Versículo destacado
Éxodo 10:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces el Señor le dijo a Moisés: —Extiende tu brazo hacia el cielo para que en todo Egipto haya una oscuridad tan espesa que hasta se pueda tocar. "
Éxodo 10:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 Entonces el Señor cambió el rumbo del viento y lo convirtió en un fuerte viento del oeste, que se llevó las langostas y las echó en el Mar Rojo. No quedó en todo Egipto una sola langosta.
20 Pero el Señor hizo que el faraón se pusiera terco y que no dejara ir a los israelitas.
21 Entonces el Señor le dijo a Moisés: —Extiende tu brazo hacia el cielo para que en todo Egipto haya una oscuridad tan espesa que hasta se pueda tocar.
22 Moisés levantó su brazo hacia el cielo, y hubo una oscuridad tan grande en todo Egipto
23 que, durante tres días, nadie podía ver a su vecino ni moverse de su lugar. En cambio, en todas las casas de los israelitas había luz.
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Aquí se presenta la plaga de las tinieblas que cayó sobre Egipto, y fue una plaga terrible. Por eso el Salmo 105:28 la menciona primero entre las diez plagas, aunque ocurrió después. En el juicio contra el Egipto espiritual, estas tinieblas aparecen como la quinta copa, derramada sobre el trono de la bestia (Apocalipsis 16:10). Su reino quedó lleno de oscuridad.
Hay varios aspectos que sobresalen en esta plaga. Primero, fue una oscuridad completa. No solo se ocultó la luz del cielo; también parece que sus fogatas y lámparas se apagaron debido a los vapores espesos y húmedos que produjeron las tinieblas. Probablemente por eso Éxodo 10:23 dice que no podían verse unos a otros. Las Escrituras advierten a los malvados que la chispa de su propio fuego no brillará y que la luz de sus tiendas se apagará (Job 18:5-6). El infierno es llamado «oscuridad exterior». En la caída de Babilonia tampoco volverá a brillar la luz de una lámpara (Apocalipsis 18:23).
Segundo, era una oscuridad que podía sentirse (Éxodo 10:21). La gente la sentía en el aire que la rodeaba, porque las nieblas eran muy densas. Algunos piensan que también la sentían en los ojos, que quizá les dolían y se irritaban de tanto frotárselos. En Apocalipsis 16:10 se relaciona un gran dolor con estas tinieblas, lo que parece señalar nuevamente a este acontecimiento.
Tercero, debió de llenarlos de miedo y confusión. El enjambre de langostas, que ya había oscurecido la tierra (Éxodo 10:15), no era nada en comparación con esto. La tradición judía dice que se asustaron por causa de espíritus malignos o de ruidos y sonidos aterradores. También es posible que los atormentaran sus propias conciencias culpables, lo cual ya habría sido suficientemente aterrador. El Salmo 78:49 quizá se refiera a esta plaga cuando dice que Dios derramó sobre ellos su ardiente enojo al enviar ángeles destructores. Para aquellos a quienes el diablo ha engañado, él mismo puede convertirse después en motivo de terror.
Cuarto, duró tres días, y el obispo Hall dice que fue como tener seis noches seguidas. Durante ese tiempo quedaron encerrados en cadenas de oscuridad, y hasta los palacios más resplandecientes se convirtieron en prisiones. Nadie se levantaba de su lugar (Éxodo 10:23). Tenían que permanecer en sus casas, y el miedo era tan intenso que pocos se atrevían a moverse de la silla a la cama o de la cama a la silla. Permanecían en silencio en medio de las tinieblas, como en 1 Samuel 2:9. Ahora el faraón tenía tiempo para pensar, si tan solo hubiera sabido aprovecharlo. La oscuridad espiritual es esclavitud espiritual. Cuando Satanás ciega a las personas para que no puedan ver, también les ata las manos y los pies para que no sirvan a Dios ni avancen hacia el cielo.
Quinto, esta fue una retribución justa de parte de Dios. El faraón y su pueblo se habían rebelado contra la luz de la palabra de Dios comunicada por Moisés, así que era justo que fueran castigados con la oscuridad que habían amado y escogido en su lugar. La ceguera de sus mentes había traído estas tinieblas sobre la tierra. La mente del faraón nunca había estado tan ciega como entonces, ni el aire de Egipto había estado tan oscuro. Los egipcios habían intentado apagar la luz de Israel y extinguir su fuego; por eso Dios apagó justamente sus luces. Compárese esto con lo que ocurrió en Sodoma (Génesis 19:11). Temamos las consecuencias del pecado. Si tres días de oscuridad fueron tan terribles, ¿cómo será la oscuridad interminable?
Sexto, los hijos de Israel tenían luz en sus hogares al mismo tiempo (Éxodo 10:23). Esto no ocurrió solamente en Gosén, donde vivía la mayoría de ellos, sino también en las casas de aquellos que estaban dispersos entre los egipcios, pues algunos vivían entre ellos, como se ve después en la señal puesta en los postes de las puertas (Éxodo 12:7). Esto demuestra el poder de Dios por encima del curso habitual de la naturaleza. No debemos dar por sentadas las bendiciones comunes ni pensar que no le debemos nada a Dios por ellas. Él podría establecer una diferencia y negarnos lo que les concede a otros. Por lo general, hace salir el sol sobre justos e injustos, pero también puede hacer distinción entre ellos. Debemos reconocer que su misericordia nos libra de aquello que justamente podría negarnos.
Esto también muestra el favor especial de Dios hacia su pueblo. Ellos caminan en la luz mientras otros andan errantes en densas tinieblas. Dondequiera que haya un verdadero israelita, aun en este mundo oscuro, allí hay luz. Es hijo de luz, alguien para quien se ha sembrado la luz y a quien ha visitado el amanecer de lo alto. Cuando Dios hizo esta diferencia entre los israelitas y los egipcios, ¿quién no habría escogido la cabaña del israelita más pobre en vez del palacio egipcio más rico? Aún existe una diferencia real, aunque no siempre sea fácil de ver, entre la casa del malvado, que está bajo maldición, y el hogar del justo, que es bendecido (Proverbios 3:33). Debemos creer en esa diferencia y vivir de acuerdo con ella.
Algunos piensan que las palabras del Salmo 105:28 —que Dios envió oscuridad, la hizo oscura y ellos no se rebelaron contra su palabra— podrían significar que durante esos tres días los israelitas fueron circuncidados para poder celebrar la Pascua, que estaba cerca. Según esa interpretación, el mandato de Dios acerca de la circuncisión sería la palabra que obedecieron. La circuncisión posterior, cuando entraron en Canaán, se presenta como una segunda circuncisión general (Josué 5:2). Durante esos tres días, si Dios lo hubiera querido, los israelitas podrían haber escapado aprovechando la luz que tenían, sin pedirle permiso al faraón. Pero Dios tenía la intención de sacarlos con mano fuerte, no en secreto, a escondidas ni con apresuramiento (Isaías 52:12).
La respuesta del faraón a esta plaga fue muy parecida a la que había dado ante las anteriores. La plaga lo había perturbado lo suficiente como para reanudar las negociaciones con Moisés y Aarón. Finalmente aceptó que podían llevarse a sus hijos pequeños, pero todavía quería que dejaran atrás el ganado como prenda o garantía (Éxodo 10:24). Los pecadores suelen tratar de negociar así con el Dios todopoderoso. Están dispuestos a abandonar algunos pecados, pero no todos. Dejan el pecado por un tiempo, pero no para siempre. Permiten que Dios tenga una parte de su corazón, mientras el mundo y la carne también reclaman su propia parte. Al actuar así, se burlan de Dios y se engañan a sí mismos.
Moisés no quiso reducir los términos establecidos por Dios. «Nuestro ganado también irá con nosotros», dijo (Éxodo 10:26). Los términos de la paz están establecidos. Por mucho que la gente discuta, no puede cambiarlos ni hacerlos más fáciles. Nosotros debemos ajustarnos a la voluntad de Dios, porque no podemos esperar que él rebaje sus exigencias para acomodarlas a nuestros deseos pecaminosos. Los mensajeros de Dios deben seguir esta regla: «Que ellos vuelvan a ti, pero tú no vuelvas a ellos» (Jeremías 15:19). Moisés dio una buena razón para llevarse el ganado: iban a ofrecer sacrificios y necesitaban llevar todo lo necesario. Todavía no sabían cuántos sacrificios necesitarían ni de qué clases serían, así que tenían que llevar todo lo que poseían.
Con nosotros mismos y con nuestros hijos, debemos dedicar todos nuestros bienes materiales al servicio de Dios. No sabemos cómo puede usar Dios lo que tenemos ni cuándo nos llamará a honrarlo con ello.
Aun así, el faraón se enfureció tanto que, como no podía establecer los términos por sí mismo, terminó de inmediato la reunión y decidió no volver a tratar con Moisés. Su ira alcanzó el punto máximo y actuó de manera completamente descontrolada (Éxodo 10:28). Despidió a Moisés con furia y le prohibió volver al palacio, bajo pena de muerte. Ni siquiera le permitió encontrarse con él junto al río, como había hecho antes: «El día que vuelvas a ver mi rostro, morirás». ¡Qué extraña locura! ¿Acaso el faraón no había aprendido ya que Moisés podía afligirlo sin estar en su presencia? ¿Había olvidado cuántas veces había mandado llamar a Moisés, como si este pudiera aliviarlo de sus plagas? Y ahora le ordenaba que no volviera a acercarse.
Era un odio impotente. Amenazó de muerte al hombre que estaba bajo el poder de Dios, aunque el propio faraón se había puesto muchas veces a merced de Moisés. ¿A qué puede llevar a las personas un corazón endurecido y el desprecio por la palabra y los mandamientos de Dios?
Moisés tomó al faraón en serio (Éxodo 10:29): «No volveré a ver tu rostro», es decir, no lo vería después de ese momento. Sin embargo, aquella reunión no puso fin a todo el asunto, porque Moisés todavía volvió a hablar en Éxodo 11:8, cuando salió con gran enojo y le anunció al faraón cuán pronto sería humillado su espíritu orgulloso. Esa advertencia se cumplió en Éxodo 12:31, cuando el faraón rogó humildemente a Moisés que se marchara.
Así que, después de esa reunión, Moisés no volvió a presentarse ante el faraón a menos que él lo mandara llamar. Cuando las personas expulsan de sí la palabra de Dios, Dios puede dejarlas justamente a sus propias ideas engañosas y darles aquello en lo que insisten. Cuando los gadarenos le pidieron a Cristo que se fuera, él se marchó de inmediato.
De este capítulo
Éxodo 10:1
"El Señor le dijo a Moisés: —Ve a ver al faraón, pues yo he hecho que él y sus funcionarios se pongan tercos para mostrarles las grandes maravillas que yo puedo hacer,"
Éxodo 10:2
"y para que tú les cuentes a tus hijos y nietos la forma en que me burlé de los egipcios y las grandes maravillas que hice entre ellos. Así sabrán ustedes que yo soy el Señor."
Éxodo 10:3
"Moisés y Aarón fueron a ver al faraón y le dijeron: —Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: ¿Hasta cuándo te negarás a humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo para que me adore;"
Éxodo 10:4
"porque, si te sigues oponiendo a dejarlo ir, mañana haré que vengan langostas sobre tu país,"
Éxodo 10:5
"las cuales cubrirán la tierra en tal cantidad que no se podrá ver el suelo. Se comerán lo poco que haya quedado después del granizo y también todos los árboles del campo."
Éxodo 10:6
"Llenarán tus palacios, las casas de tus funcionarios y las casas de todos los egipcios. ¡Será algo como nunca vieron tus padres ni tus abuelos desde sus días hasta los nuestros!. Al terminar de hablar, Moisés dio media vuelta y salió del palacio del faraón."
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