Versículo destacado
Éxodo 19:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Los israelitas llegaron al desierto del Sinaí en el tercer mes después de haber salido de Egipto. "
Éxodo 19:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Los israelitas llegaron al desierto del Sinaí en el tercer mes después de haber salido de Egipto.
2 Después de salir de Refidim, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí mismo, frente al monte.
3 Allí Moisés subió para encontrarse con Dios, pues el Señor lo llamó desde el monte y le dijo: —Anúnciales estas mismas palabras a los descendientes de Jacob, a los israelitas:
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Aquí se nos da la fecha de aquel gran pacto por medio del cual Israel fue formado como pueblo del pacto. Fue en el tercer mes después de que salieron de Egipto (Éxodo 19:1). La ley fue dada aproximadamente cincuenta días después de su liberación, lo cual ayuda a explicar por qué Pentecostés se celebraba el quincuagésimo día después de la Pascua. De manera semejante, el Espíritu Santo fue derramado sobre los apóstoles en Pentecostés, cincuenta días después de la muerte de Cristo.
En Egipto, Israel había hablado de un viaje de tres días al desierto para ofrecer sacrificios (Éxodo 5:3), pero el trayecto tomó casi dos meses. Con frecuencia calculamos mal cuánto tiempo tardarán las cosas, y los acontecimientos resultan mucho más lentos de lo que esperábamos. El lugar era el monte Sinaí, una montaña que destacaba por la misma naturaleza, pues era la más alta de toda aquella cordillera. Dios escogió una montaña del desierto en vez de una ciudad o un palacio, mostrando que su grandeza no depende del esplendor humano.
El pacto fue anunciado desde el Sinaí, donde Dios había establecido su morada, mientras Israel acampaba abajo. Moisés fue llamado a subir al monte para servir como mediador, es decir, como aquel que transmitía el mensaje de Dios entre Dios y el pueblo: «Diles a los descendientes de Jacob, y a los israelitas» (Éxodo 19:3). El obispo Patrick observa que se les llama tanto Jacob como Israel para recordarles la misericordia de Dios. En otro tiempo habían sido insignificantes, como Jacob antes de ir a Padán-aram, pero Dios los había hecho grandes, como Israel después de regresar.
Lo primero que debemos notar es que Dios mismo inició este pacto. El pueblo no hizo nada para comenzarlo. No dio ningún paso ni pidió este favor; Dios se lo concedió enteramente por su propia buena voluntad. En toda relación que tenemos con Dios, la gracia va delante de nosotros, y todo nuestro consuelo proviene de haber sido conocidos primero por él (Gálatas 4:9). Lo amamos y entramos en pacto con él porque él nos amó primero y se acercó a nosotros.
El contenido del pacto también es bondadoso y lleno de gracia. No les imponía una carga injusta, sino que les concedía grandes privilegios y bendiciones. Primero, Dios les recordó lo que ya había hecho por ellos (Éxodo 19:4). Había juzgado a sus enemigos y protegido a su pueblo. Les dice: «Ustedes han visto lo que hice con los egipcios», dando a entender que muchas vidas fueron entregadas para el bien de Israel.
También les dice: «Los llevé sobre alas de águila». Esta es una imagen poderosa de la ternura y el cuidado de Dios. Sugiere rapidez, porque los sacó con prontitud cuando llegó el momento. También sugiere fuerza y facilidad, como un águila que lleva a sus crías. Incluso Egipto, aquel horno de hierro, había sido como un nido donde se formó aquella joven nación; después Dios la sacó cuando estuvo preparada.
Esto se ve con aún mayor claridad en el mar Rojo. La columna de nube y fuego se colocó entre Israel y sus enemigos, como una barrera que no podía ser traspasada. Pero el cuidado de Dios no terminó con la protección. «Los traje hacia mí» es la parte más grande de la liberación. No solo los llevó a la libertad y al honor, sino al pacto y a la comunión con él. Esa también es la gloria de nuestro rescate por medio de Cristo, quien murió por los injustos para llevarnos a Dios.
Ese mismo es el propósito de todos los actos bondadosos de Dios: llevarnos de regreso a él y a nuestro verdadero hogar en él, pues solo allí podemos encontrar felicidad. Incluso apela a lo que ellos mismos habían visto y experimentado: «Ustedes han visto lo que hice». No podían negar sus palabras sin negar primero lo que habían visto. Todo había sido claramente obra del Señor. No fueron ellos quienes se acercaron a Dios, sino Dios quien los llevó hacia sí.
Algunos han señalado acertadamente que la iglesia del Antiguo Testamento fue llevada sobre alas de águila, lo cual muestra el poder de aquel pacto anterior. La iglesia del Nuevo Testamento es reunida por Cristo, como la gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas (Mateo 23:37), lo cual muestra la gracia, la compasión y la humilde bondad del Redentor.
En segundo lugar, Dios declara claramente lo que les pide: obediencia (Éxodo 19:5). Debían escuchar verdaderamente su voz y guardar su pacto. Puesto que él los había salvado, ahora les exigía que vivieran bajo su gobierno. Más adelante, las Escrituras repiten que esta era la condición del pacto: «Obedezcan mi voz» (Jeremías 7:23), y dicen que Dios se los advirtió solemnemente (Jeremías 11:4, 7). No debían obedecer solo de palabra, sino con verdad y sinceridad. Dios les había mostrado una misericordia real, así que les pedía una obediencia real.
En tercer lugar, Dios promete gran honor y bondad si guardan su pacto (Éxodo 19:5-6). No menciona una sola bendición, como la tierra de Canaán, sino que habla de una manera que incluye todo bien. Serían su tesoro especial, es decir, un pueblo precioso para él, y él sería su Dios del pacto. Esa es la bendición más grande de todas, porque Dios se entrega a ellos y ellos le pertenecen.
Comienza afirmando su derecho sobre toda la creación: «Toda la tierra es mía». Por tanto, Dios no necesitaba a Israel para sí. Ya era Señor de todo, y su grandeza y felicidad no dependían de aquel único pueblo.
Como todas las naciones pertenecen a Dios, él tenía plena libertad para escoger al pueblo que quisiera como su posesión especial, actuando con absoluta autoridad.
Dios reclama a Israel como suyo, primero, por ser un pueblo querido por él. «Serán mi tesoro especial» no significa que Dios los necesitara, como un hombre necesita sus riquezas. Significa que decidió considerarlos valiosos, como una persona estima aquello que es precioso para ella. Eran preciosos y honorables ante sus ojos (Isaías 43:4), y él había puesto su amor en ellos (Deuteronomio 7:7). Los tomó bajo su cuidado y protección especiales, como un tesoro guardado bajo llave. En comparación con ellos, consideró insignificante al resto del mundo.
Dios mostró este honor al darles revelación divina, un culto ordenado y promesas que incluían la vida eterna. Envió a sus profetas entre ellos y derramó sobre ellos su Espíritu. De esta manera, los apartó de los demás pueblos y les dio una posición más elevada. Este honor también pertenece a todos los santos. Ellos son un pueblo especial para Dios (Tito 2:14), suyo cuando reúne sus joyas.
En segundo lugar, Dios los reclama como un pueblo consagrado a él, dedicado a su honor y servicio (Éxodo 19:6): un reino de sacerdotes y una nación santa. En comparación con las demás naciones, todos los israelitas ocupaban una posición sacerdotal delante de Dios, porque estaban cerca de él (Salmos 148:14) y participaban con frecuencia en su servicio directo. Cuando Dios los convirtió por primera vez en un pueblo libre, lo hizo para que pudieran ofrecer sacrificios al Señor su Dios como sacerdotes. Vivían bajo el gobierno directo de Dios, y las leyes que él les dio tenían el propósito de apartarlos de los demás pueblos y hacer de ellos una nación santa para sí.
De la misma manera, por medio de Cristo todos los creyentes son hechos reyes y sacerdotes para Dios (Apocalipsis 1:6), un pueblo escogido y un sacerdocio real (1 Pedro 2:9). Israel recibió este gran privilegio mediante el pacto y luego aceptó sus condiciones.
Moisés transmitió fielmente el mensaje de Dios al pueblo (Éxodo 19:7). Les expuso todas estas palabras. Esto significa que hizo más que explicar lo que Dios había ordenado. También les presentó el asunto para que decidieran si aceptarían esas promesas bajo esas condiciones. Puso el asunto delante de su conciencia.
Ellos aceptaron con gusto el pacto que Dios les propuso. Prometieron obedecer la voz de Dios y consideraron un gran favor ser hechos un reino de sacerdotes para él. Todos respondieron juntos, sin ningún desacuerdo (Éxodo 19:8): «Haremos todo lo que el Señor ha dicho». Así establecieron el pacto, tomando al Señor como su Dios y entregándose para ser su pueblo. ¡Si tan solo hubieran conservado ese corazón!
Moisés, actuando como mediador, es decir, como quien se coloca entre dos partes para reconciliarlas, llevó de vuelta a Dios las palabras del pueblo (Éxodo 19:8). De esta manera, Cristo, el Mediador entre nosotros y Dios, nos revela la voluntad de Dios como profeta, por medio de sus mandamientos y promesas. Luego, como sacerdote, ofrece a Dios nuestros sacrificios espirituales: no solo nuestras oraciones y alabanzas, sino también nuestros deseos santos y buenas resoluciones, que su propio Espíritu produce en nosotros. Así, él es aquel bendito mediador que pone su mano sobre ambas partes.
De este capítulo
Éxodo 19:2
"Después de salir de Refidim, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí mismo, frente al monte."
Éxodo 19:3
"Allí Moisés subió para encontrarse con Dios, pues el Señor lo llamó desde el monte y le dijo: —Anúnciales estas mismas palabras a los descendientes de Jacob, a los israelitas:"
Éxodo 19:4
"Ustedes han visto lo que hice con los egipcios y cómo los he traído a ustedes hasta donde yo estoy, como si hubieran venido sobre las alas de un águila."
Éxodo 19:5
"Así que, si ustedes me obedecen en todo y cumplen mi alianza, serán mi pueblo preferido entre todos los pueblos, pues toda la tierra me pertenece."
Éxodo 19:6
"Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes, un pueblo consagrado a mí. Diles todo esto a los israelitas."
Éxodo 19:7
"Moisés fue, llamó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había ordenado."
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