Versículo destacado
Eclesiastés 6:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El hombre trabaja y trabaja para comer, pero nunca queda satisfecho. "
Eclesiastés 6:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 y aunque no llegue a ver el sol ni a saber nada, al menos habrá tenido más descanso que aquel hombre,
6 el cual podría haber vivido dos mil años y, sin embargo, no haber disfrutado de sus bienes. Y, al fin de cuentas, ¡todos van al mismo lugar!
7 El hombre trabaja y trabaja para comer, pero nunca queda satisfecho.
8 ¿Qué tiene el sabio que no tenga el necio, aparte de sus conocimientos para hacerle frente a la vida?
9 Vale más lo que uno ve que lo que se imagina. Pero también esto es una ilusión vana, es querer atrapar el viento.
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El predicador vuelve a mostrar lo vacío y absurdo que es acumular riquezas esperando encontrar la felicidad en ellas.
Por mucho que las personas trabajen, lo máximo que pueden obtener para sí mismas es lo necesario para mantenerse con vida. Todo el trabajo del ser humano es para la boca; es decir, para la comida y el sustento básico (Proverbios 16:26). Se trata solamente de alimento y ropa. Otros pueden quedarse con lo demás, pero nosotros no. Las riquezas pueden llenar el cuerpo, pero no pueden alimentar la mente ni enriquecer el alma. Un poco basta para sostenernos adecuadamente, y una gran cantidad no puede hacer más.
Quienes tienen mucho siguen deseando más. Una persona puede trabajar arduamente solo para saciar el hambre, pero el apetito nunca queda completamente satisfecho. Las necesidades naturales regresan una y otra vez. Alguien puede comer bien hoy y aun así tener hambre mañana. Los deseos pecaminosos por las cosas del mundo nunca dejan de crecer, y para la persona mundana las riquezas son como la bebida para quien padece hidropesía: solo aumentan la sed (Eclesiastés 5:10). Aunque una persona consiga todo lo que esperaba, su deseo todavía va más allá. El alma no se llena con las riquezas del mundo. Cuando Dios le dio a Israel lo que le había pedido, envió debilidad a su alma (Salmos 106:15). El rico insensato que se dijo a sí mismo: «Alma, descansa», estaba profundamente equivocado.
Un necio puede tener tantas riquezas y disfrutar de tanto placer externo como una persona sabia. Incluso puede parecer menos preocupado por ello. «¿Qué más tiene el sabio que el necio?» (Eclesiastés 6:8). Un necio puede tener una propiedad, un negocio o una posición tan buenos como los de cualquier otra persona. Aunque ambos tengan las mismas posesiones, la persona sabia no puede obtener de ellas más que lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas, y el necio tampoco. El necio puede comer bien, vestirse bien y presentarse en público tan bien como una persona sabia. Así que, si no existieran los placeres ni el honor que pertenecen a la mente, el sabio y el necio estarían al mismo nivel en este mundo.
Incluso una persona pobre, si tiene trabajo y es sensata, constante y hábil en lo que hace, puede atravesar este mundo con tanta comodidad como alguien muy rico. Pensemos en lo que le falta a la persona pobre si sabe conducirse delante de los demás, es decir, si sabe vivir correctamente con quienes la rodean, cumplir con su deber, ganarse honradamente la vida y aprovechar bien su tiempo. ¿Qué tiene? A menudo es más querida y respetada por sus vecinos, y puede tener más influencia que muchas personas ricas que son codiciosas y orgullosas. ¿Qué más tiene? Disfruta de tantas comodidades de la vida como muchas personas ricas: comida y ropa; y si está contenta con eso, es tan verdaderamente rica como quien tiene abundancia.
Es más razonable disfrutar de lo que tenemos que seguir tratando de obtener más (Eclesiastés 6:9). «La vista de los ojos» significa aprovechar lo que está presente, en vez de dejar que la mente ande tras cosas lejanas y placeres imaginarios. La persona contenta, aunque tenga poco, es más feliz que la que siempre desea más, aunque tenga mucho. Esto no significa que sea mejor confiar únicamente en lo que podemos ver que poner nuestro deseo en Dios y descansar en él. Es mejor vivir por la fe en lo que vendrá que vivir solamente por lo que vemos. Pero es mejor estar contentos con lo que tenemos delante de los ojos que dejar que nuestra mente persiga al mundo, que es incierto y nunca satisface por completo. Ese deseo errante es vanidad y aflicción de espíritu. Incluso cuando una persona obtiene lo que quería, a menudo no está a la altura de sus expectativas. Y cuando se le niega aquello que perseguía, la decepción se convierte en una profunda angustia interior.
Nuestra situación en la vida, cualquiera que sea, ha sido dispuesta por el sabio plan de Dios, y nadie puede cambiarla. Por eso, nuestra sabiduría consiste en aceptarla y estar contentos con ella (Eclesiastés 6:10). Lo que ha sido, lo que es y lo que será ya ha sido determinado; es decir, ya ha quedado establecido en el conocimiento previo de Dios. Todo nuestro afán y esfuerzo no pueden hacer que las cosas sean diferentes de lo que Dios ha dispuesto. La decisión ya está tomada. Por eso es necio luchar contra lo que sucederá, y es sabio aceptar lo que no puede evitarse. Tendremos lo que agrada a Dios, y eso también debe agradarnos.
Por mucho que se desvíen nuestros deseos, y por mucho que trabajemos para alcanzarlos, no podemos luchar contra la providencia de Dios, su cuidado soberano sobre todas las cosas. Debemos someternos a lo que él ordena, lo queramos o no. Si una persona no es más que un ser humano, no debe discutir con alguien más poderoso que ella. Es arrogante cuestionar los caminos de Dios o acusarlo de necedad o injusticia. También es inútil quejarse, porque él no cambia, y nadie puede hacer que cambie. Eliú tranquilizó a Job con esta verdad clara: Dios es más grande que el ser humano (Job 33:12). Por eso, nadie debe contender con él ni resistir sus juicios cuando vienen con su autoridad. Una persona no puede usar ni siquiera grandes riquezas para escapar de la enfermedad o de la muerte. Debe someterse a lo que le sobrevenga.
De este capítulo
Eclesiastés 6:1
"En este mundo hay otro mal muy común entre los hombres, según he podido ver:"
Eclesiastés 6:2
"Dios les da a algunos abundantes riquezas y esplendor, y nunca les falta nada de lo que desean; pero no les permite disfrutar de todo ello, sino que otros lo disfrutan. ¡Esto también es una ilusión vana y realmente lamentable!"
Eclesiastés 6:3
"Un hombre puede tener cien hijos y vivir muchos años; pero, por mucho que viva, si no disfruta plenamente de lo bueno y ni siquiera recibe sepultura, yo sostengo que un niño abortado vale más que ese hombre."
Eclesiastés 6:4
"Pues, aunque ese niño se pierda en la nada, en la oscuridad, donde su nombre quedará ignorado,"
Eclesiastés 6:5
"y aunque no llegue a ver el sol ni a saber nada, al menos habrá tenido más descanso que aquel hombre,"
Eclesiastés 6:6
"el cual podría haber vivido dos mil años y, sin embargo, no haber disfrutado de sus bienes. Y, al fin de cuentas, ¡todos van al mismo lugar!"
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