Versículo destacado
Deuteronomio 1:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En aquella misma ocasión les dije a ustedes: “Yo solo no puedo hacerme cargo de todos ustedes. "
Deuteronomio 1:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Recojan sus cosas y vayan a las montañas de los amorreos y a todas sus regiones vecinas: el Arabá, la región montañosa, la llanura, el Négueb, la costa, el país de los cananeos y el Líbano, hasta el gran río Éufrates.
8 Yo les he entregado el país; vayan y tomen posesión de la tierra que yo, el Señor, juré dar a los antepasados de ustedes, es decir, a Abraham, Isaac y Jacob, y a sus descendientes.”
9 En aquella misma ocasión les dije a ustedes: “Yo solo no puedo hacerme cargo de todos ustedes.
10 El Señor su Dios les ha dado tantos hijos que ahora ustedes son un pueblo tan numeroso como las estrellas del cielo.
11 ¡Que el Señor y Dios de sus antepasados los haga mil veces más numerosos de lo que son ahora y los bendiga conforme a la promesa que les hizo!
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Aquí Moisés les recuerda el buen orden de su gobierno, un orden que podría haberlos mantenido seguros y en paz si ellos mismos no lo hubieran arruinado. Cuando Dios les dio buenas leyes, también puso a hombres buenos para hacerlas cumplir. Esto era una señal de la bondad de Dios hacia ellos y del cuidado que Moisés les tenía. Parece que menciona esto para demostrar que realmente buscaba el bien del pueblo, a fin de que estuvieran dispuestos a escuchar lo que estaba a punto de decirles.
En esta parte de su relato, Moisés muestra, en primer lugar, que se alegraba mucho de que ellos fueran cada vez más numerosos. Reconoce que Dios había cumplido su promesa a Abraham, cuando le dijo que serían tan numerosos como las estrellas del cielo (Deuteronomio 1:10). También le pide a Dios que siga bendiciéndolos aún más: «Que el Señor, el Dios de sus antepasados, los haga mil veces más numerosos» (Deuteronomio 1:11). Una buena oración, expresada con sabiduría, no interrumpe una conversación seria acerca de Dios. Al contrario, encaja bien en ella y fortalece todo el discurso.
¡Qué grande era su corazón al pedir que se multiplicaran mil veces! El poder y la bondad de Dios no tienen límites; por eso, nuestra fe y nuestra esperanza tampoco deberían tenerlos. Deben ser tan grandes como la promesa de Dios, y no más grandes. Moisés toma la promesa de Dios como medida de su oración: «Que el Señor los bendiga tal como se los ha prometido». Podía esperar razonablemente un gran crecimiento, pues ya eran mucho más numerosos que cuando descendieron a Egipto unos doscientos cincuenta años antes.
Vale la pena notar que, cuando estaban bajo el dominio del faraón, su crecimiento numérico era motivo de envidia y se consideraba un problema (Éxodo 1:9). Pero ahora, bajo el liderazgo de Moisés, ese mismo crecimiento era recibido y pedido como una bendición. Esto debería haberlos hecho sentir avergonzados de su propia insensatez cuando más adelante hablaron de elegir un capitán y regresar a Egipto.
Moisés también demuestra que no tenía la ambición de quedarse con todo el honor del gobierno, como si fuera un rey absoluto. Aunque estaba completamente capacitado para esa tarea, quería que otros lo ayudaran y compartieran la responsabilidad. Él dice: «Yo solo no puedo llevarlos» (Deuteronomio 1:12). Gobernar es una carga. Moisés, aunque estaba especialmente capacitado para hacerlo, sentía que esa responsabilidad pesaba sobre sus hombros. De hecho, los mejores gobernantes suelen sentir más profundamente el peso de su responsabilidad; por eso están más dispuestos a compartir el trabajo y son más cuidadosos de no asumir más de lo que pueden hacer.
Tampoco quiso establecer a sus propios favoritos ni a hombres que dependieran de él en secreto. En vez de eso, permitió que el pueblo eligiera a sus propios jueces, y luego él los nombraría. Dice: «Elijan entre sus tribus a hombres sabios, inteligentes y de buena reputación, y yo los pondré como sus jefes» (Deuteronomio 1:13). En esto actuó de manera parecida a los apóstoles, quienes más adelante les dijeron a los creyentes que eligieran a hombres para encargarse de las necesidades de las viudas, y después los apartaron para ese servicio (Hechos 6:3, Hechos 6:6). Moisés pidió hombres sabios y entendidos, cuya propia conducta recomendara su servicio.
Esta nación era tan reciente que nadie podía reclamar, por una antigua posición familiar, un honor superior al de los demás. Como todos habían salido hacía poco de la esclavitud en Egipto, es probable que una familia no fuera mucho más rica que otra. Por lo tanto, su elección debía basarse en la sabiduría, la experiencia y la honestidad. «Elijan a quienes tengan buena reputación dentro de sus tribus», les dice Moisés, «y yo los nombraré con gusto». No deberíamos preocuparnos si la obra de Dios se realiza por medio de otras personas y no de nosotros, siempre que esas personas sean buenas.
Moisés también demuestra que estaba dispuesto a complacer al pueblo en este asunto. No buscaba aplausos, pero en una decisión como esta no quería actuar sin la aprobación de ellos. Ellos estuvieron de acuerdo y dijeron: «Lo que has dicho está bien» (Deuteronomio 1:14). Moisés menciona esto para que sus quejas posteriores parecieran aún peores, porque el gobierno al que después se opusieron era uno que ellos mismos habían aceptado. Moisés habría podido complacerlos, si ellos hubieran estado dispuestos a dejarse complacer.
Además, no buscaba simplemente satisfacerlos, sino hacerles un bien verdadero. Nombró a hombres de buena reputación: hombres sabios y reconocidos como dignos de confianza (Deuteronomio 1:15). Luego les dio instrucciones muy serias (Deuteronomio 1:16, Deuteronomio 1:17). Toda persona que recibe una posición de honor debe recordar que también recibe un trabajo que cumplir y que un día tendrá que rendir cuentas por él.
Primero les encargó que fueran cuidadosos y pacientes: «Escuchen los casos». Debían escuchar a las dos partes, oírlas por completo y prestar mucha atención. La naturaleza nos ha dado dos oídos, y es insensato y vergonzoso responder antes de escuchar todo el asunto. El oído de quien aprende es necesario para la lengua de quien enseña (Isaías 50:4). En segundo lugar, les encargó que fueran justos e imparciales: «Juzguen con justicia». Debían decidir según la verdad del caso, no según la posición social de las personas involucradas.
No debían permitir que el israelita perjudicara al extranjero, ni que el extranjero insultara o se aprovechara del israelita. El poderoso no debía oprimir al débil, ni el débil debía robarle o insultar al poderoso. En el tribunal no debían favorecer a nadie por su apariencia o posición. Sus decisiones debían estar libres de sobornos y de prejuicios. En tercer lugar, les encargó que fueran firmes y valientes: «No tengan miedo de nadie». No debían dejarse intimidar hasta hacer lo malo, ya fuera por el alboroto de la multitud o por las amenazas de hombres poderosos.
También les dio una razón contundente para este mandato: «El juicio le pertenece a Dios». Ellos actuaban como representantes de Dios y, por lo tanto, debían juzgar como él juzgaría. Si juzgaban mal, lo representaban de manera equivocada. Puesto que el juicio le pertenece a Dios, él los protegería cuando hicieran lo correcto y ciertamente les pediría cuentas si hacían lo malo.
Moisés también permitió que cualquier caso difícil fuera llevado ante él, y estaba dispuesto a escucharlo y decidirlo. De esta manera, tanto los jueces como el pueblo podían tener tranquilidad. ¡Feliz tú, Israel, bajo un líder así y bajo un orden semejante!
De este capítulo
Deuteronomio 1:1
"Estas son las palabras que Moisés dirigió a todo Israel cuando estaban en el desierto, al este del río Jordán, es decir, en el Arabá, frente a Suf y entre las regiones de Parán, Tófel, Labán, Haserot y Dizahab."
Deuteronomio 1:2
"Desde el monte Horeb hasta Cadés-barnea hay once días de camino por la ruta del monte de Seír."
Deuteronomio 1:3
"El primer día del mes undécimo del año cuarenta, Moisés comunicó a los israelitas todo lo que el Señor le había ordenado que ellos cumplieran."
Deuteronomio 1:4
"Después de que Moisés derrotó a Sihón, rey de los amorreos, que vivía en Hesbón, y a Og, rey de Basán, que vivía en Astarot, en la región de Edrei."
Deuteronomio 1:5
"Cuando estaban al este del río Jordán, en el país de Moab, Moisés comenzó a dar las siguientes instrucciones:"
Deuteronomio 1:6
"El Señor nuestro Dios nos dijo esto en Horeb: “Ustedes ya han permanecido mucho tiempo en este monte."
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