Ester 16:1
Esta es una copia de la carta: «El gran rey Artajerjes saluda a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias, desde la India hasta Etiopía, y a sus leales súbditos.
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24 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Esta es una copia de la carta: «El gran rey Artajerjes saluda a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias, desde la India hasta Etiopía, y a sus leales súbditos.
»Hay muchas personas que, al recibir grandes honores gracias a la generosidad de sus bienhechores, se llenan de orgullo
y no solo procuran tratar injustamente a mis súbditos, sino que, incapaces de resistir tantos honores, se dedican a tramar planes contra sus bienhechores.
No se conforman con ser desagradecidos con los hombres, sino que se llenan de orgullo al verse aplaudidos por los tontos y se imaginan que pueden escapar del justo castigo de Dios, quien siempre lo ve todo y aborrece el mal.
Los gobernantes a veces confían la administración de los asuntos a hombres a quienes consideran amigos, pero estos muchas veces los persuaden para que se hagan cómplices de crímenes contra personas inocentes y causen males irreparables;
con engaños y mentiras maliciosas traicionan la sinceridad y las buenas intenciones de los gobernantes.
Esto puede verse no solo en las historias antiguas que nos han transmitido, sino también ahora. Basta con abrir los ojos para darse cuenta de la cantidad de crímenes cometidos por esa peste de gobernantes indignos.
Por eso, en el futuro dirigiré mis esfuerzos a garantizar a todos los hombres un reino tranquilo y pacífico,
haciendo los cambios necesarios y juzgando siempre con la mayor bondad posible los asuntos que lleguen a mis manos.
Yo había recibido como huésped al macedonio Amam, hijo de Hamedata, quien en realidad no era de origen persa, sino extranjero y muy alejado de mi bondadosa manera de ser;
y él había experimentado la bondad con que trato a todas las naciones, hasta el punto de ser proclamado «padre del rey» y reverenciado por todos como la segunda persona en dignidad después de mí.
Pero él no supo desempeñar un cargo tan elevado, sino que tramó quitarme el reino y la vida
y, valiéndose de intrigas y engaños, pidió la muerte de Mardoqueo, quien me había salvado la vida y siempre me había hecho bien, y de Ester, mi intachable compañera en la dignidad real, así como la de toda su nación.
Por estos medios pretendía tomarme desprevenido, quitarles a los persas el dominio y entregárselo a los macedonios.
Pero he averiguado que los judíos, a quienes este pésimo criminal quería exterminar, no son malhechores, sino que viven de acuerdo con leyes sumamente justas
y son hijos del gran Dios, altísimo y viviente, quien ha conservado el reino en estado floreciente tanto para mí como para mis antepasados.
Por lo tanto, no se debe hacer ningún caso a las cartas que envió Amam,
porque él, que fue quien tramó todo esto, ya ha sido colgado en la horca junto con su familia delante de las puertas de Susa. De esta manera, Dios, que tiene poder sobre todo, le dio rápidamente el castigo que merecía.
Deben colocarse copias de esta carta en todo lugar público. Debe permitirse que los judíos vivan de acuerdo con sus leyes.
Los demás también deben ayudar a los judíos para que se defiendan de quienes los ataquen el día trece del mes doce, el mes de Adar, en caso de que se encuentren en dificultades.
Porque Dios, Señor de todas las cosas, ha hecho que este sea un día de alegría y no de exterminio para el pueblo elegido.
Y ustedes, los judíos, entre sus otras fiestas y conmemoraciones, deben celebrar con gran alegría este día memorable,
para que tanto ahora como en el futuro tengamos prosperidad yo y los persas bien dispuestos, y para que, al mismo tiempo, sea para mis enemigos un recuerdo de su destrucción.
Si alguna ciudad o región no cumple estas órdenes, será terriblemente destruida con las armas y el fuego. Ningún hombre volverá a acercarse a ella, y hasta las fieras y las aves sentirán horror de ese lugar.
La carta denuncia a quienes, después de recibir honores, usan su posición para perseguir a personas inocentes y traicionar a sus benefactores. El orgullo aparece como una fuerza que distorsiona el poder y conduce al juicio.
Artajerjes reconoce que Amam había actuado mediante engaños y que los judíos no eran criminales. El decreto busca corregir una injusticia y proteger a una comunidad amenazada.
El texto afirma que Dios ve todo, aborrece el mal y tiene poder sobre los acontecimientos. La caída de Amam se interpreta como una manifestación del justo juicio de Dios.
El día señalado para la destrucción del pueblo elegido se convierte en una ocasión de alegría, memoria y celebración. La reversión del decreto subraya la esperanza que surge cuando la injusticia es detenida.
El rey reconoce que los gobernantes pueden ser manipulados por consejeros corruptos y promete administrar con mayor justicia y bondad. El capítulo vincula el liderazgo con la obligación de proteger a los vulnerables.
Ester 16 pertenece a las adiciones griegas del libro de Ester conservadas en la tradición católica. El capítulo reproduce la carta real que revoca el decreto de Amam y justifica la protección de los judíos. En la narración, el rey Artajerjes gobierna un imperio que se extiende desde la India hasta Etiopía, y Amam aparece como un alto funcionario cuya influencia llevó al rey a aprobar una orden injusta. La referencia al día trece del mes de Adar conecta este decreto con la celebración de Purim y con la inversión del peligro descrita en el libro. Los nombres y la forma de la carta pertenecen al marco literario del relato bíblico, que presenta la providencia de Dios actuando en medio de decisiones políticas y amenazas imperiales.
El capítulo adopta la forma de un decreto oficial. Comienza con una introducción real y una reflexión general sobre el orgullo, la ingratitud y los funcionarios corruptos (versículos 1-9). Después explica el caso concreto de Amam, Mardoqueo, Ester y el pueblo judío (versículos 10-18). Finalmente establece las consecuencias prácticas: anulación de las cartas anteriores, permiso para que los judíos vivan según sus leyes, apoyo para su defensa y celebración del día de liberación (versículos 19-24). El cierre combina alegría para el pueblo protegido con una advertencia imperial severa contra las ciudades que desobedezcan.
El capítulo proclama que Dios no es indiferente ante la injusticia y que ninguna estructura de poder está fuera de su soberanía. La defensa de los judíos recuerda la fidelidad de Dios hacia su pueblo y muestra cómo una amenaza de exterminio puede ser revertida. También ofrece una visión moral del liderazgo: el poder debe reconocer el engaño, corregir el daño y proteger a quienes han sido injustamente acusados. En la tradición católica, este pasaje forma parte de la lectura ampliada de Ester y refuerza la acción providente de Dios en la historia, aun cuando su presencia no siempre se manifiesta de manera visible o directa.
El capítulo puede resonar con personas que han vivido injusticia, acusaciones falsas, abuso de poder o miedo por la seguridad de una comunidad. Su movimiento principal va de la amenaza a la protección, y del duelo a la alegría compartida. Puede ofrecer consuelo al afirmar que el mal no tiene la última palabra y que reconocer una injusticia puede abrir camino a la reparación. A la vez, el texto contiene imágenes intensas de exterminio, castigo y destrucción; por eso conviene acercarse a él con sensibilidad, sin minimizar el dolor de quienes han experimentado violencia o persecución.
El capítulo invita a examinar cómo se usa la influencia y a rechazar los rumores, engaños y acusaciones que pueden dañar a personas inocentes. También anima a corregir decisiones injustas cuando se descubre la verdad, a proteger a quienes están en una posición vulnerable y a crear espacios donde la memoria de la liberación sea compartida con gratitud. La celebración de los judíos no borra el peligro anterior: recuerda que la esperanza madura reconoce el daño, honra la intervención de Dios y promueve comunidades comprometidas con la justicia y la paz.
Ester 16 es una de las adiciones griegas al libro de Ester incluidas en la Biblia católica. Contiene la copia de la carta real que revoca el decreto de Amam y protege al pueblo judío.
Amam es el funcionario que, según la carta, engañó al rey y promovió la muerte de Mardoqueo, Ester y toda la nación judía. En otras tradiciones bíblicas su nombre suele aparecer como Amán.
Anuncia que las cartas anteriores de Amam no deben obedecerse, permite que los judíos vivan según sus leyes y ordena que reciban apoyo para defenderse de quienes los ataquen.
Porque el día que había sido señalado para el exterminio del pueblo judío se transforma en un día de defensa, liberación y celebración. Esta inversión está relacionada con la fiesta de Purim.
Enseña que el poder puede ser manipulado por consejeros deshonestos, pero también que un gobernante tiene la responsabilidad de reconocer el engaño, corregir una injusticia y proteger a los inocentes.
Este capítulo reconoce el peso de vivir bajo una amenaza creada por mentiras y decisiones tomadas desde el poder. Su giro hacia la protección y la alegría puede sostener la esperanza de quienes han visto a una comunidad herida y necesitan recordar que la injusticia no define toda la historia. La celebración final tiene sentido porque la vida y la dignidad del pueblo fueron preservadas.
Como adición griega, Ester 16 amplía la dimensión teológica y política del relato mediante un decreto formal. La carta organiza los hechos alrededor de una explicación moral: el orgullo, el engaño y la corrupción de los funcionarios producen decisiones injustas, mientras que el reconocimiento de la verdad permite revocarlas. El texto también conecta explícitamente la liberación con la soberanía de Dios y con la institución de una memoria festiva.
La carta presenta varias responsabilidades concretas para quienes tienen autoridad: revisar la información recibida, corregir órdenes dañinas y proteger a quienes enfrentan un ataque. En la vida diaria, su enseñanza práctica favorece decisiones verificadas, rechazo de rumores y disposición para reparar el daño cuando una acusación o una política ha perjudicado a personas inocentes.
Ester 16 contempla la historia desde la certeza de que Dios ve lo oculto y puede convertir un destino de muerte en una ocasión de alegría. La liberación no se presenta como simple suerte, sino como una señal de la fidelidad del Dios viviente. La memoria agradecida mantiene despierta la conciencia espiritual: la vida recibida debe convertirse en celebración, justicia y esperanza para el futuro.
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