Si al salir a combatir contra sus enemigos ven que ellos cuentan con caballería, carros de guerra y un ejército más numeroso que el de ustedes, no les tengan miedo, porque ustedes cuentan con el Señor su Dios, quien los sacó de Egipto.
Cuando llegue la hora de la batalla, el sacerdote se dirigirá al ejército
y dirá: “Escuchen, israelitas: hoy van a luchar contra sus enemigos. No se desanimen ni tengan miedo; no tiemblen ni se asusten,
porque el Señor su Dios está con ustedes; él luchará contra los enemigos de ustedes y les dará la victoria.”
Luego los jefes hablarán y dirán: “Si alguno de ustedes ha construido una casa nueva y todavía no ha vivido en ella, que regrese a su casa, no sea que muera en la batalla y otro sea quien la estrene.
Si alguno de ustedes ha plantado un viñedo y aún no ha podido disfrutar de él, que regrese a su casa, no sea que muera en el combate y otro sea quien recoja las uvas.
Si alguien está comprometido en matrimonio y todavía no se ha casado, que regrese a su casa, no sea que muera en la lucha y otro se case con su prometida.”
Después, los jefes se dirigirán de nuevo al ejército y dirán: “Si alguno tiene miedo y le falta valor, que regrese a su casa para que no acobarde también a sus compañeros.”
Cuando los jefes hayan terminado de hablar, los capitanes se pondrán al frente del ejército.
Cuando ustedes se acerquen a una ciudad para atacarla, primero deben proponer la paz.
Si los habitantes de la ciudad aceptan la paz y los dejan entrar, entonces les servirán a ustedes como esclavos en trabajos forzados.
Pero si no hacen la paz con ustedes, sino que les declaran la guerra, ustedes rodearán la ciudad y la atacarán.
El Señor su Dios la hará caer en poder de ustedes, y ustedes matarán a filo de espada a todos sus habitantes.
Las mujeres, los niños, el ganado y todo lo que haya en la ciudad será para ustedes; podrán disfrutar de todo lo que el Señor su Dios les permita tomar del enemigo.
Esto mismo harán ustedes con todas las ciudades que estén lejos de donde habiten y que no formen parte de estas naciones.
Pero en las ciudades de estas naciones que el Señor su Dios les da en propiedad, ustedes no deben dejar nada con vida,
sino que destinarán a la destrucción, como sacrificio al Señor, a los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, tal como él lo ha ordenado,
para que no les enseñen a ustedes a hacer las mismas cosas horribles que ellos hacen en honor de sus dioses y los hagan pecar contra el Señor su Dios.
Si para tomar una ciudad ustedes tienen que sitiarla durante mucho tiempo, no derriben sus árboles a golpes de hacha, porque necesitarán sus frutos como alimento; además, son tan solo árboles del campo, no hombres que puedan defenderse del ataque de ustedes.
Sin embargo, podrán derribar los árboles que no sean frutales y que les sirvan para sitiar la ciudad que estén atacando, hasta que caiga en poder de ustedes.