Versículo destacado
Deuteronomio 31:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Aquel mismo día Moisés escribió el cántico e hizo que los israelitas lo aprendieran. "
Deuteronomio 31:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 Porque cuando yo los haya hecho entrar en la tierra que bajo juramento prometí a sus antepasados, tierra donde la leche y la miel corren como el agua, y cuando hayan comido hasta quedar satisfechos y engordar, entonces se irán tras otros dioses y los adorarán, y a mí me despreciarán y romperán mi alianza.
21 Pero cuando les vengan muchos males y aflicciones, entonces este cántico será un testimonio contra ellos, pues sus descendientes lo recordarán y lo cantarán; porque ya desde antes de hacerlos entrar en el país que les he prometido, sé muy bien hacia dónde se inclinan sus pensamientos.
22 Aquel mismo día Moisés escribió el cántico e hizo que los israelitas lo aprendieran.
23 A Josué, hijo de Nun, el Señor le dio la siguiente orden: «Ten valor y firmeza, porque tú eres quien hará entrar a los israelitas en el país que les he prometido, y yo estaré a tu lado.»
24 Cuando Moisés terminó de escribir estas leyes en un libro,
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Aquí, en primer lugar, se le da el encargo a Josué, aquel a quien Dios había dicho que pondría en el lugar de Moisés (versículo 14). Es el mismo encargo que Moisés ya le había dado: «Sé fuerte y valiente» (versículo 23). Josué acababa de escuchar lo suficiente acerca del pecado del pueblo como para desanimarse, pues tendría que guiar a una nación tan obstinada. Pero Dios le dice, en efecto, que, por malos que fueran, debía seguir adelante, porque Dios estaría con él. Josué los conduciría a la tierra de Canaán. Si más adelante pecaban y perdían la tierra, eso no sería culpa ni vergüenza suya; por tanto, debía cobrar ánimo.
Después, el libro de la ley se entrega solemnemente a los levitas, quienes debían colocarlo junto al arca del pacto (versículos 24-26), como ya se había mencionado en el versículo 9. Aquí se les indica con mayor claridad dónde guardar ese valioso ejemplar original: no dentro del arca, donde solo se conservaban las dos tablas de piedra, sino en un recipiente colocado a su lado. Es probable que este fuera el mismo libro que más tarde se encontró en el templo del Señor en tiempos de Josías, después de que, de alguna manera, hubiera sido extraviado (2 Crónicas 34:14). Si fue así, las palabras «para que sea un testigo contra ustedes» señalarían especialmente aquel acontecimiento posterior, cuando Josías hizo leer públicamente el libro como testimonio contra un pueblo que entonces estaba cerca de ser destruido por los babilonios.
Luego se le entrega a Moisés el cántico del capítulo siguiente, y por medio de él, al pueblo. Primero lo escribió, guiado por el Espíritu de Dios, y después lo recitó delante de toda la asamblea (versículo 30). También se lo enseñó (versículo 22), lo que significa que les dio copias y les indicó que lo aprendieran de memoria. Primero fue transmitido oralmente y después por escrito a los ancianos y oficiales, que representaban a sus tribus, para que pudieran enseñarlo a sus familias y hogares (versículo 28). Fue dado con un solemne llamado al cielo y a la tierra, advirtiéndoles claramente de las consecuencias mortales de apartarse de Dios, y mostrando también cuánta alegría y esperanza le quedaban a Moisés respecto de ellos.
Moisés les habla primero de la poca alegría que había experimentado mientras vivía entre ellos. No lo dice con enojo, como cuando en otra ocasión habló impulsivamente: «¡Escuchen ahora, rebeldes!», sino a partir de una larga experiencia con ellos: «Ustedes se han rebelado contra el Señor» (versículo 27). Aquí no menciona las ofensas que habían cometido contra él. Ya las había perdonado y olvidado. Pero tenía que hacerlos enfrentar sus pecados contra Dios, para que se arrepintieran de verdad y nunca volvieran a actuar de la misma manera.
También les habla de la poca esperanza que tenía respecto de ellos después de su muerte. Lo que Dios acababa de decirle (versículo 16), incluso más que su propia experiencia, aunque esta ya era suficientemente desalentadora, lo llevó a decir: «Sé que después de mi muerte se corromperán por completo» (versículo 29). Debió causarle un profundo dolor a este buen hombre ver de antemano la rebelión y la ruina de un pueblo al que se había esforzado tanto por guiar y bendecir. Sin embargo, encontró consuelo en saber que había cumplido con su deber y que Dios sería honrado: si no por el establecimiento del pueblo en la tierra, entonces por su dispersión. De la misma manera, nuestro Señor Jesucristo, poco antes de su muerte, anunció la aparición de falsos cristos y falsos profetas (Mateo 24:24). Aun así, y a pesar de todas las apostasías posteriores, podemos tener la certeza de que las puertas del infierno no vencerán a la iglesia, porque el fundamento de Dios permanece firme.
De este capítulo
Deuteronomio 31:1
"Moisés habló de nuevo a todo Israel y dijo lo siguiente:"
Deuteronomio 31:2
"Yo tengo ciento veinte años y ya no tengo fuerzas para andar de un lado para otro. Además, el Señor me ha dicho que no cruzaré el Jordán."
Deuteronomio 31:3
"Pero el Señor su Dios marchará delante de ustedes y, al paso de ustedes, destruirá estas naciones para que ocupen su territorio. Josué irá al frente de ustedes como jefe, tal como lo ha dicho el Señor."
Deuteronomio 31:4
"El Señor hará con estas naciones lo mismo que hizo con Sihón y con Og, reyes de los amorreos, y con sus países, a los cuales destruyó."
Deuteronomio 31:5
"Y cuando el Señor haga que estas naciones caigan en poder de ustedes, deben hacer con ellas todo lo que les he ordenado."
Deuteronomio 31:6
"Tengan valor y firmeza; no tengan miedo ni se asusten cuando se enfrenten con ellas, porque el Señor su Dios está con ustedes y no los dejará ni los abandonará."
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