Versículo destacado
Éxodo 20:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Todos los israelitas fueron testigos de los truenos y relámpagos, del sonido de trompetas y del monte envuelto en humo; pero tenían miedo y se mantenían alejados. "
Éxodo 20:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 No digas mentiras en perjuicio de tu prójimo.
17 No codicies la casa de tu prójimo: no codicies su mujer, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca.
18 Todos los israelitas fueron testigos de los truenos y relámpagos, del sonido de trompetas y del monte envuelto en humo; pero tenían miedo y se mantenían alejados.
19 Así que le dijeron a Moisés: —Háblanos tú, y obedeceremos; pero que no nos hable Dios, no sea que muramos.
20 Y Moisés les contestó: —No tengan miedo. Dios ha venido para ponerlos a prueba y para que siempre sientan temor de él, a fin de que no pequen.
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La ley fue dada con un temor y una reverencia extraordinarios. Nunca se había entregado nada con una manifestación tan solemne. Cada palabra parecía estar marcada por truenos y relámpagos, mucho más fuertes y resplandecientes que cualquier fenómeno común. ¿Por qué fue dada la ley de una manera tan aterradora y con tanta ceremonia?
En primer lugar, esto tenía el propósito de grabar de una vez y para siempre en el pueblo una clara conciencia de la gloriosa majestad de Dios. Eso fortalecería la fe, porque cuando conocemos el temor del Señor, somos movidos a vivir reverentemente delante de él.
En segundo lugar, era una imagen de los terrores del juicio final, cuando los pecadores tendrán que responder por haber quebrantado esta ley. Entonces sonará la trompeta del arcángel para anunciar la venida del Juez, y el fuego irá delante de él.
En tercer lugar, mostraba lo que sucede cuando la ley produce convicción en la conciencia, es decir, una profunda conciencia del pecado que prepara el alma para recibir el consuelo del evangelio. La ley fue dada por medio de Moisés de una manera que sobresaltaría, atemorizaría y humillaría al pueblo, para que la gracia y la verdad que vinieron por medio de Jesucristo fueran recibidas con mayor gratitud. El apóstol describe ampliamente esta escena aterradora como un contraste que resalta los privilegios de los cristianos, quienes viven en la luz, la libertad y el gozo de la época del Nuevo Testamento (Hebreos 12:18).
La respuesta del pueblo mostró cuánto los había afectado todo aquello. Habrían tenido un corazón muy endurecido si no se hubieran conmovido. Retrocedieron y se mantuvieron a lo lejos (Éxodo 20:18). Antes de que Dios comenzara a hablar, se habían acercado para mirar (Éxodo 19:21), pero ahora su audacia había sido completamente corregida y habían aprendido a mantenerse en su lugar.
También pidieron que esa palabra no volviera a ser comunicada de esa manera (Hebreos 12:19). En cambio, le rogaron a Dios que les hablara por medio de Moisés (Éxodo 20:19). Al hacerlo, aceptaron a Moisés como mediador, como aquel que se colocaría entre ellos y Dios. Lo reconocieron como una persona adecuada para presentarse ante Dios en su favor y prometieron escucharlo como mensajero de Dios. Esto también nos enseña a aceptar la manera que Dios, en su sabiduría, ha escogido para hablarnos por medio de personas semejantes a nosotros, cuya presencia no debería aterrorizarnos y cuya autoridad no debería ser opresiva.
En una ocasión, Dios había intentado hablar directamente con los seres humanos, pero ellos no pudieron soportarlo. Eso los alejó de Dios en vez de acercarlos a él. Además, como lo demostraría el resultado, aunque aquella experiencia los atemorizó, no les impidió caer en la idolatría, pues poco después adoraron el becerro de oro. Por eso debemos conformarnos con la enseñanza que recibimos por medio de las Escrituras y del ministerio. Si no creemos en ella, tampoco nos convenceríamos aunque Dios nos hablara entre truenos y relámpagos, como lo hizo desde el monte Sinaí. Ese asunto quedó establecido allí.
Moisés animó al pueblo al explicarles el propósito de Dios detrás de aquel terror (Éxodo 20:20). Les dijo: «No tengan miedo», es decir: «No piensen que los truenos y el fuego tienen el propósito de destruirlos», que era lo que temían (Éxodo 20:19: «no sea que muramos»). Los truenos y los relámpagos habían sido una de las plagas de Egipto, pero Moisés no quería que pensaran que estas señales habían venido sobre ellos por la misma razón que habían venido sobre los egipcios.
No; en primer lugar, tenían el propósito de ponerlos a prueba, para mostrarles qué sentirían al tratar directamente con Dios, sin un mediador, y así enseñarles cuán sabiamente había escogido Dios colocar a Moisés en ese papel. Desde que Adán huyó al escuchar la voz de Dios en el huerto, los seres humanos pecadores no han podido soportar hablar directamente con Dios ni escucharlo de manera directa.
En segundo lugar, estas señales tenían el propósito de mantenerlos en el cumplimiento de su deber y refrenarlos del pecado. Moisés les dice: «No tengan miedo», pero también afirma que Dios habló de esa manera para que su temor permaneciera delante de ellos. No debemos temer de una manera que nos abrume; ese temor produce tormento, actúa solo sobre la imaginación por un momento, nos hace temblar, nos lleva a la esclavitud, nos entrega a Satanás y nos aleja de Dios. Más bien, siempre debemos tener presente un respeto reverente por la majestad de Dios, temor de desagradarle y una obediencia dispuesta a su autoridad sobre nosotros. Ese tipo de temor nos impulsa a cumplir con nuestro deber y nos hace cuidadosos en nuestra manera de vivir. Por eso dice: «Tiemblen y no pequen» (Salmo 4:4).
La comunión del pueblo con Dios continuó por medio de Moisés como mediador (Éxodo 20:21). Mientras el pueblo permanecía a lo lejos, consciente de su culpa y temeroso de la ira de Dios, Moisés se acercó a la densa oscuridad. Ese es el sentido de las palabras: fue hecho acercarse. Moisés no se habría atrevido a entrar solo en aquella oscuridad, a menos que Dios lo hubiera llamado, animado y, como piensan algunos rabinos, enviado un ángel para tomarlo de la mano y guiarlo hasta allí.
En esto, Moisés nos señala al gran Mediador, de quien está escrito: «Haré que él se acerque» (Jeremías 30:21). Por medio de él, nosotros también somos acercados a Dios (Efesios 3:12).
De este capítulo
Éxodo 20:1
"Dios habló y dijo todas estas palabras:"
Éxodo 20:2
"Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, donde eras esclavo."
Éxodo 20:3
"No tengas otros dioses aparte de mí."
Éxodo 20:4
"No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra."
Éxodo 20:5
"No te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Señor tu Dios, Dios celoso que castiga la maldad de los padres que me odian en sus hijos, nietos y bisnietos;"
Éxodo 20:6
"pero que trato con amor por mil generaciones a los que me aman y cumplen mis mandamientos."
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