Versículo destacado

Éxodo 12:37 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Los israelitas salieron de Ramsés rumbo a Sucot. Sin contar a las mujeres y los niños, eran unos seiscientos mil hombres de a pie, en edad militar. "

Éxodo 12:37

menu_book El versículo en contexto

35 Además, siguiendo las órdenes de Moisés, les pidieron a los egipcios objetos de oro y plata, y vestidos.

36 El Señor hizo que los egipcios entregaran de buena gana todo lo que los israelitas les pedían, y así los israelitas despojaron a los egipcios.

37 Los israelitas salieron de Ramsés rumbo a Sucot. Sin contar a las mujeres y los niños, eran unos seiscientos mil hombres de a pie, en edad militar.

38 Con ellos se fue muchísima gente de toda clase, además de muchas ovejas y vacas.

39 Como no habían tenido tiempo de preparar comida, pues los egipcios los habían echado de su país, hicieron tortas sin levadura con la masa que habían sacado de Egipto, la cual aún no había fermentado.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Este es el relato de la salida de Israel de Egipto. En cuanto recibieron permiso para irse, partieron de inmediato y no esperaron un momento más conveniente. El faraón estaba de mejor ánimo entonces, pero ellos tenían razones para pensar que no permanecería así por mucho tiempo; por eso, no era momento de demorarse.

Primero se nos dice cuántos eran: unos seiscientos mil hombres (Éxodo 12:37), sin contar a las mujeres y los niños. En total, debieron ser más de un millón doscientas mil personas. ¡Qué enorme crecimiento en poco más de doscientos años, desde apenas setenta personas! Esto demuestra el poder de la bendición de Dios cuando dice: «Sean fructíferos y multiplíquense». También anticipaba la gran cantidad de personas que serían incorporadas a la iglesia del evangelio cuando esta fue establecida, cuando la palabra de Dios se extendió con poder y prevaleció.

Segundo, se nos habla de quienes salieron con ellos (Éxodo 12:38): una multitud mezclada partió junto con Israel. Algunos quizá quisieron abandonar su propia tierra, arruinada por las plagas, y probar suerte con Israel. Otros tal vez se fueron por curiosidad, deseosos de ver el solemne culto relacionado con el sacrificio de Israel a su Dios, del que tanto se había hablado. También pudieron esperar ver señales aún más gloriosas de Dios en el desierto, después de haber presenciado sus poderosas obras a favor de Israel en la tierra de Zoán (Salmo 78:12). Probablemente, la mayoría de esa multitud era una turba irreflexiva que seguía a los demás sin saber por qué. Más adelante vemos que se convirtieron en un problema para Israel (Números 11:4). Es probable que, al enterarse de que Israel permanecería cuarenta años en el desierto, muchos abandonaran al pueblo y regresaran a Egipto. Siempre ha habido personas entre el pueblo de Dios que en realidad no le pertenecen; todavía hay hipócritas en la iglesia. Ahora causan mucho daño, pero al final serán apartados.

Tercero, se nos habla de sus bienes. Se llevaron rebaños y ganado, una cantidad muy grande de animales. Esto se menciona porque el faraón se había negado durante mucho tiempo a permitir que llevaran sus posesiones, y su principal patrimonio consistía en ganado (Génesis 46:32).

Cuarto, se nos habla de la comida que llevaron para el viaje, que era sencilla y limitada. Habían sacado de Egipto la masa en sus recipientes para amasar (Éxodo 12:34). Pensaban hornearla al día siguiente, porque sabían que la partida estaba cerca, pero los apresuraron a salir varias horas antes de lo esperado. Por eso se llevaron la masa antes de que fermentara. Cuando llegaron a Sucot, su primera parada, la hornearon para hacer panes sin levadura. Eran panes muy sencillos, pero la libertad que habían recibido hizo de aquella la comida más alegre que jamás habían disfrutado. Los siervos de Dios no deben vivir esclavizados por el apetito ni angustiarse por llevar cada placer de los sentidos a su máxima expresión. Debemos estar dispuestos a conformarnos con pan seco, incluso sin levadura, antes que descuidar o retrasar cualquier deber que Dios nos dé. Debemos ser como aquellos para quienes hacer la voluntad de Dios es su alimento y su bebida.

Quinto, se nos dice cuándo ocurrió este gran acontecimiento. Fueron exactamente 430 años desde la promesa hecha a Abraham, como lo explica el apóstol (Gálatas 3:17), cuando Abraham entró por primera vez en Canaán. Durante todo ese tiempo, los hijos de Israel —es decir, los hebreos, la familia escogida de Dios— vivieron como extranjeros en una tierra que no era suya, ya fuera Canaán o Egipto. Por tanto tiempo, la promesa que Dios le había hecho a Abraham acerca de una patria establecida pareció permanecer silenciosa y sin cumplirse; pero ahora, por fin, comenzaba a avanzar hacia su cumplimiento. Al parecer, el primer día de la marcha de los descendientes de Abraham hacia Canaán fue, exactamente 430 años después de la promesa: «Haré de ti una gran nación» (Génesis 12:2). Observa cuán preciso es Dios con sus tiempos. Aunque sus promesas no se cumplan de inmediato, se cumplirán en el momento adecuado.

Sexto, se nos dice cuán memorable fue aquella noche: una noche que debía recordarse cuidadosamente (Éxodo 12:42). Los acontecimientos de esa primera noche fueron extraordinarios, especialmente la destrucción de los egipcios y el rescate de los israelitas en medio de ella. Por medio de todo esto, Dios se dio a conocer. Las ordenanzas relacionadas con aquella noche también debían guardarse en memoria cada año. Era la noche del Señor, una noche especial que debía celebrarse en cada generación. Las grandes obras que Dios realiza por su pueblo no deben olvidarse después de unos días, sino recordarse a través de todas las épocas, especialmente la obra de nuestra redención por medio de Cristo. Aquella primera noche de la Pascua fue una noche del Señor, digna de ser recordada profundamente. Pero la última noche de la Pascua, la noche en que Cristo fue traicionado y en que la Pascua y las demás leyes ceremoniales llegaron a su fin, fue una noche del Señor aún más digna de ser recordada. Entonces se rompió de nuestro cuello una carga más pesada que el yugo de Egipto, y se puso delante de nosotros una tierra mejor que Canaán. Aquello fue un rescate temporal, que esa generación debía celebrar. Esto es una redención eterna, que los santos glorificados alabarán para siempre.

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