Versículo destacado
Éxodo 34:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor le dijo a Moisés: —Corta tú mismo dos tablas de piedra iguales a las primeras, para que yo escriba en ellas las mismas palabras que estaban escritas en las primeras tablas, las que hiciste pedazos. "
Éxodo 34:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El Señor le dijo a Moisés: —Corta tú mismo dos tablas de piedra iguales a las primeras, para que yo escriba en ellas las mismas palabras que estaban escritas en las primeras tablas, las que hiciste pedazos.
2 Prepárate también para subir mañana por la mañana al monte Sinaí y preséntate ante mí en la parte más alta del monte.
3 Nadie debe subir contigo, ni debe verse a nadie en todo el monte; tampoco debe haber ovejas ni vacas pastando frente al monte.
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El pacto que Dios había establecido con Israel se rompió repentinamente cuando el pueblo adoró al becerro de oro. Por eso, cuando se restauró la paz, todo tuvo que comenzar de nuevo; no desde el punto donde se habían quedado, sino desde el principio. Quienes se han apartado deben volver y hacer otra vez sus primeras obras (Apocalipsis 2:5).
I. Moisés tuvo que preparar las tablas para que fueran hechas de nuevo (Éxodo 34:1). Antes, Dios mismo había proporcionado las tablas y había escrito en ellas. Ahora Moisés debía tallarlas, y Dios escribiría solamente sobre ellas. Cuando Dios escribió por primera vez su ley en el corazón humano, antes del pecado, tanto las tablas como la escritura fueron obra suya. Pero después de que el pecado quebró y dañó esas tablas, y la ley divina tuvo que preservarse en las Escrituras, Dios se valió del ministerio humano, comenzando con Moisés.
En cierto sentido, los profetas y los apóstoles solo tallaron las tablas. La escritura seguía siendo de Dios, porque toda la Escritura es inspirada por Dios. Cuando Dios se reconcilió con Israel, ordenó que las tablas fueran renovadas y escribió su ley en ellas. Esto nos enseña tres cosas. Primero, aun bajo el evangelio de paz y reconciliación por medio de Cristo, al que apuntaba la intercesión de Moisés, la ley moral sigue teniendo autoridad sobre los creyentes. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, pero no de sus mandamientos, y todavía estamos sujetos a la ley de Cristo. Cuando Jesús explicó la ley moral en el Sermón del Monte y corrigió las falsas enseñanzas de los escribas y fariseos (Mateo 5:19), en efecto estaba renovando las tablas y restaurando la ley a su significado original.
Segundo, la mejor evidencia de que el pecado ha sido perdonado y de que estamos en paz con Dios es que la ley esté escrita en el corazón. La primera señal que Dios le dio a Israel de su favor fue la renovación de las tablas de la ley. En el nuevo pacto, la primera promesa es: «Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón» (Hebreos 8:10), y continúa diciendo: «Seré misericordioso con sus injusticias» (Hebreos 8:12).
Tercero, si queremos que Dios escriba su ley en nuestro corazón, debemos preparar el corazón para recibirla. El corazón endurecido debe ser quebrantado por la convicción y la humildad a causa del pecado (Oseas 6:5). Debemos apartar la maldad que llena el corazón (Santiago 1:21). El corazón debe estar listo, ser receptivo y recibir la obra de Dios, para que la palabra pueda arraigarse allí.
Por lo tanto, Moisés talló tablas de piedra, o de pizarra. Eran tan delgadas que podía llevar las dos en una mano. En cuanto a su tamaño, debieron ser algo más pequeñas que el arca donde se guardaban, que medía aproximadamente una yarda y cuarto de largo y tres cuartos de yarda de ancho. No había nada particularmente elaborado en su fabricación, porque no había mucho tiempo. Moisés las tuvo listas de inmediato para llevarlas consigo a la mañana siguiente. Su belleza no provendría de la habilidad humana, sino del dedo de Dios.
II. Moisés tuvo que subir otra vez a la cima del monte Sinaí y presentarse allí delante de Dios (Éxodo 34:2). Moisés había estado ausente tanto tiempo que la impaciencia del pueblo lo había llevado a fabricar el becerro de oro; sin embargo, Dios no cambió su plan por causa de eso. Moisés debía subir y permanecer allí el mismo tiempo que antes, para comprobar si el pueblo había aprendido a esperar.
Para inspirar reverencia en el pueblo, se les ordenó mantenerse a distancia. Nadie debía subir con Moisés (Éxodo 34:3). Ellos habían dicho: «No sabemos qué le ha pasado» (Éxodo 32:1), pero Dios no permitiría que fueran a averiguarlo por sí mismos. Moisés se levantó temprano a la mañana siguiente (Éxodo 34:4) y fue al lugar indicado, mostrando cuánto deseaba presentarse delante de Dios y cuán poco dispuesto estaba a perder el tiempo. Es bueno llegar temprano a nuestra adoración. La mañana a menudo favorece la gracia tanto como favorece el aprendizaje y el desarrollo de las habilidades.
De este capítulo
Éxodo 34:2
"Prepárate también para subir mañana por la mañana al monte Sinaí y preséntate ante mí en la parte más alta del monte."
Éxodo 34:3
"Nadie debe subir contigo, ni debe verse a nadie en todo el monte; tampoco debe haber ovejas ni vacas pastando frente al monte."
Éxodo 34:4
"Moisés cortó dos tablas de piedra iguales a las primeras. Al día siguiente, muy temprano, tomó las dos tablas de piedra y subió al monte Sinaí, tal como el Señor se lo había ordenado."
Éxodo 34:5
"Entonces el Señor descendió en una nube, estuvo allí con Moisés y pronunció su propio nombre."
Éxodo 34:6
"Pasó delante de Moisés y dijo en voz alta: —¡El Señor! ¡El Señor! ¡Dios tierno y compasivo, paciente y grande en amor y verdad!"
Éxodo 34:7
"Por mil generaciones se mantiene fiel en su amor y perdona la maldad, la rebeldía y el pecado; pero no deja al culpable sin castigo, sino que castiga la maldad de los padres en los hijos y los nietos, en los bisnietos y los tataranietos."
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