Versículo destacado
Eclesiastés 3:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre: "
Eclesiastés 3:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre:
2 Un momento para nacer y un momento para morir. Un momento para plantar y un momento para arrancar lo plantado.
3 Un momento para matar y un momento para curar. Un momento para destruir y un momento para construir.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Estos versículos muestran, en primer lugar, que vivimos en un mundo lleno de cambios. Los acontecimientos del tiempo y las circunstancias de la vida humana son muy diferentes entre sí, pero van y vienen sin un orden fijo que podamos controlar. La vida pasa continuamente de un estado a otro, como el movimiento de una rueda (Santiago 3:6). Siempre hay ascensos y descensos, crecimiento y decadencia. La apariencia de este mundo sigue cambiando, y siempre ha sido así.
También muestran, en segundo lugar, que cada cambio en nuestra vida, junto con su tiempo apropiado, está firmemente establecido por un poder superior. Debemos aceptar las cosas tal como vienen, porque no podemos cambiar lo que ha sido dispuesto para nosotros. Esto debe impedir que nos volvamos orgullosos en los buenos tiempos, como si el mañana tuviera que ser igual que el día de hoy. Pero también debe mantenernos firmes y tranquilos, para que disfrutemos del fruto de nuestro trabajo confiando humildemente en el cuidado de Dios, tal como él lo aconsejó antes (Eclesiastés 2:24). No debemos dejarnos elevar por la esperanza ni aplastar por el miedo, sino enfrentar cada acontecimiento con una actitud serena.
Aquí el escritor presenta una afirmación general: hay una temporada para cada cosa (Eclesiastés 3:1). Las cosas que parecen opuestas entre sí tienen su turno en los cambios de la vida. El día da paso a la noche, y la noche vuelve a dar paso al día. El verano se convierte en invierno, y el invierno en verano. Todo propósito tiene su tiempo. El cielo más despejado puede nublarse, y la tristeza puede seguir a la alegría. Después, el cielo más oscuro puede despejarse y el sol puede abrirse paso entre las nubes.
Lo que a nosotros nos parece aleatorio está exactamente establecido en la sabiduría y el conocimiento anticipado de Dios. La hora precisa de cada acontecimiento está fijada, y no puede adelantarse ni retrasarse ni siquiera un momento. El escritor demuestra esto al enumerar muchas clases de cambios, veintiocho en total, en correspondencia con el ciclo cambiante de la luna, cuando crece y mengua. Algunos de estos cambios provienen directamente de la mano de Dios, y otros dependen más de las decisiones humanas, pero todos están gobernados por su consejo. Todo lo que está bajo el cielo cambia, pero en el cielo hay un estado inmutable y un propósito inmutable con respecto a todas estas cosas.
Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir. Ambos están establecidos por el consejo de Dios, y así como nacemos, también debemos morir en el tiempo señalado (Hechos 17:26). Algunos han observado que el texto menciona un tiempo para nacer y un tiempo para morir, pero no menciona un tiempo para vivir, porque la vida es tan breve que casi no necesita mencionarse. En cuanto nacemos, comenzamos a morir. Sin embargo, así como ciertamente hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, también habrá un tiempo para resucitar: un tiempo establecido en que Dios se acordará de quienes yacen en la tumba (Job 14:13).
Hay un tiempo para que Dios plante una nación, como plantó a Israel en Canaán. Para hacerles lugar, también tuvo que desarraigar a las siete naciones que ya estaban allí. Más adelante, llegó el tiempo en que Dios habló también contra Israel para desarraigarlo y destruirlo, cuando su pecado llegó a su colmo (Jeremías 18:7, Jeremías 18:9). También hay un tiempo para que las personas planten: una estación del año y un período de la vida. Pero cuando lo plantado deja de dar fruto y se vuelve inútil, llega el momento de arrancarlo.
Hay un tiempo para matar, cuando los juicios de Dios están en la tierra y todo queda arrasado. Pero cuando él vuelve con misericordia, llega el tiempo de sanar lo que había desgarrado (Oseas 6:1, Oseas 6:2), y de consolar a un pueblo después de haberlo afligido (Salmos 90:15). De la misma manera, a veces los gobernantes necesitan tomar medidas severas, pero también hay un tiempo en que deben escoger un camino más amable y usar remedios que sanen, no medidas duras.
Hay un tiempo para derribar una familia, una propiedad o un reino, cuando se ha hecho merecedor de la ruina. Sin embargo, si las personas regresan y se arrepienten, Dios encontrará un tiempo para reconstruir lo que había derribado. Hay un tiempo señalado para que el Señor edifique a Sion (Salmos 102:13, Salmos 102:16). También hay un tiempo para que las personas cierren una casa, terminen un negocio y derriben estructuras, y quienes se dedican a construir deben estar preparados para ese momento.
Hay un tiempo para llorar y hacer duelo, cuando la providencia de Dios lo exige, y las personas sabias y piadosas responderán a ese llamado. Esto es apropiado en tiempos de aflicción y peligro compartidos, cuando reír y celebrar sería insensato (Isaías 22:12, Isaías 22:13; Ezequiel 21:10). Sin embargo, también hay un tiempo en que Dios llama a la alegría, un tiempo para reír y bailar, y entonces espera que le sirvamos con gozo y con un corazón alegre. El tiempo de luto se menciona primero porque debemos sembrar con lágrimas antes de cosechar con alegría.
Hay un tiempo para arrojar piedras, derribando muros y fortificaciones, cuando Dios da paz a la tierra y ya no se necesitan. Pero también hay un tiempo para juntar piedras, a fin de construir lugares fuertes (Eclesiastés 3:5). Las torres pueden caer, como cayó la torre de Siloé (Lucas 13:4), e incluso el templo puede quedar tan completamente destruido que no quede una piedra sobre otra. Pero también hay un tiempo para levantar torres y monumentos cuando una nación prospera.
Hay un tiempo para abrazar a un amigo cuando comprobamos que es fiel, pero también un tiempo para abstenerse de abrazarlo cuando descubrimos que es injusto o desleal y tenemos motivos para desconfiar de él. Entonces la prudencia nos llama a mantener cierta distancia. A menudo esto se aplica a la vida matrimonial y se explica mediante la enseñanza de Pablo sobre los deberes del matrimonio (1 Corintios 7:3-5) y mediante el llamado de Joel a reunirse solemnemente y guardar abstinencia (Joel 2:16).
Hay un tiempo para adquirir: ganar dinero, obtener un ascenso, hacer buenos negocios y aumentar nuestra influencia cuando se presenta la oportunidad. Esta es una temporada en la que una persona sabia buscará lo que necesita. Cuando alguien está comenzando su vida, tiene una familia que está creciendo, se encuentra en la plenitud de sus fuerzas y su trabajo marcha bien, entonces es tiempo de esforzarse y aprovechar al máximo esa temporada. También hay un tiempo para adquirir sabiduría, conocimiento y gracia, cuando una persona tiene una verdadera oportunidad de obtenerlos. Pero después debe esperar un tiempo para gastar, cuando todo lo que tiene apenas alcance para sus necesidades. Y aún más: habrá un tiempo para perder, cuando lo que se ganó rápidamente se disperse con la misma rapidez y no pueda conservarse.
Hay un tiempo para rasgar la ropa, como cuando existe un dolor profundo, y un tiempo para volver a coserla, como señal de que el duelo ha terminado. Hay un tiempo para deshacer lo que hemos hecho y un tiempo para volver a hacer lo que deshicimos. Jerónimo aplica esto al derribamiento de la iglesia judía y a la edificación posterior de la iglesia del evangelio.
También hay un tiempo en que es sabio y nuestro deber guardar silencio: cuando los tiempos son malos (Amós 5:13), cuando hablar sería como echar perlas delante de los cerdos, o cuando corremos el peligro de hablar de manera equivocada (Salmos 39:2). Pero también hay un tiempo para hablar en honor de Dios y para el bien de los demás, cuando guardar silencio significaría abandonar una causa justa y cuando debemos confesar con la boca para ser salvos. Una parte importante de la sabiduría cristiana consiste en saber cuándo hablar y cuándo permanecer callados.
Hay un tiempo para amar y mostrar amistad, para mostrarnos abiertos y alegres; ese es un tiempo agradable. Pero también puede haber un tiempo para aborrecer, cuando debemos romper la amistad cercana con personas que antes apreciábamos y mantener cierta distancia porque hemos encontrado motivos para sospechar de ellas, aunque el amor tarde en aceptar esa realidad.
Hay un tiempo de guerra, cuando Dios desenvaina la espada en juicio y permite que cumpla su propósito, y cuando los gobernantes desenvainan la espada para castigar el mal y proteger lo que es correcto. También hay un tiempo de paz, cuando el Señor hace a un lado la espada y pone fin a las guerras (Salmos 46:9), cuando se ha alcanzado el propósito de la guerra y cuando las personas de todos los lados están dispuestas a vivir en paz. La guerra no durará para siempre, y ninguna paz en este mundo puede considerarse permanente. En todos estos cambios, Dios ha puesto una cosa frente a otra, para que nos alegremos como si no estuviéramos completamente alegres y lloremos como si no estuviéramos completamente afligidos.
De esta verdad se desprenden varias lecciones. Si nuestra vida presente está sujeta a tantos cambios, no debemos esperar encontrar en ella toda nuestra porción ni una herencia duradera, porque sus cosas buenas son inciertas y no permanecen (Eclesiastés 3:9). ¿Qué beneficio obtiene quien trabaja? ¿Qué puede prometerse una persona al plantar y construir, cuando lo que parece terminado pronto, y sin duda algún día, puede ser derribado y destruido? Todo nuestro esfuerzo y cuidado no pueden cambiar ni la naturaleza cambiante de estas cosas ni el propósito inmutable de Dios con respecto a ellas.
Por eso debemos vernos a nosotros mismos como personas que están siendo probadas en esta vida. En realidad, no hay una ganancia duradera en el trabajo que hacemos aquí. La cosa misma, una vez que la obtenemos, nos servirá de poco. Pero si usamos correctamente el orden que Dios ha dado a los acontecimientos, habrá beneficio en ello (Eclesiastés 3:10). He visto la carga que Dios ha dado a las personas, no para hacerlas felices por medio de ella, sino para ejercitarlas en medio de ella. Él usa los acontecimientos cambiantes para desarrollar distintas virtudes, probar nuestra confianza en él en cada giro de la vida y enseñarnos tanto a vivir con poco como a vivir con mucho (Filipenses 4:12).
Hay mucho esfuerzo y aflicción entre las personas. El trabajo y el dolor llenan el mundo. Este esfuerzo y esta aflicción son parte de lo que Dios ha dispuesto para nosotros. Él nunca quiso que este mundo fuera nuestro descanso, así que tampoco nos puso aquí para vivir cómodamente. Para muchos, este trabajo se convierte en un regalo: Dios se lo da a las personas como un médico le da medicina a un paciente, para su bien. Esta carga se nos da para que nos cansemos de este mundo y anhelemos el descanso que aún nos espera. También se nos da para que permanezcamos activos y siempre tengamos algo que hacer, porque ninguno de nosotros fue enviado al mundo para estar ocioso. Cada cambio nos presenta una nueva tarea, y debemos preocuparnos más por cumplir ese deber que por cómo resulten las cosas.
De este capítulo
Eclesiastés 3:2
"Un momento para nacer y un momento para morir. Un momento para plantar y un momento para arrancar lo plantado."
Eclesiastés 3:3
"Un momento para matar y un momento para curar. Un momento para destruir y un momento para construir."
Eclesiastés 3:4
"Un momento para llorar y un momento para reír. Un momento para estar de luto y un momento para estar de fiesta."
Eclesiastés 3:5
"Un momento para esparcir piedras y un momento para recogerlas. Un momento para abrazarse y un momento para separarse."
Eclesiastés 3:6
"Un momento para intentar y un momento para desistir. Un momento para guardar y un momento para tirar."
Eclesiastés 3:7
"Un momento para rasgar y un momento para coser. Un momento para callar y un momento para hablar."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.