Versículo destacado
Éxodo 4:24 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Durante el camino, en el lugar donde Moisés y su familia iban a pasar la noche, el Señor salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo. "
Éxodo 4:24
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
22 Entonces le dirás al faraón: “Así dice el Señor: Israel es mi hijo mayor.
23 Ya te he dicho que dejes salir a mi hijo para que vaya a adorarme; pero, como no has querido dejarlo salir, yo mataré a tu hijo mayor”.
24 Durante el camino, en el lugar donde Moisés y su familia iban a pasar la noche, el Señor salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo.
25 Entonces Séfora tomó un cuchillo de piedra y cortó el prepucio de su hijo. Luego, tocando con el prepucio del niño los pies de Moisés, le dijo: «En verdad, tú eres para mí un esposo de sangre».
26 Entonces el Señor dejó ir a Moisés. Y Séfora dijo que Moisés era un esposo de sangre debido a la circuncisión.
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Moisés ya iba camino a Egipto, y se nos cuenta cómo Dios salió a su encuentro con ira (Éxodo 4:24-26). Este es un pasaje difícil, y muchos han escrito cosas valiosas acerca de él. Procuraremos explicar su significado de una manera provechosa.
En primer lugar, vemos el pecado de Moisés: no había circuncidado a su hijo. Esto quizá se debió a que se había unido demasiado a su esposa madianita; tal vez ella había sido demasiado permisiva con su hijo, mientras que Moisés lo había sido con ella. Debemos cuidar atentamente nuestro corazón, no sea que el amor por alguna persona llegue a ser más fuerte que nuestro amor por Dios y nos aparte de cumplir con nuestro deber para con él. Por ejemplo, a Elí se le acusó de honrar a sus hijos más que a Dios (1 Samuel 2:29), y Jesús también nos advierte acerca de este peligro (Mateo 10:37).
Incluso las personas buenas pueden enfriarse en su celo por Dios y por el cumplimiento de sus deberes cuando permanecen apartadas durante mucho tiempo de la compañía de los creyentes. La soledad tiene algunos beneficios, pero rara vez compensa la pérdida de la comunión cristiana.
En segundo lugar, vemos el desagrado de Dios contra Moisés. Dios salió a su encuentro y, probablemente por medio de un ángel con una espada en la mano, procuró matarlo. Fue un cambio repentino. Poco tiempo antes, Dios había hablado con Moisés como con un amigo y le había confiado una gran tarea; ahora venía contra él como un enemigo.
Las omisiones también son pecados y serán juzgadas, especialmente cuando una persona descuida la señal del pacto, la marca que confirma la promesa de Dios. Tal descuido demuestra que la persona no valora las promesas del pacto como debería y quizá tampoco está conforme con sus condiciones. Si alguien hace un acuerdo, pero se niega a sellarlo y confirmarlo, tenemos razones para dudar de que realmente quiera cumplirlo. Dios ve los pecados de su propio pueblo y se disgusta profundamente con ellos. Si descuidan su deber, deben esperar que su conciencia los atormente y quizá también que enfrenten dificultades externas. Algunos piensan que la enfermedad de Moisés en este pasaje pudo haber sido una de esas dificultades.
En tercer lugar, vemos el cumplimiento inmediato del deber que se había descuidado. El hijo de Moisés debía ser circuncidado. Como Moisés mismo no podía hacerlo, Séfora, su esposa madianita, lo hizo en aquella emergencia. Sus palabras quizá fueron pronunciadas con enojo, mostrando su rechazo al rito mismo o, al menos, a que se llevara a cabo en un niño tan pequeño durante un viaje. Otros piensan que sus palabras fueron apropiadas: quizá fueron una manera solemne de entregar al niño a Dios mediante el pacto de la circuncisión, o una expresión de gratitud a Dios por haber perdonado la vida de su esposo y, en cierto sentido, habérselo devuelto. No puedo decir con certeza cuál interpretación es correcta.
Sí aprendemos dos cosas. Cuando Dios nos muestra lo que está mal en nuestra vida, debemos actuar pronto para corregirlo, especialmente regresando a los deberes que hemos descuidado. Además, apartarnos del pecado es necesario si queremos que Dios retire sus juicios. Cada vara de disciplina nos llama a regresar a Aquel que nos disciplina.
En cuarto lugar, vemos que Moisés fue liberado después de esto. Dios lo dejó ir, la enfermedad pasó, el ángel destructor se retiró y todo quedó bien. Sin embargo, Séfora no pudo olvidar el susto que había pasado, y llamó a Moisés «esposo de sangre» porque él había hecho que circuncidara al niño. Después de esto, es probable que Moisés los enviara de regreso con su suegro, para que no siguieran siendo una distracción para él.
Cuando regresamos a Dios por el camino del deber, él vuelve a nosotros con misericordia. Si se elimina la causa, el efecto se detendrá. También debemos estar dispuestos a soportar que nuestro celo por Dios y por sus mandamientos sea malinterpretado o menospreciado por personas que deberían comprenderlo mejor. El celo de David fue malinterpretado por Mical, y el nuestro también puede serlo. Pero si por esto se nos considera despreciables, si se nos llama «sangrientos», entonces debemos estar aún más dispuestos a soportarlo.
Cuando tenemos una tarea especial que realizar para Dios, debemos alejarnos, tanto como sea posible, de todo lo que pueda estorbarnos. «Deja que los muertos entierren a sus muertos, pero sígueme».
Después, vemos cómo Aarón recibió a Moisés con amor (Éxodo 4:27-28). Dios envió a Aarón para encontrarse con Moisés y le indicó dónde encontrarlo: en el desierto, hacia Madián. Debemos reconocer la mano de Dios en los encuentros felices entre familiares y amigos. Aarón se apresuró a obedecer a Dios y a encontrarse con su hermano, y lo halló en el monte de Dios, donde Dios se había encontrado antes con Moisés. Se abrazaron con afecto. Cuanto más reconocían la intervención directa de Dios al reunirlos, más dulce era su encuentro. Se besaron no solo como hermanos y viejos conocidos, sino también como señal de que estaban plenamente de acuerdo en la obra a la que habían sido llamados.
Entonces Moisés le contó a Aarón todo el mensaje que había recibido de Dios, incluidas las instrucciones y las señales que lo acompañaban. Lo que conocemos de parte de Dios debe compartirse para el bien de los demás. Quienes sirven juntos a Dios en la misma obra deben hablar abiertamente unos con otros, para entenderse con claridad y por completo.
Finalmente, vemos cómo los ancianos de Israel recibieron a Moisés con fe y obediencia. Cuando Moisés y Aarón les comunicaron por primera vez su mensaje en Egipto, hablaron las palabras que Dios les había ordenado y las respaldaron con las señales que habían recibido, fueron recibidos mejor de lo que esperaban (Éxodo 4:29-31). El pueblo creyó, tal como Dios había dicho que sucedería (Éxodo 3:18), porque entendió que nadie podía hacer tales obras si Dios no estaba con él. Entonces dieron gloria a Dios. Inclinaron la cabeza y adoraron, mostrando un agradecimiento humilde porque Dios había levantado un libertador para ellos, y también demostrando su disposición a seguir las instrucciones y los medios por los cuales Dios llevaría a cabo su liberación.
De este capítulo
Éxodo 4:1
"—Ellos no me creerán ni me harán caso —respondió Moisés—. Al contrario, me dirán: “El Señor no se te ha aparecido”."
Éxodo 4:2
"—¿Qué tienes en la mano? —preguntó el Señor. —Un bastón —respondió Moisés."
Éxodo 4:3
"—Arrójalo al suelo —ordenó el Señor. Moisés lo arrojó al suelo y, en ese mismo instante, el bastón se convirtió en una serpiente. Moisés echó a correr para alejarse de ella,"
Éxodo 4:4
"pero el Señor le dijo: —Extiende la mano y agárrala por la cola. Moisés extendió la mano y, al agarrarla, la serpiente volvió a convertirse en bastón."
Éxodo 4:5
"—Esto es para que crean que se te ha aparecido el Señor, Dios de tus antepasados, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob"
Éxodo 4:6
"—dijo el Señor—. Ahora mete tu mano en el pecho. Moisés metió su mano en el pecho y, al sacarla, vio que estaba enferma de lepra y blanca como la nieve."
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