejores que Israel porque ellos habían sido perdonados, mientras que Israel había sido herido. Llegaron a enorgullecerse tanto que incluso pisotearon el cuello de los israelitas que habían sido asesinados por los malvados caldeos, a quienes Dios había permitido ejecutar su juicio cuando la culpa de Israel había llegado a su colmo. Volvemos a encontrar este mismo pecado en Ezequiel 25:3 y siguientes. Quienes pisotean al pueblo de Dios en su angustia avanzan rápidamente hacia la ruina, sobre todo cuando el juicio ya ha comenzado por la casa de Dios.
En segundo lugar, el capítulo amenaza a los amonitas con una destrucción completa. El insulto que lanzaron contra el pueblo de Dios recaerá sobre ellos, como dice Salmo 79:12. Su destrucción será terrible. Vendrá por la ira de Dios, quien considera que el mal hecho a su pueblo es un mal hecho contra él mismo (Ezequiel 21:31). «Derramaré sobre ti mi enojo como una lluvia de fuego y azufre». Hasta la más pequeña gota de la ira de Dios basta para traer miseria y angustia al pecador. ¡Cuánto más lo hará el torrente completo de su ira! Él dice: «Soplaré contra ti con el fuego de mi furor», es decir, avivará ese fuego hasta que arda con intensidad. Ellos mismos se convertirán en combustible para ese fuego (Ezequiel 21:32).
Su ruina también vendrá por la espada de la guerra. A ellos, como antes a Israel, se les anuncia: «La espada, la espada está desenvainada» (Ezequiel 21:28; compárese con Ezequiel 21:9-10). Está desenvainada para destruir, porque brilla y está lista para usarse. Los juicios de Dios estarán a la altura de sus preparativos. Una vez desenvainada, esa espada no volverá a su vaina (Ezequiel 21:30) hasta haber cumplido la obra para la que fue enviada. Cuando Dios ha establecido su propósito, nadie puede hacerlo retroceder.
A los hombres que llevarán a cabo esta tarea se les describe como brutales y expertos en destruir. Poseen inteligencia humana, por lo que pueden ejecutar bien su trabajo, pero carecen de bondad humana y solo son hábiles para hacer daño a los demás. Aunque hombres así son una vergüenza para la humanidad, Dios a veces los usa para cumplir sus propósitos. Él entrega a los amonitas en sus manos, y eso es justo, porque los propios amonitas eran brutales y se deleitaban en la destrucción del Israel de Dios. Por eso tenemos razones para orar, como Pablo pidió que la iglesia orara por él, para ser librados de hombres perversos y malvados (2 Tesalonicenses 3:2).
El juicio llegará precisamente en la tierra donde comenzaron los amonitas, donde fueron formados por primera vez como nación y donde habían vivido desde entonces. Dios los juzgará en el lugar donde parecían más establecidos y seguros. La tierra de su nacimiento se convertirá en la tierra de su ruina. Dios puede traer desastre sobre nosotros justamente donde nos sentimos más seguros, y puede expulsarnos del lugar que creíamos imposible que alguien nos quitara. Su sangre será derramada no solo en sus fronteras, sino también en el centro de su tierra.
Al final, su ruina será permanente e irreparable. Aunque esperen recuperarse, será inútil. Ya no serán recordados con honor (Salmo 9:6). Es justo que su nombre sea borrado, pues ellos querían que el nombre de Israel desapareciera para siempre.
De este capítulo
Ezequiel 21:1
"Entonces el Señor se dirigió a mí y me dijo:"
Ezequiel 21:2
"Tú, hombre, vuélvete hacia Jerusalén y dirige tu palabra contra su templo. Habla en mi nombre contra el país de Israel,"
Ezequiel 21:3
"y dile: “Esto dice el Señor: Yo me declaro enemigo tuyo. Voy a sacar mi espada y mataré tanto a justos como a pecadores."
Ezequiel 21:4
"Sí, voy a sacar mi espada para matar a todos por igual, a justos y a pecadores, desde el norte hasta el sur."
Ezequiel 21:5
"Y todo el mundo sabrá que yo, el Señor, he sacado la espada y no volveré a guardarla”."
Ezequiel 21:6
"Y tú, hombre, llora amargamente y con el corazón hecho pedazos; llora delante del pueblo."
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