Versículo destacado
Éxodo 10:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Pero el Señor le dijo a Moisés: —Extiende tu brazo sobre Egipto para que vengan las langostas y acaben con todas las plantas del país y con todo lo que quedó después del granizo. "
Éxodo 10:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Pero el faraón les dijo: —¡Claramente se ven sus malas intenciones! ¿Y ustedes creen que el Señor los va a acompañar y que voy a dejar que ustedes y sus niños se vayan?
11 Pues no va a ser así. Vayan ustedes, los hombres adultos, a adorar al Señor, ya que eso es lo que quieren. Y el faraón ordenó que los echaran de su presencia.
12 Pero el Señor le dijo a Moisés: —Extiende tu brazo sobre Egipto para que vengan las langostas y acaben con todas las plantas del país y con todo lo que quedó después del granizo.
13 Moisés extendió su brazo sobre Egipto, y el Señor hizo venir un viento del este que sopló sobre el país durante todo el día y toda la noche. Al día siguiente, el viento del este había traído las langostas,
14 las cuales invadieron todo el país. Nunca antes hubo, ni habrá después, tantas langostas como en aquel día,
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La invasión de la tierra por las langostas fue el gran ejército de Dios (Joel 2:11). Dios le dijo a Moisés que extendiera su mano (Éxodo 10:12), como si las estuviera convocando, porque acudieron a su llamado. Moisés extendió su vara, como ya lo había hecho antes (Éxodo 10:13; compárese con Éxodo 9:22-23). En realidad, no era su propia mano la que actuaba, sino la vara de Dios, la señal establecida de la presencia de Dios con él. Las langostas obedecieron la orden y llegaron con el viento del este, junto con innumerables orugas, como dice Salmo 105:34-35. Un ejército poderoso de caballería e infantería habría sido más fácil de enfrentar que este enjambre de insectos. Nadie puede resistir delante del gran Dios.
La devastación que causaron en la tierra fue completa (Éxodo 10:15). Cubrieron todo el país y devoraron sus productos. Dios les ha dado la tierra a los seres humanos, pero cuando así lo decide, puede alterar el dominio que creen tener sobre ella y enviar langostas y orugas para expulsarlos. Las plantas crecen para el uso de las personas, pero cuando Dios lo permite, estas pequeñas criaturas pueden convertirse en una especie de dueñas junto con nosotros: despojan la tierra y se comen el pan que llevamos a la boca. Por eso, no trabajemos únicamente por el alimento y el hogar, cosas que pueden ser arrebatadas con tanta facilidad, sino también por aquello que permanece para la vida eterna y que no puede ser invadido ni destruido.
La respuesta del faraón ocurrió después de esto (Éxodo 10:16-17). Poco antes había echado a Moisés y a Aarón de su presencia (Éxodo 10:11), probablemente dejando claro que no quería volver a tratar con ellos. Ahora los manda llamar de prisa y los trata con el respeto que antes les había negado. Quienes rechazan el consejo sabio y desprecian la corrección algún día se alegrarán de buscar ayuda precisamente de las personas a quienes antes menospreciaron. Las vírgenes insensatas les pidieron aceite a las prudentes; véase Salmo 141:6.
El faraón reconoce su pecado: «He pecado contra el Señor su Dios y contra ustedes». Ahora percibe la insensatez de los insultos y las negativas que había dirigido contra Dios y contra sus mensajeros, y parece sentir cierto pesar por ello. Cuando Dios convence a las personas de su pecado y las humilla por causa de él, su desprecio por los siervos de Dios y por la palabra del Señor transmitida por medio de ellos ciertamente formará parte de la acusación que pesará sobre su conciencia. Algunos piensan que, al decir «el Señor su Dios», el faraón estaba dando a entender: «El Señor no será mi Dios». Muchas personas se relacionan con Dios como con un enemigo poderoso con el que desean hacer las paces, pero no como con su Rey legítimo, a quien deben obedecer con amor y lealtad. El arrepentimiento verdadero se duele del pecado porque ha sido cometido contra Dios, incluso contra su propio Dios, quien tiene todo derecho sobre nosotros.
El faraón pide perdón, pero no se lo pide a Dios, como deberían hacerlo quienes se arrepienten de verdad. En cambio, se lo pide a Moisés, lo cual era más comprensible en su situación, pues Dios le había dado a Moisés un papel especial como representante suyo ante el faraón, y quienquiera que Moisés perdonara quedaría perdonado. Cuando el faraón dice: «Perdóname esta vez», en efecto está prometiendo no volver a hacerlo, aunque evita decirlo claramente. No menciona nada concreto acerca de dejar salir al pueblo. El arrepentimiento falso suele esconderse detrás de promesas vagas y evita nombrar el pecado específico.
También les pide a Moisés y a Aarón que oren por él. Algunas personas, cuando están en dificultades, les ruegan a otros que oren por ellas, pero no tienen ningún deseo de orar por sí mismas. Eso demuestra que no aman realmente a Dios ni encuentran gozo en tener comunión con él. El faraón quiere que oren para que se quite solamente esta muerte, no su pecado. Suplica ser librado de la plaga de langostas, pero no de la plaga de un corazón endurecido, que era mucho más peligrosa.
La sentencia fue retirada en respuesta a la oración de Moisés (Éxodo 10:18-19). Esto fue, primero, una demostración tan clara del poder de Dios como lo había sido la propia plaga. Un viento del este había traído las langostas, y ahora un viento del oeste se las llevó. Cualquiera que sea la dirección en que sople el viento, está cumpliendo la palabra de Dios y cambia de rumbo según él lo ordena. Hasta donde los seres humanos pueden controlarlo, el viento sopla donde quiere; pero no sucede así con Dios. Él lo dirige por todo el cielo.
Segundo, la retirada de la plaga fue una prueba igualmente clara de la autoridad de Moisés y una firme confirmación de su llamado y de su relación con el Dios que establece la paz y crea la adversidad (Isaías 45:7). Además, esto le ganó a Moisés el respeto y la buena voluntad de los egipcios. La sentencia llegó cuando él la anunció, pero fue retirada cuando oró. Moisés nunca deseó el día de la calamidad, aunque lo había advertido. Su misión estaba dirigida contra Egipto, pero su oración era a favor de Egipto, y esa era una buena razón para que lo amaran, aunque también le tuvieran temor.
Tercero, la retirada de la plaga les dio una razón tan poderosa para arrepentirse como la misma sentencia. Demostró que Dios está dispuesto a perdonar y que se apresura a mostrar misericordia. Si quita una sentencia específica, como lo hizo muchas veces con el faraón, o la retrasa, como en el caso de Acab, cuando hay alguna manifestación externa de arrepentimiento, cuánto más hará cuando el arrepentimiento sea sincero. ¡Qué bienvenida recibirán de él quienes se arrepienten de verdad! La bondad de Dios debe conducirnos al arrepentimiento.
El faraón volvió a su decisión malvada de no dejar salir al pueblo (Éxodo 10:20). Esto ocurrió por la acción justa de Dios sobre él: endureció su corazón y lo confirmó en su terquedad. Quienes durante mucho tiempo han apartado y resistido la convicción pierden el beneficio de ella. Dios justamente los entrega a los deseos de su propio corazón, los cuales, por fuertes que sean sus convicciones, resultan ser todavía más fuertes.
De este capítulo
Éxodo 10:1
"El Señor le dijo a Moisés: —Ve a ver al faraón, pues yo he hecho que él y sus funcionarios se pongan tercos para mostrarles las grandes maravillas que yo puedo hacer,"
Éxodo 10:2
"y para que tú les cuentes a tus hijos y nietos la forma en que me burlé de los egipcios y las grandes maravillas que hice entre ellos. Así sabrán ustedes que yo soy el Señor."
Éxodo 10:3
"Moisés y Aarón fueron a ver al faraón y le dijeron: —Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: ¿Hasta cuándo te negarás a humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo para que me adore;"
Éxodo 10:4
"porque, si te sigues oponiendo a dejarlo ir, mañana haré que vengan langostas sobre tu país,"
Éxodo 10:5
"las cuales cubrirán la tierra en tal cantidad que no se podrá ver el suelo. Se comerán lo poco que haya quedado después del granizo y también todos los árboles del campo."
Éxodo 10:6
"Llenarán tus palacios, las casas de tus funcionarios y las casas de todos los egipcios. ¡Será algo como nunca vieron tus padres ni tus abuelos desde sus días hasta los nuestros!. Al terminar de hablar, Moisés dio media vuelta y salió del palacio del faraón."
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