Versículo destacado
Deuteronomio 30:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Miren, hoy les doy a elegir entre la vida y el bien, por un lado, y la muerte y el mal, por el otro. "
Deuteronomio 30:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 Tampoco está del otro lado del mar, para que se diga: “¿Quién cruzará el mar por nosotros, para que nos lo traiga y nos lo dé a conocer, y lo pongamos en práctica?”
14 Al contrario, el mandamiento está muy cerca de ustedes; está en sus labios y en su pensamiento, para que puedan cumplirlo.
15 Miren, hoy les doy a elegir entre la vida y el bien, por un lado, y la muerte y el mal, por el otro.
16 Si obedecen lo que hoy les ordeno, y aman al Señor su Dios, y siguen sus caminos, y cumplen sus mandamientos, leyes y decretos, vivirán y tendrán muchos hijos, y el Señor su Dios los bendecirá en el país que van a ocupar.
17 Pero si no hacen caso de todo esto, sino que se dejan arrastrar por otros dioses para rendirles culto y arrodillarse ante ellos,
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Moisés concluye con un llamado muy claro y contundente, con la esperanza de que sus palabras penetren en la mente y el corazón de este pueblo obstinado. Difícilmente podría haberse expresado con mayor claridad o sinceridad. Su manera de hablar es sabia, cuidadosa, amorosa y totalmente apropiada para captar su atención; demuestra que realmente cree en lo que está diciendo. Por eso, si se niegan a obedecer, quedarán sin excusa.
Moisés presenta el asunto con toda justicia y les pide que lo juzguen por sí mismos. ¿Acaso no les había expuesto el tema con toda la claridad que podían pedir? Toda persona desea la vida y el bien, y quiere evitar la muerte y el mal. En efecto, Moisés les dice: «Les he mostrado el camino hacia toda la felicidad que desean y la manera de evitar toda miseria. Obedezcan, y todo les irá bien». Nuestros primeros padres comieron del fruto prohibido con la esperanza de adquirir el conocimiento del bien y del mal, pero obtuvieron un conocimiento amargo: conocieron el bien al perderlo y el mal al experimentarlo. Sin embargo, la bondad de Dios hacia los seres humanos es tan grande que, en lugar de dejarnos entregados a nuestro propio error, nos ha dado su palabra. Ella nos enseña el bien y el mal de una manera que puede hacernos verdaderamente felices, si no nos destruimos a nosotros mismos.
Toda persona se mueve por la esperanza y el temor: espera el bien y teme el mal, ya sea que aquello que espera o teme sea real o solo parezca serlo. Moisés ha puesto ambas cosas delante del pueblo. Si la promesa segura de bendición los atrae a la obediencia, o si la advertencia segura de la ruina que vendrá por desobedecer los impulsa a ella, permanecerán cerca de Dios y cumplirán con su deber. Si no quieren escuchar, serán completamente responsables. Esta es, pues, la conclusión de todo el asunto.
Si ellos y sus hijos amaban a Dios y le servían, vivirían y serían felices (Deuteronomio 30:16). Si amaban a Dios y demostraban ese amor al guardar sus mandamientos, haciéndolo de corazón, Dios les haría bien y serían tan felices como su bendición pudiera hacerlos. Pero si ellos o sus hijos alguna vez se apartaban de Dios, abandonaban su servicio y adoraban a otros dioses, eso ciertamente los llevaría a la ruina (Deuteronomio 30:17-18). Es importante notar que la ruina no se anuncia por cada falla en el cumplimiento del deber, sino por apartarse de Dios y practicar la idolatría. Cada mandamiento quebrantado merecía la maldición, pero la nación sería destruida por aquello que rompía el pacto matrimonial entre Dios y su pueblo.
El mensaje del Nuevo Testamento es muy parecido. También pone delante de nosotros la vida y la muerte, el bien y el mal: «El que cree será salvo; el que no cree será condenado» (Marcos 16:16). Esa fe incluye el amor y la obediencia. A quienes perseveran en hacer el bien y buscan con paciencia gloria, honra e inmortalidad, Dios les dará vida eterna. Pero quienes son obstinados, se niegan a obedecer la verdad y siguen el mal, en realidad están adorando y sirviendo a otros dioses. Sobre ellos vendrán la ira y el enojo de Dios, y el resultado para un alma inmortal será aflicción y dolor (Romanos 2:7-9).
Después de presentar el asunto, Moisés pone la decisión delante del pueblo y le dice que elija sabiamente. Llama al cielo y a la tierra como testigos de que ha tratado con ellos de manera justa y fiel (Deuteronomio 30:19). No podían negar que él había cumplido con su deber; por eso les dice que cumplan con el suyo y escojan la vida. Esto significa elegir hacer lo correcto, porque la obediencia es su vida. Quienes escogen la vida tendrán vida. Quienes eligen como alegría el favor y la comunión de Dios, y luego viven de acuerdo con esa elección, recibirán aquello que escogieron. Quienes no tienen vida ni felicidad solo pueden culparse a sí mismos. Habrían tenido esas cosas si las hubieran elegido cuando les fueron ofrecidas. Mueren porque no quieren escoger la vida; es decir, porque no desean la vida que Dios prometió bajo las condiciones que él estableció.
En el último versículo, Moisés les explica brevemente cuál es su deber y por qué deben cumplirlo. Su deber es amar a Dios: amarlo como el Señor, digno de todo amor, y como su Dios, aquel que había establecido un pacto con ellos. Como prueba de ese amor, deben obedecer su voz en todo y mantenerse unidos a él, sin apartarse jamás de corazón ni de conducta. Hay razones muy poderosas para hacerlo.
En primer lugar, dependen de Dios. Él es su vida y prolonga sus días. Da la vida, la sostiene, la restaura y la extiende con su poder, aunque la vida sea frágil y, a causa del pecado, haya quedado perdida. También hace dulce la vida por medio de sus consuelos y es el soberano supremo sobre ella. Nuestro aliento está en sus manos. Por eso debemos esforzarnos por permanecer en su amor, porque es bueno tenerlo como amigo y peligroso tenerlo como enemigo.
En segundo lugar, deben recordar lo que le deben por la promesa de Canaán hecha a sus antepasados y confirmada con un juramento. En tercer lugar, deben pensar en lo que pueden esperar de él mientras cumple esa promesa: «Amen a Dios y sírvanle, para que vivan en esa tierra prometida que él ciertamente puede darles y conservar para ustedes, pues él es su vida y prolonga sus días». Todas estas son también razones poderosas para que sigamos amando y obedeciendo al Dios de quien recibimos misericordia.
De este capítulo
Deuteronomio 30:1
"Cuando les sobrevenga a ustedes todo lo que les he anunciado, la bendición y la maldición que les he dado a elegir, y reflexionen sobre ellas en las naciones donde el Señor su Dios los arroje,"
Deuteronomio 30:2
"si se vuelven al Señor y lo obedecen de todo corazón y con toda su alma, ustedes y los hijos de ustedes, como yo se lo ordeno ahora,"
Deuteronomio 30:3
"entonces el Señor su Dios cambiará la suerte de ustedes y les tendrá compasión. Los reunirá otra vez de entre los países donde antes los arrojó,"
Deuteronomio 30:4
"y aunque los desterrados de ustedes estén esparcidos por los lugares más lejanos del mundo, de allá los hará venir el Señor su Dios, y hasta allá irá a buscarlos."
Deuteronomio 30:5
"El Señor los hará volver de nuevo al país que los antepasados de ustedes ocuparon, y ustedes volverán a ocuparlo; los hará prosperar y les dará más hijos que a sus antepasados."
Deuteronomio 30:6
"Pondrá la marca de la alianza en el corazón de ustedes y en el de sus descendientes, para que lo amen con todo su corazón y con toda su alma, a fin de que tengan vida."
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