Ester 13:1
Esta es una copia de la carta: «El gran rey Artajerjes a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias del imperio, desde la India hasta Etiopía, y a los demás funcionarios subordinados.
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18 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Esta es una copia de la carta: «El gran rey Artajerjes a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias del imperio, desde la India hasta Etiopía, y a los demás funcionarios subordinados.
»Yo, como rey de tantas naciones y soberano de todo el mundo, quiero asegurar siempre a mis súbditos una vida tranquila, procurar al reino calma y seguridad hasta sus últimas fronteras, y restablecer la paz que todos anhelan. No hago esto porque el poder me llene de orgullo, sino porque quiero gobernar siempre con suavidad y bondad.
Después de consultar a mis consejeros sobre cómo alcanzar este objetivo, Amam me dio la respuesta. Él se ha distinguido entre nosotros por su sano juicio y se ha destacado por su inalterable afecto y su firme lealtad; por eso ha recibido el honor de ocupar el segundo lugar en el reino.
Amam me ha informado de que, mezclado entre todas las naciones de la tierra, hay un pueblo enemigo, cuyas leyes son contrarias a las de todas las demás naciones y que nunca obedece los decretos reales, con lo cual pone obstáculos a mi gobierno bien intencionado e irreprochable.
Por lo tanto, considerando que este pueblo es el único que siempre se opone a todos los demás, que lleva una vida diferente por causa de sus extrañas leyes y que, al despreciar mis decretos, comete los peores crímenes, impidiendo así la estabilidad del reino,
decreto que todos aquellos que Amam, mi ministro de gobierno y mi segundo padre, señale en su carta, junto con sus mujeres y sus hijos, sean exterminados por completo por la espada de sus enemigos, sin compasión ni misericordia, el día catorce del mes doce, el mes de Adar, del presente año.
Así, esas personas que ahora y siempre han sido enemigas morirán violentamente en un solo día, y yo podré gobernar en adelante con paz y tranquilidad.
y, recordando todas las obras del Señor, oró de esta manera:
«Señor, Señor, Rey que tienes poder sobre todas las cosas, porque todo está bajo tu dominio: nadie puede oponerse a ti si es tu voluntad salvar a Israel.
Tú hiciste el cielo, la tierra y todas las maravillas que existen bajo el cielo.
Tú, Señor, eres Señor de todos, y nadie puede oponerse a ti.
Tú lo sabes todo y sabes que, si no me arrodillé ante el orgulloso Amam, no fue por soberbia, orgullo ni ambición.
Tú sabes que, por la salvación de Israel, estaría dispuesto incluso a besarle las plantas de los pies.
Si no lo hice, fue para no poner el honor de un hombre por encima del honor de Dios. No me arrodillaré ante ningún otro fuera de ti, Señor; y si actúo de esta manera, no es por orgullo.
¡Ahora, pues, Señor, Dios y Rey, Dios de Abraham, no castigues a tu pueblo! Nuestros enemigos quieren destruirnos; quieren exterminar al pueblo que ha sido tuyo desde el principio.
¡No te desentiendas de tu propiedad, a la que libraste del país de Egipto para que fuera tuya!
Escucha mi súplica, Señor. Mira con bondad a Israel, que es tu propiedad, y convierte nuestro luto en alegría, para que, mientras vivamos, podamos cantar a tu nombre. ¡No hagas callar los labios que te alaban!»
De la misma manera, todos los israelitas clamaron a Dios con todas sus fuerzas, porque veían cercana su muerte.
La carta presenta como defensa de la paz un decreto basado en acusaciones engañosas y que ordena la violencia contra un pueblo entero, incluidos sus familiares.
Mardoqueo afirma que no se inclinó ante Amam por orgullo, sino porque no quiso poner el honor de un hombre por encima del honor de Dios.
La oración reconoce a Dios como Rey y Creador, recuerda su relación con Israel y le pide que no abandone a su pueblo en la hora de la amenaza.
Este capítulo pertenece a las adiciones griegas de Ester conservadas en la tradición católica. Amplía el relato con el texto del decreto real y con la oración de Mardoqueo. La carta se sitúa dentro del imperio persa, descrito como extendido desde la India hasta Etiopía y organizado en ciento veintisiete provincias. El lenguaje oficial intenta presentar la persecución como una medida necesaria para preservar la estabilidad del reino, mientras que la oración revela la perspectiva de quienes sufren la amenaza. La forma del capítulo subraya el contraste entre la propaganda del poder y la verdad expresada delante de Dios.
El capítulo tiene dos movimientos principales. En los versículos 1-7 aparece la copia de la carta de Artajerjes: comienza con una presentación del rey, ofrece una justificación política del decreto y termina ordenando el exterminio de los judíos. En los versículos 8-17 se introduce la oración de Mardoqueo, que pasa de la alabanza a la confesión de fidelidad y luego a la súplica por Israel. El versículo 18 cierra con la respuesta colectiva del pueblo. La estructura coloca frente a frente la voz imperial, que reclama autoridad absoluta, y la voz de la oración, que reconoce a Dios como el verdadero Señor de la historia.
Ester 13 afirma que Dios es Rey sobre toda la creación y que la identidad de su pueblo no depende de la aprobación de los gobernantes. La oración de Mardoqueo une reverencia, memoria y petición: recuerda la obra de Dios, explica una decisión de conciencia y clama por la preservación de Israel. El capítulo también desenmascara la falsa paz que se construye mediante la deshumanización y la violencia. Desde la perspectiva católica, este pasaje puede leerse junto con el llamado bíblico a confiar en Dios, defender la dignidad de las personas y rechazar el uso del poder para destruir a los vulnerables. El texto no presenta el sufrimiento como algo trivial ni ofrece una respuesta rápida al lamento; muestra que la fe puede clamar con urgencia cuando la vida está en peligro.
El capítulo reconoce experiencias de miedo, impotencia, injusticia y duelo colectivo. La oración de Mardoqueo muestra que una persona puede expresar ante Dios tanto su lealtad como su angustia, sin ocultar la gravedad de la amenaza. También valida la importancia del apoyo comunitario: todo el pueblo clama unido cuando la muerte parece cercana. Como texto espiritual, puede ofrecer un lenguaje para nombrar el dolor y buscar esperanza; no sustituye la protección inmediata, la atención de salud mental ni la ayuda profesional necesaria en situaciones de peligro.
El capítulo invita a reconocer cómo los discursos de poder pueden presentar la injusticia como seguridad o estabilidad. En la vida comunitaria, esto llama a examinar las acusaciones contra grupos vulnerables, resistir la deshumanización y valorar la verdad antes de repetir una afirmación oficial. También ofrece un modelo de oración honesta que recuerda quién es Dios, nombra el peligro y pide vida en lugar de ocultar el miedo. La fidelidad de Mardoqueo puede expresarse con integridad, prudencia, solidaridad y acciones concretas de protección, sin confundir la confianza en Dios con pasividad ante la injusticia.
Contiene una adición al relato de Ester: la copia del decreto de Artajerjes contra los judíos y la oración de Mardoqueo por la salvación de Israel.
Según su oración, no actuó por orgullo ni ambición. No quiso poner el honor de un hombre por encima del honor de Dios y afirma que su decisión estaba relacionada con la salvación de Israel.
La carta lo presenta como un gobernante que desea paz y estabilidad, pero su discurso queda contradicho por el decreto de exterminio que acepta a partir de la acusación de Amam.
Lo reconoce como Rey, Creador y Señor de todos, capaz de salvar a Israel. La oración también recuerda que Dios hizo suyo a su pueblo y pide que no lo abandone.
No. La inclusión del lamento de Mardoqueo y de todo Israel pone de relieve la injusticia y el peligro del decreto. El texto muestra la violencia como una amenaza destructiva, no como una verdadera forma de alcanzar la paz.
Este capítulo deja sentir el peso de una amenaza que alcanza a familias enteras y a una comunidad completa. La oración de Mardoqueo no minimiza el miedo: lo lleva ante Dios con palabras de urgencia, memoria y esperanza. El clamor de todo Israel recuerda que el dolor compartido merece ser escuchado y acompañado, no silenciado.
Ester 13 contrasta dos discursos. La carta imperial emplea vocabulario de paz, orden y buena intención para legitimar un decreto genocida; la oración de Mardoqueo reubica la autoridad última en Dios, Creador y Rey. Literariamente, la sección amplía el relato de Ester al hacer explícita la dimensión religiosa de la crisis y al interpretar la negativa de Mardoqueo como fidelidad, no como ambición personal.
El capítulo muestra la importancia de revisar las acusaciones antes de actuar y de observar quién queda expuesto cuando una decisión se presenta como necesaria para la seguridad. Una respuesta práctica a este pasaje incluye no repetir rumores sobre grupos enteros, prestar atención a las personas vulnerables y buscar formas prudentes de protección y solidaridad cuando el poder se usa para excluir o amenazar.
La oración de Mardoqueo mira más allá del poder visible y confiesa que Dios sigue siendo Señor sobre la creación y sobre la historia. Su súplica une identidad, memoria y esperanza: Israel pertenece a Dios, y por eso el lamento no es vacío. El capítulo invita a una confianza profunda que no niega la oscuridad, sino que la presenta ante el Dios que escucha.
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