Versículo destacado
Éxodo 5:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Los jefes de grupo israelitas fueron a quejarse ante el faraón y le dijeron: —¿Por qué trata así Su Majestad a estos siervos suyos? "
Éxodo 5:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 Todos los días, los capataces del faraón les exigían la misma cantidad de adobes que hacían cuando se les daba paja.
14 Además, golpeaban a los jefes de grupo israelitas y les decían: —¿Cómo es que ni ayer ni hoy completaron ustedes la misma cantidad de adobes que hacían antes?
15 Los jefes de grupo israelitas fueron a quejarse ante el faraón y le dijeron: —¿Por qué trata así Su Majestad a estos siervos suyos?
16 Ya no se nos da paja y, sin embargo, se nos exige que hagamos adobes; además, se nos golpea. ¡La culpa es de la gente de Su Majestad!
17 Pero el faraón respondió: —¡Ustedes no son más que unos holgazanes! Por eso andan diciendo: «Vayamos a ofrecer sacrificios al Señor».
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Los líderes del pueblo se encontraban en una situación muy difícil. Tenían que elegir entre maltratar a los trabajadores que estaban bajo su autoridad o ser maltratados por los oficiales que estaban sobre ellos. Parece que preferían sufrir un trato cruel antes que transmitirlo a otros, y eso fue lo que sucedió. En esta situación tan dolorosa, como muestra Éxodo 5:19, conviene observar varias cosas.
En primer lugar, hicieron bien en presentar su queja ante el faraón. Fueron y clamaron a él (Éxodo 5:15). ¿A quién más debían llevar su reclamo sino al gobernante supremo, puesto allí para proteger a quienes estaban siendo maltratados? El faraón era cruel, pero sus súbditos oprimidos todavía tenían derecho a quejarse ante él. No había ninguna ley que les prohibiera pedir alivio. Su informe fue humilde, pero serio: «Tus siervos son golpeados» (Éxodo 5:16). Sin duda, los golpes fueron severos, especialmente en un momento tan tenso. Sin embargo, la culpa recaía en los propios oficiales del faraón, los capataces, que se negaban a darles lo necesario para realizar el trabajo.
Es común que quienes tienen mayor culpa sean los más duros para culpar a los demás. Pero ¿qué ganaron los trabajadores al hablar? Las cosas solo empeoraron. El faraón se burló de ellos (Éxodo 5:17). Estaban a punto de morir de tanto trabajar, y aun así los llamó perezosos. Estaban agotados por el trabajo pesado, pero él los acusó de estar ociosos. La única razón que dio fue que ellos habían dicho: «Déjanos ir a ofrecer sacrificios». Es común que a las mejores acciones se les pongan los peores nombres. Muchas personas llaman descuido irresponsable de los deberes cotidianos al esfuerzo santo realizado al servicio de Dios. Es un consuelo saber que las personas no son nuestros jueces definitivos. Dios conoce las razones de nuestras acciones. Quienes trabajan fielmente para ofrecer sacrificios al Señor escaparán del juicio de Dios reservado para los siervos perezosos, aunque la gente los malinterprete.
Luego el faraón hizo más pesada su carga, diciendo: «Vayan ahora y trabajen» (Éxodo 5:18). Las personas malvadas suelen actuar con maldad. ¿Qué otra cosa podemos esperar de los injustos sino más injusticia?
El pueblo también se quejó injustamente de Moisés y Aarón: «Que el Señor los mire y los juzgue» (Éxodo 5:21). Eso no fue justo. Moisés y Aarón ya habían demostrado claramente su preocupación por la libertad de Israel. Sin embargo, como las cosas no salieron bien de inmediato, los culparon como si hubieran contribuido a causar la esclavitud. El pueblo debió humillarse delante de Dios y reconocer la vergüenza de su propio pecado, pues ese pecado había apartado de ellos las cosas buenas. En lugar de eso, se volvieron contra sus mejores amigos y culparon precisamente a los hombres que Dios estaba usando para rescatarlos, debido a las demoras y dificultades del proceso.
Quienes son llamados a servir públicamente a Dios y a su generación deben esperar pruebas. No solo enfrentarán las amenazas de enemigos orgullosos, sino también las críticas injustas de amigos descuidados. Esas personas juzgan por las apariencias y no miran lo suficientemente lejos. ¿Qué hizo Moisés en esta situación tan dolorosa? Le afligió profundamente que el resultado no coincidiera con su esperanza, y las palabras amargas del pueblo lo hirieron como una espada. Aun así, se volvió al Señor (Éxodo 5:22). Llevó el asunto ante Dios porque sabía que había actuado por dirección de Dios. Por eso recibió sus acusaciones como si fueran dirigidas contra Dios mismo y, al igual que Ezequías, presentó el asunto delante del Señor y apeló a él. Compárese esto con Jeremías 20:7-9. Cuando estamos confundidos y encontramos obstáculos en el camino del deber, debemos acudir a Dios y exponerle con sinceridad nuestro caso en oración. Si nos retiramos, que sea para refugiarnos en él y en nadie más.
Moisés también habló con franqueza a Dios acerca de lo que no podía entender (Éxodo 5:22-23). No lograba conciliar la providencia de Dios —es decir, la manera en que Dios gobierna los acontecimientos— con la promesa y la misión que había recibido. ¿Era realmente esta la manera en que Dios había decidido descender para liberar a Israel? ¿Acaso él, que había esperado bendecir al pueblo, se estaba convirtiendo en una carga para ellos? Al intentar sacarlos del pozo, parecía haberlos empujado todavía más profundamente. Por eso preguntó: «¿Por qué has tratado tan mal a este pueblo?». Aun cuando Dios se acerca a su pueblo con misericordia, a veces usa métodos que hacen que se sientan maltratados. Lo que tiene el propósito de ayudarlos puede parecer un obstáculo. Lo que se esperaba que fuera para su bien puede convertirse, por un tiempo, en una trampa. Dios permite esto para enseñarnos a no confiar en el ser humano ni apoyarnos en ayudantes humanos como si fueran nuestra esperanza definitiva.
Moisés también preguntó: «¿Por qué me enviaste?». Se estaba quejando de su falta de éxito. El faraón solo había empeorado las cosas, y no parecía haberse logrado ningún avance hacia la liberación. Para cualquiera que Dios use es difícil ver que su trabajo no produce ningún bien; y es aún más doloroso ver que al final parece producir daño, aunque ese nunca haya sido el propósito. Es especialmente doloroso para un ministro fiel ver que sus esfuerzos por convencer y convertir a las personas solo despiertan más pecado, fortalecen los prejuicios, endurecen los corazones y las dejan en incredulidad. Una decepción así puede llevar a una persona a una profunda tristeza, como le ocurrió al profeta en Ezequiel 3:14.
O quizá Moisés estaba preguntando qué más debía hacer para cumplir su tarea. «¿Por qué me enviaste?» podía significar: «¿Qué otra manera debo intentar para obedecer la misión que me diste?». Las decepciones en nuestro trabajo no deben alejarnos de Dios. Aun así, debemos seguir preguntándole por qué nos ha enviado.
De este capítulo
Éxodo 5:1
"Después de esto, Moisés y Aarón fueron a decirle al faraón: —Así ha dicho el Señor, el Dios de Israel: «Deja ir a mi pueblo al desierto para que celebre allí una fiesta en mi honor»."
Éxodo 5:2
"Pero el faraón respondió: —¿Y quién es «el Señor» para que yo le obedezca y deje ir a los israelitas? Ni conozco al Señor ni tampoco voy a dejar ir a los israelitas."
Éxodo 5:3
"Entonces ellos dijeron: —El Dios de los hebreos ha venido a nuestro encuentro; así que iremos al desierto, a una distancia de tres días de camino, para ofrecer sacrificios al Señor nuestro Dios, no sea que nos haga morir por una peste o a filo de espada."
Éxodo 5:4
"Pero el rey de Egipto les dijo: —Moisés y Aarón, ¿por qué distraen a la gente de su trabajo? ¡Vayan a seguir trabajando!"
Éxodo 5:5
"El faraón también les dijo: —Ahora que hay tantos israelitas en el país, ¿van ustedes a hacer que dejen de trabajar?"
Éxodo 5:6
"Ese mismo día, el faraón ordenó a los capataces y a los jefes de grupo:"
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